El 85% de las manzanas en Europa contiene varios pesticidas: qué revela el nuevo informe y cómo afecta a España

  • El 85% de las manzanas analizadas en 13 países europeos contenía varios pesticidas a la vez, con una media de tres por pieza.
  • El 93% de las muestras presentaba al menos un residuo y el 71% incluía pesticidas clasificados como muy tóxicos o candidatos a sustitución.
  • El estudio alerta del riesgo del llamado efecto cóctel, especialmente para bebés, niños pequeños y mujeres embarazadas.
  • Las ONG reclaman una regulación más estricta y recomiendan optar por manzanas ecológicas y de proximidad para reducir la exposición.

Manzanas con residuos de pesticidas en Europa

Lo que muchas personas consideran un símbolo de alimentación saludable, la manzana, llega a la mesa con una cara menos conocida: la de los pesticidas. Un nuevo informe europeo apunta a que la inmensa mayoría de las manzanas convencionales que se venden en supermercados y mercados del continente contienen restos de varios plaguicidas a la vez.

Según este trabajo coordinado por la organización Pesticide Action Network Europe (PAN Europe), el 85% de las manzanas analizadas en 13 países europeos —entre ellos España— presentaba un “cóctel” de residuos químicos. Y si se mira sólo la presencia de al menos un pesticida detectable, la cifra se dispara hasta el 93%, es decir, apenas una de cada diez piezas está completamente libre.

El estudio se elaboró junto con 13 entidades de distintos países de la Unión Europea y Suiza, incluida Ecologistas en Acción en España, y se difundió a nivel estatal a través de la campaña Hogar sin Tóxicos. Para su elaboración se compraron 59 muestras de manzanas convencionales de producción local en establecimientos y mercados de 13 países europeos durante septiembre de 2025, que fueron después enviadas a un laboratorio acreditado para su análisis oficial. Para contexto sobre campañas regionales, véase la previsión de campaña de pera y manzana.

Un 85% de manzanas con varios pesticidas a la vez

Los resultados muestran que la media por pieza fue de tres pesticidas distintos detectados al mismo tiempo, aunque en los casos más extremos se llegaron a encontrar hasta siete sustancias diferentes en una sola manzana. Esta realidad pone el foco en un problema que, hasta ahora, se abordaba de forma fragmentada: las autoridades evalúan el riesgo de cada compuesto individualmente, sin considerar adecuadamente qué ocurre cuando varios químicos coinciden en el mismo alimento y en el mismo organismo.

En términos globales, el 93% de las muestras presentaba al menos un residuo, lo que deja claro que la presencia de pesticidas en la fruta no es una excepción, sino prácticamente la norma. El 85% de las manzanas analizadas contenía más de un pesticida, reflejando el uso simultáneo de diferentes productos fitosanitarios en los manzanos a lo largo del año.

Por países, el estudio dibuja un mapa desigual. En España, Francia e Italia, el 80% de las manzanas examinadas contenía varios pesticidas al mismo tiempo. En otros ocho países —Croacia, Chequia, Países Bajos, Alemania, Hungría, Polonia, Luxemburgo y Suiza— todas las muestras presentaban residuos múltiples. Solo Dinamarca, con un 20% de manzanas con mezcla de plaguicidas, y Bélgica, con un 50%, ofrecieron cifras menos preocupantes.

Estos porcentajes se explican en parte porque los manzanos pueden llegar a ser tratados con pesticidas hasta 30 veces al año, para controlar plagas como la barreno carpocapsa, desde la floración hasta poco antes de la cosecha. Parte de esas aplicaciones ni siquiera responden a una plaga concreta, sino a la presión por ofrecer frutas visualmente impecables. Un estudio citado en el informe, realizado entre casi 200 productores de Suiza, constató que entre el 23% y el 59% admitía usar pesticidas sólo para mejorar el aspecto estético de la manzana.

El efecto cóctel: el gran vacío de la normativa

El elemento que más preocupa a las organizaciones implicadas no es sólo la cantidad de residuos detectados, sino la combinación de varios de ellos en un mismo alimento. Este fenómeno, conocido como “efecto cóctel”, describe la posibilidad de que la mezcla de diferentes pesticidas produzca efectos sobre la salud superiores a la simple suma de sus impactos individuales.

