La escalada de incidentes vinculados al avispón asiático ha encendido de nuevo las alarmas en el noroeste peninsular, con tres muertes en menos de dos semanas en Galicia tras picaduras relacionadas con nidos ocultos. Las autoridades y los equipos de control constatan una actividad más prolongada que otros años, lo que complica la vigilancia y la respuesta.
Al mismo tiempo, se multiplican las detecciones fuera de su área tradicional: en Alhaurín de la Torre (Málaga) se retiró recientemente un nido de gran tamaño situado a unos diez metros de altura, en una operación que requirió la intervención coordinada de bomberos, apicultores y técnicos especializados.
Dónde está y cómo se expande
En la actualidad su presencia es estable en Galicia, Asturias, Cantabria, País Vasco y Navarra, con avances por el norte de Castilla y León, La Rioja y Cataluña, y detecciones puntuales en Comunidad Valenciana y Andalucía. También entra por el norte de Portugal, y los expertos calculan progresiones medias de decenas de kilómetros al año hacia el sur cuando las condiciones son favorables.
Los datos operativos confirman el repunte: en Galicia se han retirado ya más de 14.000 nidos en 2025 y se han capturado alrededor de 230.000 reinas, cifras que superan los registros del año anterior. A escala estatal, desde 2022 se han contabilizado más de 25.000 nidos retirados, un volumen que ilustra la magnitud del problema.

Impacto en salud y en el medio ambiente
Lejos del nido, la velutina no suele buscar al ser humano, pero defiende con intensidad sus colonias cuando se sienten amenazadas. Por eso los encuentros fortuitos durante tareas en el monte, desbroces o caza son los más peligrosos, especialmente si el avispero está en el suelo o camuflado entre la maleza.
Su veneno es ligeramente más potente que el de la avispa común y, sobre todo, puede inocular mayores cantidades con picaduras múltiples. El riesgo máximo se concentra en personas alérgicas; conviene conocer cómo evitar sus picaduras y actuar con rapidez ante signos de reacción severa. Una gran cantidad de picaduras o un impacto en zonas sensibles como cuello o garganta puede desencadenar cuadros graves incluso en no alérgicos por una reacción sistémica o anafiláctica.
En el plano ecológico, la especie es depredadora de abejas y otros polinizadores, lo que compromete colmenas y cultivos cercanos. Asociaciones profesionales y administraciones alertan de un triple impacto: salud pública, biodiversidad y sector apícola-agrícola, que depende del equilibrio de los ecosistemas.
Además, la velutina muestra una gran plasticidad a la hora de anidar: puede establecer nidos en copas de árboles, edificios o huecos del suelo, y se adapta con facilidad a entornos urbanos. En ciudades como Santiago de Compostela se pasó en pocos años de detectar apenas unos nidos a varios centenares, obligando a reorientar recursos de emergencias.
La retirada es compleja y exige equipos profesionales con protección específica. Se emplean pértigas, grúas, y en ocasiones trampas específicas o incluso marcaje y disparos de paintball con biocida para neutralizar nidos en altura, siempre siguiendo protocolos para minimizar riesgos y evitar daños a otras especies.
Los casos recientes en Galicia
El episodio más reciente se produjo en Cospeito (Lugo), donde un cazador de 55 años falleció tras múltiples picaduras al pisar accidentalmente un nido oculto entre la maleza. Pese a la rápida llegada de los servicios de emergencia y a los intentos de administrar adrenalina, la reacción fue fulminante.
Días antes, un concejal de Irixoa (A Coruña) perdió la vida mientras desbrozaba su finca, y otro hombre de 79 años murió en Dozón (Pontevedra) en circunstancias parecidas. En los tres sucesos se investigan reacciones alérgicas severas y ataques de varios ejemplares tras la perturbación involuntaria de nidos.
Prevención y qué hacer ante una picadura
La recomendación principal es clara: no acercarse a un nido ni intentar destruirlo. Si se localiza uno, hay que avisar al 112 o a las líneas autonómicas habilitadas —en Galicia, el 012— para activar a los equipos de control.
Antes de desbrozar, talar o cazar, conviene revisar el terreno, evitar el uso de maquinaria ruidosa cerca de matorrales densos sin inspección previa y utilizar protección adecuada. En la medida de lo posible, realizar estas tareas acompañado reduce riesgos.
Si se produce una picadura, en la mayoría de casos basta con limpiar la zona con agua y jabón y aplicar frío local mediante hielo envuelto en un paño para aliviar dolor e inflamación. Evitar remedios caseros que puedan irritar la piel y observar la evolución durante los primeros minutos.
Se debe acudir de inmediato a urgencias o llamar al 112 ante síntomas de alarma como mareo, náuseas, vómitos, taquicardia, dificultad respiratoria o hinchazón generalizada. Las personas alérgicas deben portar y usar su autoinyector de adrenalina siguiendo las indicaciones médicas.
La retirada de nidos corresponde siempre a profesionales: pueden emplearse drones de apoyo, pértigas o biocidas, y se planifica en las horas de menor actividad. Con temporadas cada vez más largas y nidos que a veces permanecen activos hasta bien entrado el otoño, la prevención y la notificación ciudadana son claves.

La expansión de la avispa velutina, sumada a un otoño más templado y a su gran capacidad de adaptación, obliga a redoblar la cautela: identificar riesgos antes de trabajar al aire libre, avisar de nidos y dejar su retirada a especialistas reduce el peligro para las personas y para la apicultura, mientras se despliegan medidas de control coordinadas por administraciones y sector profesional.