La sanidad vegetal se ha convertido en uno de los grandes frentes abiertos del sector agrario y, en ese contexto, la figura del asesor agronómico gana cada vez más protagonismo. En un escenario marcado por la aparición de nuevas plagas, los efectos del cambio climático y una normativa europea más estricta en el uso de fitosanitarios, este perfil técnico se sitúa en el centro de la toma de decisiones en el campo.
En Feria Valencia, el II Encuentro Nacional de Asesores ha servido para poner el foco precisamente en ese papel estratégico del asesor agronómico a la hora de garantizar cultivos sanos, productivos y sostenibles. La cita, organizada por la revista Phytoma con la colaboración de la Generalitat, ha reunido durante dos días a profesionales del asesoramiento, técnicos de cooperativas, personal investigador y representantes institucionales de toda España, con la sanidad vegetal como hilo conductor.
Un foro nacional para reforzar la sanidad vegetal
El conseller de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca, Miguel Barrachina, ha inaugurado este II Encuentro en Feria Valencia, al que ha definido como «un espacio estratégico» para la sanidad vegetal en España. Según ha señalado, este foro no solo sirve para intercambiar experiencias y conocimientos, sino también para reforzar y visibilizar la labor del asesor agronómico especializado en gestión integrada de plagas.
Durante las jornadas, especialistas procedentes de toda la geografía española han abordado los desafíos fitosanitarios que afectan de lleno al campo europeo y, de forma particular, al sector agrario de la Comunitat Valenciana. El evento se ha centrado en cómo el asesor puede ayudar a equilibrar la necesidad de proteger los cultivos con la obligación de cumplir una normativa cada vez más exigente en materia de productos fitosanitarios.
El conseller ha insistido en que sin una red sólida de asesoramiento técnico «es muy difícil que la agricultura pueda seguir siendo saludable, competitiva y sostenible». Para Barrachina, el encuentro consolida una comunidad profesional clave que permite coordinar mejor las respuestas frente a nuevas plagas y compartir soluciones innovadoras que luego se trasladan al terreno.
En este contexto, la colaboración entre administración, empresas del sector, cooperativas, centros de investigación y asesores se plantea como una herramienta básica para anticipar riesgos. La idea que sobrevuela el encuentro es que, sin una estrategia común y sin un asesoramiento agronómico bien estructurado, será complicado proteger los cultivos a medio y largo plazo.

Más plagas, menos herramientas: un reto para el asesor
Uno de los mensajes que más se ha repetido en la inauguración del encuentro es el complejo escenario al que se enfrenta hoy el sector agrario. Por un lado, se registra un aumento constante de plagas y enfermedades, muchas de ellas de origen foráneo, que encuentran en el cambio climático un aliado perfecto para asentarse y expandirse en los cultivos europeos.
Sequías prolongadas, episodios de lluvias torrenciales, inviernos más suaves o veranos con olas de calor extremas están alterando los ciclos de los cultivos y favorecen la aparición o expansión de organismos nocivos. Frente a esta situación, el propio Barrachina ha advertido de que cada campaña resulta más complicado mantener a raya las plagas si no se dispone de una planificación técnica rigurosa y un seguimiento continuo del estado sanitario de las explotaciones.
Al mismo tiempo, el conseller ha recordado que los agricultores se ven obligados a trabajar con un catálogo de fitosanitarios cada vez más limitado, debido a las prohibiciones y restricciones impuestas en la Unión Europea. La combinación de más plagas y menos herramientas de control químico coloca a las explotaciones en una posición delicada, y en esa coyuntura el asesor agronómico se convierte en un actor imprescindible para diseñar estrategias alternativas.
Barrachina lo resumía con una expresión gráfica: «no tiene sentido que cada año nos enfrentemos a las plagas con el botiquín vacío». De ahí su defensa de que agricultores y asesores cuenten con instrumentos eficaces, menos burocracia y más presencia en el campo, apostando por sistemas de control integrados que combinen métodos biológicos, culturales y, cuando sea necesario, químicos.
Inversión pública para reforzar la sanidad vegetal
Ante este panorama, la Generalitat ha anunciado un esfuerzo económico notable destinado a apuntalar la sanidad vegetal en la Comunitat Valenciana, con repercusión directa en el trabajo diario de los asesores. Para este año, la Conselleria ha comprometido 39 millones de euros específicos para actuaciones de sanidad vegetal, a los que se suman otros 20 millones dirigidos a investigación a través del Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias (IVIA).
Estas partidas se orientan, por un lado, a la aplicación de campañas oficiales frente a las plagas que más preocupan a los productores, como la mosca del Mediterráneo, el cotonet o la polilla del racimo. Por otro, respaldan la mejora de sistemas de vigilancia, el refuerzo de los servicios técnicos y la puesta en marcha de programas que el asesor agronómico debe luego trasladar y adaptar a cada explotación.
