Así es el primer Jardín de Lluvia en CDMX y su modelo de ciudad esponja

  • El primer Jardín de Lluvia junto al Estadio Azteca infiltra hasta 1,3 millones de litros por jornada de lluvia.
  • La obra, de 22 millones de pesos, beneficia a más de 40.000 habitantes y se integra en el programa Ciudad Esponja.
  • Incorpora tecnología de “agua sólida”, tanques tormenta y piedra volcánica para retener, filtrar e infiltrar el agua.
  • El plan incluye 160 puntos de acupuntura hídrica y la rehabilitación de siete pozos que aportan más de 9 millones de litros diarios.

Jardín de lluvia en Ciudad de México

En los alrededores del Estadio Azteca, en Santa Úrsula Coapa, la Ciudad de México ha estrenado el que se considera su primer gran Jardín de Lluvia, un espacio verde diseñado para algo más que embellecer la zona: su función central es infiltrar el agua pluvial al subsuelo y reducir las inundaciones que han aquejado al área durante décadas.

Con una inversión de 22 millones de pesos y una infraestructura subterránea poco visible a simple vista, este jardín marca el arranque oficial del programa conocido como “Ciudad Esponja”, la nueva estrategia del gobierno capitalino para hacer frente al doble reto del estrés hídrico y las anegaciones que se intensifican con el cambio climático.

Un jardín que funciona como una esponja urbana

Infraestructura de jardín de lluvia en CDMX

Lejos de ser un parque convencional, este Jardín de Lluvia está formado por una serie de superficies a distinto nivel cubiertas de vegetación que actúan como zonas de captación. El agua que llega por la avenida Azteca y las calles cercanas se recoge mediante rejillas y coladeras especiales, donde se separan previamente basura, grasas y sedimentos para evitar que lleguen al subsuelo.

Una vez filtrado lo más grueso, el caudal se conduce por canales perimetrales hasta el corazón del jardín. Allí, el terreno combina distintas capas de grava, piedra volcánica y sustratos ligeros que favorecen la infiltración y permiten que el líquido se almacene de forma regulada bajo tierra en lugar de saturar el drenaje urbano.

Según las cifras oficiales, solo este espacio es capaz de infiltrar hasta un millón 300 mil litros de agua en una jornada de lluvia intensa, es decir, en torno a 1.300 m³, el equivalente aproximado a 130 camiones cisterna de 10.000 litros. En caso de superarse esa capacidad, el excedente se deriva a colectores y tanques de regulación para evitar desbordamientos.

Las primeras pruebas reales llegaron con una precipitación que triplicó el promedio mensual de la zona. De acuerdo con el equipo técnico, el sistema respondió conforme a lo previsto: el jardín se anegó de forma controlada en superficie y el agua fue filtrando gradualmente hacia los niveles inferiores, sin registrar los encharcamientos habituales en las calles adyacentes.

Tecnología de “agua sólida” y capas volcánicas bajo el césped

Detalle técnico de jardín de lluvia

Uno de los elementos más llamativos del proyecto es la incorporación de un estrato con “agua sólida”, un polímero que, mezclado con la tierra, transforma el agua líquida en una especie de gel. Esta mezcla permite que la humedad permanezca durante más tiempo en el perfil del suelo, reduciendo la evaporación y la necesidad de riego adicional en temporada seca.

El secretario de Gestión Integral del Agua, José Mario Esparza, explica que este material actúa como un almacén microscópico: cuando llueve, los polímeros se hidratan y retienen el agua; cuando el terreno se seca y las raíces la necesitan, la van liberando de forma progresiva. De este modo, el jardín se aproxima a un modelo autosuficiente en cuanto a consumo de agua para su propia vegetación.

Debajo de la capa vegetal se han colocado distintas capas de piedra volcánica, típicas de la región, que favorecen tanto la filtración como la circulación del agua hacia los tanques de regulación. Estos elementos, combinados con los módulos subterráneos, conforman un sistema integrado de captación, filtrado e infiltración que va mucho más allá de un simple parterre verde.

En la superficie, el espacio se ha ajardinado con especies nativas como dalias y margaritas, adaptadas al clima local y con menor demanda de riego. Al mismo tiempo, se ha incorporado un mural urbano realizado por artistas de Santa Úrsula, con la idea de que el proyecto también tenga un componente cultural y de identidad barrial.

Este enfoque de infraestructura verde, donde se combinan soluciones basadas en la naturaleza con tecnología específica de gestión hídrica, sintoniza con las tendencias que se están extendiendo en Europa y otras regiones urbanas: ciudades que apuestan por suelos permeables, jardines de lluvia y sistemas de drenaje sostenible para adaptarse a episodios de lluvia más intensos y frecuentes.

Ciudad Esponja y acupuntura hídrica: un nuevo modelo de gestión del agua

Concepto de ciudad esponja

El Jardín de Lluvia de Coapa no es una actuación aislada, sino la primera pieza visible de un programa más amplio que la administración capitalina ha bautizado como “Ciudad Esponja”. La lógica es clara: en vez de expulsar rápidamente el agua de lluvia por grandes tuberías, se busca que la ciudad la absorba y la devuelva al subsuelo para recargar acuíferos y reducir el riesgo de inundaciones.

Bajo este enfoque, el gobierno ha anunciado la creación de 160 puntos de “acupuntura hídrica” repartidos por las 16 alcaldías. Se trata de intervenciones puntuales -jardines de lluvia, zanjas de infiltración, tanques de regulación y colectores verdes- que, interconectadas, pretenden reorientar el ciclo urbano del agua hacia una relación más equilibrada con el territorio.

