Así es el nuevo parque El Tomillo de Valladolid, la gran reserva biológica urbana entre Pilarica y Belén

  • Transformación de un antiguo vertedero en la reserva biológica urbana El Tomillo, con una inversión de 482.285 euros y financiación europea.
  • Creación de un mosaico de hábitats con más de 350 árboles, 1.400 arbustos, 2.000 plantas aromáticas, charcas de anfibios y una gran pradera naturalizada.
  • Participación de ACENVA y de las asociaciones vecinales de Belén, Pilarica y Santos Pilarica, con apoyo al proyecto pero también con quejas y demandas de mejoras.
  • El parque busca compatibilizar biodiversidad, educación ambiental y uso ciudadano, con peticiones vecinales de más tomillo, vigilancia y buen mantenimiento.

nuevo parque El Tomillo Valladolid

Los barrios de Pilarica, Belén y Santos-Pilarica cuentan ya con un nuevo pulmón verde en el este de Valladolid: la reserva biológica urbana El Tomillo. En un terreno que durante décadas fue sinónimo de abandono y vertidos incontrolados, hoy se extiende un parque pensado para la biodiversidad y para el paseo tranquilo de los vecinos.

Este espacio, situado entre la ronda interior VA-20, el paseo de Juan Carlos I y la calle Universo, suma alrededor de 9,3 hectáreas y se ha incorporado a la red de zonas verdes de la ciudad tras una intervención ambiental de casi medio millón de euros, sufragada en buena parte con fondos europeos. La actuación ha despertado elogios por la regeneración lograda, pero también críticas vecinales que reclaman ajustes y un mayor cuidado en el futuro.

De vertedero degradado a reserva biológica urbana

reserva biológica urbana El Tomillo

Durante más de dos o tres décadas, la zona de El Tomillo estuvo prácticamente abandonada, convertida en un foco de escombros y residuos de obra. Cuando los técnicos municipales comenzaron a diseñar el proyecto, se encontraron con montones de restos de construcción que en algunos puntos alcanzaban hasta dos metros de altura, incluidos grandes bloques de hormigón que hubo que fragmentar y retirar.

La intervención, iniciada en torno a marzo de 2024, se concibió como una actuación emblemática de regeneración urbana: mantener, en la medida de lo posible, el carácter ondulado del terreno y, al mismo tiempo, renaturalizar un espacio muy castigado mediante la creación de hábitats diversos y zonas de estancia para la ciudadanía.

El alcalde de Valladolid, Jesús Julio Carnero, ha definido El Tomillo como un ejemplo de cómo la ciudad avanza hacia un modelo más sostenible, con más biodiversidad y mejores espacios para la vida cotidiana. En sus declaraciones, ha querido remarcar el contraste entre el pasado inmediato y la situación actual: donde antes predominaban el deterioro y los vertidos, ahora se despliega un parque vivo, con funciones ecológicas claras y vocación de ser utilizado por los vecinos.

El proyecto, originado bajo el anterior equipo de gobierno municipal y culminado por el actual, ha supuesto una inversión de 482.285 euros, parcialmente financiada con fondos europeos Next Generation. Desde el Ayuntamiento se subraya también el uso de criterios de sostenibilidad, como la valorización in situ de parte de los escombros para reducir traslados y la huella de carbono asociada a la obra.

Un mosaico de hábitats para fauna y flora autóctonas

hábitats del parque El Tomillo en Valladolid

El diseño del nuevo parque se ha planteado como una reserva biológica urbana con distintos ambientes pensados para la flora y fauna propias de la zona. Más que un jardín ornamental clásico, se busca un espacio renaturalizado donde observar ciclos naturales, polinizadores, anfibios y aves en un entorno relativamente cercano a su estado original.

El Tomillo reúne varios tipos de hábitats: un bosque de ribera, un bosque mediterráneo, grandes macizos de arbustos y plantas aromáticas, una microreserva destinada a mariposas y otros polinizadores, dos charcas de anfibios y diferentes puntos de bebida para la fauna silvestre. A todo ello se suma una amplia pradera naturalizada de más de 11.700 metros cuadrados, que aporta continuidad ecológica y una imagen más cercana a un paisaje de campo que a un parque urbano convencional.

Para estructurar el conjunto y favorecer la diversidad vegetal, se han plantado más de 350 árboles, alrededor de 1.400 arbustos y más de 2.000 plantas aromáticas. Estas últimas desempeñan un papel clave para atraer insectos polinizadores y ayudar a consolidar el ecosistema que se pretende fomentar en la zona.

Además de la parte estrictamente ecológica, el proyecto incluye un componente educativo relevante: se ha habilitado un «aula verde» para actividades de educación ambiental, donde asociaciones, colegios y colectivos ciudadanos pueden organizar talleres, visitas guiadas o proyectos de seguimiento de fauna y flora. La idea es que El Tomillo sea también un lugar donde aprender y no sólo un espacio para pasear.

Para hacer accesible todo el ámbito, se ha trazado una red de paseos de uso accesible que comunica las distintas áreas del parque y facilita la entrada desde los barrios colindantes. Estos recorridos pretenden abrir el espacio a personas de todas las edades y condiciones físicas, manteniendo, al mismo tiempo, zonas de cierta tranquilidad para la fauna.

Colaboración técnica y participación vecinal

vecinos y biodiversidad en el parque El Tomillo

El diseño de este nuevo espacio verde no ha sido únicamente una iniciativa institucional. Según detalla el Ayuntamiento, en la planificación han participado la Asociación para la Conservación y el Estudio de la Naturaleza de Valladolid (ACENVA) y las asociaciones vecinales de Belén, Pilarica y Santos Pilarica, que llevaban años reclamando una actuación integral en esta franja degradada de la ciudad.

