Crucíferas: principales plagas y enfermedades y cómo manejarlas

  • Las crucíferas sufren numerosas plagas y enfermedades de suelo, follaje y sistema vascular que requieren vigilancia constante desde el semillero.
  • Hongos como el mildiu, Alternaria y la hernia, y bacterias como Xanthomonas, persisten en suelo, restos de cultivo y semillas, por lo que la prevención y las rotaciones son esenciales.
  • Plagas como mosca blanca, pulgones, polilla de las crucíferas, orugas, alticinos y chinche arlequín se controlan mejor con monitoreo, enemigos naturales y tratamientos selectivos.
  • El manejo integrado combina medidas culturales, biológicas y, solo cuando es necesario, productos fitosanitarios autorizados y bien ajustados al momento de intervención.

cruciferas plagas y enfermedades

Las crucíferas, o familia Brassicaceae, agrupan cultivos tan habituales como el cultivo de la col rizada, el repollo, la coliflor, el brócoli, las coles de Bruselas o el rábano, fundamentales tanto en la huerta profesional como en el huerto familiar. Su alto valor nutritivo, gracias a su contenido en vitaminas, minerales y compuestos bioactivos, contrasta con su elevada sensibilidad a numerosas plagas y enfermedades que pueden arruinar una campaña si no se vigilan de cerca.

En distintos boletines fitosanitarios oficiales y publicaciones técnicas de España y otros países se describen con detalle los principales problemas sanitarios de estas hortalizas: hongos de suelo, enfermedades foliares, bacteriosis, insectos chupadores y masticadores, así como pautas de control químico y biológico. A continuación encontrarás una guía completa, en lenguaje claro, que integra toda esa información para ayudarte a reconocer síntomas, ciclos biológicos y estrategias de manejo en crucíferas, adaptándola a un contexto práctico de campo.

Mildiu en crucíferas (Peronospora parasitica)

El mildiu de las crucíferas, causado por el oomiceto Peronospora parasitica, es una enfermedad muy común que puede afectar desde la fase de semillero hasta plantas adultas, y que se desarrolla con especial intensidad en ambientes húmedos y frescos, alrededor de 15 ºC, típicos del otoño o de periodos lluviosos prolongados.

En plántulas recién emergidas se observa una especie de polvillo blanco en la superficie de las hojas jóvenes, que evoluciona rápidamente hacia la desecación y muerte de las mismas, provocando claros en las bandejas de semillero o fallos de nascencia en campo.

En hojas ya desarrolladas aparecen áreas amarillentas bien delimitadas entre los nervios por el haz, que se corresponden en el envés con una eflorescencia blanquecina, típica de los mildiús. En coliflor pueden verse decoloraciones y estrías en las inflorescencias, depreciando seriamente su valor comercial incluso cuando el resto de la planta parece sana.

El patógeno no se limita a la parte aérea: en órganos subterráneos, como el rábano, el mildiu puede originar manchas oscuras muy delimitadas en el hipocótilo o en la parte comestible, reduciendo su calidad. De este modo, prácticamente cualquier órgano de la planta puede mostrar síntomas si la infección y las condiciones ambientales son favorables.

El hongo sobrevive en el suelo en forma de oosporas sobre restos de plantas infectadas y también en crucíferas silvestres del género Brassica spp., que actúan como reservorio. Cuando se dan altas humedades y temperaturas suaves, esas oosporas originan conidias que se dispersan, principalmente, por el viento. Las conidias pueden permanecer viables varios meses a la espera de condiciones adecuadas para germinar e iniciar la infección, penetrando en el tejido vegetal mediante un tubo germinativo. Algunos autores indican, además, la posible transmisión por semilla contaminada.

Desde el punto de vista de manejo, es clave proteger el cultivo en cuanto se detecten los primeros síntomas o se prevean condiciones predisponentes, como tormentas seguidas de atardeceres húmedos y templados. El uso de semillas sanas, la eliminación de restos de cultivo, la reducción de las hierbas crucíferas espontáneas y la ventilación adecuada en invernadero son medidas culturales básicas para reducir la presión de inóculo.