Carlos de Prada, responsable de la iniciativa Hogar sin Tóxicos y divulgador científico, insiste en que las evaluaciones de riesgo actuales siguen haciéndose “pesticida a pesticida”, sin tener suficientemente en cuenta qué pasa cuando el consumidor se expone a tres, cuatro o más sustancias al mismo tiempo. Este enfoque, señala, no refleja la situación real de la población, que no ingiere estos productos químicos de uno en uno.

La paradoja es que la legislación europea ya recogía esta preocupación. El Reglamento sobre Límites Máximos de Residuos obliga desde hace más de dos décadas a la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) a desarrollar un método para evaluar el riesgo combinado de los pesticidas. Sin embargo, ese sistema sigue sin aplicarse plenamente, lo que deja sin resolver uno de los principales puntos débiles del control actual.

Mientras tanto, los informes oficiales de la EFSA se centran en comprobar si cada sustancia, por separado, respeta los límites legales en los alimentos. En la mayoría de los casos, las concentraciones no los superan, pero la normativa apenas entra a valorar qué implica acumular en una misma manzana —y en la dieta diaria— varios compuestos que actúan sobre el sistema nervioso, hormonal o el hígado.

Riesgos específicos para bebés, niños y embarazadas

Uno de los datos que más llaman la atención tiene que ver con los grupos más vulnerables: bebés, niños pequeños y mujeres embarazadas. El informe recalca que, si estas manzanas se utilizaran como materia prima para potitos u otros alimentos procesados destinados a menores de tres años, el 93% de las muestras quedaría automáticamente fuera de la ley.

La normativa europea fija para estos productos infantiles un límite de 0,01 miligramos de residuo de pesticida por kilogramo de alimento, un umbral mucho más estricto que el aplicado a la fruta fresca. En algunas de las muestras analizadas, los residuos de determinados compuestos llegaron a multiplicar ese tope por 600, lo que enciende todas las alarmas entre quienes estudian los efectos a largo plazo de la exposición temprana a estos químicos.

El informe pone el acento, además, en sustancias concretas como el insecticida acetamiprid, que la EFSA lleva años señalando como potencialmente neurotóxico. Este compuesto es capaz de atravesar la barrera placentaria, por lo que podría afectar al desarrollo del cerebro del feto. De ahí que los autores reclamen que las recomendaciones de consumo de fruta ecológica no se limiten a los niños, sino que se extiendan también a las mujeres embarazadas.

Lejos de plantear dejar de comer fruta, las organizaciones recuerdan que los beneficios nutricionales de la fruta son incuestionables, pero sostienen que esa ventaja no debería ir de la mano de una exposición innecesaria a cócteles de plaguicidas. Por eso reclaman que la regulación se adapte a la evidencia científica disponible y que la producción agrícola reduzca su dependencia de los químicos sintéticos.

Pesticidas muy tóxicos y «químicos eternos» en la manzana

Más allá de la cantidad, el informe analiza también la peligrosidad de los compuestos hallados. El 71% de las manzanas analizadas estaba contaminado con pesticidas clasificados por la Unión Europea como “candidatos a la sustitución”, una categoría que agrupa sustancias especialmente tóxicas que los Estados miembros deberían ir reemplazando por alternativas más seguras. Según las ONG, esa sustitución real apenas se ha producido.

Entre los casos más preocupantes se encuentra el fungicida captán, detectado en el 61% de las muestras y considerado posible cancerígeno. Otro nombre que se repite es el del fludioxonil, presente en casi el 40% de las manzanas y reconocido desde 2024 como disruptor endocrino, es decir, un compuesto capaz de alterar el sistema hormonal humano. Este tipo de sustancias se ha vinculado con problemas de fertilidad, trastornos metabólicos y otras patologías crónicas.

El estudio también detectó la presencia de pesticidas pertenecientes a la familia de los PFAS, conocidos como «químicos eternos», porque apenas se degradan en el medio ambiente. Se identificaron ocho plaguicidas de este tipo en el conjunto de las muestras, presentes en el 64% de las manzanas analizadas. Estas sustancias se relacionan con alteraciones hormonales, daños hepáticos y problemas reproductivos, y pueden acumularse en el organismo con el paso del tiempo.

En paralelo, un 36% de las manzanas contenía residuos de pesticidas con potencial neurotóxico, lo que refuerza la preocupación por sus efectos en el desarrollo infantil y en la salud neurológica de la población adulta. Diversos trabajos científicos han asociado la exposición continuada a mezclas de plaguicidas con alteraciones del desarrollo cognitivo, cambios de comportamiento y reducción de la fertilidad.

