Cuando llegan las heladas y el termómetro se desploma, las aves del jardín lo tienen mucho más difícil para encontrar alimento y agua. La nieve cubre el suelo, los insectos desaparecen, los frutos se agotan y las pocas semillas disponibles quedan ocultas o empapadas. En esos días de frío intenso, cualquier ayuda que ofrezcamos desde jardines, patios, balcones o terrazas puede marcar la diferencia para muchos pájaros urbanos y de barrio.
Además de echarles una mano con comida y agua, también podemos aprovechar para observarlas de cerca y registrar nuestros avistamientos en apps de ciencia ciudadana como eBird. Así no solo disfrutamos viéndolas comer a pocos metros, sino que contribuimos a mejorar el conocimiento sobre sus movimientos, su comportamiento y su estado de conservación, algo clave cuando se producen episodios extremos como grandes nevadas o olas de frío.
Por qué las aves necesitan ayuda en invierno
Durante el invierno, sobre todo en episodios de frío extremo, nevadas o temporales intensos, el espacio de invernada de muchas aves europeas se vuelve hostil. Zonas que normalmente son refugio —como buena parte de la península ibérica— pueden quedar cubiertas de nieve durante días, reduciendo al mínimo las fuentes de alimento disponibles.
En las ciudades y pueblos se suma otro problema: la menor presencia de personas en la calle durante los meses fríos, algo que se acentuó con la pandemia. Esto implica menos restos de comida en terrazas de bares, parques o papeleras, y por tanto menos recursos para gorriones, mirlos u otras especies acostumbradas a aprovechar esos desperdicios.
Las aves necesitan entonces más energía para mantener su temperatura corporal pero tienen menos comida a su alcance. Esa combinación de más gasto y menos ingresos energéticos puede traducirse en una mayor mortalidad invernal, sobre todo en los días de frío más duro o cuando una gran nevada cubre el entorno durante varios días seguidos.
Ante este escenario, colocar comederos y ofrecer agua en nuestros espacios al aire libre se convierte en una manera sencilla de apoyar a las aves silvestres que viven alrededor de casa. Puede que un único comedero no “salve” a toda la población, pero sí puede ayudar a un buen número de ejemplares y, sobre todo, conectarnos con ellas y motivarnos a implicarnos más en su conservación.
Las organizaciones especializadas en ornitología, como SEO/BirdLife, insisten en la importancia de que la ciudadanía registre sus observaciones en plataformas como la app gratuita eBird. Durante una ola de frío, estos datos aportan información valiosa sobre qué especies aguantan en una zona, cuáles se desplazan y cómo responden a esos cambios bruscos de tiempo.

Dónde y cuándo es mejor poner comederos para aves
Los expertos recomiendan especialmente instalar comederos en entornos urbanos o periurbanos. En las ciudades, la distribución de alimento ya está muy condicionada por la actividad humana —restos de comida, jardines, basuras— y los comederos añaden un recurso extra sin alterar demasiado la dinámica natural.
En cambio, en medios rurales o seminaturales, las aves suelen seguir patrones de alimentación más ligados a los ritmos estacionales: semillas silvestres, frutos de arbustos, invertebrados ocultos en la hojarasca, etc. Allí los comederos pueden tener un peso relativamente menor y es preferible centrarse en conservar y restaurar la vegetación natural que ya les proporciona alimento.
En todo caso, si te decides a poner un comedero, es fundamental escoger bien el lugar. Lo ideal es un jardín, patio amplio o terraza de un primer o segundo piso, aunque una simple ventana soleada también puede funcionar. Lo importante es que las aves se sientan seguras y encuentren comida con facilidad.
Elige siempre una zona tranquila, relativamente abierta y protegida del sol directo, del viento fuerte y de la lluvia intensa. De esta forma la comida se conserva mejor y las aves pueden alimentarse sin mojarse ni pasar más frío del necesario. En terrazas donde nieva con frecuencia, ayuda situar los comederos bajo algún tipo de techo o plástico protector para que la comida no se empape ni se congele.
