La expansión del alga invasora Rugulopteryx okamurae se ha consolidado como uno de los grandes quebraderos de cabeza ambientales para muchas zonas costeras españolas, especialmente en el Estrecho de Gibraltar y el sur de la península. Lo que empezó como una presencia casi discreta en aguas de Ceuta hace alrededor de una década se ha transformado en una invasión a gran escala, con efectos notables sobre ecosistemas marinos, turismo y sectores económicos ligados al mar.
Diez años después de sus primeras detecciones en la ciudad autónoma, el litoral del Estrecho y buena parte del Mediterráneo occidental conviven con toneladas de biomasa que se acumulan en playas, puertos y zonas pesqueras, como han mostrado episodios de retirada masiva como La Línea retira casi 450 toneladas de algas invasoras. Ante una especie que los científicos consideran ya imposible de erradicar, la prioridad ha pasado a ser cómo gestionar y aprovechar ese material sin agravar el problema y cómo coordinar la respuesta entre ciencia, administraciones y empresas.
Ceuta, epicentro internacional del debate sobre Rugulopteryx okamurae

Ceuta acoge del 11 al 13 de mayo el II Taller Internacional sobre el alga invasora Rugulopteryx okamurae: gestión de la biomasa, organizado por el Instituto de Estudios Ceutíes (IEC) y el Aula del Mar del Campus de Excelencia Internacional del Mar (CEIMAR) de la Universidad de Granada. El encuentro se celebra en la Facultad de Ciencias de la Salud del Campus Universitario y convierte a la ciudad en punto de referencia internacional para analizar un problema que ya desborda fronteras locales.
En las jornadas participan investigadores, gestores públicos y empresas de España, Portugal, Marruecos, Italia, Argelia y Colombia, además de representantes de diferentes territorios españoles como Andalucía, Canarias, Cataluña, Ceuta y Melilla. En total, se han inscrito en torno a medio centenar de especialistas con perfiles muy variados: técnicos de playas, responsables de residuos, expertos en biodiversidad, representantes del sector pesquero y compañías dedicadas a la valorización de residuos vegetales.
Para el IEC, este taller se enmarca en una línea de trabajo de una década, iniciada cuando Rugulopteryx okamurae fue detectada por primera vez en el litoral ceutí. Desde entonces, el instituto ha impulsado estudios, actividades científicas y seguimiento continuo de la especie, situando a Ceuta como laboratorio privilegiado para comprender cómo se comporta esta macroalga en el Estrecho de Gibraltar.
La inauguración del encuentro contó con la presencia de la consejera de Educación, Cultura y Juventud de Ceuta y presidenta del IEC, Pilar Orozco, y del vicepresidente primero y consejero de Medio Ambiente, Alejandro Ramírez. Orozco subrayó la importancia de afrontar la invasión desde el ámbito científico e institucional, poniendo en valor la colaboración entre administraciones y universidades para buscar soluciones en una ciudad íntimamente ligada al mar.
Ramírez, por su parte, incidió en que Rugulopteryx okamurae no es un asunto limitado al medio ambiente, sino una cuestión con profundas implicaciones económicas y logísticas debido a la recogida, transporte y tratamiento de la biomasa que se acumula en el litoral. A su juicio, foros como este taller son claves para disponer de información técnica actualizada que guíe decisiones más acertadas en la gestión costera, incluyendo nuevas medidas y operativos.
Un taller con enfoque científico, técnico y de gobernanza

El programa del taller se estructura en tres días de sesiones de trabajo cerradas para personas inscritas, complementadas con actividades divulgativas abiertas a la ciudadanía. Entre los bloques temáticos figuran el impacto ecológico de la invasión, la gestión de arribazones en playas, la coordinación entre distintos niveles administrativos o el análisis jurídico de la gestión de especies exóticas.
Durante las jornadas internas se abordan cuestiones muy concretas: protocolos de retirada y transporte de biomasa, experiencias de acopio en playas y puertos, efectos sobre la pesca y los hábitats marinos, seguimiento científico de la expansión, y posibles vías de valorización del material vegetal, con ejemplos de plantas invasoras transformadas mediante usos agrícolas, industriales o incluso energéticos.
