El avance del picudo rojo sobre las palmeras urbanas ha dejado de ser un problema aislado para convertirse en una preocupación compartida por numerosos municipios del norte de España. En las últimas semanas, ayuntamientos como los de Santander, Barakaldo, Donostia y San Vicente de la Barquera han activado o reforzado dispositivos específicos para frenar una plaga que amenaza tanto al patrimonio natural como a la imagen paisajística de paseos marítimos, parques y jardines emblemáticos.
Jardines de Piquío (Santander): retirada de palmeras enfermas y trasplantes
En Santander, la presencia del picudo rojo en los Jardines de Piquío, uno de los enclaves más reconocibles de la ciudad, ha obligado al Ayuntamiento a tomar decisiones delicadas para compatibilizar la lucha contra la plaga con el mantenimiento del paisaje. En este espacio hay 12 palmeras, seis a cada lado del paseo, y al menos dos ejemplares presentan un avanzado deterioro pese a haber recibido tratamiento periódico.
Las copas de estas palmeras mostraban hojas marrones y aplastadas, síntomas típicos de una infección severa, y los técnicos municipales consideran que el daño está muy avanzado. Por ello, el Consistorio ha iniciado los trabajos para retirar las palmeras más afectadas y sustituirlas por ejemplares sanos procedentes de otras zonas de la ciudad, de forma que se mantenga la característica alineación de Piquío sin renunciar a la seguridad ni a la salud del arbolado.
Las copas de estas palmeras mostraban hojas marrones y aplastadas, síntomas típicos de una infección severa, y los técnicos municipales consideran que el daño está muy avanzado. Por ello, el Consistorio ha iniciado los trabajos para retirar las palmeras más afectadas y sustituirlas por ejemplares sanos procedentes de otras zonas de la ciudad, de forma que se mantenga la característica alineación de Piquío sin renunciar a la seguridad ni a la salud del arbolado.
En una primera fase se está realizando una poda intensa de las dos unidades enfermas y una revisión detallada de su estado interno, con el fin de valorar si aún es posible su trasplante o si la opción más prudente pasa por la tala definitiva. Esta actuación sigue criterios técnicos y busca proteger tanto el valor ambiental como el peso simbólico de este espacio, actualmente en obras de renovación.
Los trabajos de retirada de los ejemplares dañados se llevarán a cabo a lo largo de estos días, para continuar después con la preparación de los nuevos trasplantes. Al mismo tiempo, el Ayuntamiento mantiene abierto hasta el 30 de abril el plazo para que los propietarios de palmeras en parcelas privadas puedan solicitar una evaluación de sus árboles y, en su caso, recibir un primer tratamiento fitosanitario costeado por el Consistorio cuando exista riesgo para el palmeral público.
La solicitud puede presentarse tanto en el Registro General del Ayuntamiento como a través de la sede electrónica, siguiendo las directrices fijadas en el bando municipal que regula la inclusión de palmeras privadas en el plan de lucha contra el escarabajo asiático. En este primer listado se contemplan ya 60 ejemplares, aunque la cifra está abierta a ampliarse en función de la demanda y de los resultados de las inspecciones.

Barakaldo: protección preventiva de 120 palmeras sanas
Mientras Santander se ve obligada a sustituir ejemplares ya irrecuperables, Barakaldo ha optado por adelantarse a la plaga. El Ayuntamiento fabril ha lanzado un tratamiento preventivo sobre 120 palmeras distribuidas por todo el municipio, a pesar de que, de momento, no se han detectado indicios de la presencia del insecto en la ciudad.
El concejal de Servicios para los Barrios y la Ciudad, Asier Umaran, subraya que el objetivo es proteger un palmeral todavía sano ante la expansión del coleóptero por diferentes puntos de Europa. La medida se desarrolla mediante la empresa municipal USOA, encargada del mantenimiento de jardines, con el apoyo de una firma especializada en tratamientos fitosanitarios contra el picudo rojo.
La técnica elegida es la endoterapia, un sistema que consiste en realizar un pequeño orificio en el tronco de la palmera para inyectar directamente el producto en su sistema vascular. Con este método, el tratamiento se reparte internamente por todo el árbol y se evita la dispersión de químicos en el aire, algo que resulta especialmente relevante en entornos urbanos y escolares.
