Control biológico del trips en pimiento: estrategias eficaces

  • Thrips parvispinus se ha consolidado como plaga clave del pimiento en invernadero, con daños severos en brotes, hojas y frutos.
  • El manejo eficaz se basa en un programa preventivo de control biológico con ácaros fitoseidos, Orius y depredadores edáficos.
  • Las medidas culturales, el buen cerramiento del invernadero y las islas de biodiversidad refuerzan la acción de los enemigos naturales.
  • La combinación de auxiliares con bioinsecticidas compatibles y un enfoque integrado frente a trips y araña roja es esencial.

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El Thrips parvispinus se ha colado en los invernaderos de pimiento de Almería y zonas productoras cercanas como una auténtica pesadilla para los agricultores. En muy pocas campañas ha pasado de ser un desconocido a convertirse en uno de los motivos principales de arranque prematuro de plantaciones, con pérdidas económicas muy serias y un estrés continuo en las fincas.

Lejos de ser un problema puntual, este trips se ha consolidado como plaga clave en el pimiento bajo invernadero, obligando a redefinir por completo las estrategias de control biológico y la forma de manejar el cultivo. Su comportamiento más oculto, su gran capacidad reproductiva y su adaptación a las condiciones de invernadero exigen un enfoque muy fino: combinación de ácaros depredadores, chinches, depredadores edáficos, hongos entomopatógenos, refugios de biodiversidad y, sobre todo, mucha anticipación.

Qué es Thrips parvispinus y por qué preocupa tanto en pimiento

El llamado trips del tabaco, Thrips parvispinus, pertenece al orden Thysanoptera y a la familia Thripidae. Aunque se le conoce como trips del tabaco, hoy en día su papel más conflictivo en España está claramente ligado al pimiento en invernadero, especialmente en la provincia de Almería, donde ha disparado todas las alarmas por la intensidad de los daños que provoca.

Este insecto es muy pequeño, raramente supera 1,5 mm de longitud. La hembra adulta presenta un cuerpo de tonos oscuros, casi negros, con la cabeza y el tórax algo más claros que el abdomen, mientras que el macho adulto es de color amarillo anaranjado. A pesar de su tamaño reducido y su vuelo limitado, es capaz de colonizar rápidamente los cultivos cuando encuentra condiciones favorables.

En cuanto a su origen, se trata de una especie procedente del Sudeste asiático. Se detectó por primera vez en 1981 en países como Malasia y Tailandia, y desde entonces se ha ido extendiendo progresivamente hasta estar presente en más de 25 países de distintos continentes. Esta expansión ha estado muy vinculada al comercio internacional de plantas ornamentales, que ha funcionado como vía principal de entrada y dispersión.

En España, los primeros registros oficiales de T. parvispinus se remontan a 2017, asociados inicialmente a cultivos ornamentales como gardenia y mandevilla (dipladenia), además de cítricos ornamentales en la franja mediterránea. Desde ahí, y con el paso de los años, ha dado el salto al pimiento bajo invernadero, donde se ha asentado con fuerza.

La llegada a los invernaderos de pimiento de Almería se detectó primero en 2020, en ornamentales y algunas plantas aisladas de pimiento. Sin embargo, ha sido a partir de la campaña 2022/2023 cuando el problema ha explotado: la plaga se ha disparado en superficie y densidad, hasta el punto de obligar a terminar cultivos antes de tiempo por la fuerte depreciación del fruto y el impacto en el desarrollo de las plantas.

Biología, comportamiento y ciclo de vida de Thrips parvispinus

El comportamiento de esta especie explica en buena parte por qué el control es tan complicado. Los adultos se concentran preferentemente en las flores, donde su actividad es algo más visible, aunque su capacidad de vuelo es limitada. Las larvas, por su parte, buscan las zonas más protegidas del cultivo para alimentarse: envés de las hojas, interior de flores, cáliz del fruto o las hojas más pequeñas de los brotes tiernos.

Una de las particularidades de T. parvispinus es que la fase de pupa se desarrolla en el suelo, normalmente en la capa superficial, bajo restos vegetales o en zonas húmedas donde se resguarda. Esto tiene una consecuencia directa sobre la estrategia de control: si no se actúa sobre el suelo (cubiertas plásticas, depredadores edáficos, solarización, etc.), siempre habrá una reserva de pupas que reinyectan población en el cultivo.

