
La expansión de la energía solar en España y en buena parte de Europa ha puesto sobre la mesa un dilema nada menor: cómo seguir instalando paneles fotovoltaicos sin comerse el campo de cultivo. En territorios con abundante superficie disponible, como ocurre en grandes países de fuera de la UE, el conflicto es menor, pero en un país agrícola y con suelo limitado como España, cada hectárea cuenta.
En los últimos años, la agrovoltaica se ha ido colando en debates técnicos, jornadas sectoriales y planes de ayudas públicas como una vía realista para compatibilizar agricultura y generación fotovoltaica. A esta tendencia se suman las nuevas tecnologías de paneles semitransparentes y diseños específicos para cultivos, que buscan reducir al mínimo el sombreado sin renunciar a una producción eléctrica competitiva.
Qué es la agrovoltaica y por qué interesa tanto al campo español
Cuando hablamos de agrovoltaica nos referimos a sistemas que combinan en la misma superficie la actividad agraria y la generación de energía solar en huertos solares. No se trata solo de poner placas encima de un terreno, sino de diseñar estructuras, densidades y tipos de panel que permitan que la planta reciba la luz, el agua y la ventilación que necesita para producir con normalidad, o incluso mejor.
En un contexto de objetivos climáticos cada vez más exigentes —la Unión Europea aspira a que una parte relevante de su electricidad proceda de renovables para alcanzar la neutralidad de emisiones a mediados de siglo—, la fotovoltaica se ha convertido en una pieza central. El fuerte abaratamiento de las placas, impulsado en buena medida por la sobreproducción asiática, ha facilitado su despliegue masivo, pero también ha agudizado la presión sobre suelo agrícola, ganadero y forestal.
De ahí que la agrovoltaica empiece a verse como una especie de «punto de encuentro» entre dos mundos que hasta hace poco se percibían en conflicto: la seguridad alimentaria y la transición energética. Las experiencias en España muestran que, bien diseñada, la instalación de paneles puede proteger cultivos del exceso de radiación, ayudar a ahorrar agua y aportar una fuente extra de ingresos a los agricultores.
Además, en regiones con estrés hídrico creciente y olas de calor cada vez más frecuentes, esta tecnología se está valorando como herramienta de adaptación al cambio climático, más allá de su papel en la reducción de emisiones.
El gran reto técnico: la sombra sobre los cultivos
El principal obstáculo de los sistemas fotovoltaicos convencionales en el campo es sencillo de entender: los paneles dan sombra, y no todos los cultivos la toleran igual. Si la planta recibe menos radiación de la que necesita, su capacidad de fotosíntesis cae y, con ella, el rendimiento productivo.
Los primeros ensayos agrovoltaicos se centraron en ajustar la altura, la separación y la inclinación de las placas para generar una sombra parcial, así como en seleccionar cultivos relativamente tolerantes a condiciones de luz filtrada. De forma complementaria, se empezaron a probar paneles bifaciales, capaces de aprovechar la luz reflejada por el suelo, aunque sin resolver del todo el dilema entre producción solar y acceso de luz al cultivo.
La clave está en encontrar un equilibrio en el que las plantas dispongan de suficiente luz útil para la fotosíntesis, al tiempo que el sistema fotovoltaico mantenga una rentabilidad razonable. Ahí es donde entra en juego el desarrollo de materiales y diseños específicos, como los paneles semitransparentes o selectivos por longitud de onda.
Diversos estudios coinciden en un umbral orientativo: la mayoría de cultivos requieren alrededor de un 60% de transmitancia de luz útil para mantener su desempeño normal. Por debajo de ese valor, las pérdidas de rendimiento se disparan; por encima, la integración con la fotovoltaica resulta más prometedora.
La propuesta de la Universidad de Jaén: paneles semitransparentes RearCPVbif

En este contexto, un equipo de la Universidad de Jaén ha presentado una solución que busca atacar el problema desde el propio diseño del panel. Su propuesta se basa en módulos fotovoltaicos semitransparentes de nueva generación, capaces de generar electricidad al tiempo que dejan pasar la luz necesaria para los cultivos.
