Manzano: un árbol excepcional para tu jardín

Manzanas

Y por fin, llegó la primavera. La estación tan esperada por todos que de buen seguro nos traerá grandes satisfacciones. Por lo pronto, podemos empezar con las tareas del jardín, aquellas que, por ejemplo, nos darán grandes beneficios: como una buena cosecha de manzanas.

El árbol del manzano es uno de los más apreciados, ya que… ¿a quién no le gusta comerse uno de sus frutos después de una comida? Aprendamos, pues, a cuidarlo.

Manzano

Nuestro protagonista de hoy se conoce científicamente como Malus domestica, y es originario del este de Europa llegando hasta Asia occidental. Hasta ahora se conocen unos mil cultivares, obtenidos mediante hibridaciones con ejemplares que se pueden encontrar en la naturaleza. Tiene una altura de unos diez metros, con un diámetro de copa de tres-cuatro metros.

Una de las características más apreciadas es, además de la alta calidad de sus frutos, su longevidad. El manzano puede vivir hasta ochenta años, y es muy rústico. Tanto es así que hasta los 15 grados bajo cero no presentará daños importantes. Sin embargo, para obtener una buena cosecha es preciso que tenga un mínimo de mil horas de frío al año, motivo por el cual puede resultar complicado su cultivo en zonas más meridionales. Pero ese no es un impedimento para tenerlo en zonas algo más cálidas, siempre y cuando vivamos en una zona donde las cuatro estaciones estén bien diferenciadas.

Flores de Malus domestica

El manzano crecerá bien en la mayoría de terrenos, prefiriendo los de tipo calcáreo-arcilloso, en una ubicación a pleno sol. En climas con veranos muy cálidos, es preferible que no tenga luz directa todo el día, ya que la calidad de los frutos se podría ver afectada.

A la hora de la plantación mezclaremos la tierra del jardín con algún tipo de material drenante como la perlita, a fin de ayudar a su sistema radicular a que pueda desarrollarse sin problemas y, así, favoreciendo que el árbol pueda reanudar su crecimiento.

Es muy aconsejable abonar desde primavera hasta finales del verano con un abono orgánico, y regar unas dos-tres veces por semana dependiendo de la climatología del lugar.


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