Las principales vías de dispersión de la plaga son dos: por un lado, las corrientes de aire, que pueden transportar adultos o individuos ligeros; por otro, el movimiento de material vegetal infestado. Por eso cobra tanta importancia cubrir adecuadamente la carga en los vehículos, utilizar medios de transporte cerrados y extremar la limpieza y trazabilidad entre parcelas e invernaderos.

Desde el punto de vista térmico, se trata de una especie muy ligada a la temperatura. Diversos estudios sitúan el umbral inferior de desarrollo en torno a los 12,7 °C. Por debajo de ese valor, el insecto prácticamente no evoluciona. En cambio, a temperaturas favorables, el ciclo se acorta mucho, con incrementos de población explosivos.

A 25 °C, el ciclo completo puede tardar en torno a 18 días, según trabajos recientes. Otros autores señalan que, en condiciones constantes de 25 °C, la duración total se mueve entre 12 y 16 días, con una fase de pupa en suelo de unos 4-5 días y una fecundidad de entre 50 y 70 huevos por hembra. Si la temperatura sube a 27 °C, hay datos que indican que el ciclo puede cerrarse en apenas 6 a 8,5 días, lo que multiplica el número de generaciones en una misma campaña.

En zonas como el Poniente almeriense, entre abril y noviembre se dan las condiciones térmicas ideales para su desarrollo, con mínimas medias por encima de 12,7 °C y medias mensuales que, en verano y otoño temprano, se sitúan claramente en la horquilla óptima para el insecto. En invernaderos con calefacción el problema se agrava todavía más, ya que el ciclo biológico no se interrumpe prácticamente en ningún momento del año.

Daños y síntomas en plantas y frutos de pimiento

El daño de Thrips parvispinus sobre el pimiento es fundamentalmente por alimentación directa. A diferencia de otras especies de trips, no se ha descrito de forma generalizada que actúe como vector de virosis en estos cultivos. Sin embargo, cuando la densidad poblacional es elevada, el impacto en la planta y en la producción es muy alto, hasta el punto de frenar el crecimiento vegetativo y hundir el valor comercial del fruto.

En la parte aérea se observan una serie de síntomas bastante característicos. En los brotes jóvenes aparecen deformaciones claras, quedando los ápices retorcidos y con aspecto poco vigoroso. Las hojas nuevas también se ven afectadas, con curvaturas hacia el haz, un porte estrechado y, en general, un aspecto filiforme que delata que la planta ha sufrido daño en tejidos todavía tiernos.

Otro síntoma típico es el aborto de yemas vegetativas y florales, lo que reduce la capacidad productiva y altera el equilibrio de la planta. En hojas ya desarrolladas, sobre todo en el envés, pueden observarse manchas plateadas alineadas con las nervaduras, acompañadas de puntitos negros que corresponden a los excrementos de los trips. Cuando la población es muy alta, esas hojas pueden necrosarse y terminar secándose.

Las flores también muestran alteraciones visibles: manchas blanquecinas o pardas en pétalos y cáliz, pérdida de turgencia, deformaciones y, en algunos casos, caída prematura. Todo ello repercute en el cuajado, la uniformidad y el número de frutos comerciales por planta.

En el fruto, los daños son especialmente problemáticos desde el punto de vista comercial. La alimentación sobre el ovario en desarrollo puede generar frutos deformes, con zonas suberificadas y superficies irregulares. También son frecuentes las manchas verde-grisáceas que, con el tiempo, se tornan plateadas y después adoptan una tonalidad parda o marrón, muy evidente en la piel del pimiento.

Además, pueden observarse verrugosidades prominentes como consecuencia de la puesta de huevos en el propio fruto. Este tipo de lesiones deforma completamente el aspecto externo, incluso en frutos que internamente están sanos, lo que complica enormemente su comercialización y provoca rechazos en almacén.

Otros cultivos hospedantes y riesgo de extensión

Aunque en España el foco principal está puesto en el pimiento, la base de datos de la EPPO y diversos estudios coinciden en que Thrips parvispinus es altamente polífago. Puede desarrollarse en un amplio abanico de cultivos hortícolas y ornamentales: desde solanáceas como tomate, berenjena o cayena, hasta cucurbitáceas (pepino, melón, sandía, calabacín, calabaza) y otras especies como brócoli, coliflor, zanahoria, fresa, cebolla, lechuga, boniato, judías, guisantes, habas o patata.

