El Balcón del Guadalquivir encara su metamorfosis tras la gran obra hidráulica del tanque de tormentas, que entra en su fase final antes de dar paso a una restitución integral del espacio. La intervención, impulsada por Emacsa y ejecutada por la UTE formada por FCC Construcción y Viguecons Estévez, convertirá la superficie en un jardín amable, con zonas de sombra, humedales urbanos y materiales drenantes a pie de río.
Presentado por el alcalde José María Bellido, el presidente de Emacsa, Daniel García-Ibarrola, y el arquitecto Rafael Fernando Marín, el proyecto abarca más de 18.000 m² y busca dejar atrás la plaza dura para crear un entorno más fresco y habitable. La propuesta respeta la esencia del diseño de Juan Navarro Baldeweg, pero lo orienta a la adaptación climática con Soluciones Basadas en la Naturaleza y la Estrategia Europea de Infraestructura Verde.
Cinco líneas de actuación para renaturalizar el Balcón

La primera gran acción es el ajardinamiento de las antiguas albercas: las tres piletas longitudinales se transformarán en praderas en ligera pendiente, con césped natural y arbolado autóctono, pensadas para sentarse, descansar y disfrutar del río sin renunciar a la lectura de la topografía original.
El segundo eje contempla estanques naturalizados de unos 70 centímetros de profundidad, alimentados con agua freática y sin cloro, que integrarán flora y fauna locales. Entre las especies previstas aparece el protegido salinete (Aphanius baeticus), reforzando el valor ecológico del conjunto.
El tercer bloque suma sombras naturales y marquesinas modulares, inspiradas en patrones geométricos de la Mezquita-Catedral. Estas cubiertas microperforadas, con estructura metálica en tonos ocre y almagra, se combinarán con arbolado para mitigar la isla de calor y favorecer estancias prolongadas.
En cuarto lugar, se implantarán Sistemas Urbanos de Drenaje Sostenible (SUDS): pavimentos porosos, zanjas filtrantes y tres pozos de infiltración recogerán el agua de lluvia para devolverla al terreno. Un sondeo posterior permitirá emplear agua del nivel freático en el riego, baldeo, limpieza del tanque y llenado de los estanques, cerrando el ciclo hídrico sin recurrir a agua potable.
Por último, la quinta línea prioriza mediante especies mediterráneas de bajo consumo, riego por goteo, reciclaje de materiales y empleo de recursos locales; una apuesta por el verde que desplaza al gris en un enclave antes árido y de mero paso.
Materiales, agua y gestión: sostenibilidad a largo plazo

El diseño prioriza la reutilización de piedra natural, encintados de granito y adoquines del Balcón original, aplicando técnicas de baja huella ambiental. Los nuevos pavimentos drenantes y los humedales urbanos reducirán la temperatura superficial y aumentarán la humedad ambiental, mejorando el confort en los meses más calurosos.
La paleta vegetal estará coordinada por Imgema y Parques y Jardines, equilibrando estética, sostenibilidad y arraigo cultural. El plan de mantenimiento incorporará criterios de eficiencia hídrica, menor generación de residuos y consumo energético contenido, con un enfoque integral de ciclo del agua.
Desde Emacsa se subraya que el Balcón del Guadalquivir volverá a ser una gran puerta de entrada a Córdoba, enlazando ciudad contemporánea y patrimonio histórico. El motivo de la Puerta de San Ildefonso de la Mezquita-Catedral inspira las marquesinas, reforzando un diálogo sereno entre modernidad, identidad local y el paisaje del río.
El proyecto se alinea con el Plan Municipal contra el Cambio Climático (PMCC 2022-2030), especialmente en reverdecimiento urbano, creación de sombras, mejora del patrimonio natural y descarbonización del ciclo urbano del agua gracias a la aplicación integral de SUDS.
La obra hidráulica culmina con el primer tanque de la ciudad con 24.000 de capacidad, cuyo cierre se prevé entre diciembre y enero; a partir de ahí, se habilitará la construcción del jardín. La restitución completa del espacio se marca como horizonte el primer semestre de 2026, integrando ingeniería, paisaje y uso ciudadano.
Con un presupuesto de 22,2 millones, la UTE FCC Construcción–Viguecons Estévez ejecuta la intervención promovida por Emacsa, que pone fin a los problemas de filtraciones y al mantenimiento costoso de las antiguas albercas. El objetivo es dejar atrás la plaza dura y favorecer la convivencia con bancos, sombras y estancias frente al agua.
El arquitecto Rafael Fernando Marín ha reinterpretado la propuesta de Navarro Baldeweg incorporando referencias cordobesas, desde la terraza-jardín del Salón Rico de Medina Azahara hasta el espíritu de la antigua playa urbana de hace medio siglo. Se recupera así un vínculo cotidiano con el Guadalquivir, invitando a sentarse en la pradera en pendiente y a pasear junto a humedales vivos.
Más allá de la estética, la combinación de vegetación, agua y pavimentos permeables ofrece un entorno más fresco y resiliente, pensado para combatir las altas temperaturas y generar biodiversidad. Córdoba gana un pulmón verde a pie de río que ya no será solo de paso, sino un espacio de uso social, ocio y contemplación durante todo el año.