El despliegue alcanza puntos clave de Barakaldo como Bide Onera, el Parque de las Esculturas, el Parque de San Vicente, el Parque de Los Hermanos, el parque Trueba o la Ciudad Deportiva de San Vicente. También se actúa en zonas residenciales como La Paz, Serralta, Arauti, Susunaga o la Ronda de Azkue, y en lugares sensibles como la Haurreskola de Cruces, el colegio de Cruces o el Conservatorio Municipal de Música, además de calles como Albeniz, Magallanes, Murrieta, Pío Baroja o Juan de Garay, entre muchas otras.
Según recuerda Umaran, el picudo rojo procede de Asia y se ha consolidado como una plaga en Europa, por lo que Barakaldo ha decidido actuar a tiempo sobre su palmeral antes de que aparezcan los primeros síntomas. El Ayuntamiento insiste en que esta actuación preventiva permitirá minimizar futuros daños y evitar costes mayores derivados de talas, retirada de restos y reposición de ejemplares adultos. Más información sobre especies relacionadas: picudo rojo y Paysandisia.
Donostia: protocolo integral para blindar 400 palmeras
También en el ámbito preventivo y de gestión a medio plazo, el Ayuntamiento de Donostia ha puesto en marcha un protocolo integral contra el picudo rojo que combina vigilancia, prevención, tratamientos y eliminación de ejemplares irrecuperables. La ciudad ha comenzado esta semana los trabajos sobre unos 400 ejemplares repartidos por el municipio, conscientes de que la amenaza va más allá de una cuestión meramente estética.
Según fuentes municipales, la expansión del insecto supone un “riesgo ambiental, paisajístico y patrimonial significativo”, al afectar a palmeras que son elementos emblemáticos de paseos marítimos, jardines históricos y zonas verdes de la capital guipuzcoana. La pérdida de estos árboles implica no solo un deterioro de la imagen urbana, sino también costes económicos importantes asociados a su retirada, sustitución y tratamiento.
El protocolo de Donostia se estructura en varias fases a lo largo del año. Entre marzo y abril se aplican duchas insecticidas sobre las copas de las palmeras; entre marzo y junio se instalan trampas con feromonas para monitorizar la presencia del insecto adulto; y entre abril y agosto se realizan tratamientos de endoterapia vegetal para reforzar la protección desde el interior del árbol.
La dificultad del combate radica en la propia biología del picudo rojo. El insecto completa todo su ciclo (huevo, larva, pupa y adulto) en el interior de la palmera, de modo que los daños pasan desapercibidos hasta fases muy avanzadas. Durante la etapa larvaria, la más destructiva, las larvas excavan galerías internas que debilitan la estructura del tronco, y su comportamiento gregario, unido a una considerable capacidad de vuelo, facilita que la plaga se disperse varios kilómetros en poco tiempo.
Ante este escenario, el Consistorio donostiarra considera “imprescindible” la implicación de los propietarios privados, puesto que una parte significativa de las palmeras susceptibles de ataque se encuentra en fincas particulares. El Ayuntamiento ofrece a la ciudadanía la posibilidad de coordinar los tratamientos en estos espacios para asegurar una respuesta homogénea en todo el término municipal. Para adherirse al protocolo, las personas interesadas pueden solicitar información y sumarse a través de los teléfonos 943 48 10 60 y 943 48 16 47, o mediante el correo electrónico juanm_odriozola@donostia.eus.
Además de estas actuaciones directas, Donostia prepara acciones de sensibilización y formación orientadas a facilitar la detección precoz de síntomas y fomentar buenas prácticas en la poda y el mantenimiento de palmeras. El Ayuntamiento admite que la erradicación total del picudo rojo no es viable a corto plazo, por lo que apuesta por una gestión continuada, revisando de forma periódica el protocolo para incorporar nuevas técnicas y mejorar la eficacia de las medidas.