Hernia de las crucíferas (Plasmodiophora brassicae)

La hernia de las crucíferas es una enfermedad de suelo provocada por el patógeno Plasmodiophora brassicae, capaz de sobrevivir en el terreno durante varios años, lo que convierte su manejo en un problema a medio y largo plazo más que en un simple incidente puntual.

La infección se produce a través de las raíces, donde se observan los síntomas más característicos: engrosamientos, deformaciones, agrietamientos y, en fases avanzadas, pudriciones acompañadas de agallas muy llamativas. Estas agallas interrumpen el normal flujo de agua y nutrientes hacia la parte aérea.

En superficie, las plantas afectadas se quedan más pequeñas, muestran hojas amarillentas y un aspecto decaído. Es frecuente que, durante las horas centrales del día, el cultivo parezca marchito, para recuperar parcialmente la turgencia por la noche cuando baja la temperatura, una pista muy útil para sospechar de problemas en el sistema radicular.

Las esporas de este patógeno pueden persistir en el suelo durante unos cinco años o incluso más, por lo que no basta con un descanso breve del cultivo: se necesitan rotaciones largas, evitando cualquier cultivo o mala hierba de la familia Brassicaceae que sirva de huésped. El control de malas hierbas crucíferas es tan importante como la elección de especies de rotación correctamente alejadas de esta familia.

Entre las estrategias de manejo, se recomienda elevar el pH del suelo por encima de 7,1 mediante encalados, mejorar el drenaje para reducir encharcamientos, instaurar rotaciones amplias y revisar regularmente las raíces para detectar plantas con síntomas leves, pues pueden pasar desapercibidas y seguir liberando esporas al perfil del suelo.

Mancha foliar del repollo o mancha negra (Alternaria spp.)

La mancha foliar del repollo, también conocida como mancha negra de las crucíferas, está causada principalmente por hongos del género Alternaria, en especial A. brassicae y A. brassicicola, que atacan hojas, tallos y estructuras comerciales como las cabezas y pellas de los distintos cultivos de Brassicaceae.

Los primeros síntomas suelen aparecer en hojas viejas con lesiones circulares u ovaladas, de color marrón oscuro, gris o negro, con anillos concéntricos que recuerdan a una diana y un halo clorótico (amarillo) alrededor. Estas características manchas concéntricas son una seña de identidad muy útil para el diagnóstico en campo.

A medida que la enfermedad avanza, las lesiones se pueden unir, originando áreas necróticas extensas que facilitan la caída prematura de hojas y la entrada de otros patógenos. Cuando se ven afectadas las cabezas de repollo o las pellas de coliflor y brócoli, la depreciación comercial es inmediata, aunque la planta no llegue a colapsar del todo.

El hongo sobrevive en restos de cosecha, semillas infectadas y malas hierbas crucíferas, por lo que es fundamental partir de semilla certificada libre de patógenos o, en su defecto, realizar tratamientos de desinfección con agua caliente antes de la siembra. Asimismo, es recomendable utilizar variedades con cierto nivel de tolerancia o resistencia cuando estén disponibles.

Para limitar la incidencia de Alternaria conviene realizar rotaciones de 2 a 4 años con especies que no pertenezcan a la familia de las crucíferas, evitar el riego por aspersión en exceso (que favorece la dispersión de esporas y el mojado prolongado de la superficie foliar) y retirar tanto restos de cultivo como plantas claramente enfermas. En situaciones de alta presión de inóculo, se pueden emplear fungicidas autorizados, ajustando siempre su uso a la normativa y a las recomendaciones técnicas oficiales.

Pudrición negra de las brassicas (Xanthomonas campestris pv. campestris)

La pudrición negra es una bacteriosis grave provocada por Xanthomonas campestris pv. campestris, que coloniza el sistema vascular de la planta a través de raíces o pequeñas heridas en hojas y tallos, llegando a causar daños muy importantes tanto en superficie como en raíces y cabezas.

Uno de los síntomas más característicos son las lesiones en el borde de las hojas con forma de “V” invertida, cuyo vértice apunta hacia la vena central. Estos tejidos se van tornando amarillos y posteriormente negruzcos a medida que la bacteria se extiende por las nerviaciones, que terminan adoptando un color oscuro muy marcado.