El taller cuenta con la participación de figuras destacadas en el estudio de esta macroalga, como la investigadora María Altamirano, de la Universidad de Málaga, y el coordinador de CEIMAR en la Universidad de Granada, Julio de la Rosa, que interviene en varias ponencias y mesas redondas. También participa la Sociedad Española de Ficología y otros grupos especializados en flora marina y gestión de especies invasoras.
Uno de los aspectos diferenciales del encuentro es su dimensión internacional. Se incluyen mesas redondas sobre gestión compartida entre regiones y países, así como debates sobre cómo dar el salto desde la investigación académica a aplicaciones industriales reales relacionadas con la biomasa del alga invasora. Se presta especial atención a cómo articular la gobernanza del dominio público marítimo-terrestre cuando entran en juego residuos biológicos de este tipo.
El programa incorpora además una jornada divulgativa abierta al público en la Biblioteca Pública del Estado, con la proyección de un documental, charlas sobre ciencia ciudadana y ponencias destinadas a explicar el fenómeno de manera comprensible, con experiencias como el primer mapa del alga asiática. Se insiste en el papel de la ciudadanía en la detección temprana de especies invasoras y en la importancia de mantener una vigilancia participativa en las zonas costeras.
La mirada internacional: experiencias de Colombia y el Magreb
Entre las intervenciones más destacadas del taller figura la del investigador colombiano Borish José Cuadrado Peña, director del Programa de Biología de la Universidad del Magdalena. Su conferencia se centra en los desafíos de la gestión de especies invasoras en ecosistemas estratégicos de Colombia, con estudios de caso en el Chocó Caribeño y la Ciénaga Grande de Santa Marta.
La aportación de Cuadrado Peña permite comparar la problemática de Rugulopteryx okamurae con otros episodios de invasiones biológicas en entornos tropicales de alto valor ecológico. Su enfoque incluye modelos de gobernanza ambiental, restauración ecológica y coordinación institucional que pueden ser útiles como referencia para España y otros países del entorno mediterráneo.
El encuentro también pone el foco en el norte de Marruecos y el conjunto del Estrecho. El programa incorpora una excursión de campo a la zona marroquí para observar sobre el terreno los efectos de la expansión del alga y contrastar las medidas que se están adoptando a uno y otro lado del Estrecho de Gibraltar. Esta mirada transfronteriza subraya que la invasión no entiende de límites administrativos.
Desde el Magreb acuden asimismo especialistas y representantes institucionales interesados en compartir estrategias y errores cometidos en la gestión de otros organismos invasores. El objetivo es acelerar el aprendizaje colectivo y evitar que cada territorio tenga que enfrentarse al problema desde cero.
Melilla y otras ciudades refuerzan sus planes de gestión
La presencia de representantes de distintas administraciones autonómicas y locales permite poner en común estrategias concretas. El consejero de Medio Ambiente de Melilla, Daniel Ventura, ha aprovechado su participación en el taller para alertar de que Rugulopteryx okamurae no es “un simple problema estético”, sino una amenaza sistémica para los ecosistemas marinos, la pesca y el turismo.
Ventura recordó que las primeras detecciones en Melilla se produjeron en 2021 en la zona de Aguadú y que, en apenas unos años, la situación ha evolucionado hasta provocar arribazones significativas en varias playas de la ciudad en 2024. Ante este escenario, la Ciudad Autónoma ha optado por una estrategia preventiva centrada en la colaboración entre ciencia y administración.
Melilla ha aprobado un Plan de Gestión y Control de Rugulopteryx okamurae y un plan específico para la biomasa, ambos en 2025, y ha articulado una red de trabajo conjunta que incluye servicios de limpieza, la Autoridad Portuaria y asociaciones de buceadores, entre otros actores. El objetivo es detectar con rapidez las acumulaciones, coordinar su retirada y evitar que la especie avance de forma descontrolada.
Ventura ha insistido en que la experiencia acumulada por territorios como Ceuta o la costa andaluza es una referencia clara para actuar con cierta anticipación en Melilla. En su intervención, ha reclamado más inversión en investigación, coordinación institucional y formación especializada para proteger tanto la biodiversidad marina como los sectores económicos dependientes del litoral.
Una invasión en expansión: de Ceuta al conjunto del litoral andaluz
Más allá de Ceuta y Melilla, la invasión de Rugulopteryx okamurae se ha extendido con fuerza por gran parte del litoral andaluz. Estudios realizados por investigadores andaluces apuntan a que el alga llegó a la región, probablemente, a través de vertidos irregulares de aguas de lastre de buques comerciales, un mecanismo habitual en la dispersión de especies exóticas marinas.
