El histórico gomero del Parque Avellaneda, uno de los árboles más emblemáticos de San Miguel de Tucumán, se vino abajo tras varios días de lluvias intensas y dejó una imagen tan impactante como simbólica para los vecinos de la zona. El ejemplar, que llevaba más de un siglo formando parte del paisaje urbano, colapsó en la Plaza Alfredo Gramajo Gutiérrez, muy cerca del cementerio del Oeste.
Pese a la magnitud de la caída y al tamaño del árbol, no se registraron heridos, aunque sí hubo daños en mobiliario urbano, especialmente en bancos del espacio público. La escena, recogida en varios vídeos que rápidamente circularon por redes sociales, ha reavivado el debate sobre el estado del arbolado en espacios verdes urbanos y las medidas de prevención ante fenómenos climáticos cada vez más extremos.
Un símbolo centenario del Parque Avellaneda

El árbol caído era un gomero de más de 120 años, ubicado en la Plaza Alfredo Gramajo Gutiérrez, a la altura de calle Asunción (entre el 100 y el 150, según distintas referencias), en la zona del Parque Avellaneda, frente al cementerio del Oeste. Su porte, sus raíces expansivas y su copa proporcionaban una sombra muy apreciada por quienes frecuentaban el parque, convirtiéndolo en un punto de referencia para residentes y visitantes.
El ejemplar pertenecía a la especie Ficus macrophylla, conocida precisamente por su gran desarrollo y por la fuerza de sus raíces, que a menudo generan conflictos con veredas y calzadas en entornos urbanos. Con el paso del tiempo, este gomero se había transformado en parte de la identidad del barrio y en un verdadero símbolo del Parque Avellaneda.
Su valor no era solo sentimental. En 2004, el Concejo Deliberante de San Miguel de Tucumán aprobó una ordenanza -impulsada conjuntamente por el Municipio y la Sociedad Amigos del Árbol- mediante la cual el ejemplar fue declarado “Árbol Notable” de la ciudad. Esa categoría reconocía tanto su relevancia histórica como su aportación ambiental en una zona con alto tránsito y actividad cotidiana.
Durante décadas, el gomero sirvió como punto de encuentro, referencia espacial y refugio del calor para miles de personas. Su desaparición deja ahora un vacío visible en el paisaje y también en la memoria colectiva de quienes crecieron o pasaron buena parte de su vida en torno a este espacio verde.
Un colapso asociado a lluvias intensas y envejecimiento
La caída del histórico gomero se produjo en horas de la mañana, en medio de un periodo de tiempo marcado por reiteradas lluvias intensas en la ciudad. Estas precipitaciones prolongadas habrían contribuido a debilitar la estabilidad del árbol, ya de por sí comprometida por su edad y su estado sanitario.
Según explicaron desde la Municipalidad de San Miguel de Tucumán, la combinación de factores fue determinante: por un lado, el desgaste natural de un ejemplar centenario; por otro, problemas fitosanitarios detectados con anterioridad; y, como elemento desencadenante, la acumulación de agua en el suelo y el viento asociado al temporal, que terminaron de hacer ceder la estructura.
El director de Arbolado, Guillermo Olivera, detalló que el árbol se encontraba en la última etapa de su vida. El año anterior se había llevado a cabo un diagnóstico junto con especialistas del Instituto Miguel Lillo y de la Estación Experimental Obispo Colombres. Los informes técnicos señalaban que el gomero presentaba un deterioro avanzado y que era necesario prepararse para un desenlace como el que finalmente llegó.
En base a esos estudios, el área de Arbolado puso en marcha un plan de poda preventiva que incluyó el retiro de grandes ramas secas y el alivio de peso en algunas secciones de la copa. El objetivo era reducir riesgos para peatones, vehículos y viviendas cercanas, en caso de caída parcial o total del ejemplar.
Olivera subrayó que, gracias a estas intervenciones previas, el colapso del árbol se produjo sin daños personales, aunque sí con consecuencias materiales en el mobiliario de la plaza. “Nos fuimos preparando para este momento, para que, si el árbol caía, lo hiciera con el menor impacto posible”, fue la idea que transmitió el responsable municipal al valorar el operativo preventivo.
Impacto vecinal y viralización en redes sociales
La caída del gomero no pasó desapercibida entre quienes viven y trabajan en la zona del Parque Avellaneda. Vecinos y transeúntes se acercaron rápidamente al lugar, sorprendidos por la escena de un árbol monumental abatido sobre el suelo, ocupando parte de la plaza y de la calzada.
El episodio quedó reflejado en vídeos y fotografías captados en el momento del desplome y en los minutos posteriores. La periodista Badiha Sebih difundió en su cuenta de X varios clips en los que se aprecia la magnitud del derrumbe, así como los daños ocasionados en la zona de calle Asunción. Las imágenes se viralizaron con rapidez y ayudaron a dimensionar el valor simbólico del árbol para la comunidad.
En las publicaciones compartidas por usuarios se repetía una sensación común: la pérdida de un hito del paisaje urbano. Muchos recordaban anécdotas bajo su copa, desde juegos infantiles hasta reuniones informales a la sombra del gomero, lo que pone de relieve el papel que los grandes árboles juegan como elementos de identidad y punto de encuentro social.
Al mismo tiempo, la difusión masiva del suceso reabrió conversaciones sobre la seguridad en parques y plazas, en particular en lo que respecta a árboles añosos o de gran tamaño ubicados cerca de pasos peatonales, calzadas y zonas muy transitadas. La caída de este gomero se convirtió, así, en un caso ilustrativo de la necesidad de conciliar la preservación del patrimonio natural con la prevención de riesgos.