Conforme la infección avanza, las hojas se marchitan y pueden desprenderse, y las plantas adoptan un porte achaparrado (enanismo), con reducción notable del crecimiento general. Esta enfermedad es especialmente favorecida por climas cálidos y húmedos, en torno a 21 ºC, y es por ello más común en temporadas templadas-cálidas y con lluvias frecuentes o riegos intensos.

Como la bacteria puede viajar en la semilla, la primera línea de defensa consiste en utilizar material de siembra certificado, libre de patógenos. Además, ayuda mucho implantar rotaciones de al menos tres años sin cultivos crucíferos, controlar malas hierbas de la misma familia, emplear riego localizado (goteo) en lugar de aspersión y asegurar un buen drenaje del terreno, por ejemplo mediante caballones o camas elevadas.

El manejo integrado de esta enfermedad se centra en la prevención, ya que una vez establecida en la parcela resulta muy difícil de erradicar. En casos concretos pueden valorarse tratamientos bactericidas autorizados, siempre respetando los plazos de seguridad y las condiciones de uso establecidas por las autoridades de sanidad vegetal.

Mosca blanca de las crucíferas (Aleyrodes proletella)

La mosca blanca Aleyrodes proletella es un hemíptero que ataca a numerosas plantas, tanto silvestres como cultivadas, aunque muestra una especial preferencia por las crucíferas, donde puede completar varias generaciones en una misma campaña, incluso a temperaturas relativamente bajas.

En el envés de las hojas se observan pequeños insectos alados de color blanco, de algo más de un milímetro de longitud, que se levantan en nube al sacudir la planta. Por el haz, las hojas muestran una clorosis más o menos generalizada, consecuencia de la succión de savia y de la acción indirecta del insecto.

Con el tiempo, estas plagas producen abundante melaza que recubre hojas y cogollos. Sobre esa melaza se instala una negrilla (hongos saprófitos) que forma una película oscura que mancha y disminuye la calidad comercial de las pellas y cabezas, además de interferir en la fotosíntesis.

A diferencia de otras moscas blancas, A. proletella es capaz de desarrollarse con temperaturas más reducidas, lo que explica su asociación tan estrecha con cultivos de invierno o de clima fresco, como es el caso de muchas coles y repollos. Por ello, es habitual encontrarla en zonas donde otras especies de mosca blanca no suponen un problema serio.

En cuanto a control, algunas recomendaciones técnicas señalan que puede ser rentable tratar cuando al menos la mitad de las hojas presentan presencia del insecto. Además de los insecticidas autorizados, es útil fomentar enemigos naturales, mantener la parcela libre de restos de crucíferas viejas y controlar malas hierbas que sirvan como refugio, integrando siempre el control químico, biológico y cultural.

Pulgones en crucíferas (Aphis craccivora, Aphis fabae, Brevicoryne brassicae, Macrosiphum euphorbiae, Myzus persicae)

Los pulgones son, probablemente, una de las plagas más habituales en coles, coliflores, brócoli y repollo. Distintas especies como Aphis craccivora, Aphis fabae, Brevicoryne brassicae, Macrosiphum euphorbiae y Myzus persicae se instalan en las plantas formando colonias numerosas, alimentándose de la savia y transmitiendo en algunos casos virus y otras enfermedades.

En plantas afectadas se aprecian hojas con zonas amarillentas, rizadas y deformadas, que pueden llegar a secarse por completo cuando el ataque es intenso y las hojas todavía son jóvenes. Entre la vegetación se observan fácilmente colonias de pulgones, a menudo acompañadas de hormigas que aprovechan la melaza que estos insectos excretan.

Ciertas especies como Aphis craccivora y Brevicoryne brassicae pueden vivir todo el año sobre crucíferas, multiplicándose por partenogénesis (hembras que paren hembras vivas sin apareamiento). En el caso de B. brassicae, además, puede sobrevivir al invierno en forma de huevo resistente, lo que complica su erradicación completa de una campaña a otra.

