El Museo de la Verdura de Calahorra ha incorporado dos espacios multisensoriales que cambian de forma notable la manera de recorrer este singular centro dedicado en exclusiva a las hortalizas. Con esta intervención, el equipamiento riojano da un paso más hacia un modelo de visita más participativo, en el que los sentidos cobran un protagonismo especial.
Coincidiendo con la celebración de las XXX Jornadas Gastronómicas de la Verdura, el museo estrena una sala de proyección inmersiva y un conjunto de estaciones olfativas que se suman a la exposición ya existente. La idea es que quien se acerque al edificio no solo vea paneles y vitrinas, sino que pueda sentir la huerta calagurritana casi como si estuviera paseando entre los bancales.
Nuevos espacios permanentes dedicados al campo calagurritano
El Museo de la Verdura, considerado el único en España centrado exclusivamente en las verduras, refuerza su vocación divulgativa con estos dos nuevos ámbitos expositivos de carácter permanente. Ambos giran alrededor del campo y las huertas de Calahorra, núcleo histórico de la producción hortícola de la zona.
La ampliación se integra en la actuación denominada “Experiencia sensorial y tecnológica en la Ciudad de la Verdura”, un proyecto que busca modernizar la forma de explicar el patrimonio agrícola local, apoyándose en recursos expositivos avanzados que permiten combinar contenidos audiovisuales, sensoriales e interactivos.
Esta iniciativa forma parte del Plan de Sostenibilidad Turística “Calahorra enogastronómica”, con el que la ciudad aspira a consolidarse como destino ligado al producto de la tierra y al vino. El museo es una de las piezas clave de esa estrategia, al funcionar como puerta de entrada al relato de la huerta calagurritana.
El proyecto está financiado por la Unión Europea mediante los fondos NextGenerationEU, dentro del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR). Gracias a este apoyo económico se ha podido apostar por soluciones expositivas avanzadas, que combinan contenidos audiovisuales, sensoriales e interactivos.
Con la puesta en marcha de estos espacios, el Ayuntamiento de Calahorra refuerza su posición en el turismo agroalimentario innovador, un segmento que gana peso en España y en otros países europeos, donde cada vez se valora más la conexión entre territorio, producto local y experiencias culturales.
Una sala de proyección para sumergirse en el ciclo de la huerta
En la planta baja del museo se ha habilitado una sala de proyección multisensorial en la que se exhibe, de forma continua, una pieza audiovisual dedicada a los cultivos más característicos de la huerta de Calahorra. El visitante entra en un espacio preparado para que la imagen, el sonido y otros estímulos se combinen y generen una sensación envolvente.
El contenido del audiovisual recorre el ciclo completo de verduras emblemáticas como la coliflor —reconocida con Indicación Geográfica Protegida— o la alcachofa. Se muestra su evolución desde la siembra y los trabajos en el campo hasta la recolección y las diferentes vías de transformación, ya sea en conserva o en elaboraciones culinarias.
Lejos de ser una simple proyección informativa, la sala se ha diseñado como una experiencia inmersiva que busca que el espectador se sienta dentro del proceso. La combinación de imágenes, ambientación sonora y otros recursos sensoriales procura reproducir la atmósfera de la huerta y de los espacios de elaboración, para que el público viva de manera más cercana aquello que está viendo.
Este enfoque permite que personas que pueden no estar familiarizadas con el trabajo agrícola entiendan de forma clara y visual la cadena completa que hay detrás de cada verdura que llega al plato: labores en el campo, cuidado de los cultivos, selección de piezas, preparación para la industria conservera o para la cocina.
Además, la sala funciona como un recurso transversal para distintos perfiles de visitantes: desde turistas curiosos por la gastronomía local hasta grupos escolares que quieren conocer de primera mano cómo se producen los alimentos que consumen a diario. La proyección se convierte así en un punto de partida para profundizar en otros contenidos del museo.
Estaciones olfativas: 21 aromas para reconocer la huerta
En la primera planta del edificio se han instalado siete estaciones olfativas interactivas, pensadas para que el público pueda explorar la huerta calagurritana a través del olfato. Cada una de estas estructuras cuenta con tres tubos de aromas, de manera que en total se ponen a disposición del visitante hasta 21 fragancias diferentes vinculadas a las verduras locales.
Estos dispositivos funcionan mediante sistemas de liberación controlada de olores, que se activan cuando la persona interactúa con la estación. De esta manera, el público puede acercarse a cada tubo, accionar el mecanismo correspondiente y percibir el aroma asociado a un producto concreto de la huerta.
Más allá del componente lúdico, las estaciones combinan información visual, textual y sonora para contextualizar cada olor. Paneles, pequeños textos explicativos y recursos auditivos ayudan a reconocer el producto, explicar su origen y situarlo dentro del paisaje agrícola de Calahorra.
La propuesta está planteada para que el visitante no solo identifique el aroma, sino que lo relacione con recuerdos y emociones. El olfato es uno de los sentidos más vinculados a la memoria, y el museo aprovecha esa capacidad para reforzar la conexión con la tradición hortícola local, tanto en el caso de quienes conocen bien la huerta como en el de quienes la descubren por primera vez.
El conjunto de estas siete estaciones olfativas convierte el recorrido en una experiencia activa: cada persona decide qué olores quiere activar, cuánto tiempo dedicar a cada uno y de qué manera relacionarlos con el resto de contenidos de la exposición. Esta libertad de uso aporta un componente muy práctico a la visita.
Un museo que apuesta por la experiencia y la innovación
La incorporación de la sala audiovisual y de las estaciones olfativas responde a un cambio de enfoque en la forma de entender los museos agroalimentarios. Frente al modelo tradicional, más centrado en vitrinas y paneles, el Museo de la Verdura de Calahorra se inclina por un relato en el que los sentidos ayudan a comprender mejor el territorio.
Esta estrategia enlaza con las tendencias actuales del turismo experiencial en España y en Europa, donde cada vez se buscan más propuestas que permitan “vivir” el destino y no solo observarlo. En este contexto, la combinación de tradición agrícola y recursos tecnológicos se convierte en un atractivo añadido para quienes planifican viajes vinculados a la gastronomía y al producto local.
El museo sigue manteniendo su función principal como espacio de difusión de la cultura hortícola calagurritana, pero lo hace ahora con herramientas que facilitan la participación directa del visitante. El recorrido ya no es únicamente informativo, sino que invita a tocar, oler, escuchar y sentirse parte de la vida de la huerta.
En paralelo, la ciudad refuerza su imagen como Ciudad de la Verdura y destino enogastronómico, integrando el museo en una oferta más amplia que incluye actividades, eventos y otros recursos vinculados al campo y al vino. Dentro de esta programación, experiencias como la Pasarela de la Verdura o las jornadas gastronómicas se benefician de contar con un equipamiento museístico más atractivo.
La suma de estas acciones sitúa al Museo de la Verdura como un referente donde tradición e innovación conviven, aportando un valor añadido tanto a la población local como a los visitantes que llegan desde otros puntos de España o de Europa interesados por la huerta y su patrimonio.
Con las nuevas salas multisensoriales, el Museo de la Verdura de Calahorra se consolida como un espacio vivo en el que la historia agrícola, los productos de la huerta y la tecnología actual se dan la mano, ofreciendo una forma diferente de conocer la riqueza hortícola calagurritana y reforzando el papel de la ciudad como destino clave en el mapa del turismo agroalimentario.