Por ahora, en nuestro entorno productivo, no existen datos oficiales sólidos que confirmen daños significativos en todos estos cultivos, más allá de los problemas graves en pimiento. No obstante, la capacidad de esta especie para adaptarse a nuevos hospedantes obliga a mantener la guardia alta y a cuidar mucho las rotaciones, especialmente cuando se combinan especies hortícolas sensibles en una misma zona.

Medidas preventivas en el invernadero frente a Thrips parvispinus

La primera línea de defensa frente a T. parvispinus pasa por una barrera física y organizativa sólida en el invernadero. Antes de pensar en enemigos naturales o tratamientos adicionales, es clave revisar la infraestructura y el manejo general de la finca para reducir al máximo la entrada y la dispersión de la plaga.

Es imprescindible que el cerramiento esté en buenas condiciones: sin roturas en el plástico ni en las mallas antiinsectos, y con todas las aberturas correctamente protegidas. Se recomienda instalar mallas de al menos 10×20 hilos por centímetro cuadrado (1020 hilos/cm²) tanto en laterales como en ventanas cenitales, evitando huecos por donde puedan colarse adultos transportados por el viento.

En las entradas al invernadero es muy recomendable disponer de doble puerta o puerta combinada con malla de igual densidad para disminuir el efecto chimenea y limitar la entrada de insectos con las corrientes de aire. El tránsito de personas, maquinaria y material vegetal debe controlarse, evitando saltar de una finca a otra sin una mínima higiene de herramientas, ropa o cajas de cosecha.

Otra medida cultural clave es evitar el solapamiento excesivo de plantaciones de pimiento en la misma zona. Cuando conviven plantaciones entrantes con cultivos ya muy avanzados, se facilita el salto de plagas de un invernadero a otro. Siempre que sea posible, conviene escalonar los ciclos y dejar cierto margen temporal entre arranque y nueva plantación.

En cuanto al diseño de la planta, se aconseja mantener una estructura abierta mediante destallado y deshojado. Una planta demasiado cerrada y frondosa crea microambientes húmedos y oscuros que favorecen tanto a los trips como a otros fitófagos, y dificulta la acción de los depredadores y la penetración de tratamientos compatibles.

Es igualmente importante cubrir el suelo con plástico o malla antihierbas para impedir, en la medida de lo posible, la pupación en la superficie del suelo y reducir la emergencia de adultos. Al final del ciclo, se debe retirar y gestionar correctamente la biomasa vegetal, evitando que los restos de cultivo funcionen como reservorios de la plaga o queden abandonados en los márgenes.

El uso de material vegetal sano, procedente de semilleros autorizados, es otra pieza básica del enfoque preventivo. Llevar al invernadero plantas ya contaminadas complica todo el manejo posterior. Paralelamente, se recomiendan rotaciones de cultivo que corten los ciclos de las plagas y la solarización del suelo tras el arranque para reducir el banco de pupas y otros patógenos.

Desde el inicio del cultivo conviene instalar trampas cromotrópicas adhesivas de color azul claro, que son especialmente eficaces para atraer trips. Se aconseja una densidad de 100 a 200 trampas por cada 1.000 m², colocadas inicialmente a unos 25-30 cm por encima del nivel de las plantas. Conforme el cultivo va creciendo, hay que ir elevándolas para que siempre queden por encima de la masa foliar y recolocarlas hacia las zonas donde se detecten focos.

Gestión integrada y control biológico: la pieza central del manejo

La experiencia en las últimas campañas ha demostrado que el control biológico es la herramienta más fiable y sostenible para mantener a raya Thrips parvispinus en pimiento. No es una solución milagrosa ni inmediata, pero, bien planificada y aplicada con suficiente antelación, permite convivir con la plaga manteniéndola por debajo del umbral de daño económico.

El enfoque actual se basa en un programa de introducción progresiva y secuencial de enemigos naturales, ajustado al estado fenológico del cultivo y a las condiciones ambientales. La clave está en llegar antes que el trips: establecer las poblaciones de auxiliares cuando la presión de la plaga aún es baja o incipiente, para que les dé tiempo a asentarse y multiplicarse.

