67.000 bulbos llenan de color las zonas verdes de Pamplona

  • Este año se han plantado 67.000 bulbos en parques, praderas y jardineras de Pamplona.
  • La floración se escalona de febrero a mayo para mantener la ciudad en continuo color.
  • Destacan los 15.000 bulbos de tulipanes y jacintos en Taconera y Media Luna y los más de 3.000 narcisos en Carlos III.
  • El contrato de 142.181 euros apuesta por plantas vivaces, arbustivas y jardines sostenibles que favorecen la biodiversidad.

bulbos en zonas verdes de Pamplona

Esta primavera, las zonas verdes de Pamplona se han convertido en un auténtico mosaico de colores gracias a la plantación de 67.000 bulbos realizada durante el otoño. Parques históricos, parterres, praderas y jardineras urbanas lucen ahora una floración escalonada que se alarga varios meses y acompaña el día a día de quienes pasean por la ciudad.

67.000 bulbos para una primavera prolongada en Pamplona

En total, se han distribuido 67.000 bulbos en las zonas verdes de Pamplona, plantados en otoño para garantizar una floración prolongada desde finales del invierno hasta bien entrado mayo. El objetivo principal es que en la ciudad siempre haya algún rincón en flor, evitando los periodos “apagados” entre campañas de planta de temporada.

La floración arranca en febrero con las especies más tempranas y se va encadenando con otras variedades que abren sus flores en marzo, abril y mayo. De esta forma, los parterres y praderas mantienen durante semanas un aspecto cambiante, con combinaciones de formas y colores que van rotando según avanza la primavera.

Estos bulbos se han integrado en los 2.500 metros de parterres con los que cuenta la ciudad, pero también en praderas naturalizadas y jardineras urbanas. La idea es que no solo los grandes parques luzcan flor, sino también medianas, bordes de caminos y zonas de paso muy concurridas.

Entre las especies empleadas se encuentran fritillarias (también conocidas como ajedrezadas), jacintos, tulipanes, crocus y narcisos. Todas ellas son plantas de bajo mantenimiento, capaces de almacenar reservas suficientes en el bulbo para crecer y florecer sin necesitar aportes extra de nutrientes durante el primer año.

Protagonismo de Taconera, Media Luna y el boulevard de Carlos III

Los parques históricos de la Taconera y la Media Luna han sido dos de los principales escenarios de esta campaña de plantación. Solo en estos espacios se han sembrado aproximadamente 15.000 bulbos, una cifra que triplica los números de la temporada anterior y que se nota en la intensidad y extensión de la floración.

En estos parques se ha apostado sobre todo por tulipanes y jacintos, especies muy llamativas por su colorido y por el efecto de “alfombra floral” que generan cuando se plantan en grandes grupos. Al pasear por estas zonas, el contraste de tonos y la variación de alturas crean composiciones muy visibles desde los caminos principales.

Además, el Ayuntamiento ha llevado a cabo una prueba para recuperar las jardineras del boulevard de Carlos III, un espacio céntrico y muy transitado. En estas jardineras se han plantado más de 3.000 narcisos, que han florecido durante los meses de marzo y abril, devolviendo el protagonismo vegetal a un tramo que había perdido parte de su atractivo.

Con estas intervenciones se busca que tanto los residentes como quienes visitan la ciudad se encuentren con rincones floridos en sus rutas diarias, sin necesidad de desplazarse solo a los grandes parques. La presencia de flor a pie de calle ayuda, además, a mejorar la percepción del espacio urbano.

Bulbos, bajo mantenimiento y jardinería más sostenible

Una de las claves de este proyecto es que los bulbos son plantas muy eficientes en el uso de recursos. Almacenan en su interior el alimento necesario para desarrollar tallos, hojas y flores, lo que permite reducir el aporte de fertilizantes al menos durante el primer año de cultivo y, en muchos casos, durante varias campañas.

Tras el espectáculo de formas y colores, el Servicio de Zonas Verdes comenzará en los próximos días a cortar de manera gradual las flores y tallos marchitos, dejando el bulbo enterrado. Esta práctica permite que el bulbo siga engordando y acumulando reservas, lo que incrementa las posibilidades de que vuelva a florecer en la siguiente temporada.

Los bulbos se utilizan en Pamplona para completar los macizos de flor de temporada, embellecer jardineras urbanas mientras llegan las plantas de primavera y avanzar en la naturalización de praderas. De esta manera, se reduce la dependencia de flor de temporada de ciclo muy corto, que requiere más cambios y una logística más intensa.

Esta línea de trabajo se enmarca en una apuesta más amplia por la sostenibilidad y por el rediseño de los espacios verdes habituales. Frente a superficies uniformes de césped y flor de temporada, se priorizan composiciones más variadas, con especies capaces de mantenerse varias temporadas y adaptarse mejor a las condiciones del entorno.

Además, en los últimos tiempos se han incorporado zonas verdes sostenibles en espacios no habituales, como medianas de tráfico, pasos de peatones o áreas de protección de carriles bici. En estos puntos, la combinación de bulbos, vivaces y otras especies resistentes genera pequeños corredores verdes que conectan diferentes partes de la ciudad.

Biodiversidad y beneficios ecológicos de los bulbos

La integración de bulbos en jardines sostenibles no solo tiene un impacto visual, sino también ecológico. Estas plantaciones ofrecen refugio y alimento a insectos beneficiosos y especies polinizadoras, especialmente cuando se combinan con hierbas, plantas vivaces y arbustos que aportan néctar y estructura durante gran parte del año.

El escalonamiento de la floración de los bulbos, desde finales del invierno hasta mediados de la primavera, garantiza una fuente de recursos temprana para abejas, mariposas y otros polinizadores que comienzan su actividad cuando aún hay pocas flores disponibles en el entorno.

Al mismo tiempo, la mayor diversidad de especies en parterres y praderas contribuye a crear ecosistemas urbanos más complejos, con diferentes estratos de vegetación y un abanico más amplio de microhábitats. Esto favorece la presencia de fauna auxiliar y ayuda a equilibrar de forma natural posibles plagas.

En conjunto, la estrategia de Pamplona combina estética, funcionalidad y respeto al medio ambiente, demostrando que la jardinería urbana puede adaptarse a los retos actuales sin renunciar a la presencia de color y a los espacios agradables para la ciudadanía.

Con la floración de estos 67.000 bulbos repartidos por parques, parterres, praderas y jardineras, Pamplona refuerza un modelo de zonas verdes que apuesta por el color durante buena parte del año, reduce el mantenimiento intensivo y suma beneficios para la biodiversidad urbana, logrando que el paseo diario por la ciudad se convierta, casi sin darse cuenta, en una visita a un gran jardín en continua evolución.

Planta tus bulbos tres meses antes de la floración
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