Otro punto clave es evitar riesgos innecesarios: no coloques el comedero junto a ventanales o cristaleras contra los que las aves puedan chocar cuando se asustan, ni en zonas con fácil acceso para gatos u otros depredadores. Si en tu comunidad hay muchos felinos, alza bastante el comedero, sepáralo de muros o ramas por las que puedan trepar y revisa desde qué puntos podrían acercarse.
Alimentos recomendados y qué nunca deberías poner
Aunque pueda parecer tentador vaciar las sobras del pan o la bollería en el balcón, este tipo de alimentos no son adecuados para las aves. Suelen llevar sal, azúcar, grasas de mala calidad y otros aditivos que no forman parte de la dieta natural de los pájaros y pueden causarles problemas de salud.
La regla básica es clara: evita cualquier alimento salado, azucarado o cocinado. Nada de sobras de guisos, embutidos, patatas fritas, pan salado, galletas, bollos, etc. Si optas por frutos secos, comprueba siempre que son sin sal ni aditivos, al natural y si es posible sin tostar. Mejor pecar de prudente que provocarles una indigestión.
En cambio, hay una serie de alimentos que sí son muy recomendables para ayudar a las aves a pasar el invierno. El primero, casi imprescindible, son las semillas de girasol crudas y sin sal. Son muy energéticas, fáciles de manejar y gustan a un montón de especies, desde carboneros y herrerillos hasta gorriones o pinzones.
Otro clásico de los comederos invernales son los cacahuetes crudos sin sal. Se pueden ofrecer con cáscara o pelados, preferiblemente en comederos de rejilla para evitar que se desperdiguen. Sin embargo, conviene no abusar: al ser muy grasos, deben reservarse sobre todo para los periodos más fríos y no convertirse en la base exclusiva de la dieta de las aves.
También son muy apreciadas las semillas niger o negrillo, disponibles en tiendas de mascotas y comercios especializados. Suelen ser más caras, pero son un manjar para muchas especies granívoras. Lo habitual es ponerlas en comederos cilíndricos o de bandeja, a veces combinadas con otras semillas para hacer la mezcla más atractiva.
No todo son semillas: algunas aves, como mirlos y zorzales, aceptan de buena gana la fruta fresca o deshidratada. Puedes colgar manzanas enteras, ofrecer trozos de membrillo, uvas o incluso ciruelas secas. Los frutos secos (en el sentido de fruta desecada, tipo uvas pasas) resultan especialmente interesantes para las especies frugívoras.
El mijo es otra opción muy útil, especialmente si al principio lo mezclas con semillas de girasol para que las aves se acostumbren. Con el tiempo puedes ir reduciendo las pipas y dejar el mijo como base. Se vende en sacos en tiendas especializadas en complementos de jardín o mascotas y funciona muy bien en comederos de bandeja o mesas; El mijo es una alternativa fácil de manejar.
Una alternativa cómoda son las mezclas comerciales de semillas preparadas para aves silvestres o, en su defecto, para canarios. Suelen combinar distintos tipos de granos y aportan una dieta bastante equilibrada. Si tu intención es atraer aves insectívoras, puedes añadir a la mezcla larvas de tenebrio u otros invertebrados secos, que muchas especies aceptan encantadas. Las mezclas comerciales de semillas pueden facilitar mucho esta tarea.
Cuidado del agua: bebederos y hielo en invierno
Tan importante como la comida es ofrecer agua limpia y accesible, algo que en invierno se complica porque se congela con facilidad. Muchos pájaros necesitan beber a diario y, siempre que pueden, aprovecharán para darse un pequeño baño rápido, incluso cuando hace bastante frío. Agua limpia y accesible es esencial tanto para aves como para las plantas del jardín.
Si vives en una zona donde las temperaturas bajan de cero, comprobarás que el agua de los bebederos puede amanecer completamente congelada. En ese caso, la forma más sencilla de ayudar es verter agua muy caliente del grifo o del hervidor sobre el hielo hasta que se derrita. Después, retira el exceso de agua si el recipiente ha quedado demasiado lleno.
Algunas personas optan por verter agua muy templada, de forma que, mientras se enfría, las aves puedan beber e incluso bañarse un momento. Esta costumbre la agradecen especialmente especies como los mirlos, que no dudan en aprovechar cualquier pequeña charca relativamente caliente.
