En Donostia, la presencia de secuoyas gigantes se ha convertido en motivo de debate ciudadano y reflexión sobre la gestión del patrimonio natural en entornos urbanos. Tras el trasplante en 2011 de tres grandes ejemplares desde los jardines del antiguo Instituto Peñaflorida hasta la Plaza Pío XII, uno de estos árboles ha muerto recientemente, poniendo en el centro de la discusión el futuro de su madera y del valor ecológico de estas especies.
Desde la asociación Parkea Bizirik “Kukulunbera”, se recalca que esta pérdida podría haberse evitado y se hace hincapié en transformar la madera del árbol seco, de 24,6 metros de altura, en un banco público acompañado de una placa informativa que narre su historia. Además, se propone que los vecinos de Amara decidan cuál debe ser el destino de este recurso natural, fortaleciendo así el vínculo entre la ciudadanía y su entorno.
La historia de estas secuoyas donostiarras está marcada por decisiones urbanísticas polémicas. En 2011, la demolición del edificio original del Instituto Peñaflorida ocasionó la tala de la mayoría de los árboles del jardín, salvándose tan solo tres secuoyas gracias a la acción del área de Parques y Jardines. Estos tres ejemplares, de la especie Sequoiadendron giganteum originaria de California, fueron reubicados en la cercana plaza, mientras que otros 42 árboles no corrieron la misma suerte.
El colectivo Parkea Bizirik recuerda la importancia de los árboles eliminados, algunos robles y especies autóctonas íntimamente ligadas con la fauna local, y lamenta que no se atendieran las peticiones de conservación por parte de la administración vasca. Aun así, las secuoyas supervivientes, aunque exóticas, han encontrado su espacio en la ciudad y cumplen una función ambiental significativa.

Tras la muerte del ejemplar de Pío XII, la propuesta de crear “El banco del Peñaflorida” cobra fuerza como medida conmemorativa y educativa. Se busca que su madera, en vez de perderse o privatizarse, permanezca visible y útil para el barrio, evitando casos anteriores como el de la secuoya roja talada en Igara en 2023, cuyo tronco fue trasladado a un pabellón privado sin información pública clara, generando sospechas por el valor económico de la madera de secuoya, cotizada entre 1.500 y 4.000 euros por metro cúbico.
Los responsables municipales han indicado que, por ahora, no existen planes inmediatos para talar el ejemplar muerto. Según los técnicos, el árbol no supone riesgo de caída, aunque desde la ciudadanía se reclama una mayor transparencia a la hora de decidir el destino de estos elementos naturales.
Las secuoyas, famosas por su volumen y longevidad, destacan no solo por su presencia ornamental sino por ser uno de los árboles más grandes y longevos del mundo. En España, sobresale el caso de la secuoya gigante de Valverdón, en Salamanca, con 46,7 metros de altura y plantada en 1874, testigo de siglos de historia y vinculada a figuras históricas como Cristóbal Colón. Para más información sobre especies similares, te invitamos a visitar nuestra sección sobre secoyas.
En California, el hábitat original de la especie, las secuoyas han alcanzado hasta 105 metros, siendo el General Sherman el ejemplar más famoso. Sin embargo, el cambio climático y la intervención humana representan amenazas reales para su supervivencia, lo que subraya la importancia de su protección tanto en su entorno natural como en contextos urbanos europeos. Puedes profundizar en las causas del deterioro forestal en nuestra página sobre por qué se mueren los árboles.
Participación ciudadana en la protección de las secuoyas
Desde asociaciones como Parkea Bizirik se hace un llamamiento a la participación ciudadana en la protección, gestión y difusión de este patrimonio común. Se invita a colaborar en tareas de comunicación y sensibilización, para que el legado de las secuoyas pueda mantenerse y valorarse por generaciones futuras.