Cómo reducir el rajado del fruto en naranjas y mandarinas con tratamientos tempranos

  • El rajado de la piel en naranjas y mandarinas puede suponer hasta un 40% de pérdidas en variedades sensibles como ‘Nova’ y ‘Navel’.
  • Una aplicación temprana y bien sincronizada de 2,4-D en forma de sal dimetilamina reduce el rajado hasta un 70%.
  • El tratamiento refuerza la corteza desde dentro: células más grandes, flexibles y con paredes más gruesas.
  • La dosis no necesita ser alta: lo decisivo es el momento, el estado del fruto y mojar bien la mayor parte de cítricos del árbol.

Cítricos para reducir el rajado del fruto

En muchas explotaciones citrícolas de la Comunitat Valenciana y otras zonas productoras de España, el rajado de la piel en naranjas y mandarinas se ha convertido en un quebradero de cabeza recurrente. Tras las primeras lluvias de otoño, los agricultores se encuentran con frutos agrietados que ya no pueden destinar al mercado en fresco, lo que recorta notablemente la rentabilidad de la cosecha.

Un trabajo reciente del Instituto Agroforestal Mediterráneo de la Universitat Politècnica de València (UPV) aporta una vía de manejo concreta para minimizar este problema: una aplicación temprana y muy bien ajustada de una hormona vegetal, el 2,4-D, capaz de reforzar la corteza del fruto y reducir de forma significativa la incidencia de rajado sin penalizar el calibre ni la calidad interna.

Un problema económico crítico para el sector citrícola

El rajado de los frutos es, hoy por hoy, uno de los principales problemas económicos del cultivo de cítricos a escala mundial, y tiene un impacto especialmente visible en variedades de piel fina y muy adherida a la pulpa. En el arco mediterráneo español, las más afectadas son mandarinas como la variedad ‘Nova’ y determinados grupos de naranjas del tipo ‘Navel’.

Cuando se produce un episodio de rajado intenso, las pérdidas pueden llegar a un 40% de la cosecha en las parcelas más sensibles. Esos frutos agrietados pierden valor comercial de inmediato, ya que la fisura en la corteza facilita la entrada de patógenos, acelera la deshidratación y afecta a la presentación, algo crítico en el mercado de fruta fresca.

El fenómeno aparece a menudo tras las primeras lluvias del otoño, cuando el árbol pasa de condiciones de cierto estrés hídrico a una disponibilidad de agua repentina. En ese momento, el fruto reanuda o acelera su crecimiento interno y, si la piel no acompasa esa expansión, termina por agrietarse.

En este contexto, la búsqueda de estrategias que permitan reducir el porcentaje de frutos rajados se ha convertido en una prioridad para el sector citrícola valenciano y europeo, tanto en explotaciones de agricultores individuales como en grandes grupos productores.

Qué es el rajado y por qué ocurre en naranjas y mandarinas

El rajado es la rotura de la corteza por un desequilibrio entre pulpa y piel. A grandes rasgos, el problema surge cuando la pulpa del fruto crece más rápido de lo que la piel es capaz de estirarse. Esa descompensación se traduce primero en grietas visibles y, cuando el proceso avanza, en una apertura completa que deja el interior del fruto expuesto.

Según explica el profesor Carlos Mesejo, del departamento de Producción Vegetal de la UPV, las naranjas y mandarinas pueden parecer robustas a simple vista, pero en realidad las variedades con piel muy fina y bien pegada a la pulpa son especialmente vulnerables. Cuando el interior presiona y la corteza no tiene suficiente elasticidad ni grosor, la tensión se concentra en determinadas zonas de la superficie y aparece la grieta.

Desde el punto de vista físico, la pulpa aumenta de volumen al ganar agua y continuar su desarrollo, mientras que la piel debería acompasar ese crecimiento mediante expansión y engrosamiento de sus células. Cuando esa adaptación no se produce con la rapidez necesaria, la estructura de la corteza no resiste la presión interna y se rompe.

Una vez que el fruto se raja, ya no resulta viable para la comercialización habitual. No solo empeora el aspecto externo, sino que el daño actúa como puerta de entrada para hongos y bacterias que generan podredumbres, reduciendo drásticamente la vida útil de la fruta tanto en campo como en poscosecha.

Del trabajo pionero de los 90 a la explicación actual del mecanismo

El equipo de la UPV ha retomado y ampliado los estudios pioneros iniciados en los años 90 por el investigador Manuel Agustí, que ya apuntaban al 2,4-D como herramienta útil para reducir el rajado. Aquellas investigaciones demostraron que la aplicación de esta hormona podía disminuir el problema en determinadas condiciones de campo.

La novedad del trabajo actual es que se ha profundizado en el mecanismo de acción del 2,4-D y en la definición del momento de uso más adecuado. Es decir, no solo se confirma que el tratamiento funciona, sino que se explica con detalle el porqué y se concreta la fase del desarrollo del fruto en la que resulta más eficaz la intervención.

Esta nueva etapa de investigación se ha llevado a cabo en plantaciones comerciales de mandarina ‘Nova’ situadas en la Comunitat Valenciana, tanto en parcelas de agricultores como en fincas vinculadas al grupo Agrihold. De este modo, los resultados proceden de condiciones reales de explotación, algo clave para valorar su aplicabilidad práctica.

El estudio se ha publicado en la revista científica Journal of Agriculture and Food Research, lo que aporta un aval adicional en cuanto a la solidez de los datos y del análisis realizado sobre los efectos del 2,4-D en la piel de los cítricos.

