La presencia de la polilla del álamo en el Alto Valle ha encendido las alarmas sanitarias en plena campaña de cosecha frutícola. La detección reciente de la plaga en alamedas próximas a áreas productivas ha obligado a extremar recaudos y a reforzar los protocolos de vigilancia en la región.
Los organismos técnicos advierten que no se trata solo de un problema forestal: la Leucoptera sinuella, aunque ataca directamente a los álamos, puede tener consecuencias comerciales importantes para la fruticultura debido a los estrictos requisitos cuarentenarios de los mercados internacionales, especialmente en el comercio exterior de fruta.
Confirmación del nuevo foco en el Alto Valle
El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) confirmaron recientemente la presencia de la polilla del álamo en cortinas de álamos cercanas a Campo Grande, en la provincia de Río Negro. Este hallazgo se produjo tras una serie de monitoreos específicos llevados a cabo durante la semana.
La aparición de este foco se considera particularmente delicada porque coincide con el arranque de la cosecha, un periodo en el que aumenta de forma notable el movimiento de fruta, camiones, maquinaria y personal entre chacras y centros de acopio. Ese intenso tránsito facilita, según los especialistas, el traslado involuntario de la plaga.
De acuerdo con la investigadora en sanidad vegetal del INTA Alto Valle, Silvina Garrido, la polilla del álamo ya había sido registrada en la región en febrero de 2023, cuando se detectó por primera vez en la zona de Chos Malal. El foco ahora identificado en las inmediaciones de Campo Grande supone una nueva señal de expansión que obliga a reforzar los sistemas de control.
Las autoridades remarcan que este nuevo reporte no es un caso aislado, sino que se inscribe en un seguimiento continuo que se viene realizando desde que la plaga se detectó en la Patagonia. El objetivo es frenar la dispersión antes de que se consolide en más áreas productivas del Alto Valle.
Cómo se dispersa la polilla del álamo en el Alto Valle
Según explican los técnicos, la dispersión de Leucoptera sinuella se produce por una combinación de factores humanos y naturales. En el plano antrópico, las pupas pueden viajar sin que nadie lo note en vehículos que circulan entre explotaciones: camionetas, autos particulares, camiones de carga o maquinaria agrícola.
Estos desplazamientos, habituales durante la cosecha, incrementan la probabilidad de que el insecto se traslade de una chacra a otra, especialmente cuando los vehículos permanecen estacionados cerca de cortinas de álamos infestadas o en playas de acopio de fruta recién cosechada.
En cuanto a los elementos naturales, la investigadora del INTA subraya que los propios álamos actúan como puente entre distintos puntos del valle. Las alamedas suelen seguir el trazado de los ríos y canales de riego que conectan localidades como Chos Malal y Campo Grande, creando verdaderos corredores vegetales por los que la plaga puede avanzar.
Esta combinación de movilidad humana intensa y continuidad de masas forestales favorece que la polilla encuentre nuevas zonas donde establecerse. Por ello, las instituciones recomiendan prestar atención no solo a los montes cercanos a las parcelas frutícolas, sino también a las alineaciones de álamos que bordean caminos rurales y cursos de agua.
Daños y síntomas visibles en las alamedas
Durante los relevamientos de INTA y Senasa se detectaron signos claros de ataque de la polilla del álamo en hojas de cortinas forestales próximas a Campo Grande. Entre los síntomas más característicos se observaron necrosis visibles en el limbo foliar, que delatan la actividad de las larvas dentro del tejido vegetal.
Además, en el envés de las hojas se encontraron pupas encapsuladas de color blanco, con una forma muy particular que recuerda a una «H». Este rasgo morfológico es uno de los elementos que facilita la identificación de la especie en campo y permite diferenciarla de otros insectos minadores.
Aunque el daño directo se concentra en los álamos, la presencia de estos síntomas cerca de zonas productivas genera inquietud entre los productores, ya que la mera detección de la plaga puede ser suficiente para activar restricciones comerciales en determinados destinos de exportación.
De hecho, los organismos nacionales recuerdan que existen antecedentes de rechazos de envíos de fruta chilenos asociados a la presencia de esta misma plaga, algo que pone en perspectiva la importancia de mantener al Alto Valle bajo vigilancia constante para proteger la reputación fitosanitaria de la región.
Riesgos para la fruticultura y el comercio exterior
A nivel productivo, la polilla del álamo se considera una plaga forestal, ya que su hospedero principal son los álamos que se utilizan como cortina rompevientos o como parte del paisaje ribereño. Sin embargo, su impacto va mucho más allá del ámbito forestal y llega de lleno a la fruticultura.
