La manzanilla, también llamada camomila, es una de esas plantas medicinales de toda la vida que nunca falta en la cocina o en la despensa de remedios caseros. Sus flores blancas con centro amarillo desprenden un aroma suave y ligeramente dulce que ya adelanta todo lo que puede ofrecer: tés relajantes, aceites aromáticos, ungüentos para la piel y un largo etcétera.
Para sacar todo el partido a esta planta, no basta con tenerla en el jardín o encontrarla en los campos; es fundamental saber cuándo y cómo cosechar la manzanilla para que conserve al máximo sus aceites esenciales y compuestos medicinales. Un corte a destiempo, un secado mal hecho o un almacenaje descuidado pueden hacer que pierda buena parte de sus propiedades, así que merece la pena hacerlo con mimo.
Qué es exactamente la manzanilla y por qué es tan valiosa
Cuando hablamos de manzanilla medicinal, normalmente nos referimos a la Matricaria chamomilla o Matricaria recutita (manzanilla alemana) y, en menor medida, a Chamaemelum nobile (manzanilla romana). Ambas pertenecen a la familia de las Asteráceas y comparten ese aspecto tan reconocible de flores pequeñas, disco central amarillo y pétalos blancos, sobre tallos muy ramificados.
La parte más interesante desde el punto de vista medicinal son las flores, porque es donde se concentra la mayor cantidad de aceite esencial rico en alfa-bisabolol y camazuleno. Como ocurre con otras plantas medicinales, estos compuestos son los responsables de muchas de sus propiedades: efecto calmante, acción digestiva, actividad antiinflamatoria y cierto poder antiespasmódico, entre otras.
En uso interno, la forma más habitual de aprovecharla es en infusión o té de manzanilla, muy utilizado para aliviar molestias digestivas como indigestión, náuseas, gases, cólicos suaves o digestiones pesadas. Además, muchas personas toman una taza antes de acostarse para reducir el nerviosismo, la ansiedad ligera y mejorar la calidad del sueño.
En uso externo, la manzanilla se ha empleado tradicionalmente en compresas empapadas en infusión (una vez fría) para descansar la vista, calmar irritaciones leves de los ojos o aliviar pequeñas inflamaciones de la piel. También puede formar parte de aceites macerados y ungüentos caseros destinados a tratar piel sensible, enrojecida o con tendencia a irritaciones.
Por si fuera poco, un consumo adecuado de manzanilla ayuda a reforzar suavemente las defensas, contribuye a moderar la glucemia, apoya el cuidado de la piel y puede ser una aliada a la hora de relajarse y conciliar el sueño. Eso sí, para que todo esto funcione bien, es clave que las flores se recolecten y se conserven en buenas condiciones.
Dónde crece la manzanilla y cómo reconocer su hábitat ideal

La manzanilla es una planta bastante rústica que se adapta bien a climas cálidos, semicálidos y templados. En la naturaleza, su hábitat típico son los prados soleados, márgenes de caminos y, sobre todo, los sembrados de cereal. En muchos lugares, aparece entre los campos de trigo, cebada u otros cereales, donde encuentra su combinación favorita: sol abundante y suelos bien drenados.
Esta preferencia por zonas despejadas y soleadas la convierte también en una excelente candidata para huertos y jardines domésticos. Se cultiva con facilidad en macetas, parterres o directamente sobre el terreno; si quieres aprender cómo cultivar camomila, hay guías prácticas que lo explican paso a paso. No exige cuidados especialmente complicados, más allá de un riego moderado y algo de espacio para extenderse.
En huertos caseros es muy frecuente reservarle una pequeña zona, precisamente porque resulta muy cómodo tener a mano tus propias flores de manzanilla para preparar infusiones, aceites o remedios caseros durante todo el año. Además, su floración alegre y su olor agradable también aportan un toque ornamental al jardín.
Si se deja que la planta florezca libremente y se resiembre, la manzanilla tiende a ir colonizando poco a poco los alrededores, siempre que encuentre suelo ligero, sin encharcamientos y buena exposición al sol. Ese carácter algo expansivo es una ventaja cuando se busca cosechar cantidad suficiente para tener provisiones para muchos meses.
En huertos caseros es muy frecuente reservarle una pequeña zona, precisamente porque resulta muy cómodo tener a mano tus propias flores de manzanilla para preparar infusiones, aceites o remedios caseros durante todo el año. Además, su floración alegre y su olor agradable también aportan un toque ornamental al jardín.
