Cómo abonar la tierra para sembrar

Abonar la tierra para sembrar es imprescindible para las plantas

En todos los cultivos y cosechas se requiere el uso del abono o la fertilización de la tierra. De esta manera aportamos a las plantas los nutrientes necesarios para su correcto desarrollo. Sin embargo, algunos jardineros modernos y horticultores dudan de la eficacia de estos productos. Según ellos, en la naturaleza nadie abona, por lo que no es necesario. Este pensamiento resulta bastante razonable. Ahora bien, si quieres saber por qué se requiere fertilizar el suelo y cómo abonar la tierra para sembrar, te recomiendo que sigas leyendo.

A parte de aclarar esta idea que parece bastante lógica, también explicaremos qué es el abono, cómo nutrir la tierra y qué puede ser utilizado para ello. Si estás pensando en prepararte un huerto, estate atento y toma nota.

¿Qué es el abono de la tierra?

El abono es necesarios para nutrir a las plantas

Antes de explicar cómo abonar la tierra para sembrar, vamos a aclarar lo que es el abono. Se trata de un fertilizante que se echa a la tierra con el fin de hacerla más rica y como consecuencia más productiva. ¿Pero abonar y fertilizar es lo mism0? Pues no del todo, la verdad. Si bien se pueden utilizar ambas palabras, ya que todo el mundo sabe lo que se quiere decir, hay un pequeño matiz que diferencia ambos verbos. Cuando hablamos de abonar la tierra, nos referimos a aplicar el abono o fertilizante.

En cambio, si decimos que vamos a fertilizar significa que vamos a aumentar la fertilidad de la tierra. Para hacerlo, es necesario abonar en la gran mayoría de las veces. Por este motivo se pueden utilizar ambas palabras para expresar lo mismo, aunque realmente no tengan el mismo significado.

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Diferencias entre abono y fertilizante

¿Es realmente necesario abonar?

Tal y como hemos dicho en la introducción, existen jardineros y horticultores que opinan que la tierra no requiere ser abonada, ya que esta actividad no se lleva a cabo en la naturaleza, es decir, en las plantas que crecen de forma silvestre. Si bien esto es cierto, no podemos olvidar que tanto la jardinería como la horticultura son actividades creadas por el ser humano, a veces muy forzadas.

Los vegetales que crecen en la naturaleza necesitan nutrirse de la tierra. Estos nutrientes se van incorporando constantemente en el suelo gracias a la descomposición de restos orgánicos muertos. En cuanto a los minerales, estos se van disgregando de las rocas y son suficientes para sostener a las plantas que crecen en esa tierra. Por el contrario, las hortalizas que plantamos los seres humanos son vegetales que han sido seleccionados durante años, incluso milenios, con el fin de obtener plantas más productivas y grandes y con unos frutos más nutritivos y de aspecto más apetecible.

En la jardinería pasa lo mismo. La mayoría de los vegetales que podemos encontrar en los jardines no son autóctonos. Normalmente están adaptados a otras temperaturas. Han sido únicamente seleccionados por su aspecto bonito. Todas estas plantas que se podrían considerar «domesticadas» suelen necesitar una tierra más fértil que las silvestres. Esto se debe a que, por un lado, la cantidad de nutrientes que requieren para poder desarrollar sus tejidos jugosos es muy elevada, y por otro lado son menos eficientes que sus variantes silvestres.

Por lo tanto, hay dos motivos principales por los que es necesario abonar la tierra:

  1. Los vegetales cultivados requieren tierra muy fértil, al menos la mayoría.
  2. Hay que reponer los nutrientes del suelo para que no se agoten. Cuando cosechamos, muchos de los nutrientes se extraen y es imprescindible añadir más.

¿Cómo nutrir la tierra para las plantas?

Podemos abonar enterrado o en superficie

Para averiguar cómo abonar la tierra para sembrar, podemos distinguir entre dos tipos de procesos: Enterrado o en superficie. En ambos casos se trata básicamente de añadir la cantidad deseada del abono a la tierra o mezclarlo con ella. Vamos a comentar con más detalle cómo realizar esta tarea.

Cómo abonar la tierra para sembrar: Enterrado

A pesar de ser la práctica menos natural, es la más habitual. Se trata de esparcir el fertilizante o abono sobre la tierra. Después, se cava el suelo para que quede enterrado y mezclado con la tierra. Otra forma es crear un surco e introducir ahí el abono. Posteriormente hay que taparlo con la tierra extraída del próximo surco.

Para el proceso del enterrado podemos utilizar abonos orgánicos que estén sin descomponer, siempre y cuando el cultivo no se inicie hasta que hayan pasado varios meses después de la fertilización. En el caso de que el abono estuviera bien maduro o fuera inorgánico, se puede añadir al suelo que precede a la plantación o a la siembra.

