El campo europeo y español lleva meses sufriendo una tormenta perfecta: el bloqueo del Estrecho de Ormuz, desencadenado por el conflicto en Oriente Próximo, ha disparado el precio de los fertilizantes hasta niveles que muchos agricultores no pueden asumir. La respuesta no se ha hecho esperar, y tanto la Unión Europea como el Gobierno de España han movilizado fondos extraordinarios para aliviar la situación. Sin embargo, no todo son buenas noticias: los jóvenes que acaban de incorporarse al sector se han quedado fuera de las ayudas, y los problemas informáticos están complicando la tramitación.
La crisis, que comenzó a finales de febrero con el cierre del paso marítimo clave para el comercio de fertilizantes, ha provocado una escalada de precios que ha llegado a superar el 70% en algunos momentos, según datos de la Comisión Europea. El gas natural, del que dependen los fertilizantes nitrogenados, se ha encarecido, y la subida de precios de fertilizantes al campo español ha dejado al sector en una posición muy vulnerable. Frente a esto, Bruselas y Madrid han activado diferentes mecanismos que, aunque complementarios, no están exentos de polémica.
El origen de la crisis: el bloqueo del Estrecho de Ormuz
El detonante de todo ha sido el conflicto en Oriente Próximo, que ha interrumpido el tráfico marítimo por el Estrecho de Ormuz. Por esa vía circula cerca de un tercio del comercio mundial de fertilizantes, y su cierre ha disparado los costes de producción en las explotaciones agrarias. La UE importa alrededor del 30% de los fertilizantes que consume, y España, con una factura anual que supera los 2.300 millones de euros, es uno de los países más expuestos. La situación se ha visto agravada por el bloqueo de rutas estratégicas y las restricciones a la exportación impuestas por países como China, Rusia, Egipto o Turquía, que han reducido aún más la oferta disponible en el mercado global.
La respuesta europea: reserva de crisis y medidas de liquidez
La Unión Europea ha reaccionado activando su reserva agrícola de crisis, un fondo destinado a situaciones excepcionales. Además, ha introducido medidas para mejorar la liquidez de las explotaciones, como el adelanto de los pagos directos de la PAC, que pasan del 70% al 75% del total, y la posibilidad de que los Estados miembros abonen ese anticipo antes del 16 de octubre. También se ha habilitado un nuevo mecanismo de liquidez en desarrollo rural, cofinanciable hasta el 65% con cargo al Feader, que puede cubrir hasta la mitad del sobrecoste de los fertilizantes. Estas ayudas europeas para los fertilizantes agrícolas buscan dar un respiro a los agricultores mientras se estabilizan los mercados.
Las ayudas nacionales en España: quién puede cobrarlas
El Gobierno español, por su parte, ha puesto en marcha una ayuda extraordinaria para compensar el incremento del coste de los fertilizantes. Gestionada por el Fondo Español de Garantía Agraria (FEGA), esta ayuda se concede de oficio a partir de la superficie declarada en la PAC de 2025. Los agricultores deben aceptar la ayuda de forma telemática a través de la sede electrónica del FEGA, siguiendo los pasos sobre cómo aceptarlas y sus plazos, y conservar las facturas de compra de fertilizantes posteriores al 1 de marzo de 2026. La cuantía varía en función del tipo de cultivo y del régimen de secano o regadío, con un límite de 300 hectáreas por beneficiario. Además, el paquete nacional incluye otras medidas como la reducción temporal del precio del gasóleo y una línea de financiación del ICO para cubrir necesidades de liquidez.
Jóvenes agricultores, los grandes olvidados
Uno de los puntos más conflictivos de estas ayudas es la exclusión de los jóvenes agricultores que se han incorporado al sector durante 2026. El motivo es que el cálculo de la ayuda se basa en la superficie declarada en la PAC de 2025, y estos jóvenes no disponen de esa declaración al haber empezado después. Organizaciones como JARC y ASAJA han denunciado esta situación, calificándola de injusta y contradictoria con el discurso oficial de apoyo al relevo generacional. En Cataluña, se estima que unos 300 jóvenes se han quedado fuera, y las asociaciones agrarias reclaman una solución urgente para que no se les deje desamparados en un momento de máximos costes y requisitos de subvenciones.
Problemas técnicos y petición de ampliación de plazos
La tramitación de las ayudas no está siendo un camino de rosas. La sede electrónica del FEGA ha sufrido incidencias técnicas y bloqueos que han impedido a muchos agricultores completar el proceso dentro del plazo establecido. Ante esta situación, ASAJA ha remitido una carta al ministro de Agricultura, Luis Planas, solicitando una ampliación del plazo de aceptación. La organización también ha pedido aclaraciones sobre la tributación fiscal de las cantidades percibidas, el tratamiento en casos de cambios de titularidad o fallecimientos, y la publicación de nuevos listados. El sector confía en que el Ministerio actúe con celeridad para evitar que nadie se quede sin la ayuda por problemas ajenos a su voluntad.
El CBAM y las restricciones internacionales
Más allá de las ayudas directas, el sector agrario europeo se enfrenta a otro desafío: el Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM). Este instrumento, que ya está en su fase financiera plena, obliga a los importadores de fertilizantes a pagar por las emisiones de carbono incorporadas en los productos. Las organizaciones agrarias calculan que el CBAM supondrá un coste adicional de cientos de millones de euros para el campo europeo en los próximos años, y reclaman que se revise su aplicación para no lastrar aún más la competitividad del sector. La Comisión Europea ha introducido algunas excepciones técnicas para los fertilizantes, pero el debate sigue abierto sobre la autonomía estratégica de la industria.
En definitiva, la crisis de los fertilizantes ha puesto a prueba la capacidad de respuesta de las administraciones. Las medidas adoptadas, tanto a nivel europeo como nacional, ofrecen un alivio parcial, pero dejan fuera a colectivos clave como los jóvenes agricultores y se topan con problemas de gestión. El sector reclama soluciones estructurales que reduzcan la dependencia del gas natural y de las importaciones, y que permitan afrontar futuras crisis con mayor resiliencia. Mientras tanto, los agricultores siguen esperando que los plazos se amplíen y que las ayudas lleguen a quienes más las necesitan.