La conservación de las variedades agrícolas tradicionales se ha convertido en una prioridad para numerosas instituciones españolas. En los últimos meses, varios proyectos han visto la luz o han recibido nuevos impulsos económicos para mantener y ampliar bancos de semillas que custodian el patrimonio genético vegetal. Desde Asturias hasta Canarias, pasando por León, Aragón y Palencia, la red de bancos de germoplasma busca asegurar que las semillas de antaño no desaparezcan y sigan siendo una herramienta clave frente al cambio climático y la pérdida de biodiversidad.
Estas iniciativas no solo almacenan semillas, sino que también implican trabajos de campo, recopilación de conocimiento etnobotánico y colaboración con agricultores locales. El objetivo común es preservar la diversidad genética de cultivos adaptados a cada territorio, muchos de ellos en peligro por la agricultura industrial y el abandono rural. A continuación, repasamos las principales actuaciones en marcha.
Iniciativas institucionales para la conservación de semillas tradicionales
El Servicio Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentario de Asturias (Serida) puso en marcha su banco de semillas en 1991 con una pequeña colección de judías. Hoy, 35 años después, alberga unas 20 especies diferentes, entre ellas faba granja asturiana, escanda y otras legumbres y hortícolas>. Juan José Ferreira, responsable del programa de Genética Vegetal, destaca que el banco ha sido pionero y ha permitido desarrollar variedades mejoradas que ya se comercializan. Sin embargo, advierte que las instalaciones necesitan una modernización urgente para afrontar los próximos 50 años. Además, la reciente concesión del Premio Princesa de Asturias de Cooperación Internacional a la Bóveda Global de Semillas de Svalbard ha abierto la posibilidad de que algunas variedades asturianas viajen hasta el repositorio noruego, aunque la decisión final depende del Centro Nacional de Recursos Fitogenéticos (INIA-CSIC).
En León, la Diputación ha renovado un convenio con el Consejo Regulador de la IGP Alubia de La Bañeza-León para destinar 45.000 euros en tres años (15.000 anuales hasta 2027) al mantenimiento del banco de semillas de las cuatro variedades amparadas. El acuerdo garantiza la pureza varietal, la trazabilidad y las garantías sanitarias de la simiente, así como el seguimiento de todo el ciclo de cultivo. Este trabajo comenzó en 1992 y ha permitido seleccionar y conservar material vegetal durante más de tres décadas, evitando su deterioro.
En Aragón, el Banco de Germoplasma Hortícola del Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria (Cita) ha realizado una nueva campaña de prospección junto al Centre for Genetic Resources de los Países Bajos. Se han recolectado 29 accesiones de especies silvestres emparentadas con cultivos, como Valerianella, Allium, Beta o Daucus. Cristina Mallor, investigadora del Cita, subraya que estas misiones son imprescindibles para ampliar las colecciones, que ya superan las 18.000 muestras de más de 300 especies. La falta de financiación nacional para actividades permanentes hace que convenios como este sean fundamentales.
En Canarias, la Consejería de Transición Ecológica y Energía ha anunciado la creación del Banco de Semillas de la Reserva de la Biosfera de El Hierro, con una inversión de 346.659 euros. El proyecto, que se desarrollará en el Centro Ambiental de El Creal, permitirá conservar especies autóctonas, endémicas y variedades agrícolas tradicionales de la isla. Incluye equipamiento técnico, recolección, clasificación, un sistema digital de gestión y programas de formación y sensibilización. El consejero Mariano H. Zapata destacó que se trata de proteger la biodiversidad única de las islas y reforzar la capacidad de adaptación al cambio climático.
El papel de los agricultores y la recuperación de variedades locales
Más allá de las instituciones, también hay iniciativas individuales que contribuyen a la conservación del patrimonio agrícola. En Villasirga (Palencia), Emilio Medina, un joven hortelano de 26 años, ha creado su propio banco de semillas históricas. Ha recopilado unas 500 semillas de tomate solo de la provincia de Palencia, además de alubias, lentejas, garbanzos y patatas. Su labor incluye la búsqueda de variedades antiguas entre personas mayores, la regeneración de semillas que llevan años almacenadas y el intercambio con otros agricultores. Entre sus hallazgos destaca una semilla de tomate de 1916 procedente de Almazán y otra de 1982 de Frómista. También está recuperando la patata roja de riñón, una variedad desaparecida que localizó en un banco de germoplasma del País Vasco. Emilio asegura que no recibe subvenciones y que su motivación es recuperar los sabores y cultivos de sus antepasados.
Estas experiencias demuestran que la conservación de semillas no es solo una cuestión de grandes infraestructuras, sino también de compromiso local>. Tanto los bancos institucionales como los particulares se enfrentan al reto de mantener la viabilidad del material genético y evitar que se pierdan conocimientos ancestrales ligados al territorio.
La colaboración entre agricultores, centros de investigación y administraciones es clave para garantizar que las variedades tradicionales sigan disponibles. En El Hierro, por ejemplo, el banco de semillas prevé inventariar variedades agrícolas mediante trabajos de campo y la colaboración con agricultores y especialistas, recopilando además conocimiento etnobotánico. Este enfoque integral permite que la conservación tenga un impacto directo en la restauración ambiental y en la resiliencia de los ecosistemas frente al cambio climático.
La digitalización de las colecciones y la creación de empleo verde asociado a la gestión de los bancos son otros aspectos que refuerzan la sostenibilidad de estos proyectos. En definitiva, la suma de esfuerzos públicos y privados está logrando que el legado de las semillas tradicionales no se pierda, sino que se convierta en una herramienta viva para la agricultura del futuro. La modernización de las instalaciones, la financiación estable y la cooperación internacional son los pilares sobre los que se asienta la conservación de este patrimonio genético único en España.