Si se deja que la planta florezca libremente y se resiembre, la manzanilla tiende a ir colonizando poco a poco los alrededores, siempre que encuentre suelo ligero, sin encharcamientos y buena exposición al sol. Ese carácter algo expansivo es una ventaja cuando se busca cosechar cantidad suficiente para tener provisiones para muchos meses.
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Si se deja que la planta florezca libremente y se resiembre, la manzanilla tiende a ir colonizando poco a poco los alrededores, siempre que encuentre suelo ligero, sin encharcamientos y buena exposición al sol. Ese carácter algo expansivo es una ventaja cuando se busca cosechar cantidad suficiente para tener provisiones para muchos meses.
En huertos caseros es muy frecuente reservarle una pequeña zona, precisamente porque resulta muy cómodo tener a mano tus propias flores de manzanilla para preparar infusiones, aceites o remedios caseros durante todo el año. Además, su floración alegre y su olor agradable también aportan un toque ornamental al jardín.
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Si se deja que la planta florezca libremente y se resiembre, la manzanilla tiende a ir colonizando poco a poco los alrededores, siempre que encuentre suelo ligero, sin encharcamientos y buena exposición al sol. Ese carácter algo expansivo es una ventaja cuando se busca cosechar cantidad suficiente para tener provisiones para muchos meses.
Cuándo cosechar manzanilla: momento óptimo de floración

A la hora de cosechar manzanilla, hay dos aspectos fundamentales: elegir la época del año adecuada y seleccionar el estado correcto de las flores. Si se acierta con ambos, las flores tendrán un contenido máximo de aceites esenciales y se conservarán mejor.
En climas como el de gran parte de España, la época de recolección suele concentrarse entre finales de primavera y principios de verano. En muchas zonas, el punto álgido de floración se da alrededor del mes de mayo, aunque puede adelantarse o atrasarse según la temperatura y las lluvias de cada año.
Es importante observar bien la planta y procurar cortar las flores cuando estén totalmente abiertas, pero aún frescas. Las cabezuelas deben tener los pétalos bien desplegados, el centro amarillo firme y un aspecto sano. Conviene evitar las flores demasiado jóvenes (todavía cerradas o a medio abrir) y, por supuesto, las que estén marchitas o empezando a secarse en la propia planta.
Otro punto a tener en cuenta es la meteorología. Lo ideal es recolectar antes de que lleguen lluvias intensas, porque el agua empapa las flores, favorece que se estropeen y complica el posterior secado. En regiones donde mayo es un mes con muchas precipitaciones, conviene estar atento a la previsión del tiempo para elegir un hueco de varios días secos.
En cuanto a la hora del día, se recomienda cortar las flores de manzanilla cuando ya se ha evaporado el rocío pero aún no aprieta del todo el calor. Muchos expertos aconsejan hacerlo a media mañana o alrededor del mediodía en jornadas soleadas, ya que así la planta estará seca al tacto y las flores presentarán una buena concentración de aromas.
Qué partes de la planta se deben recolectar

Aunque en algunas imágenes de mercado se ven ramos de manzanilla con tallos largos y abundante follaje, cuando recolectas para uso doméstico no hace falta ni es práctico llevarse toda la planta. La parte realmente interesante son las cabezuelas florales, es decir, la flor en sí con un pequeño tramo de tallo si resulta más cómodo para el corte.
Lo ideal es centrarse en cortar solamente las flores completamente abiertas. Puedes coger los últimos 5-10 centímetros del extremo del tallo, donde se encuentran las flores, y así agilizas la tarea si tienes muchas plantas. Después, más adelante, siempre se puede recortar el tallo sobrante si se desea conservar casi solo las cabezuelas.
Es mejor no arrancar la planta de raíz, ni cortar los tallos demasiado abajo. Si respetas la base de la planta, ésta seguirá produciendo nuevas flores durante la temporada y tendrás varias oleadas de cosecha. Además, conservarás el ejemplar para que pueda resiembrarse de forma natural o rebrotar, según la especie y las condiciones.
En cuanto a las hojas, aunque contengan algunos compuestos aromáticos, la mayor concentración de aceites esenciales y principios activos está en las flores de manzanilla. Si solo dispones de una o dos plantas y quieres que sigan creciendo y floreciendo, es preferible centrarse en recolectar solo parte de las flores y dejar el resto de la planta intacta, sin defoliarla en exceso.
De este modo, no agotas la planta y te aseguras una producción más continuada. Piensa que, con unas pocas cabezuelas bien secas, ya basta para preparar varias tazas de té, así que no hace falta despojar al ejemplar de toda su floración de una sola vez.