Otras especies, como Myzus persicae o Aphis fabae, alternan entre un hospedador primario leñoso (frutales o arbustos) y un hospedador secundario herbáceo entre los que se encuentran las crucíferas. Pasan el invierno como huevo en las yemas de los árboles o arbustos, y en primavera emergen hembras que dan lugar a varias generaciones, algunas ápteras y otras aladas, que migran hacia las plantas herbáceas. En muchas zonas templadas, sin embargo, las poblaciones pueden permanecer todo el año sobre herbáceas, reproduciéndose continuamente por partenogénesis.

La temperatura influye mucho en la composición de especies: se asocia la presencia de M. persicae a ambientes suaves y la de A. fabae a condiciones más cálidas. Para mantener a raya a los pulgones es fundamental vigilar desde el semillero y tratar los primeros focos antes de que se generalicen en la parcela, aprovechando también el papel de enemigos naturales como mariquitas, sírfidos y crisopas, y combinando estos aliados con productos específicos autorizados cuando el umbral de daño lo justifique.

Polilla de las crucíferas (Plutella xylostella) y otras orugas

La polilla de las crucíferas, Plutella xylostella, es un lepidóptero cuyas orugas se alimentan de las hojas de coles, coliflores y otras Brassicaceae, llegando en algunas campañas a convertirse en una plaga muy seria si no se controla a tiempo.

Las larvas, de unos 10 mm de longitud, se sitúan preferentemente en el envés, donde comen la cutícula y el parénquima sin perforar la epidermis del haz, por lo que quedan como “ventanas” transparentes o zonas desprovistas de tejido interno. Un rasgo muy característico es que, al ser molestadas, estas orugas se sueltan de la planta y quedan colgando de un hilo de seda, desplazándose con facilidad de una planta a otra.

El insecto pasa el invierno en forma de crisálida en crucíferas silvestres o en restos de cultivo no retirados. Cuando suben las temperaturas en primavera retoma su actividad, las hembras fecundadas realizan las puestas en el envés de las hojas y las larvas completan todo su desarrollo alimentándose de la vegetación. La pupación se lleva a cabo sobre la propia planta, cerrando así un ciclo continuo.

En España, el número de generaciones varía mucho según la zona: en áreas más frescas del interior pueden darse apenas un par de generaciones anuales, mientras que en zonas litorales cálidas pueden producirse más de cuatro, lo que incrementa notablemente la presión de la plaga en estos entornos.

En cuanto a manejo, una recomendación habitual es intervenir cuando alrededor del 10 % de las plantas presenten al menos una oruga. El control puede realizarse con insecticidas autorizados, incluidos preparaciones biológicas a base de Bacillus thuringiensis (Bt) para estadios larvarios jóvenes, y complementarse con prácticas como la destrucción de restos de cultivo que puedan albergar crisálidas y la vigilancia frecuente del envés de las hojas.

Junto a Plutella xylostella, otras orugas masticadoras pueden causar daños similares, como las larvas de la mariposa de la col Pieris rapae, que perforan las hojas dejando orificios irregulares y, en ataques fuertes, solo las venas principales, o el llamado gusano medidor falso, Trichoplusia ni, cuyas larvas se desplazan arqueando el cuerpo y son capaces de taladrar incluso la cabeza del repollo cuando las poblaciones son altas.

Estas orugas cuentan con numerosos enemigos naturales (avispas parasitoides de la familia Braconidae, moscas taquínidas, virus específicos como el NPV de Trichoplusia ni), por lo que conviene respetar su acción y no abusar de insecticidas de amplio espectro. Productos como el Neem, Bt o jabones potásicos se utilizan con frecuencia como herramientas de control selectivas dentro de programas de manejo integrado.

Escarabajos pulga (Alticinos) y chinche arlequín

Los llamados escarabajos pulga o alticinos son pequeños coleópteros de la familia Chrysomelidae que afectan principalmente a plántulas y plantas jóvenes de crucíferas, produciendo numerosas picaduras circulares en las hojas que les dan un aspecto “cribado”. Este daño reduce la superficie funcional de la hoja y puede frenar el desarrollo inicial del cultivo.

Las larvas de estos escarabajos también pueden alimentarse de las raíces, excavando pequeños túneles que, aunque a menudo pasan desapercibidos, contribuyen a debilitar la planta y a disminuir el rendimiento final. Los adultos, además, pueden actuar como vectores de virus y otras enfermedades bacterianas, por lo que su control temprano resulta especialmente importante.

