Los operarios municipales culminaron la intervención sobre el histórico árbol de San Jacinto, en la confluencia con Pagés del Corro, y procedieron a retirar casi por completo el tocón del centenario ficus de Triana, emblema vecinal cuya desaparición ha reavivado el debate sobre la gestión del arbolado en el barrio de Triana. La actuación ha provocado críticas de la plataforma ciudadana y de varios colectivos ecologistas, que recuerdan un acuerdo del Pleno para conservar lo que quedaba del tronco como elemento simbólico. El gobierno local sostiene, por el contrario, que primó la seguridad ante el deterioro interno del ejemplar.
Cronología de un símbolo vecinal

El conflicto se remonta a 2021, cuando una gran rama cayó e hirió a una vendedora, hecho tras el que los dominicos de San Jacinto solicitaron el apeo. En el verano de 2022 se autorizó una poda muy severa de la copa —en torno al 70%— que, pese a intentos posteriores de recuperación y algún rebrote tímido, derivó en la muerte estructural de un árbol de 111 años. La situación del ficus de Triana ha sido objeto de debate en varias ocasiones, como se analiza en este artículo sobre cronologías y polémicas de su tala.
Con el relevo en la Alcaldía, el Ayuntamiento asumió el mantenimiento del ficus y del espacio frontal del templo. Un informe técnico municipal constató en 2024 la muerte del ejemplar y el Pleno aprobó una moratoria para conservar el tocón y estudiar su puesta en valor. A comienzos de agosto se inició la tala definitiva, dejando una sección en torno a un metro de altura y anunciando la colocación de una placa conmemorativa.
Las versiones enfrentadas
Para la plataforma de defensa del árbol y para colectivos como Pacma, la intervención municipal incumple lo acordado en el Pleno y borra el rastro de un símbolo del barrio. Varios portavoces, entre ellos Clara Márquez, sostienen que lo que quedaba del tronco podía mantenerse sin riesgo y que el ficus se ha convertido en un espejo de una política ambiental discutida por su falta de prevención.
Los activistas aportaron un informe firmado por el biólogo Jesús Cuenca y registrado en el Distrito de Triana, que señalaba que el tocón no suponía peligro ni para viandantes ni para la estabilidad del templo, proponiendo estabilizar la estructura y acompañarla de una intervención artística y de diseño para crear un memorial con valor urbano. Para más información sobre la importancia del papel del ficus en el entorno urbano.
El Ayuntamiento, por su parte, defiende que se ha eliminado un riesgo. La delegada de Parques y Jardines, Evelia Rincón, apuntó a degradación interna y problemas en el sistema radicular, y trasladó que la madera no reunía condiciones para usos públicos seguros. Técnicos municipales añaden que no es viable plantar otro ejemplar en el mismo punto por la magnitud de las raíces remanentes.
Un espacio con memoria bajo el atrio de San Jacinto
La plataforma subraya, apoyándose en testimonios de arqueólogos locales, que en ese entorno se localizaría una fosa de la epidemia de peste de 1649, lo que complica cualquier excavación de gran calado. A su juicio, las raíces del ficus crecieron durante décadas en ese suelo, y su extracción total es técnicamente compleja, de ahí que propusieran resignificar el lugar manteniendo el tocón.
Reacciones y próximos pasos
Durante los trabajos finales se han producido concentraciones de vecinos y ecologistas para despedir al árbol, en jornadas marcadas por temperaturas muy altas que han obligado a ajustar horarios de la cuadrilla. Varios asistentes describen el acto como un último adiós a un elemento que proporcionó sombra y vida a la plaza durante generaciones.
En el terreno institucional, el acuerdo plenario de septiembre —impulsado por Con Podemos-IU y respaldado por el PSOE, con abstención de PP y Vox— incluía una moratoria hasta primavera y, si el ejemplar no sobrevivía, la puesta en valor del tocón como emblema. La ejecución reciente, reduciendo la madera a una sección mínima y anunciando solo una placa, ha reavivado el pulso entre quienes piden memoria física del árbol y quienes priorizan los criterios de seguridad.
El ficus de San Jacinto queda hoy reducido a su mínima expresión, en medio de un debate ciudadano y técnico sobre cómo gestionar su legado: la conservación del tocón como símbolo frente a la eliminación por riesgo, las alternativas para un memorial o las opciones para un espacio con condicionantes históricos y radiculares que seguirán marcando las decisiones.