En las tres primeras semanas tras el trasplante, el objetivo es consolidar un cultivo sano, con buena raíz y sin focos evidentes. En esa fase se pueden realizar tratamientos fitosanitarios puntuales, pero siempre compatibles con el control biológico posterior: productos de contacto, bajo impacto residual, registrados y seleccionados por su menor efecto sobre los auxiliares que se van a introducir más adelante.

A partir de la tercera semana y hasta la aparición de los primeros botones florales, se inicia la parte más fuerte del programa preventivo de trips, apoyado en diferentes ácaros fitoseidos depredadores. Cada especie se adapta mejor a unas condiciones concretas de humedad y temperatura, y se combinan para cubrir bien todo el ciclo.

En paralelo al lanzamiento de auxiliares, conviene reforzar el entorno del invernadero con islas de biodiversidad: pequeñas zonas con plantas auxiliares no hospedantes de plagas ni virus (por ejemplo, Lobularia maritima, Foeniculum vulgare, Asteriscus maritimus, Limonium sinuatum, Coriandrum sativum, entre otras). Estas islas, ubicadas en zonas bien iluminadas y con riego, proporcionan refugio y alimento alternativo para depredadores y parasitoides, favoreciendo poblaciones permanentes a lo largo del año.

Siempre que sea posible, se pueden combinar estas islas internas con setos exteriores adaptados a la zona, que actúan como barrera parcial frente a plagas y como fuente adicional de biodiversidad funcional. Todo este entramado vegetal alrededor y dentro de la explotación potencia la eficacia del control biológico y amortigua los picos de plaga.

Ácaros depredadores clave en el control de trips

Uno de los pilares del manejo de T. parvispinus en pimiento son los ácaros depredadores de la familia Phytoseiidae. Se introducen de manera preventiva sobre la planta y se alimentan principalmente de huevos y larvas de trips, aunque algunos pueden consumir también otros pequeños artrópodos o polen, según la especie.

Entre los más utilizados destaca Amblyseius swirskii, muy eficaz en condiciones de temperatura elevada y humedades relativas por encima del 40 %. Es un depredador generalista que no solo ayuda con trips, sino que también ejerce presión sobre mosca blanca y otras plagas pequeñas. Su establecimiento es más sólido cuando el ambiente es cálido y relativamente seco, típico de muchos invernaderos de pimiento en verano y otoño.

Otro ácaro de referencia es Transeius montdorensis, que requiere humedades algo más altas, habitualmente por encima del 50 %. Su comportamiento frente a trips es muy interesante en épocas en las que la humedad ambiental se mantiene elevada, ya sea por las condiciones climáticas exteriores o por el manejo del riego y la ventilación en el invernadero.

En campañas recientes ha cobrado un protagonismo especial Amblydromalus limonicus, comercializado por Koppert con el nombre de Limonica. Este ácaro, que ya se utilizaba desde hace años contra otras plagas, ha demostrado una capacidad de depredación muy alta sobre Thrips parvispinus, algo que hasta hace poco no estaba bien documentado. De todos los enemigos naturales estudiados en ensayos comparativos, A. limonicus destaca como uno de los que más consume larvas de esta especie y como uno de los más versátiles en diferentes condiciones.

Limonica muestra un comportamiento sobresaliente tanto en invierno como en situaciones de temperaturas elevadas, lo que lo convierte en una herramienta muy flexible a lo largo de toda la campaña. Además, no depende del polen para instalarse, lo cual es clave en fases tempranas del cultivo, cuando aún no hay floración. Su alta movilidad le permite acceder con facilidad a flores, brotes y zonas donde T. parvispinus se refugia.

En la práctica, A. limonicus se aplica a razón de unas 25 unidades por metro cuadrado, con dos o tres repeticiones en función del nivel de plaga y de la evolución del cultivo. En mercados donde se comercializa en formato de alta carga (por ejemplo, botes de 25.000 individuos), se facilita su uso en superficies amplias. Siempre se recomienda consultar con el asesor técnico para ajustar bien la dosis a cada situación concreta.