En el caso concreto de la zona sur, el paquete de obras incluye la rehabilitación de siete pozos de agua potable, con los que se han recuperado más de 9 millones de litros diarios, equivalentes a unas 900 pipas, para abastecer a decenas de miles de personas en colonias como Pedregales de Coyoacán, Copilco Universidad, San Pedro Mártir o Fuentes de Tepepan.

Las autoridades recalcan que estas actuaciones no se conciben como proyectos efímeros ligados únicamente a grandes eventos deportivos, sino como una apuesta de largo plazo para garantizar derechos básicos, entre ellos el acceso al agua y la reducción de los daños por inundaciones en barrios que llevan años padeciendo encharcamientos recurrentes.

En paralelo, el gobierno local impulsa programas complementarios como cosecha de agua de lluvia en viviendas, instalación de calentadores solares y huertos urbanos, especialmente en Santa Úrsula y su entorno, con la idea de que la gestión sostenible del agua no se limite a las obras públicas sino que también llegue a la escala doméstica y comunitaria.

Impacto vecinal, participación ciudadana y obras asociadas

El nuevo Jardín de Lluvia se localiza junto al puente que conecta con el aparcamiento del Estadio Azteca, en el tramo del Circuito Estadio Azteca y Calzada de Tlalpan, una zona donde las inundaciones eran prácticamente un clásico cada temporada de lluvias. Las proyecciones oficiales apuntan a que más de 40.000 habitantes de Santa Úrsula Coapa y colonias aledañas se verán beneficiados de forma directa.

Más allá de las cifras, el gobierno subraya que el diseño del espacio se realizó con una fuerte implicación del vecindario. Residentes de la zona participaron en la selección de especies vegetales, la siembra y la propuesta del mural, lo que ha contribuido a que el proyecto se perciba como una intervención compartida y no solo como una obra impuesta desde la administración.

Las obras hidráulicas se han acompañado de intervenciones urbanas de distinto tipo: mejoras en el drenaje, repavimentación, nueva iluminación pública, pintura de fachadas dentro del plan de renovación del pueblo originario de Santa Úrsula y otras actuaciones viales que buscan acondicionar el entorno de cara a los grandes flujos de personas que acudirán a la zona en los próximos años.

Paralelamente, se ha anunciado la modernización del tren ligero, con la incorporación de 17 nuevas unidades que recibirán el nombre de “Ajolote” y que llegarán hasta Xochimilco. En ese mismo eje sur se prevé la creación de un santuario de ajolotes en el Parque Ecológico de Xochimilco, dentro de una estrategia más amplia para recuperar el sistema lacustre y el valor ambiental de la zona.

Las autoridades insisten en que todas estas inversiones se han planteado como proyectos de largo recorrido, pensados para “vivir mejor” en los barrios del entorno y no como obras de relumbrón que solo duren lo que dura un torneo internacional.

Un laboratorio urbano para afrontar el estrés hídrico

El discurso oficial en torno al Jardín de Lluvia y al programa Ciudad Esponja coloca a la capital mexicana ante un cambio de paradigma en la relación con el agua. Se recuerda con frecuencia que la ciudad se levantó sobre antiguos lagos y que, desde la época de la Conquista, se emprendió un proceso de desecación que ha derivado en una tensión permanente con el agua: por un lado, escasez y sobreexplotación de acuíferos; por otro, inundaciones cada vez que se registran lluvias intensas.

En este contexto, el nuevo sistema de captación e infiltración se presenta como una alternativa a los modelos tradicionales centrados en extraer agua de fuentes lejanas y canalizar la lluvia a la máxima velocidad posible hacia colectores y emisores. Ahora, el objetivo declarado es retener una parte significativa de las precipitaciones en el propio territorio urbano, aprovechando cada episodio pluvial para recargar el subsuelo.

De acuerdo con las estimaciones oficiales, el conjunto de obras realizadas en torno al Estadio Azteca -incluidos tanques tormenta y colectores adicionales- permite manejar una capacidad superior a los 10.000 m³ de agua de lluvia, que se distribuye entre infiltración directa, regulación y conducción controlada hacia el sistema de drenaje cuando se superan los umbrales previstos.

El sistema integra tanques de tormenta situados en distintas áreas del estacionamiento: uno con capacidad cercana a 1.500 m³ en la parte norte y otro de alrededor de 3.500 m³ en la parte sur, además del propio volumen de regulación del Jardín de Lluvia. Todo ello articulado para que el agua pase primero por cajas separadoras de residuos, canales de distribución y filtros antes de alcanzar los niveles de almacenamiento.

Para la ciudad, este tipo de intervenciones se plantea casi como un laboratorio a escala real, comparable a las soluciones de drenaje urbano sostenible que se están extendiendo en muchas áreas metropolitanas de Europa. La idea es ir ajustando el diseño de futuros jardines de lluvia y puntos de acupuntura hídrica a partir de la experiencia acumulada, tanto en términos técnicos como de aceptación social.

Tomado en conjunto, el primer Jardín de Lluvia en la CDMX, los pozos rehabilitados y los tanques de regulación asociados dibujan un nuevo mapa del agua en la zona sur de la capital: menos dependencia de tuberías que expulsan rápidamente el agua de lluvia, más peso para los suelos permeables, la infiltración natural y las infraestructuras verdes que buscan compatibilizar el día a día de los barrios con un clima cada vez más extremo.

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