Nacimiento de un árbol, crecimiento y desarrollo, parte II

Joven árbol

Como veíamos anteriormente, desde que el árbol florece hasta que da frutos pasa bastante tiempo. Pero la nueva vida que apenas acaba de emerger al mundo aún tiene que afrontar varios peligros si quiere sobrevivir.

Y todo, sin poder moverse del sitio. El viento habrá llevado la semilla a un lugar que, quizás, no sea demasiado agradable para el protagonista de esta historia.

Los primeros rayos del sol de una mañana de primavera hacen que el embrión, protegido dentro de la semilla, despierte. Las lluvias no tardan en llegar, y poco a poco empieza a salir lo que, si todo va bien, será la primera raíz de nuestro árbol. A continuación, los cotiledones (el primer par de hojas) se desperezan y, al mismo tiempo, se desprenden de la semilla. Ya no la necesita, pues toda la reserva de alimento que necesita durante los primeros meses de vida está concentrada en este primer par de hojas. Gracias a esta reserva, el plantín puede dar un primer estirón, hasta poder tener tres o cuatro pares de hojas que a poco a poco irán adquiriendo el diseño adulto propio de su especie.

En esta etapa el crecimiento es rápido, ya que necesita crecer lo más rápido posible para que sus posibles enemigos (hongos, plagas, pequeños animales herbívoros…) no le puedan hacer demasiado daño, y si se lo hacen, que tenga fuerzas suficientes para poder seguir adelante. La lluvia, y sobretodo la frecuencia de la misma, son un factor clave en todo este asunto, ya que, sin agua, las raíces no podrían absorben los nutrientes del suelo y, como consecuencia, el árbol no podría crecer.

Misonga

Pasado el primer año de vida, el árbol ya ha superado lo peor. Su tronco es leñoso ya, lo cual significa que es menos probable que los insectos acaben con él. Tiene varias hojas adultas, por las cuales puede respirar y crecer. A partir de aquí, durante los próximos años crecerá hasta llegar a la edad adulta, la edad de florecer y propagar su especie, para que el ciclo continúe.

Sólo la Naturaleza sabe quién gana y quién pierde en la lucha por la supervivencia. Muchos de sus hermanos no consiguieron pasar del primer año. Hay muchos enemigos acechando hasta en el subsuelo. Sólo los más fuertes, los mejor adaptados, logran llegar a la edad adulta.

Más información – Nacimiento de un árbol, parte I

Imagen –  Paul van Roekel, Virboga


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