El trabajo, publicado en la plataforma científica Science Direct, analiza la tecnología desde dos parámetros fundamentales: la transmitancia visible media y la transmitancia fotosintética media. En la práctica, estos indicadores miden qué porcentaje de la radiación útil para las plantas llega al otro lado del panel, tras atravesar el material y las células solares.
La innovación presentada se materializa en un sistema bautizado como RearCPVbif (Rear Concentrator Photovoltaic bifacial), que se enmarca dentro de la familia de los STPV (paneles fotovoltaicos semitransparentes), pero con un enfoque propio. A diferencia de otras propuestas que simplemente abren huecos o reducen la densidad de células, esta tecnología integra concentradores ópticos en la parte posterior del módulo.
En términos sencillos, la luz que no se aprovecha directamente en la cara frontal del panel se redirige hacia la cara trasera de células bifaciales, lo que permite incrementar la producción de electricidad sin penalizar la transparencia. Los investigadores destacan que su diseño logra alrededor de un 60% de transparencia óptica, un valor compatible con el ciclo de fotosíntesis de la mayoría de cultivos hortícolas.
Transparencia, eficiencia y temperatura: el delicado equilibrio
La línea de trabajo de la Universidad de Jaén se diferencia de otros enfoques «transparentes» que la industria ha evaluado en los últimos años. Por un lado, están los paneles no selectivos por longitud de onda, que absorben gran parte del espectro solar y reducen el color del material o intercalan huecos entre células para ganar transparencia. El problema es que esa transparencia suele resultar insuficiente para los cultivos.
En el otro extremo se sitúan los paneles selectivos, que absorben preferentemente la radiación ultravioleta y el infrarrojo cercano, dejando pasar una fracción mayor de la luz visible, que es la que más interesa a las plantas. Este tipo de soluciones ofrecen una base más adecuada para la agrovoltaica, aunque su despliegue industrial aún está en fase de desarrollo.
La propuesta RearCPVbif se apoya precisamente en esta lógica selectiva, pero añade el uso de concentradores ópticos traseros para exprimir más la energía disponible sin oscurecer el ambiente de los cultivos. Según el equipo liderado por los investigadores Álvaro Varela-Albacete y Eduardo Fernández, la tecnología STPV actual está infrautilizada y puede rendir mucho más en aplicaciones agrícolas si se combina con este tipo de concentradores.
Otro aspecto que los autores han tenido muy en cuenta es el comportamiento térmico del sistema. Uno de los temores habituales cuando se instalan cubiertas fotovoltaicas sobre cultivos es el riesgo de generar un efecto invernadero indeseado, alterando el microclima bajo los paneles. En las pruebas realizadas, la temperatura de las células se mantuvo por debajo de los 70 ºC, una referencia importante para evitar impactos negativos sobre el entorno inmediato.
Este tipo de límites de temperatura contribuyen a que las estructuras agrovoltaicas no se conviertan en techos que atrapan calor de forma excesiva, algo especialmente sensible en zonas ya de por sí calurosas y con poca disponibilidad de agua.
Del laboratorio al campo: pruebas en cultivos reales y foco en la horticultura intensiva
Uno de los puntos fuertes de este desarrollo es que ya ha despertado interés por parte de empresas y organizaciones del sector. Los investigadores han confirmado contactos con distintas entidades para acelerar tanto el escalado industrial de los módulos como su integración en explotaciones reales.
La hoja de ruta pasa ahora por campañas de ensayo en cultivos comerciales, donde se evaluará no solo la generación eléctrica, sino también parámetros agronómicos clave: rendimiento, calidad del producto, necesidades de riego, temperatura y humedad del suelo, entre otros. El objetivo es contar con datos sólidos que permitan ajustar el diseño a las necesidades concretas de cada cultivo y región.
Regiones como Almería, caracterizadas por una horticultura intensiva en invernadero y un despliegue fotovoltaico creciente, se perfilan como escenarios idóneos para este tipo de tecnología. Allí, la coexistencia de grandes superficies de plástico agrícola y campos solares abre la puerta a modelos híbridos en los que parte de las cubiertas o estructuras puedan cumplir funciones dobles.