Es fundamental mantener los recipientes siempre limpios para evitar la proliferación de bacterias y parásitos. Igual que ocurre con los comederos, los bebederos pueden convertirse en foco de contagio de enfermedades si se descuida la higiene. Lo ideal es vaciar, frotar y enjuagar cada día o cada pocos días, dependiendo del uso.
Si el agua se congela por completo con frecuencia, quizá te compense usar recipientes de plástico grueso o metal que resistan mejor los cambios de temperatura. Evita recipientes muy profundos: basta con que tengan unos pocos centímetros de agua para que las aves puedan beber sin riesgo.
Cómo fabricar un comedero casero con materiales sencillos
No hace falta gastar mucho dinero para ayudar a las aves; con objetos que solemos tener por casa se pueden hacer comedores caseros muy funcionales y duraderos. Esto resulta ideal si quieres implicar a peques de la familia o si simplemente te apetece un proyecto creativo para un fin de semana frío.
Una de las ideas más simples consiste en ensartar cacahuetes uno tras otro en un alambre, formando una especie de collar o guirnalda. Solo tienes que atravesar la cáscara con el alambre, ir añadiendo cacahuetes y luego colgar el conjunto de una rama, una barandilla o un gancho en la pared.
Otra opción muy práctica es reutilizar mallas de naranjas o cebollas. Rellénalas con cacahuetes, semillas o una mezcla de ambas, haz un nudo para que no se escape el contenido y cuélgalas de algún soporte estable. Las aves se colgarán de la propia red y picotearán a través de los huecos.
Con una botella de plástico vacía también puedes improvisar un comedero muy resultón. Basta con atravesarla con dos palos tipo brocheta a modo de perchas, hacer pequeños agujeros unos centímetros por encima para que salgan las semillas a medida que se consumen, rellenarla de mezcla de semillas y colgarla con un cordel desde una rama o barandilla.
Si te animas, puedes experimentar con otros materiales reciclados como latas limpias, tetrabriks bien lavados o viejas macetas de plástico. Lo importante es que el resultado sea estable, fácil de limpiar y que permita a las aves posarse y acceder a la comida con comodidad, sin riesgo de quedar atrapadas o engancharse.
Muchas organizaciones, como los clubes infantiles vinculados a asociaciones ornitológicas, comparten en sus webs tutoriales para fabricar comederos con materiales reutilizados. Buscar estas ideas puede darte un montón de inspiración para diseñar tu propio modelo original y, de paso, reducir residuos en casa.
Higiene y seguridad: evitar enfermedades y accidentes
Siempre que concentras a varias aves en un mismo punto, aumenta el riesgo de que se transmitan parásitos o enfermedades. Por eso, la limpieza de comederos y bebederos no es un detalle menor, sino una parte esencial del cuidado que les ofrecemos.
Lo ideal es que los comederos se laven con frecuencia, retirando restos de comida húmeda, heces y plumas. Puedes usar agua caliente y, si hace falta, un poco de jabón neutro, enjuagando muy bien después. Deja que se sequen del todo antes de volver a llenarlos.
Si optas por esparcir semillas directamente en el suelo, hazlo siempre sobre una superficie plana que puedas limpiar con facilidad, como un plato grande, una bandeja o el plato de una maceta. Así podrás retirar sin problemas la suciedad acumulada y evitar que la comida se mezcle con barro o excrementos.
Además de la higiene, hay que cuidar la seguridad frente a depredadores. Los gatos domésticos son una de las principales amenazas para las aves en entornos urbanos y de barrio. Coloca los comederos en puntos a los que los felinos no puedan llegar con facilidad, sin ramas cercanas que les sirvan de trampolín y guardando suficiente distancia respecto al suelo.
Por último, revisa de vez en cuando que no queden restos de cuerda, malla o plástico sueltos en los comederos caseros. Un hilo largo puede enredarse en las patas o las alas de un pájaro, así que conviene cortarlo a ras y asegurarlo bien. Mantener estos pequeños detalles bajo control reduce mucho los riesgos.