Para prevenir su establecimiento se recomienda retirar cuidadosamente los restos de cultivo tras la cosecha, ya que en ellos pueden hibernar las pupas y adultos. En caso de necesidad, se emplean productos como extractos de Neem, piretrinas o spinosad, siempre ajustando las aplicaciones a los umbrales de daño y evitando tratar en momentos de máxima actividad de polinizadores.

Otra plaga que puede causar problemas en crucíferas es la chinche arlequín, Murgantia histrionica, un heteróptero muy llamativo por su coloración, que se alimenta clavando sus piezas bucales chupadoras en las hojas. Esto provoca puntos decolorados, marchitez localizada y, si el ataque es intenso, deformaciones y muerte de tejidos.

Estas chinches liberan sustancias de olor fuerte cuando se las molesta, y pueden reproducirse en restos de cultivo o vegetación cercana. Depositan sus huevos en el envés de las hojas, fácilmente visibles por sus colores característicos, de manera que un monitoreo visual frecuente permite detectar la plaga en etapas tempranas.

La estrategia de manejo se basa en eliminar restos de cosecha, reducir la vegetación espontánea que sirva de refugio, y realizar recogidas manuales de ninfas y adultos cuando las superficies son pequeñas. En explotaciones más extensas se pueden utilizar insecticidas autorizados como formulados de Neem, piretrinas o jabones agrícolas, sin olvidar la posible elección de variedades con mayor tolerancia al ataque de estos insectos.

Tratamientos químicos y biológicos en crucíferas

La gestión de plagas y enfermedades en crucíferas no se limita a aplicar productos fitosanitarios; debe apoyarse en un enfoque de manejo integrado que combine medidas preventivas, control biológico y, solo cuando sea necesario, tratamientos químicos bien justificados.

En España, los productos autorizados para cada cultivo y patógeno pueden consultarse en el Registro de Productos Fitosanitarios del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, donde se detallan materias activas, cultivos incluidos en etiqueta, dosis, plazos de seguridad y restricciones de uso. Este registro tiene carácter informativo y puede no estar completamente actualizado, por lo que es recomendable contrastar siempre los datos y, en caso de duda, contactar con los servicios oficiales de sanidad vegetal o con técnicos asesorados.

El propio Ministerio advierte de que no garantiza la absoluta exactitud o actualización permanente de la información incluida en dicho registro, ni asume responsabilidad por eventuales errores. Por ello, conviene revisar periódicamente las fichas de los productos y atender a los cambios normativos, en especial los relativos a productos retirados, nuevas autorizaciones o usos excepcionales en determinadas campañas.

En el terreno del control biológico y de bajo impacto se dispone de herramientas como el Neem, los jabones agrícolas, las piretrinas de origen natural, los formulados de Bacillus thuringiensis para orugas, hongos entomopatógenos, así como la conservación y liberación de enemigos naturales (mariquitas, avispas parasitoides, crisopas, etc.). Estos métodos encajan especialmente bien en huertas ecológicas o en sistemas de producción integrada donde se pretende minimizar los residuos en cosecha.

En paralelo, las medidas culturales (rotaciones amplias, saneamiento de restos de cosecha, control de malas hierbas hospedantes, elección de variedades resistentes, riego adecuado y buena aireación de la plantación) son la base para reducir la necesidad de intervenciones químicas y mantener las poblaciones de patógenos e insectos por debajo de los niveles de daño económico.

Conociendo en detalle los ciclos biológicos de mildiú, Alternaria, bacterias como Xanthomonas campestris y plagas como mosca blanca, pulgones, polilla de las crucíferas, orugas diversas, alticinos y chinche arlequín, es mucho más sencillo anticiparse a sus ataques, ajustar los momentos de tratamiento y combinar correctamente los recursos disponibles. De esta forma, el cultivo de coles, coliflores, brócoli, repollos y otras brassicas puede mantenerse productivo y sano, limitando las pérdidas y preservando al mismo tiempo el equilibrio del ecosistema agrícola.

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