Cómo podar un Ficus benjamina

Vista del Ficus benjamina

Ficus de hoja pequeña // Imagen – Wikimedia/David J. Stang

Una de las plantas de interior más comunes y fáciles de cultivar es el Ficus benjamina. Su principal ventaja es tener una espesa corona de hojas, muy decorativa. Precisamente por ello, una poda adecuada permite rejuvenecer la planta y darle un aspecto mejor y ordenado. A pesar de que el ficus no requiere cuidados especiales, es necesario podar periódicamente los tallos para mantener su buen aspecto y también para evitar que llegue al techo a medida que crece.

La planta puede beneficiarse de intervenciones de poda adecuadas. Hay que decir que estas intervenciones no siempre son necesarias, porque en general todas las plantas saben orientar su comportamiento y su producción. Pero a veces, el crecimiento desordenado de algunas ramas puede provocar un desajuste de la simetría original del árbol. Por eso, es importante saber cómo podar un Ficus benjamina.

Cuándo podar un Ficus benjamina

La poda del Ficus benjamina debe realizarse en los meses de primavera: es una operación destinada a limitar el desarrollo de la corona, ordenarla y hacerla más equilibrada y armoniosa. En el caso de que existan ramas grandes, sin embargo, es recomendable proceder también a una poda de invierno, ya que en estos meses la sustancia lechosa que se emite tras el corte está presente en menor medida.

Igualmente, importante es la cobertura, que consiste en la eliminación de los cogollos recién nacidos, y que se pone en práctica para permitir que la planta crezca de forma más compacta, desarrollando una copa suficientemente densa. Las raíces se desarrollan muy rápidamente cuando la planta es joven, por lo que es necesario controlar la masa de la raíz una vez al año. Sin embargo, con el paso del tiempo, las intervenciones pueden ser más esporádicas. La poda del Ficus benjamina requiere el uso de herramientas y herramientas adecuadas

Por qué hay que podarlo

La poda de un ficus benjamina es útil si se desea disminuir la altura del árbol, por ejemplo, para poder llegar más fácilmente a los frutos. Por otro lado, para evitar enfermedades que puedan entrar en la madera a través de las heridas, a veces es imprescindible cortar la madera muerta, así como las ramas que están en contacto entre sí.

Podar un ficus dañado es crucial, como lo es para cualquier árbol, ya que puede reforzar un follaje demasiado extenso, corregir un puerto caído o conservar la ventaja de un follaje grueso en algunas circunstancias. La poda, de hecho, aumenta la vitalidad de la planta.

Cómo se poda un Ficus benjamina

El Ficus benjamina es un árbol que se poda regularmente

Reiterando que la poda no debe cambiar la forma del ficus sino simplemente redimensionar su follaje, es necesario comenzar a cortar las ramas subyacentes, desde el punto donde se une al tallo o rama. También se debe aligerar el interior de la planta para favorecer una mejor iluminación y una adecuada ventilación. Con un follaje demasiado denso, de hecho, las ramas y hojas que están más adentro corren el riesgo de no recibir suficiente luz, además de no estar lo suficientemente oxigenadas.

Por este motivo, es recomendable retirar ramas rotas, ramas enfermas, ramas con pocas hojas y aquellas que estén débiles o excesivamente dobladas. En cuanto a la zona exterior de la copa, las partes terminales de las ramas deben eliminarse a unos veinte centímetros. En presencia de bifurcaciones, basta con quitar una sola punta, para favorecer el desarrollo de la otra y favorecer un crecimiento más equilibrado y armónico. Las porciones desperdiciadas, amarillentas o secas, en cambio, deben eliminarse, en cualquier caso.

En resumen:

  • Hay que localizar el nudo en el que una hoja o ramita se une al tallo o rama.
  • Se ha de cortar con una ligera inclinación hacia abajo antes del nudo.
  • Cortaremos cerca del nudo sin dañarlo.
  • Dejaremos al menos un nudo para el nuevo crecimiento de ese tallo o rama.
  • Para eliminar una rama, la cortaremos hasta justo antes del tronco/rama y sin dejar ningún nudo.

Esto debe hacerse con el objetivo de crear un árbol de aspecto natural, pero bien cuidado.

Beneficios de la poda

A veces se puede hacer pensar que la poda es una operación innecesaria para el cuidado de las plantas y que tiene una finalidad puramente estética. De hecho, este factor es consecuencia de los beneficios para la salud derivados de la planta. De hecho, eliminar las ramas secas e improductivas significa permitir que el Ficus benjamina tenga la nutrición suficiente para desarrollar las partes más jóvenes de la mejor manera posible y favorecer la sustitución de las ramas más secas, que roban innecesariamente el alimento a la planta, ralentizando su desarrollo y crecimiento y dificultando estas operaciones a las naturales.

La poda también es importante para evitar que el follaje del Ficus se vuelva demasiado espeso y en consecuencia que parte de las hojas y ramas no reciba la iluminación adecuada, lo que también es fundamental para el desarrollo exuberante de la planta. De igual forma, la poda de las hojas internas permite la correcta ventilación y previene la formación de áreas que se encuentran perpetuamente a la sombra o sujetas a excesiva humedad, que dañarían las hojas y ramas. La poda de las hojas internas permite la correcta ventilación y evita la formación de áreas que se encuentran perpetuamente en la sombra o sujetas a excesiva humedad, que dañarían las hojas y ramas.

Después de la poda

El ficus benjamina se poda a finales de invierno

Después de podar una planta, es necesario organizar el cuidado adecuado. Reducir el riego, ya que después de podar el número de hojas se reduce significativamente y la planta no necesita tanta humedad como antes. La luz solar directa puede causar quemaduras a los brotes jóvenes que vuelven a crecer, por eso hay que asegurarse de que no reciba demasiado sol directo especialmente en las horas más calurosas.

Por lo demás, unos meses después de la poda, puedes volver gradualmente a darle los cuidados habituales.


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