Herramientas y preparación previa para una buena cosecha

Para cosechar manzanilla de forma higiénica y cómoda no hace falta complicarse demasiado, pero sí conviene tener a mano unas herramientas básicas y bien limpias. Con eso evitas dañar la planta más de la cuenta y reduces el riesgo de que aparezcan hongos o suciedad en la cosecha.
Lo más habitual es utilizar tijeras de podar pequeñas, tijeras de cocina bien afiladas o incluso cortaúñas grandes, siempre que estén limpias y, si es posible, desinfectadas previamente con un poco de alcohol. También se puede cosechar con las manos, pellizcando el tallo justo por debajo del cáliz, aunque con muchas flores es menos práctico.
Antes de empezar a recolectar, es muy buena idea lavarse bien las manos o colocarse guantes limpios. Recuerda que la manzanilla se va a secar y guardar durante meses; cualquier resto de suciedad puede favorecer la aparición de mohos o contaminaciones indeseadas en el almacenamiento.
Para ir depositando las flores cortadas, puedes usar una bolsa de tela, un saco de papel o un cubo limpio. Conviene evitar las bolsas de plástico cerradas, porque acumulan humedad y las flores podrían calentarse en exceso y estropearse antes incluso de llegar a casa.
En el caso de recolecciones más abundantes (por ejemplo, en un sembrado donde la manzanilla abunda), lo normal es llevar un recipiente amplio, ligero y ventilado, que permita transportar una buena cantidad sin aplastar demasiado las flores. Piensa que, con unos pocos metros de campo cargado de manzanilla, puedes obtener dosis suficientes para todo el año.
Cómo cortar correctamente las flores de manzanilla

A la hora de hacer el corte, el objetivo es conseguir flores enteras, lo menos dañadas posible, y no comprometer la salud de la planta. La técnica más recomendable consiste en sujetar el tallo con una mano y cortar con la otra justo por debajo del cáliz, la parte verde que une la flor al tallo principal.
Si eres de los que prefieren ir más rápido, puedes cortar pequeños ramilletes formados por varias flores y unos pocos centímetros de tallo. Después, al llegar a casa, se puede separar con calma las cabezuelas y desechar el tallo sobrante antes del secado o después de que se hayan deshidratado por completo.
El uso de tijeras facilita que el corte sea limpio y reduce el riesgo de desgarrar el tallo, algo que podría debilitar la planta o dejar heridas más expuestas a enfermedades. Si se hace con los dedos, conviene pellizcar con firmeza pero sin aplastar en exceso la flor, procurando que llegue lo más entera posible al lugar de secado.
Un detalle importante es no arrancar nunca la planta entera si tu intención es disponer de manzanilla también en el futuro. Deja siempre una buena parte de la vegetación y algunas flores sin recolectar para que puedan producir semillas y asegurar la regeneración de la población de manzanilla en la zona.
Durante la recolección, también es buena práctica ir seleccionando sobre la marcha las flores, descartando aquellas que veas manchadas, con insectos dañinos, signos claros de enfermedad o restos de barro. Cuanto más limpia llegue la planta a casa, menos trabajo tendrás después y mejor será la calidad final del producto seco.
Secado de la manzanilla: cómo hacerlo bien y sin prisas
Una vez cosechadas las flores, empieza una fase clave: el secado correcto de la manzanilla. No conviene dejar las flores dentro de la bolsa o recipiente durante muchas horas, y mucho menos días, porque acumulan humedad, pueden fermentar ligeramente y estropearse. Al llegar a casa, lo suyo es ponerse manos a la obra cuanto antes.
El primer paso es preparar un lugar oscuro, seco, fresco y bien ventilado. La ausencia de sol directo es fundamental: aunque pueda parecer lógico secar las flores al sol, la radiación solar directa degrada los aceites esenciales y parte de los principios activos, además de quemar ligeramente el material vegetal.
Hay varias formas de disponer las flores para que se sequen bien. Una muy práctica consiste en utilizar bandejas o cajas de madera o plástico con pequeños agujeros, forradas con papel de cocina limpio. Se extienden las flores en una capa fina y se coloca otra hoja de papel por encima si se quiere protegerlas algo del polvo.
Otra opción, sobre todo cuando se ha recolectado una cantidad grande, es extender una sábana o tela limpia en el suelo de una habitación poco transitada o sobre una mesa amplia, y esparcir las flores tratando de que no queden apelmazadas. Cuanto más separadas estén entre sí, mejor circulará el aire y más uniforme será el secado.