Lo que entonces era un fenómeno incipiente se ha convertido, según los expertos, en una especie “incontrolable” y no erradicable. Un documento técnico de la Junta de Andalucía estima que en 2026 podrían acumularse en las playas andaluzas en torno a 56.500 toneladas de biomasa de esta macroalga, con un escenario máximo que eleva la cifra por encima de las 64.000 toneladas.
Las previsiones sitúan a Cádiz como la provincia más castigada. El Campo de Gibraltar y Barbate, en el entorno directo del Estrecho, podrían recibir entre 15.000 y 20.000 toneladas anuales, una intensidad de impacto muy elevada. La Bahía de Cádiz y el litoral noroeste (Conil, Chiclana, San Fernando, Puerto Real, Cádiz, El Puerto de Santa María y municipios cercanos) tampoco escapan a la expansión del alga.
La Costa del Sol malagueña afronta igualmente episodios cada vez más frecuentes. Las estimaciones señalan que la provincia podría recibir entre 8.000 y 12.000 toneladas en un solo año, afectando a municipios como Manilva, Estepona, Marbella, Mijas, Fuengirola, Benalmádena, Torremolinos, Málaga capital, Rincón de la Victoria, Vélez-Málaga, Torrox o Nerja. Aunque los episodios podrían ser menos constantes que en el Estrecho, el volumen de biomasa sigue siendo muy alto.
En Granada, Almería y Huelva la presión se considera algo menor pero creciente. Granada podría acumular entre 3.000 y 5.000 toneladas anuales, con focos importantes en Almuñécar, Salobreña, Motril y otros municipios de la Costa Tropical. Almería espera entre 2.000 y 4.000 toneladas, especialmente en lugares como Adra, El Ejido, Roquetas de Mar, Almería capital o Níjar. Huelva, con condiciones oceanográficas distintas, se situaría en una horquilla más baja, de 1.000 a 3.000 toneladas.
Impactos ecológicos y socioeconómicos en primera línea de playa
Uno de los aspectos que más preocupa a la comunidad científica es la capacidad de Rugulopteryx okamurae para alterar ecosistemas marinos completos. La proliferación masiva de biomasa modifica hábitats submarinos, desplaza a especies autóctonas y altera redes tróficas que sostienen la diversidad biológica en zonas costeras, como muestran casos de algas invasoras en la Bahía de Palma.
Las acumulaciones de alga sobre fondos marinos pueden afectar a ecosistemas bentónicos y espacios protegidos, reduciendo la presencia de algas autóctonas, invertebrados y peces asociados a esos hábitats. A esto se suma la llegada a la orilla: las arribazones en playas pueden ser de tal volumen que obstaculizan la actividad pesquera, la navegación recreativa y el disfrute turístico de las zonas de baño.
Los ayuntamientos costeros se enfrentan a facturas crecientes de limpieza y gestión de residuos. En plena temporada alta, muchos municipios se ven obligados a reforzar maquinaria, personal y turnos para retirar la biomasa de la arena con la mayor rapidez posible. El problema no es solo visual: cuando el alga permanece varios días al sol, desprende un olor intenso que puede mermar el atractivo de la playa y desalentar la afluencia de visitantes.
El sector turístico y la hostelería temen un posible “efecto huida” de los visitantes si las llegadas masivas se repiten con frecuencia y no se gestionan adecuadamente. Al mismo tiempo, la pesca artesanal y otras actividades vinculadas al mar se ven condicionadas por la presencia constante de algas en artes, motores y zonas de fondeo, lo que complica la operativa diaria y añade costes adicionales.
En este contexto, la invasión de Rugulopteryx okamurae pone de relieve la vulnerabilidad del modelo económico de muchos municipios costeros que dependen en gran medida de sus playas y de la buena salud de los ecosistemas marinos. De ahí el interés de las administraciones por contar con planes específicos que contemplen tanto la vertiente ambiental como la económica.
Gestión de la biomasa: del problema al posible recurso
La gestión de las toneladas de biomasa que llegan a las costas se ha convertido en uno de los grandes retos prácticos de esta invasión, como han puesto de manifiesto operaciones de retirada masiva —por ejemplo, retiran más de 70 toneladas—. El taller internacional dedica buena parte de sus sesiones a debatir cómo organizar la retirada, el transporte, el almacenamiento temporal y el tratamiento final del material vegetal, intentando minimizar tanto los costes como el impacto ambiental asociado a estas operaciones.