En los meses fríos, cuando la actividad de algunos depredadores se reduce, cobra importancia Amblyseius cucumeris, que mantiene un buen comportamiento a bajas temperaturas y sigue atacando huevos y larvas de trips incluso cuando el resto de auxiliares disminuyen su presencia. Esto ayuda a sostener la presión sobre la plaga sin grandes altibajos estacionales.

Introducción de Orius y otros depredadores generalistas

Con la llegada de los primeros botones florales, normalmente entre la cuarta y quinta semana tras el trasplante, se da el salto a la introducción de depredadores generalistas que completan el trabajo de los ácaros. El más conocido y utilizado es la chinche depredadora Orius laevigatus, una especie muy eficaz en el control de trips tanto en flores como en hojas y frutos.

En algunos programas comerciales se emplean formatos específicos de ninfas de Orius, como el denominado “miniorius”, que se centra en individuos en estadios N2 y N3. Estas ninfas tienen una serie de ventajas: atacan sobre todo larvas jóvenes de T. parvispinus, que son más vulnerables, se mueven precisamente por los tejidos donde el trips se refugia (brotes tiernos, zonas ocultas del fruto) y, al no alimentarse de polen y néctar como los adultos, dependen casi en exclusiva de presas, por lo que mantienen una presión depredadora muy constante.

Las ninfas de Orius, por su tamaño reducido y elevada movilidad, son capaces de llegar a rincones del cultivo menos accesibles para los adultos. Cuando se combinan sueltas de ninfas con la presencia de adultos ya instalados, se consigue un frente de depredación amplio, que va desde las flores a la vegetación intermedia y los frutos en desarrollo.

Junto a Orius se suelen introducir otros depredadores generalistas como Chrysoperla carnea (crisopa), que se alimenta de pulgones, mosca blanca y otros pequeños insectos, y que contribuye al equilibrio del ecosistema del invernadero. Aunque no es un especialista en trips, ayuda a mantener bajas las poblaciones de plagas secundarias, evitando tratamientos que puedan dañar a los auxiliares específicos de T. parvispinus.

En los focos más intensos o recalcitrantes, se han evaluado también depredadores como Franklinothrips megalops y Franklinothrips vespiformis. F. megalops, en particular, ha mostrado una rápida instalación en la planta, buena capacidad de reproducción y una compatibilidad elevada con O. laevigatus, lo que lo convierte en una herramienta interesantísima para reforzar el control biológico en situaciones de presión alta.

Control de pupas y plagas asociadas en el suelo

Como la pupación de Thrips parvispinus se produce mayoritariamente en el suelo, cerrar el círculo del manejo exige actuar también sobre esa fase. Si solo se trabaja sobre la parte aérea, siempre habrá una reserva oculta de pupas que, con las condiciones adecuadas, darán lugar a nuevas generaciones de adultos en cuestión de días.

Para reducir esa fuente de reinfestación se recurre a depredadores edáficos como Atheta coriaria (escarabajo estafilínido), Macrocheles robustulus y Stratiolaelaps scimitus, que se introducen habitualmente entre 20 y 25 días después del trasplante. Estos organismos se mueven en la capa superficial del suelo y atacan pupas de trips y otros artrópodos que se desarrollan en los restos vegetales.

En combinación con estos depredadores se pueden utilizar nematodos entomopatógenos y hongos entomopatógenos aplicados mediante el agua de riego o en tratamientos localizados al final de la tarde, asegurando una humedad relativa alta (al menos un 75 %) para favorecer su germinación y eficacia. De esta manera se presiona a la plaga por arriba (larvas y adultos en planta) y por abajo (pupas y estados ocultos en el suelo).

La solarización del suelo al final del cultivo, manteniendo el plástico correctamente sellado durante varias semanas en los meses de más radiación, es otra técnica muy efectiva para reducir el banco de plagas y patógenos. Combinada con una retirada rápida y ordenada de los restos de cultivo, ayuda a que la nueva plantación arranque con una presión mucho menor.

Uso de bioinsecticidas y hongos entomopatógenos compatibles

Aunque el eje del manejo debe ser el control biológico, en determinados momentos puede ser necesario recurrir a bioinsecticidas de origen microbiológico que sean compatibles con la fauna auxiliar. Uno de los ejemplos más extendidos es el uso de productos a base de Beauveria bassiana, como NATURALIS®, muy implantados en el campo almeriense.