Cómo actúa el 2,4-D para reforzar la piel del fruto

La herramienta que se ha utilizado es el ácido 2,4-diclorofenoxiacético (2,4-D) en su formulación como sal dimetilamina. Se trata de una sustancia de tipo hormonal que, aplicada en el momento adecuado, modifica la respuesta de los tejidos de la corteza del fruto, haciéndolos más resistentes al estrés mecánico que supone el crecimiento de la pulpa.

El equipo investigador describe el proceso de forma sencilla: “el secreto está en reforzar la piel desde dentro”. Tras el tratamiento, las células de la corteza se vuelven más grandes, ganan flexibilidad y desarrollan paredes celulares más gruesas. Esa combinación permite que la piel tenga mayor capacidad para alargarse y adaptarse al aumento de volumen de la pulpa sin llegar a romperse.

Desde el punto de vista fisiológico, el 2,4-D se integra en los mecanismos de regulación del crecimiento celular, estimulando una estructura de corteza capaz de soportar mejor las variaciones de agua y las etapas de crecimiento lineal del fruto. Este efecto es especialmente interesante en las fases en las que el crecimiento interno es más intenso y la piel está más exigida.

La formulación en sal dimetilamina facilita, además, una aplicación homogénea sobre la superficie del fruto y una buena absorción por los tejidos externos, aspecto clave, ya que la acción del producto se concentra en la parte más externa de la corteza.

Resultados: hasta un 70% menos de frutos rajados

Los ensayos realizados en campo muestran que una aplicación de 2,4-D en el momento preciso del desarrollo del fruto puede reducir el rajado hasta un 70% en la variedad de mandarina ‘Nova’, sin efectos negativos apreciables sobre el tamaño, el aspecto general o la calidad interna de los cítricos tratados.

Este descenso en el porcentaje de frutos dañados se traduce directamente en un aumento significativo del rendimiento comercial. Al haber menos piezas inutilizables, se incrementa el volumen de producción aprovechable por hectárea, lo que mejora los ingresos potenciales del agricultor en una campaña marcada por episodios de rajado.

En algunos de los ensayos, los investigadores observaron que con una sola aplicación puntual durante la ventana de mayor sensibilidad del fruto ya se obtenían reducciones de casi la mitad de los frutos afectados. En las parcelas donde se optimizó mejor el momento de tratamiento, la disminución del rajado se acercó a ese 70% mencionado.

Estos datos apuntan a que el manejo mediante 2,4-D podría convertirse en una herramienta práctica y relativamente sencilla para amortiguar uno de los factores de pérdida de cosecha que más preocupan al sector citrícola mediterráneo, siempre que se integre en un programa de cultivo bien planificado.

Importancia del momento de aplicación y del modo de uso

Uno de los puntos que más insisten en destacar los investigadores de la UPV es que no se trata de usar más producto, sino de acertar con el momento de uso. El 2,4-D se muestra especialmente eficaz cuando se aplica durante una fase muy concreta del desarrollo del fruto: el inicio de la etapa de expansión celular, coincidiendo con el comienzo del crecimiento lineal.

Aplicar el tratamiento demasiado pronto o demasiado tarde reduce de forma notable su eficacia, por lo que el conocimiento del ciclo de la variedad, la observación en campo y la coordinación con el servicio técnico resultan determinantes para aprovechar al máximo el potencial de la herramienta.

Además, no es necesario recurrir a dosis elevadas: el estudio resalta que cantidades relativamente bajas, bien distribuidas, son suficientes para obtener respuestas claras en la reducción del rajado. Esa circunstancia ayuda a contener costes y a limitar el impacto sobre el cultivo y el entorno.

Otra recomendación clave es procurar que la pulverización moja la mayor parte de los frutos del árbol, ya que la acción protectora del 2,4-D se manifiesta directamente sobre la superficie de la corteza. Si una parte importante de los frutos no recibe el tratamiento, el beneficio global sobre la parcela se ve mermado.

Aplicación en plantaciones comerciales y repercusión para Europa

El hecho de que los ensayos se hayan llevado a cabo en condiciones reales de explotación comercial en la Comunitat Valenciana resulta especialmente relevante para su posible extensión a otras zonas citrícolas de España y del resto de Europa mediterránea. No se trata de resultados obtenidos únicamente en ambiente controlado, sino comprobados sobre el terreno.

Productores de mandarina ‘Nova’ y naranjas tipo ‘Navel’, tanto del litoral valenciano como de otras regiones con clima similar, podrían beneficiarse de estas pautas de manejo, ajustando el calendario de aplicación a sus fechas de floración y cuajado, así como a las particularidades climáticas de cada zona.

En un contexto europeo donde se insiste en la reducción de pérdidas alimentarias y en la necesidad de hacer más eficiente cada hectárea cultivada, disponer de una herramienta que limite un problema físico como el rajado encaja con las estrategias generales de sostenibilidad y aprovechamiento de recursos.

La colaboración entre centros de investigación, agricultores y empresas del sector citrícola, como en el caso de las fincas relacionadas con Agrihold, facilita que estos avances salgan del ámbito académico y se traduzcan en mejoras concretas de manejo para el día a día en las explotaciones.

Todo apunta a que el uso bien programado de 2,4-D en cítricos, respaldado por la evidencia generada en la Comunitat Valenciana, puede consolidarse como una opción técnica interesante para reducir el rajado de naranjas y mandarinas. Ajustar el tratamiento al momento exacto de crecimiento del fruto, asegurar una buena cobertura de los árboles y combinarlo con otras buenas prácticas de cultivo abre la puerta a minimizar un problema que, campaña tras campaña, condiciona la rentabilidad de muchas explotaciones citrícolas en España y en otras áreas productoras de Europa.

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