La razón no es tanto el daño directo sobre los frutales, sino los status cuarentenarios asociados al género en mercados exigentes como el de Estados Unidos y otros destinos de alto valor. La simple presencia de Leucoptera sinuella en la zona de producción puede desencadenar controles adicionales, demoras en la logística o incluso el rechazo de embarques.
Para una región que depende fuertemente de las exportaciones de fruta de pepita y carozo, cualquier restricción tiene efectos inmediatos en los ingresos de productores, empacadoras y empresas exportadoras. Por eso, los organismos técnicos insisten en que la lucha contra esta plaga es, en buena medida, una cuestión de competitividad comercial además de un reto sanitario.
En este contexto, la coordinación entre instituciones, empresas y productores resulta clave para preservar el estatus fitosanitario del Alto Valle y evitar que la polilla del álamo se convierta en un factor recurrente de conflicto con los mercados de destino.
Recomendaciones para productores y transportistas
Ante la confirmación del nuevo foco, INTA Alto Valle y Senasa difundieron una serie de recomendaciones prácticas dirigidas principalmente a productores, transportistas y personal que trabaja en chacras y centros de acopio. El objetivo es reducir al mínimo las oportunidades de dispersión de la plaga.
En primer lugar, se pide poner especial atención a las cortinas de álamos que rodean o se ubican cerca de zonas estratégicas: sitios de acopio de fruta recién cosechada, playas de estacionamiento de camiones, accesos a básculas y áreas con alta circulación de vehículos.
Si se detectan síntomas sospechosos, como hojas con necrosis o pupas blancas en el envés, la indicación es actuar de inmediato con desbrotes y eliminación total del material afectado. Esta práctica busca destruir larvas y pupas antes de que generen nuevas generaciones de adultos capaces de expandir el foco.
Las autoridades sanitarias recuerdan además la importancia de revisar periódicamente los vehículos y equipos que permanecen estacionados bajo alamedas, así como evitar, en lo posible, el uso de estas zonas como aparcamiento prolongado durante los momentos de mayor riesgo.
Paralelamente, se insiste en la necesidad de que cualquier hallazgo sea comunicado con rapidez a los servicios técnicos de referencia. La notificación temprana permite organizar respuestas coordinadas y, en caso necesario, delimitar áreas de intervención más amplias alrededor del foco inicial.
Herramientas de control y rol de la detección temprana
Además de las medidas culturales, los organismos nacionales informaron que durante enero de 2026 se procederá a renovar la autorización de insecticidas registrados específicamente para el control de Leucoptera sinuella en álamos, siempre dentro del marco regulatorio vigente.
Estos productos se consideran una herramienta complementaria a las prácticas de manejo, y su utilización debe ajustarse a las recomendaciones técnicas para evitar problemas de resistencia, minimizar impactos ambientales y proteger a los organismos benéficos presentes en el entorno.
Con todo, desde el INTA se subraya que la detección temprana continúa siendo la pieza central en la estrategia de control. Localizar los focos en fases iniciales permite aplicar intervenciones más acotadas y eficaces, con menos costes económicos y menor impacto sobre el sistema productivo.
El monitoreo sistemático de alamedas, tanto en explotaciones frutícolas como en áreas periurbanas y rutas de tránsito habitual, se presenta como una tarea ineludible para quienes operan en la región. La vigilancia no se limita a técnicos y organismos públicos: los propios productores y cuadrillas de trabajo son, en la práctica, los primeros en poder detectar cambios sospechosos en el arbolado.
Mientras se mantiene activo el seguimiento del foco en Campo Grande y áreas vecinas, las autoridades recuerdan que el control de la polilla del álamo es una responsabilidad compartida, donde cada eslabón de la cadena —desde la finca hasta la exportación— tiene un papel decisivo para preservar la sanidad del Alto Valle.
La situación generada por la polilla del álamo en el Alto Valle pone de manifiesto hasta qué punto una plaga localizada en cortinas forestales puede repercutir en toda la estructura frutícola de la región. La combinación de monitoreo constante, eliminación rápida del material afectado, uso responsable de insecticidas autorizados y coordinación ágil entre productores, técnicos y autoridades se perfila como la mejor manera de contener su avance y reducir el impacto sobre la actividad económica y la imagen sanitaria de una de las principales zonas frutícolas del país.