San Vicente de la Barquera: inspección árbol a árbol y cirugía de urgencia
En San Vicente de la Barquera, la lucha contra el picudo rojo se centra en el Paseo Marítimo, donde un equipo especializado está llevando a cabo una inspección visual individualizada de las palmeras. La labor corre a cargo de Vanesa Tilán, de Arbolart Arboricultura, técnica en Gestión Forestal y del Medio Natural con experiencia en intervenciones en arbolado tanto a nivel nacional como internacional.
Tilán está “leyendo el estado” en el que se encuentra el ataque de picudo rojo sobre 54 palmeras, con el objetivo de determinar para cada ejemplar si es posible su recuperación mediante tratamiento o si, por el contrario, resulta necesaria la tala. Las primeras estimaciones apuntan a que alrededor de cinco palmeras tendrán que ser derribadas, mientras que la mayoría presenta un pronóstico de recuperación razonable si se actúa con rapidez.
Para ordenar la información se utiliza la aplicación MyTreeRisk, una plataforma de gestión de infraestructura verde que permite elaborar un mapa de riesgos y una ficha específica para cada palmera, incluyendo fotografías y datos técnicos. Todas las decisiones se toman con el criterio de un arborista formado en inspección y análisis de riesgo, que determina la mejor intervención en cada caso.
Dentro de esta fase, además del informe que recomienda tratamiento o tala ejemplar por ejemplar, se están desarrollando auténticas cirugías de urgencia sobre seis palmeras con un pronóstico “muy favorable” de recuperación. Estas intervenciones consisten en limpiar a fondo la corona, retirar el material podrido y abrir espacio al nuevo cogollo, de manera que el árbol pueda regenerar tejido sano y frenar el avance del insecto en sus puntos más críticos.
La visita al paseo por parte de la alcaldesa Charo Urquiza y miembros del equipo de gobierno sirve para comprobar sobre el terreno el alcance del problema y el desarrollo de los trabajos. El mensaje que se lanza a la ciudadanía es que la respuesta municipal combina rigor técnico y rapidez, buscando salvar el máximo número de ejemplares posible sin comprometer la seguridad de vecinos y visitantes en una zona muy transitada.
Un enemigo difícil: cómo actúa el picudo rojo en las palmeras
Más allá de las actuaciones concretas en cada municipio, todos los ayuntamientos coinciden en la descripción del picudo rojo como una de las plagas más complejas de gestionar en arbolado urbano. Este coleóptero, originario del sudeste asiático, aprovecha grietas en el tronco o heridas de poda para acceder al interior de la palmera, donde las hembras depositan decenas de huevos en cada puesta.
Tras la eclosión, las larvas se alimentan del tejido interno, excavando una intrincada red de galerías que, en casos extremos, pueden dejar prácticamente hueco el interior del tronco. Esta actividad compromete seriamente la estabilidad del árbol y puede desembocar en el colapso total de la copa o incluso en la caída de la palmera, con el consiguiente riesgo para las personas y el mobiliario urbano.
La dificultad añadida es que, al desarrollarse casi todo el ciclo biológico dentro del árbol, los síntomas visibles aparecen cuando el daño ya es severo. De ahí que las administraciones estén apostando por programas de vigilancia continua, revisiones periódicas y métodos de monitorización como las trampas con feromonas, que permiten detectar la presencia de adultos y ajustar la intensidad de los tratamientos.
Los consistorios, además, insisten en extremos como limitar las podas en épocas de alto riesgo, sellar correctamente las heridas y controlar el origen del material vegetal que se planta en la ciudad. Todas estas precauciones buscan reducir al mínimo las “puertas de entrada” de un insecto que, una vez instalado en un palmeral, resulta muy costoso de controlar.
En conjunto, las medidas adoptadas en ciudades como Santander, Barakaldo, Donostia y San Vicente de la Barquera muestran un escenario en el que la prevención, la rapidez de respuesta y la coordinación público-privada se han vuelto esenciales para mantener a raya al picudo rojo. La combinación de endoterapia, duchas foliares, trampas con feromonas, inspecciones avanzadas y cirugías de urgencia prueba que la lucha contra esta plaga requiere tanto recursos como constancia, y que el futuro del paisaje de palmeras en muchas localidades europeas dependerá, en buena medida, de la continuidad de estos esfuerzos y de la implicación de toda la ciudadanía.