En cuanto a la dosis que debemos añadir, esta depende de la fertilidad del propio suelo. Lo más aconsejable es añadir abono poco a poco cada año en vez de aportar una gran cantidad de golpe. De esta manera evitaremos que surjan problemas relacionados con el pH, la salinidad y otro tipo de desequilibrios. Generalmente, la cantidad que debemos usar es muy parecida a la de otros abonos orgánicos. La única excepción son aquellos hechos con excrementos de aves. En estos casos, con emplear un litro por metro cuadrado es suficiente.

Cuando trabajamos con suelos muy arenosos, esta práctica resulta mucho mejor que aplicar el abono en superficie. En este último caso, los nutrientes podrían acabar rápidamente en el subsuelo, donde las raíces de las plantas ya no los alcanzan. Por ello es muchísimo mejor mezclar el abono con la tierra. Además, así mejoramos considerablemente las características del suelo arenoso, que suele ser más pobre. Con el tiempo, este se volverá más húmedo, esponjoso y fértil.

Cómo abonar la tierra en superficie

El segundo proceso de abonado es en superficie. Este imita a la naturaleza, ya que no se entierra, simplemente se deja en la superficie del suelo. En estos casos, la lluvia y/o el riego y los organismos que se encuentran en el suelo son los encargados de que los nutrientes alcancen más profundidad en al tierra.

Justo lo mismo sucede en la naturaleza. Los restos de las plantas y de los animales muertos, los excrementos, las hojas, etc. se quedan en la superficie del suelo y poco a poco van formando una capa. Esta se va haciendo cada vez más gruesa y acaba adquiriendo un color negro. Se la conoce como mantillo y resulta ser muy fértil. Es muy habitual verla en los bosques.

A parte de que se puede emplear este método durante todo el año, también tiene otras ventajas que vamos a enlistar a continuación:

  • No se produce ningún tipo de fermentación debajo de la tierra, es decir, en contacto directo con las raíces. Por ello, resulta más saludable para los vegetales y también para el suelo.
  • A las hierbas competidoras les resulta más difícil nacer debido al mantillo.
  • La tierra está más protegida frente a la radiación solar.
  • Se conserva mejor la humedad del suelo, haciendo que sea menos necesarios regar.
  • Ahorramos tiempo y esfuerzo al no tener que cavar la tierra.

Aunque este método pueda resultar muy bueno, debemos tener en cuenta que no es aconsejable emplear abono procedente de excrementos de aves, al igual que otros abonos que puedan ser muy concentrados. Estos podrían llegar a alterar tanto la salinidad como el PH del suelo si la capa que se extiende sobre él es muy gruesa. En el caso de que se extendiera mucho la capa, sí que podemos emplearlos.

Respecto al espesor del mantillo, no debería ser muy grueso para no bloquear el intercambio gaseoso que tiene lugar entre la atmósfera y el suelo. Pero tampoco debe ser demasiado delgado, ya que se disgregaría demasiado rápido por el sol y podría salir volando con el viento. Lo ideal es que se encuentre entre los tres y los cinco centímetros de grosor, pero finalmente dependerá del tipo de abono que utilicemos. Por lo general, cuanto más compacto sea, menos espesor se debe acumular.

¿Cuándo abonar la tierra para sembrar?

Las mejores épocas para abonar al tierra son otoño y primavera

No sólo es importante saber cómo abonar la tierra para sembrar, si no también cuándo hacerlo. Obviamente, es muchísimo mejor hacerlo cuando sea a no abonar jamás. Sin embargo, las estaciones más recomendables para esta tarea son el otoño y la primavera. En otoño podemos utilizar abonos orgánicos que todavía no estén completamente descompuestos, como podría ser, por ejemplo, el estiércol. Cuando llega la primavera, que suele ser el inicio del cultivo, podemos aplicar abonos químicos. Estos tienden a disiparse de manera muy rápida.

Siempre es mejor abonar la tierra para mejorar tanto la cantidad como la proporción de nutrientes. Podemos hacer excepciones con suelos que ya han sido abonados o que llevan tiempo sin cultivarse, por lo que ya de por sí son muy fértiles. Generalmente, si el color de la tierra es muy oscuro significa que su porcentaje de materia orgánica es muy elevado.

Al final, cada uno es libre de probar y utilizar el método que más le convenga y hacerlo cuando más le plazca, aunque nunca está de más informarse sobre cuándo y cómo abonar la tierra para sembrar. ¿Y vosotros qué método preferís? ¿En tierra o en superficie?


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