El huerto orgánico del Vaticano: tradición centenaria y sostenibilidad

  • El huerto del Vaticano, junto al monasterio Mater Ecclesiae, ha pasado a ser 100% orgánico, siguiendo los principios de la encíclica Laudato si'.
  • Se emplean fertilizantes certificados, rotación de cultivos y control natural de plagas, con un riego que sigue siendo manual.
  • Las religiosas del convento elaboran mermeladas y galletas con los cítricos centenarios, y parte de la cosecha se dona a organizaciones benéficas.
  • El huerto tiene su origen en la Edad Media, cuando el papa Nicolás III Orsini lo creó para abastecer la mesa papal.

Huerto orgánico del Vaticano

En pleno corazón de los Jardines Vaticanos, junto al monasterio Mater Ecclesiae, se esconde un pequeño tesoro que lleva siglos dando frutos. Se trata del huerto del Papa, un espacio que ha decidido dar un giro radical hacia la agricultura ecológica. Ya no se trata de producir al máximo, sino de hacerlo con respeto por el ciclo natural de cada planta y del suelo, siguiendo el espíritu de la encíclica Laudato si’ del Papa Francisco.

Esta filosofía del cuidado de la creación no es nueva en el Vaticano. De hecho, el papa León XIV ya la mencionó en 2025, durante un discurso ante agrónomos y silvicultores italianos, animándoles a ver su trabajo como una forma concreta de caridad hacia la Madre Tierra y las generaciones futuras. Según recoge Vatican News, el Pontífice recordó que la tierra no es una posesión, sino un don, y que quienes la cultivan con sabiduría participan en la obra creadora de Dios.

Prácticas sostenibles en el corazón del Vaticano

La transformación del huerto ha sido notable. Antiguamente se utilizaba estiércol procedente de las Villas Pontificias de Castel Gandolfo, pero hoy en día solo se emplean fertilizantes granulados certificados, elegidos según la estación y el tipo de planta. Las buenas prácticas agronómicas han permitido reducir la necesidad de pesticidas, ya que la actividad de los parásitos se mantiene por debajo del umbral de daño. Cada intervención que requiere licencia queda registrada en un cuaderno de campo, tal y como exige la normativa.

Para mantener la fertilidad del suelo se practica la rotación de cultivos, con leguminosas como las judías verdes que fijan nitrógeno de forma natural. Este año, además, se ha probado un fertilizante a base de algas marinas en los tomates, con resultados prometedores. Las plántulas provienen del exterior y ya han sido tratadas con criterios naturales, aunque se está estudiando la creación de un semillero propio junto con un invernadero para bonsáis.

Cultivos ecológicos en el huerto del Vaticano

Gestión y trabajo diario en el huerto

La parcela, que abarca casi 400 metros cuadrados divididos en cuatro zonas de cultivo, está gestionada por el Servicio de Jardines y Medio Ambiente de la Gobernación del Vaticano, dirigido por el experto forestal Stefano Giampaolo. El cuidado diario recae en el jardinero Gilberto Bianchi, que trabaja acompañado por un grupo de jóvenes colaboradores a los que va transmitiendo su valiosa experiencia. Las religiosas del convento Mater Ecclesiae también participan activamente, indicando qué cultivos se necesitan en cada momento y colaborando en las tareas.

El riego, sorprendentemente, sigue siendo completamente manual, una decisión que refuerza el carácter artesanal y respetuoso de este proyecto. Las monjas, que fueron las primeras en trabajar la tierra directamente, han visto cómo su labor se ha convertido en una tradición que se transmite de generación en generación. Como declaró en su día la abadesa benedictina María Sofía Cichetti a L’Osservatore Romano, la agricultura es una oración hecha con las manos.

Productos de temporada y elaboraciones artesanales

El calendario de cultivos sigue fielmente las estaciones. Entre los productos que se cosechan destacan el ajo fresco, la albahaca, los chiles (incluida una variedad peruana muy apreciada por su intensidad), los cítricos y las calabazas, que maduran hasta noviembre. Este año, a petición de las religiosas, se han plantado los primeros kiwis, mientras que entre finales de agosto y principios de septiembre comienza la siembra de invierno con repollo, brócoli, espinacas y lechuga.

Mayo es el mes de mayor actividad, mientras que el verano resulta la estación más complicada debido al calor. Los tomates, berenjenas, pimientos, judías verdes, calabacines y pepinos llegan al final de su ciclo en esta época. Los cítricos del huerto son plantas centenarias de unos 150 años, a las que se han injertado diferentes variedades a lo largo del tiempo, hoy descatalogadas. Se cultivan sin ningún tratamiento químico y las religiosas los utilizan para elaborar mermeladas, cáscaras confitadas y galletas, algunas de las cuales se ofrecen a los huéspedes y otras se venden.

Una historia que se remonta a la Edad Media

La historia de este huerto se remonta al siglo XIII, cuando el papa Nicolás III Orsini trasladó la residencia papal de Letrán al Vaticano entre 1277 y 1280. Fue entonces cuando decidió crear un huerto frutal y un viridarium rodeado por los nuevos muros, un espacio productivo destinado a abastecer la mesa papal. Ocho siglos después, esa vocación se mantiene viva junto al monasterio encargado por Juan Pablo II y construido entre 1992 y 1994 para albergar una comunidad de clausura dedicada a la oración por el Papa.

El papa emérito Benedicto XVI también disfrutaba paseando entre estos parterres durante sus días de oración y estudio. A lo largo de los años, los productos de esta pequeña parcela han abastecido a organizaciones benéficas como Casa Dono di Maria, una sección que se está reactivando con renovado entusiasmo. Así, este huerto centenario demuestra que es posible combinar tradición, fe y sostenibilidad en pleno siglo XXI, ofreciendo una lección de humildad y respeto por la naturaleza que trasciende las fronteras del Vaticano.


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