Algunos países han empezado a reaccionar por su cuenta. Dinamarca ya ha prohibido varios pesticidas PFAS para proteger sus aguas subterráneas, un paso que las organizaciones ecologistas ven como ejemplo de la dirección que debería tomar el resto de la Unión Europea si quiere reducir la carga química a la que está expuesta la ciudadanía.

España y Europa ante el reto regulatorio

En el caso de España, el estudio sitúa al país en un punto intermedio-alto del ranking: el 80% de las manzanas analizadas presentaba residuos de varios pesticidas a la vez, un porcentaje similar al de Francia e Italia. Aunque no encabeza la lista, la cifra refleja que el uso intensivo de plaguicidas en los manzanos es una práctica consolidada también en nuestro territorio.

Para PAN Europe y sus organizaciones aliadas, estos datos muestran un problema estructural del modelo agrícola intensivo europeo, en el que la protección de los cultivos frente a plagas y enfermedades se basa de forma muy mayoritaria en sustancias químicas sintéticas. El resultado es una fruta que supera con frecuencia los límites que se consideran aceptables para colectivos sensibles, aunque siga cumpliendo los topes legales generales.

Martin Dermine, director ejecutivo de PAN Europe, recuerda que, si la legislación vigente se aplicara con todo su rigor, varios de los pesticidas detectados en las manzanas ya deberían haber sido retirados del mercado. A su juicio, el problema no es sólo la falta de nuevas normas, sino el incumplimiento de las que ya existen, especialmente en lo relativo a sustituir las sustancias más peligrosas por otras menos dañinas, o incluso impulsar la mejora genética de los cultivos.

La preocupación se ha intensificado con la presentación, a finales de 2025, de la llamada propuesta ómnibus de la Comisión Europea sobre alimentos y piensos, que podría rebajar el nivel de protección actual en materia de seguridad alimentaria. Organizaciones ecologistas y de consumidores temen que, en lugar de reforzar la evaluación del efecto cóctel y acelerar la retirada de plaguicidas de alto riesgo, la UE dé pasos atrás en el control de estos productos.

¿Qué puede hacer el consumidor y por qué se habla tanto de manzana ecológica?

Ante este panorama, las entidades participantes en el estudio lanzan un mensaje claro a la ciudadanía: no se trata de dejar de comer manzanas, sino de elegir mejor cuáles. La recomendación principal, siempre que el bolsillo y la disponibilidad lo permitan, es optar por manzanas de producción ecológica y de proximidad, en cuyo cultivo no se usan pesticidas sintéticos, o escoger técnicas como embolsar la fruta para reducir aplicaciones.

Investigaciones previas han encontrado que las manzanas ecológicas presentan niveles muy bajos de residuos o directamente ninguno. Esto supone una reducción importante de la exposición a mezclas de plaguicidas, algo especialmente relevante en el caso de niños pequeños, embarazadas y personas con problemas de salud que quieran minimizar cualquier riesgo añadido.

Además del aspecto tóxico, la agricultura ecológica suele ir acompañada de prácticas que favorecen la fertilidad del suelo y la biodiversidad, reducen la contaminación de acuíferos y fomentan sistemas agrarios más resilientes frente al cambio climático. En el plano nutricional, algunos trabajos apuntan a que estas manzanas pueden contener ligeramente más antioxidantes como los polifenoles, y, como todas las manzanas, aportan fibra (sobre todo pectina), beneficiosa para el tránsito intestinal, el colesterol y la regulación de la glucosa.

Quienes defienden este tipo de producción subrayan también aspectos más cotidianos: muchos consumidores perciben en las manzanas ecológicas un sabor más intenso y una textura más «de antes», ya que suelen recogerse en su punto de maduración y no se prioriza tanto la apariencia perfecta como la calidad del fruto. Aunque no es una solución al alcance de todo el mundo, la demanda creciente de ecológico está ampliando poco a poco la oferta y, en algunos casos, ajustando precios.

Mientras el debate regulatorio sigue su curso en Bruselas y en las capitales europeas, el poder de decisión diario recae en gran medida en quien llena la cesta de la compra. Elegir, cuando sea posible, manzanas ecológicas y de cercanía, apoyar a productores que reducen el uso de químicos y mantenerse informado sobre los avances legislativos son, de momento, las herramientas más directas para reducir la exposición a estos cócteles de pesticidas sin renunciar a una de las frutas más presentes en la dieta europea.

plagas del manzano y su tratamiento
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