Este verano, las altas temperaturas y las lluvias intensas de los últimos meses han creado el caldo de cultivo perfecto para que las plagas se disparen en toda España. Tanto en las ciudades como en el campo, la presencia de mosquitos, cucarachas, avispas y hormigas está batiendo récords, y los expertos advierten de que la situación no es coyuntural: el cambio climático y la resistencia a los insecticidas están convirtiendo el control de plagas en un desafío cada vez más complejo.
Desde la Asociación Catalana de Empresas de Salud Ambiental (Adepap) ya avisaron en primavera de que la temporada de plagas sería más larga de lo habitual, y los datos lo confirman. En ciudades como Barcelona, Málaga o Casariche, los ayuntamientos han tenido que adelantar y reforzar los protocolos municipales para el control de plagas, mientras que los agricultores de Murcia reclaman un plan nacional para hacer frente a enfermedades que amenazan sus cultivos. La pregunta que muchos se hacen es: ¿estamos preparados para convivir con esta nueva realidad?
Mosquitos: el principal vector de enfermedades

El mosquito tigre (Aedes albopictus) se ha consolidado en gran parte del litoral mediterráneo y, según Tomás Montalvo, jefe del Servicio de Vigilancia y Control de Plagas Urbanas de Barcelona, es el vector que más preocupa por su capacidad de transmitir dengue, zika y chikungunya. De hecho, ya se han registrado casos autóctonos en España, lo que significa que una persona infectada puede contagiar a un mosquito local y este a su vez a otra persona sin necesidad de viajar al extranjero. Juan J. Zamudio, experto de RapiPlaga, coincide: «Este verano se está notando especialmente la presencia de mosquitos, algo que ya se preveía por la temporada de lluvias».
Para controlarlos, los especialistas insisten en que la clave no está en los insecticidas, sino en eliminar los focos de cría. Montalvo explica que «matar mosquitos con insecticida es pan para hoy y hambre para mañana»: si no se retira el agua estancada en macetas, platos o canaletas, las larvas seguirán desarrollándose. Por eso, los programas municipales se centran en la vigilancia activa y en la concienciación ciudadana, como el uso de la aplicación Mosquito Alert para notificar focos.
Cucarachas: resistencia y métodos alternativos
Las cucarachas también están dando más guerra que nunca. La resistencia genética a los piretroides, los químicos más comunes en los insecticidas domésticos, ha hecho que estos productos pierdan eficacia. Un estudio publicado en el Journal of Economic Entomology demostró que las cucarachas alemanas expuestas a estos pesticidas tardaban hasta cinco días en morir, lo que evidencia la necesidad de buscar otras soluciones. En ciudades como Málaga, incluso se habla de «cucarachas mutantes» cada vez más difíciles de eliminar.
Ante este panorama, el ácido bórico se ha convertido en una alternativa recomendada por algunos expertos. A diferencia de los insecticidas convencionales, este polvo actúa como veneno estomacal y no genera resistencia genética. Sin embargo, su uso requiere cuidado: debe aplicarse en capas finas en zonas de paso, ya que si se mezcla con azúcar o harina puede atraer a más insectos. Además, es importante mantenerlo fuera del alcance de niños y mascotas. Desde Adepap recuerdan que la prevención sigue siendo la mejor arma: sellar grietas, mantener la limpieza y no acumular restos orgánicos reduce drásticamente la presencia de cucarachas.
El campo también sufre: la reivindicación de los agricultores
El problema de las plagas no se limita a las ciudades. En el sector agrícola, la situación es igualmente preocupante. Asaja Murcia ha reclamado al Ministerio de Agricultura un Plan Nacional de Sanidad Vegetal que coordine la lucha contra plagas como los trips, la mosca blanca o el cotonet de los cítricos. La organización denuncia que la retirada progresiva de materias activas sin alternativas eficaces está dejando a los agricultores sin herramientas para proteger sus cultivos, mientras que las importaciones de terceros países pueden emplear sustancias prohibidas en la UE.
Una de las mayores amenazas es la clorosis nervial amarilla de los cítricos (CYVCV), un virus que afecta especialmente al limonero y para el que no existe tratamiento curativo. Asaja pide una estrategia nacional que incluya prospecciones, análisis y arranque obligatorio de las plantaciones infectadas, con indemnizaciones para los afectados. «Sin cultivos sanos no hay producción, no hay rentabilidad ni seguridad alimentaria», advierte su presidente, Juan de Dios Hernández.
La combinación de calor, lluvias torrenciales y falta de recursos está creando un escenario en el que las plagas avanzan más rápido que las medidas para contenerlas, similar a lo que ocurre con las plagas descontroladas en el campo andaluz. Tanto en el ámbito urbano como en el rural, los expertos coinciden en que la solución pasa por la prevención, la inversión en investigación y la coordinación entre administraciones. Mientras tanto, los ciudadanos y agricultores tendrán que aprender a convivir con una realidad que, lejos de mejorar, parece que irá a peor.