Casas nido y refugios: algo más que comida
Además de alimentarse, muchas aves necesitan lugares donde protegerse del viento, la lluvia y la nieve. En jardines y parques urbanos no siempre hay árboles viejos con huecos naturales, así que colocar cajas nido puede ser un complemento interesante a los comederos.
Las casitas para pájaros deben situarse a cierta altura y en lugares discretos, alejadas del trasiego humano y de posibles depredadores. Lo mejor es colgarlas de troncos o ramas robustas, bien sujetas y ligeramente orientadas para que no reciban de lleno el viento dominante ni el sol de mediodía.
En algunas tiendas de jardinería y viveros especializados puedes encontrar cajas nido de diferentes tamaños y diseños, pensadas para especies distintas. Incluso hay comercios que ofrecen todo tipo de accesorios para aves silvestres: comederos, bebederos, refugios, mezclas de semillas, bloques energéticos o botes de mantequilla de cacahuete diseñados específicamente para pájaros.
Otra forma de ayudar es dejar materiales naturales que las aves puedan usar para acolchar sus refugios: pequeñas ramitas, hierba seca, algo de algodón natural o fibras vegetales sin tratar. No conviene abusar de plásticos ni telas sintéticas, ya que pueden enredarse o retener demasiada humedad. Para más consejos sobre el manejo de materiales y plantas en invierno puedes consultar cómo cuidar las plantas en invierno.
En balcones muy expuestos o con mucho movimiento, algunas especies pueden acercarse a comer pero no llegan a anidar porque no se sienten lo bastante seguras. En esos casos, céntrate en ofrecer alimento y agua, y deja las cajas nido para jardines comunitarios, patios interiores amplios o zonas verdes cercanas donde haya más tranquilidad.
Cómo disfrutar del comedero y hacer ciencia ciudadana
Una de las mejores recompensas de instalar un comedero es poder contemplar de cerca a gorriones, herrerillos, carboneros, mirlos y otros visitantes. Muchas personas confesan que pueden pasarse largos ratos mirando cómo entran y salen, cómo se pelean por una pipa o cómo descubren un alimento nuevo.
Para disfrutar sin molestar, coloca el comedero en un lugar que puedas ver desde dentro de casa, a través de una ventana o puerta, manteniendo cierta distancia. Así las aves se acostumbran a tu presencia sin sobresaltos y tú puedes observarlas, hacer fotos o grabar vídeos con calma.
Resulta muy interesante ir cambiando cada cierto tiempo el tipo de comedero o la mezcla de alimentos y anotar qué especies aparecen y cómo varía su número. A veces, un simple cambio en la altura o la posición del comedero hace que lleguen bandos más grandes o que se animen especies que antes no se acercaban.
Si te gusta anotar lo que ves, puedes elaborar una pequeña lista de las especies que visitan tu jardín o balcón, con la fecha y el número aproximado de ejemplares. Esa información, que para ti es un simple entretenimiento, puede convertirse en un dato científico valioso si la compartes en plataformas de ciencia ciudadana.
Aplicaciones como la app gratuita eBird permiten registrar tus observaciones fácilmente desde el móvil. Solo tienes que seleccionar el lugar, la fecha, las especies y las cantidades aproximadas. Estos registros, reunidos con los de miles de personas, ayudan a los científicos a seguir las poblaciones de aves y a entender mejor cómo les afectan fenómenos como las olas de frío o los cambios en el uso del suelo.
En el día a día, incluso pequeños gestos como llevar un puñado de semillas o frutos secos en el bolsillo y dejarlos discretamente en un parque o jardín pueden ser de ayuda. De paso, no solo se benefician las aves, sino también otros animales como erizos o ardillas que rebuscan alimento durante los meses fríos.
Convertir tu jardín, balcón o terraza en un pequeño refugio invernal para aves significa ofrecer comida adecuada, agua limpia, cierto cobijo y un entorno seguro y bien cuidado. A cambio, obtienes la compañía diaria de los pájaros, la satisfacción de saber que los estás ayudando en un momento crítico del año y la oportunidad de aportar tus observaciones a proyectos de conservación más amplios. Todo suma para que nuestras #avesdebarrio sigan alegrando ciudades y pueblos incluso en los inviernos más duros.