Los técnicos analizan distintos métodos para optimizar las tareas de limpieza en playas y zonas portuarias, desde la elección de maquinaria y horarios hasta la separación de residuos y la reducción de mezclas con arena. También se discute cómo gestionar el acopio de grandes volúmenes de biomasa sin saturar vertederos ni infraestructuras de residuos ya de por sí tensionadas.
Una de las líneas de trabajo más activas es el estudio de posibles usos de la biomasa recogida. Sobre la mesa hay propuestas de aprovechamiento químico y bioquímico, por ejemplo para obtener compuestos con potencial cosmético o farmacológico. También se investiga la transformación del alga en productos como envases biodegradables, materiales sostenibles o sustratos agrícolas que ayuden a retener humedad y aportar nutrientes al suelo.
Por ahora, la mayoría de estas ideas se encuentra en una fase experimental y no han alcanzado una explotación comercial a gran escala. Los expertos recuerdan, además, que cualquier vía de valorización debe aplicarse bajo protocolos estrictos de seguridad para evitar dispersiones accidentales de fragmentos viables que puedan favorecer la expansión de la especie a nuevas áreas.
La parte administrativa tampoco es sencilla: la clasificación jurídica de la biomasa, la responsabilidad sobre su tratamiento o la financiación de las operaciones de retirada son temas que requieren coordinación entre diferentes niveles de gobierno. El taller de Ceuta dedica mesas específicas a estas cuestiones de gobernanza, con el objetivo de clarificar competencias y encontrar marcos de actuación más ágiles.
Vigilancia marina, cambio climático y necesidad de coordinación
Las autoridades ambientales coinciden en la necesidad de reforzar los programas de seguimiento y vigilancia marina para detectar cambios ecológicos asociados a la expansión de Rugulopteryx okamurae y de otras especies invasoras. Ceuta mantiene desde hace años trabajos de monitorización sobre especies sensibles a las presiones humanas y a las variaciones ambientales en su entorno marino.
La comunidad científica insiste en que la detección temprana y la respuesta rápida son claves para contener nuevas invasiones biológicas antes de que alcancen la magnitud que hoy presenta esta macroalga. La experiencia acumulada sirve como recordatorio de que actuar tarde suele implicar costes mucho mayores y opciones de gestión más limitadas.
El avance de Rugulopteryx okamurae también se interpreta como un síntoma de un contexto más amplio: el aumento del tráfico marítimo internacional y el cambio climático están facilitando la llegada y el asentamiento de especies exóticas en mares como el Mediterráneo y el Atlántico. La capacidad del alga para prosperar en rangos de temperatura amplios —entre 10 y 30 grados, e incluso por debajo de ese umbral de forma puntual— explica su presencia en zonas tan dispares como Bilbao o Sicilia.
Ante este escenario, los científicos reclaman mayores inversiones en investigación marina, conservación costera y planes específicos de gestión de especies invasoras. Sin datos sólidos, modelos predictivos y equipos especializados, resultará mucho más difícil anticipar episodios de expansión masiva o evaluar correctamente los efectos a largo plazo sobre la biodiversidad.
Mientras tanto, ciudades como Ceuta y Melilla, junto a las comunidades del litoral andaluz, se ven obligadas a combinar medidas de emergencia en playas con estrategias de medio y largo plazo que integren vigilancia, cooperación internacional, innovación tecnológica y participación social. La historia reciente de Rugulopteryx okamurae muestra que el problema ya no es si la especie va a permanecer, sino cómo gestionar su presencia para reducir al mínimo los daños ambientales y socioeconómicos.
La celebración de este II Taller Internacional en Ceuta, la implicación de expertos de varios países y el despliegue de planes específicos en territorios como Andalucía y Melilla reflejan un esfuerzo tangible por pasar de la sorpresa inicial a una gestión más madura y coordinada de la invasión. Aunque la erradicación ya no se contemple como un escenario realista, el margen de actuación sigue siendo amplio para mitigar impactos, explorar usos controlados de la biomasa y reforzar la resiliencia de los ecosistemas marinos frente a futuras amenazas.