Si los ensayos confirman los resultados preliminares, la agrovoltaica con paneles semitransparentes podría convertirse en una herramienta decisiva para que el llamado «mar de plástico» conviva con un auténtico «mar de paneles», sin poner en riesgo la producción hortícola.
Experiencias y datos en España: de Murcia a los viñedos y olivares
Más allá de la investigación en materiales, España empieza a acumular experiencias de campo que demuestran que la agrovoltaica puede funcionar en condiciones reales. Una de las regiones donde más se está avanzando es la Región de Murcia, con una agricultura muy tecnificada y más de 3.300 horas de sol al año.
En la Universidad de Murcia y en distintos centros de investigación se han presentado resultados que apuntan a beneficios tanto agronómicos como económicos. Durante jornadas especializadas, la Unión Española Fotovoltaica (UNEF) ha reunido a investigadores, administraciones y empresas para analizar cómo estos modelos aportan una renta adicional al agricultor sin forzarle a abandonar su actividad principal.
Los ensayos realizados en cultivos de secano, así como en viñedos y olivares, muestran que la colocación estratégica de paneles puede reducir la evapotranspiración hasta en un 30%, controlar mejor la pérdida hídrica del suelo y proteger los cultivos frente a episodios de calor extremo. Todo ello sin mermar, e incluso mejorando, los rendimientos en determinadas condiciones de estrés climático.
En viñedos piloto, por ejemplo, se han integrado paneles sin afectar a la producción de uva ni a la calidad del vino, al tiempo que se conseguía una mayor retención de humedad en el suelo. En olivares, algunos estudios reportan incrementos de producción de alrededor del 5%, además de una mejor respuesta del cultivo a condiciones meteorológicas adversas, algo clave para comarcas muy dependientes del olivar.
En paralelo, la administración central trabaja en criterios específicos para garantizar que, en estos proyectos, la actividad agrícola siga siendo prioritaria y compatible con la PAC. Esta seguridad jurídica resulta esencial para que cooperativas y agricultores individuales se animen a invertir en soluciones agrovoltaicas sin miedo a perder ayudas europeas.
Murcia como laboratorio: proyectos agrovoltaicos en invernaderos y parcelas experimentales
El Gobierno regional de Murcia ha dado un paso más al impulsar de forma explícita la energía agrovoltaica como herramienta para optimizar el uso del suelo agrario. La Consejería de Medio Ambiente, Universidades, Investigación y Mar Menor ha subrayado el potencial de esta tecnología en una comunidad con alta radiación solar y agricultura de regadío muy evolucionada.
El Instituto Murciano de Investigación y Desarrollo Agrario y Medioambiental (IMIDA) coordina varios proyectos pioneros. Uno de ellos, ubicado en La Alberca, se centra en la horticultura bajo invernadero. Los primeros resultados apuntan a aumentos de rendimiento que se sitúan, según los ensayos, entre el 20% y el 60%, en función del cultivo y del diseño de la instalación.
Las placas no solo aportan energía a la explotación, sino que reducen el estrés por calor y radiación sobre las plantas, lo que abre la puerta a introducir cultivos que hasta ahora resultaban difíciles en climas semiáridos. La sombra parcial contribuye a suavizar los picos de temperatura y a aprovechar mejor el agua disponible.
Otro proyecto destacado es el denominado PS Agrovoltaica, instalado en el Centro de Demostración y Transferencia Agraria (CDTA) El Mirador, en San Javier. Se trata de una infraestructura experimental de unos 36 kilovatios que combina seguidores solares, módulos opacos y paneles semitransparentes, junto con una zona de control sin instalación fotovoltaica.
Esta configuración permite monitorizar parámetros ambientales y productivos con bastante detalle, y comparar cómo influyen la altura, la orientación, el tipo de panel o la densidad de la estructura sobre el microclima y el desempeño de los cultivos. Los datos generados sirven como referencia para diseñar sistemas replicables en otras explotaciones murcianas y de regiones con condiciones similares.
Apoyo institucional y ayudas públicas para proyectos agrovoltaicos
El despliegue de la agrovoltaica en España no se explica solo por el interés técnico o agronómico: las ayudas públicas desempeñan un papel importante en acelerar inversiones y reducir el riesgo para los agricultores. El Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) ha impulsado varias convocatorias específicas para proyectos innovadores en renovables.
