Paisaje del secano pitiuso.
En Ibiza, el cultivo del algarrobo atraviesa un momento de contrastes: la cotización de la algarroba ha bajado con fuerza, pero el árbol gana protagonismo como apuesta de presente y futuro para el secano. La Cooperativa Agrícola de Sant Antoni ha decidido mantener el pago a los agricultores pese al retroceso del mercado y reforzar la plantación con un gesto simbólico pero efectivo.
El objetivo es claro: no dejar caer un cultivo que, aun con sequía y calor, sigue respondiendo y ayuda a sostener el paisaje agrario de la isla. Por eso, además de garantizar un precio estable, la entidad repartirá plantones de algarrobo a quienes entreguen su cosecha, animando a renovar fincas y a recuperar áreas de secano.
Precios, mercado y campaña de recogida

Inicio de la campaña de recogida.
Tras el boom de hace tres campañas, cuando se llegaron a pagar hasta 1,21 €/kg en la isla, la algarroba se mueve ahora en el entorno de 0,40-0,42 €/kg. En mercados de referencia como Valencia, la cifra ha caído incluso a 0,36 €/kg, mientras que en Mallorca se sitúa entre 0,40 y 0,45 €/kg. La Cooperativa de Sant Antoni opta por no bajar más para no desincentivar la recolección, asumiendo un margen nulo si hace falta.
El desplome se explica por la pérdida de tracción de la goma de garrofín (E-410) —el espesante que se obtiene de la semilla— y el consiguiente viraje de parte de la industria hacia la goma de guar, más barata. Durante el pico de demanda, la cooperativa llegó a gestionar 1.400 toneladas y el conjunto de la isla rondó las 3.000 toneladas; la pasada campaña se contabilizaron 870 toneladas.
Para el periodo actual se espera una cosecha un 15% menor, con frutos más pequeños por la falta de lluvias. Aun así, desde la cooperativa subrayan que el algarrobo está aguantando bien el estrés hídrico, lo que confirma su idoneidad para el secano.
La campaña de recepción se prolonga desde principios de septiembre hasta diciembre, concentrando el grueso en octubre. Se prevé la llegada de 200-300 productores a las instalaciones de Sant Antoni, donde el primer día ya se presentó la nueva temporada con presencia institucional y del equipo gestor.
Como incentivo, por cada entrega de cosecha (total o parcial) se obsequiará un árbol joven de algarrobo. Este año han llegado unos 400 plantones para repartir entre los socios, una medida pensada para replantar y mantener vivas las fincas en un contexto de sequía.
Por qué el algarrobo gana terreno en Ibiza

Especie adaptada al clima seco.
En el mosaico agrícola tradicional del secano pitiuso, el algarrobo está desplazando a opciones menos adaptadas al clima actual. Frente a cultivos que sufren por la falta de agua y los inviernos más suaves, el garrover se adapta mejor: con dos o tres riegos en la fase de implantación suele bastar, y después el árbol tira solo.
Más allá de su resistencia, aporta beneficios ambientales inmediatos: da sombra, conserva humedad en el suelo, reduce la erosión y ayuda a frenar la desertificación. Además, sostiene el paisaje agrícola que identifica a la isla y, bien gestionado, puede complementar el atractivo rural en temporada turística.
En lo económico, destaca su versatilidad. La semilla —el garrofí— se emplea como espesante alimentario (E-410), la harina de algarroba encuentra hueco en panadería y repostería, hay usos en cosmética y sigue siendo un apoyo nutritivo para el ganado. No es casual que muchos chefs locales la llamen, sin grandilocuencias, el “chocolate del Mediterráneo”.
El respaldo institucional también cuenta. El Consell d’Eivissa ofrece 20 € por árbol (con un mínimo de 15 plantaciones) y ya ha financiado más de 6.000 algarrobos en los últimos años. Desde el sector se pide subir la ayuda por árbol y eliminar los mínimos para facilitar replantaciones pequeñas, y se avanza que la próxima convocatoria está prevista para junio de 2026.
Otro punto a favor: determinadas plagas que castigan a otros frutales apenas afectan a la algarroba. La recolección, además, puede escalonarse durante varios meses, lo que facilita la organización de las labores en fincas pequeñas. No faltan ejemplos de árboles centenarios que siguen fructificando con regularidad en la isla.
Con este panorama, el sector insiste en combinar precio estable y plantación. Mantener la recogida activa evita abandonos, y cada nuevo plantón afianza el futuro del secano. De ahí el mensaje de la cooperativa: tocar suelo en precios no significa renunciar a un cultivo con potencial agrario y ambiental.
La fotografía que se dibuja es la de una transición: menos euforia especulativa, más gestión a largo plazo. Con precios moderados, apoyo público y prácticas adaptativas, el algarrobo refuerza su papel como columna vertebral del campo ibicenco en tiempos de sequía.