Durante el proceso, conviene remover o girar las flores cada uno o dos días, de forma suave, para evitar que se queden zonas húmedas en la parte inferior y se formen mohos. Dependiendo de la temperatura ambiente y de la ventilación, la manzanilla puede tardar entre una y hasta tres semanas en estar completamente deshidratada.
Sabemos que las flores están ya secas cuando, al tocarlas, se deshacen o crujen con facilidad y el centro amarillo no se nota blando. Si todavía conservan cierta elasticidad o sensación de frescor al tacto, es mejor darles unos días más, ya que cualquier resto de humedad excesiva es enemigo de una buena conservación.
Cómo conservar la manzanilla seca para que dure más
Cuando las flores están completamente secas, llega el momento de envasarlas correctamente. Antes de manipularlas, es recomendable volver a lavarse bien las manos o usar guantes limpios, ya que esas flores podrían estar en la despensa durante muchos meses y no queremos introducir microorganismos ni suciedad en los tarros.
Si se ha secado con tallos algo largos, puedes dedicar un rato a recortar y quedarte solo con las cabezuelas florales. Esto no es obligatorio, pero ayuda a que el tarro cunda más y a que el material sea más homogéneo para las infusiones. Usa unas tijeras limpias y desecha el exceso de tallo, que normalmente no se utiliza.
El envase ideal para la manzanilla seca son los tarros de cristal con tapa hermética, bien limpios y completamente secos. Se van llenando sin apretar en exceso las flores, dejando que queden algo sueltas para evitar que se apelmacen y retengan posibles restos de humedad.
Una vez cerrado el tarro, es muy recomendable etiquetarlo con el contenido y la fecha de envasado. Así sabrás en todo momento de qué lote se trata y cuánto tiempo lleva guardado. Lo habitual es considerar que la manzanilla seca mantiene una buena calidad durante aproximadamente un año, justo hasta la siguiente temporada de cosecha.
Pasado ese tiempo, las flores no se vuelven peligrosas ni mucho menos, pero sí van perdiendo aroma e intensidad en sus principios activos. Mantener manzanilla seca más de dos años en un frasco suele traducirse en infusiones mucho menos fragantes y con menor efecto, así que merece la pena renovarla con cierta regularidad.
Usos de la manzanilla cosechada: tés, aceites y remedios caseros
Una vez que tienes tus flores de manzanilla bien secas y guardadas, se abre todo un abanico de preparaciones caseras. El uso estrella, como es lógico, son las infusiones o tés, que se preparan añadiendo una cucharadita de flores secas por taza de agua caliente, dejando reposar unos minutos y colando después.
Estas infusiones pueden tomarse después de las comidas para facilitar la digestión y aliviar pequeños trastornos digestivos como pesadez, gases o malestar estomacal ligero. También son muy habituales como bebida relajante antes de dormir, sobre todo si se combinan con otras plantas suaves como la tila o la melisa.
Además de las infusiones, la manzanilla seca es un excelente punto de partida para preparar aceites macerados. Basta con llenar un frasco con flores secas y cubrirlas completamente con un aceite vegetal suave (por ejemplo, aceite de oliva virgen extra suave o aceite de almendras dulces). Tras varias semanas de maceración en un lugar templado y oscuro, se filtra y se obtiene un aceite aromático útil para masajes o para elaborar pomadas.
También puedes utilizar las flores secas en forma de compresas o baños locales. Para ello, se prepara una infusión concentrada, se deja enfriar y se empapan gasas o paños limpios con el líquido. Estas compresas se aplican después sobre zonas de piel delicada o cansada, siempre que no exista alergia ni contraindicación previa.
En el ámbito cosmético casero, la manzanilla suele incorporarse a lociones, tónicos suaves y mascarillas para piel sensible, así como a preparados destinados a calmar irritaciones leves tras la exposición al sol, depilación o afeitado. La clave está en haber realizado una buena cosecha y un secado correcto, ya que de ello dependerá, en gran medida, el resultado final.
Gracias a esa combinación de usos internos y externos, una pequeña cosecha anual de buena calidad puede cubrir de sobra las necesidades de tés, aceites y remedios caseros de una familia, siempre que se almacene correctamente y se consuma dentro de los plazos razonables.
Cuidando el momento de corte, el modo de recolectar, el secado y la conservación, la manzanilla se convierte en un recurso casero de primer nivel. Con unos hábitos sencillos —no arrancar la planta entera, elegir flores bien abiertas, secar en un sitio oscuro y ventilado y guardar en tarros herméticos etiquetados— es posible disfrutar durante todo el año de flores de manzanilla cargadas de aroma y propiedades, perfectas para preparar las mejores infusiones, aceites y preparados naturales sin depender de productos comerciales.