En una de las últimas líneas destinadas a energías renovables innovadoras, el IDAE ha asignado 148,5 millones de euros a 199 proyectos, muchos de ellos relacionados con soluciones agrovoltaicas con almacenamiento. Dentro de esa cifra, alrededor de 77,1 millones se concentran en 62 proyectos directamente vinculados a explotaciones agrícolas de cultivos arbóreos y hortícolas.
En paralelo, se han destinado más de 87 millones de euros a un grupo de 73 iniciativas que combinan agrovoltaica y fotovoltaica flotante, con una potencia instalada que supera los 160 MWp y más de 180 MWh de almacenamiento asociado. Estas inversiones, financiadas en buena medida mediante fondos europeos del Plan de Recuperación, persiguen demostrar la viabilidad técnica y económica de modelos híbridos de uso del suelo y del agua.
Las cooperativas agrarias subrayan que la agrovoltaica puede funcionar como complemento de ingresos para agricultores con rentas ajustadas o jubilaciones bajas, recordando que la fotovoltaica ya jugó un papel estabilizador a finales de la década de 2000 para muchos profesionales. Ahora, el contexto de precios energéticos volátiles y la presión climática vuelven a hacer atractivas estas fórmulas.
Desde el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) se insiste en que el despliegue debe hacerse garantizando la primacía de la actividad agraria y asegurando la compatibilidad regulatoria con la PAC. Esta línea de trabajo, junto con la elaboración de mapas nacionales de iniciativas y guías técnicas, busca dar certezas a quienes se plantean dar el salto a la agrovoltaica.
Beneficios medibles: agua, microclima y nuevos modelos económicos rurales
Los datos procedentes de ensayos en España y en otros entornos comparables apuntan a una serie de ventajas repetidas. Una de las más citadas es la mejora en la gestión del agua. La sombra parcial generada por los paneles reduce la evapotranspiración y, con ello, la cantidad de agua que las plantas pierden por calor y radiación.
En sistemas de riego, la fotovoltaica flotante instalada sobre balsas también ofrece beneficios adicionales: al cubrir parcialmente la superficie, disminuye la evaporación y ayuda a controlar la proliferación de algas, problemas frecuentes en zonas cálidas. Al mismo tiempo, la energía producida in situ facilita la electrificación de bombas y sistemas de riego más eficientes.
Desde el punto de vista climático, la combinación de sombra y ventilación bajo las estructuras fotovoltaicas contribuye a suavizar los golpes de calor extremos, algo particularmente relevante en un escenario de veranos cada vez más largos y secos. En algunos cultivos, los investigadores han observado una menor incidencia de estrés térmico y un comportamiento más estable durante las olas de calor.
Todo ello se traduce en oportunidades económicas para el medio rural. La agrovoltaica no solo genera electricidad que puede autoconsumirse o venderse a la red, sino que abre la puerta a nuevos modelos de negocio y de cooperación entre agricultores y empresas energéticas. En zonas con riesgo de abandono agrario, este tipo de proyectos se ve como una vía para retener actividad y empleo.
El director general de UNEF ha insistido en que «no existe una dicotomía entre agricultura o fotovoltaica» si se planifica bien el territorio, recordando que la mayor parte del suelo agrícola continuará dedicado de forma exclusiva a la producción de alimentos. El reto, a su juicio, está en hacer que ese pequeño porcentaje destinado a la agrovoltaica actúe como ejemplo de convivencia entre ambos usos.
El desarrollo de la agrovoltaica en España y en otros países europeos está empezando a demostrar que no es inevitable elegir entre placas solares o cultivos: con tecnologías como los paneles semitransparentes RearCPVbif, ensayos agronómicos bien diseñados y un marco de ayudas y normas que priorice la actividad agrícola, es posible producir energía limpia y alimentos en el mismo terreno, mejorar la resiliencia frente al cambio climático y ofrecer una nueva vía de ingresos al campo sin sacrificar su función esencial en la cadena alimentaria.