La implicación de estos colectivos ha servido para orientar el proyecto hacia la renaturalización y el uso social del parque, con propuestas relacionadas con los recorridos, las especies a introducir, la integración con los nuevos desarrollos residenciales o el papel educativo del aula ambiental. El propio alcalde ha reconocido públicamente este trabajo conjunto, destacando que la mejora de Valladolid también se construye a partir del compromiso de sus barrios.

Desde el área de Parques y Jardines, la técnica responsable, Boriana Christova, ha explicado que el objetivo era recuperar un lugar muy deteriorado y conectar los nuevos barrios con un entorno verde que, hasta ahora, quedaba casi como un vacío entre la VA-20 y Santos Pilarica. Para lograrlo, se han trazado paseos que buscan garantizar la accesibilidad a las diferentes zonas, manteniendo al mismo tiempo la estructura de montículos y relieves heredada del antiguo vertedero.

El enfoque de «reserva biológica urbana» implica que, más allá del aspecto estético, se prioriza la función ecológica y educativa del parque. De ahí la importancia de la microreserva para mariposas y polinizadores, las charcas de anfibios o la presencia de bebederos de fauna, elementos poco habituales en parques urbanos más clásicos pero cada vez más presentes en proyectos de renaturalización en España y en otras ciudades europeas.

Con esta intervención, El Tomillo pasa a integrarse en la red de zonas verdes de Valladolid como un espacio con personalidad propia, diferente de los parques de corte más ornamental. La apuesta se acerca a tendencias europeas que dan prioridad a la biodiversidad urbana y a la adaptación al cambio climático mediante infraestructuras verdes más naturales y menos intensivas en mantenimiento tradicional.

Apoyos, críticas y demandas de los vecinos

La apertura del parque y la visita institucional al nuevo El Tomillo no han estado exentas de matices. Las asociaciones vecinales de la zona, que han acompañado el proceso desde sus inicios, valoran que el entorno está mejor que antes y que se ha dado un paso importante, pero también señalan carencias y diferencias respecto a lo que se había hablado en las reuniones previas.

Representantes del barrio Belén, como Mari Caballero, han expresado su malestar porque, según explican, algunas de las actuaciones prometidas no se han llevado a cabo tal y como se había previsto. Entre sus quejas aparece la elección de la vegetación: consideran que no se han incorporado tantas plantas de tomillo como esperaban, algo que ven casi simbólico dada la denominación histórica del lugar. Aun así, reconocen que el resultado supone un cambio sustancial frente al escenario de abandono anterior.

Las asociaciones recalcan que su objetivo es contar con un parque para disfrutar en familia, pasear con los niños, observar aves y conocer las plantas, más que un espacio centrado en actividades ruidosas o masivas. Por eso insisten en que El Tomillo no debería transformarse en una especie de parque temático ni en una zona de juegos intensivos, sino mantenerse como un entorno naturalizado donde prime el respeto y la tranquilidad.

Otro punto recurrente en las peticiones vecinales es la necesidad de vigilancia y mantenimiento continuado. Dado que el parque está algo apartado del centro urbano, preocupa que pueda convertirse en un punto de botellones o reuniones nocturnas que terminen deteriorando la zona. Algunos portavoces, como miembros de la Asociación Santos Pilarica, consideran la actuación actual un «punto de partida» que debe ir acompañado de más cuidados, seguimiento y, si hace falta, presencia municipal para evitar un nuevo deterioro.

En las conversaciones con el alcalde, varias asociaciones han preguntado con detalle por el presupuesto total invertido y por las fases futuras que se podrían abordar a medio plazo. Aunque valoran positivamente la inversión de 482.285 euros y el cambio visible, reclaman que se atiendan mejor sus propuestas y que el diálogo no se cierre con esta primera fase de la reserva biológica.

Un nuevo espacio verde para Valladolid con vocación de futuro

La reserva biológica urbana El Tomillo se suma así al conjunto de parques y zonas renaturalizadas que, en los últimos años, están cambiando la fisonomía de muchas ciudades españolas y europeas. En este caso, Valladolid gana nueve hectáreas de verde en un área que antes era sinónimo de escombros, con una intervención que combina restauración ecológica, uso ciudadano y participación social.

Con sus diferentes hábitats, las charcas para anfibios, la microreserva de polinizadores, la pradera naturalizada y el aula verde, el parque aspira a convertirse en un referente local para la observación de la naturaleza en plena ciudad y para la realización de actividades educativas con colegios, asociaciones y colectivos interesados en el medio ambiente.

Al mismo tiempo, el proyecto deja abiertas varias cuestiones que la ciudad tendrá que resolver con el tiempo: desde cómo asegurar un mantenimiento adecuado y una vigilancia eficaz, hasta qué margen hay para introducir mejoras reclamadas por los barrios, como una presencia mayor de tomillo u otras especies concretas. La respuesta a estas demandas marcará, en buena medida, la percepción vecinal de una actuación que, sobre el papel, nace con vocación de largo recorrido.

El Tomillo simboliza la transformación de un espacio marginal en un parque vivo y útil, resultado de una inversión importante, de la implicación de técnicos y entidades ambientales y de la presión y el interés de los vecinos. El tiempo dirá si esta reserva biológica urbana se consolida como uno de los enclaves más apreciados de Valladolid o si necesita nuevas adaptaciones para ajustarse del todo a lo que la ciudadanía espera de este nuevo pulmón verde del este de la ciudad.

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