Este tipo de formulaciones actúan como insecticidas-acaricidas microbiológicos, con un modo de acción basado en la infección fúngica de los insectos. Tienen la ventaja de estar exentos de LMR, no requerir plazo de seguridad y estar autorizados para agricultura ecológica, lo que encaja muy bien en sistemas de producción integrados o ecológicos donde los márgenes de uso de materias activas convencionales son más reducidos.

La combinación de estos bioprotectores con enemigos naturales bien instalados permite reforzar el control sin destruir las poblaciones de auxiliares. Eso sí, es fundamental respetar las recomendaciones de compatibilidad, dosis, momento de aplicación y condiciones ambientales (temperatura, humedad, radiación) para que el hongo se desarrolle correctamente y no interfiera con los depredadores.

Thrips parvispinus, araña roja y encaje en la estrategia global

En las últimas campañas se ha observado que el aumento de T. parvispinus en pimiento ha venido acompañado de un crecimiento muy notable de araña roja (Tetranychus urticae) desde fases tempranas del cultivo. Esto complica mucho la gestión, porque el uso indiscriminado de acaricidas de síntesis para frenar la araña puede dañar seriamente las poblaciones de ácaros depredadores que se están utilizando contra trips.

Por ello, el planteamiento actual insiste en que es imprescindible un enfoque de manejo integrado que tenga en cuenta a la vez trips, araña roja y el resto de plagas habituales (mosca blanca, pulgones, etc.). La introducción de auxiliares como Amblyseius californicus o Amblyseius andersoni ayuda a controlar la araña roja de forma biológica, reduciendo la necesidad de recurrir a acaricidas agresivos.

En focos concretos de araña roja se puede reforzar con Phytoseiulus persimilis, un depredador muy específico y voraz, capaz de limpiar zonas críticas con rapidez si se detecta a tiempo. De esta manera, se protege al mismo tiempo la funcionalidad de los ácaros fitoseidos generalistas que están trabajando sobre trips y otros pequeños fitófagos.

La selección de productos fitosanitarios puntuales, cuando son necesarios, debe hacerse con el máximo cuidado para no romper el equilibrio biológico. El técnico responsable de la finca debe valorar siempre los efectos colaterales de cada tratamiento sobre la fauna auxiliar antes de decidir la estrategia.

Importancia de la anticipación y del manejo de campaña

Uno de los aprendizajes más claros de los últimos años es que el éxito del control biológico de Thrips parvispinus depende tanto de las herramientas como del momento en que se usan. No basta con elegir buenos auxiliares; hay que introducirlos a tiempo, antes de que los niveles de plaga se disparen.

Al mismo tiempo, se observa una tendencia a ajustar los ciclos de cultivo, aumentando las superficies de plantaciones muy tempranas y muy tardías, mientras que el ciclo intermedio va perdiendo algo de peso. Aunque esto no cambia necesariamente el volumen total producido, sí modifica la distribución temporal de la producción y la presión de plagas como T. parvispinus, que encuentran ventanas muy favorables en otoño y principios de invierno.

El mensaje que se lanza desde el ámbito técnico es claro: hay que ser optimistas, pero también muy realistas. El problema no ha desaparecido, el trips sigue presente y es capaz de repuntar con fuerza si se baja la guardia, especialmente en primavera y en primeros cultivos de verano donde a veces se relaja el control biológico.

La buena noticia es que los resultados positivos de muchas fincas que han apostado por programas biológicos serios han cambiado el discurso. Frente a quienes planteaban un regreso a esquemas basados casi exclusivamente en química, hoy se ve que, con las herramientas actuales (Limonica y otros depredadores, islas de biodiversidad, bioprotectores, manejo preventivo), es posible mantener la plaga controlada con un enfoque sostenible y alineado con las exigencias de los mercados.

Todo este conjunto de medidas -barreras físicas bien mantenidas, vigilancia con trampas, suelta secuencial de ácaros y chinches, refuerzo con depredadores edáficos y hongos entomopatógenos, cuidado del suelo, manejo del riego y la ventilación, eliminación ordenada de restos de cultivo y apoyo en la biodiversidad funcional- conforma una estrategia global de control biológico de Thrips parvispinus en pimiento que no solo protege el cultivo en la campaña actual, sino que va construyendo un sistema más estable y resiliente año tras año.

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