La belleza del roble

Quercus nigra

En el mundo de las plantas hay especies singulares que, por una razón u otra, han acompañado -y lo siguen haciendo aún- a nosotros los humanos en el misterioso y a la vez interesante camino de la evolución. Tenemos a aquellas que hemos etiquetado como plantas para el huerto o plantas hortícolas, árboles frutales, y otras que desde hace siglos se han usado para hacer cosas: muebles, mesas, folios, y demás que nos hacen la vida más fácil y llevadera.

Uno de estos seres admirados y admirables es el roble. Un árbol impresionante de hoja caduca capaz de vivir siglos de vida, como si no tuviese prisa por crecer.

Quercus

El roble es de crecimiento muy lento. Su lema parece ser: lento, pero seguro. En efecto, puede que su ritmo de crecimiento no sea muy rápido, pero así ahorra energía muy valiosa para combatir enfermedades o poder recuperarse mejor de las consecuencias de las catástrofes medioambientales que pudieran afectarle.

A estos hermosos árboles los encontraremos en el hemisferio norte. La mayoría viven en climas que tienen las cuatro estaciones bien diferenciadas, siendo el verano más bien templado o poco caluroso y el invierno muy frío con nevadas. Esto es algo importante a tener en cuenta si decidimos tener uno en nuestro jardín.

Bellotas

Este es uno de los árboles que más ha inspirado a escritores como la poetisa Rosalía de Castro. Para ellos, al igual que para nosotros, el roble era sinónimo de fuerza, de sentirse libre. Al tener una esperanza de vida tan larga -se han encontrado ejemplares que han vivido más de 1500 años-, los peligros que los acechan son muchos y muy variados, y el poder afrontarlos sin demasiadas dificultades es algo que a los humanos les gusta y atrae.

Si se tiene un roble, es necesario que se disponga de mucho terreno para poder disfrutarlo al máximo. Su tronco puede medir más de 4 metros de grosor, y las ramas unos tres metros aproximadamente. Pero si se puede tener, será toda una obra de arte convertida en árbol.


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