Operativo para retirar el ejemplar y destino de la madera
Tras el colapso, la Municipalidad activó un operativo especial de limpieza y retirada del histórico gomero. Equipos de la empresa Ecopoda, que presta servicios al Municipio, se desplazaron hasta la Plaza Alfredo Gramajo para iniciar el troceo de las ramas y del tronco principal, tarea que, por el tamaño del ejemplar, requirió maquinaria específica y personal especializado.
Olivera explicó que el procedimiento incluye una fase de trituración o “chipeo” de los restos vegetales, reduciendo su volumen y facilitando su transporte. Este material será trasladado a la planta municipal de compostaje, ubicada en el predio de Lamadrid al 3700, donde se transformará en abono orgánico mediante un proceso controlado.
El compost resultante se utilizará como fertilizante para otros árboles y plantas de espacios públicos, cerrando así un ciclo en el que parte del histórico gomero seguirá presente, de forma indirecta, en plazas, parques y alineaciones de la ciudad. Esta reutilización del material pone el foco en una gestión más sostenible de los residuos vegetales procedentes de podas, talas y caídas por temporales.
Mientras se desarrollan las tareas de despeje, las autoridades mantuvieron cortada parcialmente la circulación en el entorno de la plaza y reforzaron las indicaciones de seguridad para evitar la presencia de curiosos demasiado cerca de la zona de trabajo. El objetivo es concluir las labores sin incidentes adicionales y restituir cuanto antes la normalidad en el área.
Además de la retirada del árbol, se prevé una revisión de infraestructuras afectadas (bancos, luminarias, veredas) para evaluar reparaciones y adecuaciones posteriores. La caída de un ejemplar de este porte suele implicar daños colaterales que requieren intervenciones específicas una vez que se completa el desrame y la limpieza del lugar.
Censo del arbolado y prevención de riesgos
Más allá del caso puntual del gomero del Parque Avellaneda, la Municipalidad remarcó que viene realizando un censo del arbolado urbano en distintos puntos de la ciudad. Este relevamiento persigue identificar ejemplares con riesgo potencial de caída, enfermedades avanzadas o daños estructurales que puedan suponer un peligro para la población.
En el marco de ese censo, el histórico gomero ya figuraba como árbol problemático, lo que había motivado su seguimiento técnico y las podas preventivas practicadas en meses anteriores. Según Olivera, en otros puntos de la ciudad donde se detectan situaciones similares se están llevando a cabo extracciones planificadas o intervenciones de saneamiento para anticiparse a posibles desprendimientos o vuelcos repentinos.
Especialistas en arbolado urbano vienen advirtiendo desde hace tiempo de la importancia de combinar conservación y seguridad. Los árboles maduros aportan sombra, mejoran la calidad del aire y tienen un valor paisajístico y social evidente, pero al mismo tiempo requieren controles periódicos, podas apropiadas y diagnósticos técnicos que permitan actuar a tiempo cuando aparecen signos de debilidad o enfermedad.
En ciudades de España y Europa, experiencias de planes integrales de gestión del arbolado muestran que la elaboración de inventarios detallados, la monitorización de ejemplares singulares y la participación de la ciudadanía en la detección temprana de problemas resultan claves para evitar incidentes graves, especialmente ante temporales de lluvia y viento cada vez más frecuentes.
La caída del gomero tucumano se inscribe en ese contexto más amplio: pone sobre la mesa la necesidad de actualizar protocolos de mantenimiento, reforzar la coordinación con instituciones científicas y comunicar de forma clara a la población el estado de los árboles más emblemáticos, de modo que la gestión del patrimonio verde urbano sea transparente y participativa.
Patrimonio verde, memoria colectiva y futuro del espacio
La pérdida del histórico gomero del Parque Avellaneda no se limita a un dato más en la crónica de un temporal. Para muchos vecinos, supone la desaparición de un auténtico referente del paisaje cotidiano, ligado a recuerdos personales y a la historia reciente de la ciudad. El reconocimiento como “Árbol Notable” en 2004 ya evidenciaba ese vínculo especial entre el ejemplar y la comunidad.
Ahora, con el claro vacío que deja su ausencia, se abre el debate sobre cómo reconfigurar el espacio de la plaza. Entre las opciones que suelen plantearse en situaciones similares están la plantación de nuevos ejemplares de especies adecuadas al entorno urbano, la instalación de elementos que recuerden al árbol caído o incluso el aprovechamiento de parte de su madera en proyectos comunitarios o educativos.
En otros municipios, tanto en España como en distintas ciudades europeas y latinoamericanas, la gestión de grandes árboles históricos que llegan al final de su ciclo de vida ha dado lugar a iniciativas de memoria urbana: desde bancos y esculturas fabricados con su madera hasta programas de reforestación simbólica en los mismos parques donde estuvieron en pie durante décadas.
La experiencia con el gomero del Parque Avellaneda puede servir para reforzar la conciencia ciudadana sobre el valor del arbolado y sobre la importancia de acompañar su ciclo vital con cuidados adecuados, diagnósticos rigurosos y decisiones a veces difíciles, como la extracción preventiva cuando el riesgo de caída es elevado.
El derrumbe de este ejemplar centenario deja una mezcla de tristeza y reflexión: se pierde un icono natural del barrio, pero al mismo tiempo se ponen en marcha mecanismos de gestión, reciclaje y planificación que pueden mejorar la seguridad y favorecer una relación más responsable con el patrimonio verde urbano. De ese equilibrio entre memoria, conservación y prevención dependerá en buena medida cómo se configure el futuro del Parque Avellaneda y de sus espacios arbolados.