El conseller ha incidido en que la investigación financiada a través del IVIA se centra en el diseño de soluciones sostenibles, con especial atención al desarrollo y uso de enemigos naturales que sirvan como alternativas viables a parte de los productos químicos tradicionales. Esta línea de trabajo permite a los asesores disponer de nuevas herramientas biológicas que encajan con los principios de la gestión integrada de plagas; por ello la investigación financiada a través del IVIA resulta clave para la innovación aplicada.
Más allá de las cifras, estas inversiones buscan que el tejido agrario valenciano mantenga su competitividad en los mercados internacionales, al tiempo que mejora su comportamiento ambiental. Desde la administración se subraya que el objetivo es avanzar hacia una agricultura más eficiente y respetuosa con el medio, donde la sanidad vegetal se aborde de forma preventiva y coordinada, y no solo como respuesta de urgencia a cada nueva plaga, poniendo atención en la salud del suelo.
Campañas de control, envases y herramientas para el campo
Entre las acciones concretas puestas sobre la mesa destacan las campañas oficiales de lucha contra algunas de las plagas más problemáticas para los cultivos mediterráneos. La administración autonómica impulsa programas específicos contra la mosca del Mediterráneo, el cotonet de Sudáfrica o la polilla del racimo, entre otras, que implican actuaciones coordinadas a gran escala y que requieren de la participación activa de los asesores agronómicos.
En el marco de estas campañas, la Conselleria distribuye de forma gratuita determinados productos fitosanitarios y otras herramientas de control, con el objetivo de que los agricultores dispongan de soluciones homogéneas y técnicamente avaladas. El asesor agronómico es quien, sobre el terreno, se encarga de planificar cuándo y cómo utilizar estos medios, ajustando dosis, momentos de aplicación y combinación con otros métodos de manejo.
Otra línea de actuación que incide de lleno en la sanidad vegetal, aunque a veces pase más desapercibida, es la retirada segura de envases con restos de productos fitosanitarios. Según los datos avanzados por la Conselleria, se han eliminado ya más de 50.000 kilos de envases con residuos, una medida que reduce riesgos ambientales y contribuye a proteger tanto al personal del campo como al entorno natural.
Este tipo de medidas obliga a los asesores a incluir en su trabajo diario recomendaciones específicas sobre el manejo de restos de productos, la gestión de envases y la prevención de contaminaciones. Se trata de tareas menos visibles, pero que forman parte de la visión integral de la sanidad vegetal que se promueve desde la administración y que el asesor debe transmitir de forma práctica a las explotaciones.
Asesores agronómicos: del despacho al campo
Si hay un mensaje que Barrachina ha querido remarcar con especial énfasis es que el asesor agronómico debe estar, sobre todo, en el terreno. «Os queremos en el campo, haciendo lo que debéis: ser el principal apoyo técnico de los agricultores y no burócratas de despacho», ha afirmado el conseller, subrayando la necesidad de simplificar trámites y reducir cargas administrativas que apartan a estos profesionales de su labor principal.
La figura del asesor agronómico se concibe como un acompañante permanente del agricultor, que interpreta la normativa, valora riesgos, recomienda estrategias de control y ayuda a planificar las decisiones de manejo a lo largo de la campaña. En materia de sanidad vegetal, su aportación va desde la detección temprana de problemas hasta la elección del momento idóneo para intervenir, pasando por la evaluación posterior de los resultados.
En la Comunitat Valenciana, el conseller ha querido reconocer el «papel especial» de las ATRIAS (Agrupaciones para Tratamientos Integrados en Agricultura), que sirven de estructura para canalizar buena parte de ese asesoramiento. A través de estas agrupaciones se impulsa la profesionalización del sector, ofreciendo apoyo técnico continuado y formación especializada en manejo integrado de plagas.
Según Barrachina, esta red de asesoramiento es una de las razones que permite que la Comunitat Valenciana mantenga su condición de «huerta de Europa», produciendo alimentos de alta calidad y seguridad que respetan los estándares europeos de protección fitosanitaria y medioambiental. El objetivo es reforzar todavía más esta estructura, de forma que el asesor pueda dedicar más tiempo a estar a pie de finca y menos a trámites y gestiones administrativas.
Estrategia común para el futuro del sector
La dimensión de los retos fitosanitarios hace prácticamente imposible que cada explotación, por sí sola, pueda dar respuesta a todos ellos. De ahí que desde la Conselleria se insista en la necesidad de una estrategia compartida entre asesores, cooperativas, organizaciones agrarias, empresas, centros de investigación y administraciones públicas.
El II Encuentro Nacional de Asesores se plantea, precisamente, como un punto de encuentro donde tejer esas alianzas y coordinar líneas de trabajo. El intercambio de experiencias entre profesionales de distintas regiones permite identificar prácticas que funcionan, detectar puntos débiles y generar criterios comunes que después se aplican sobre el terreno con la ayuda de los asesores agronómicos.
En este escenario, el asesor adquiere un doble rol: por un lado, como técnico de confianza que acompaña al agricultor y, por otro, como enlace entre la investigación, la normativa y la realidad del campo. Es esa posición intermedia la que le sitúa en el centro de las políticas de sanidad vegetal y hace que su opinión resulte clave a la hora de diseñar nuevas medidas y programas.
La apuesta por la sanidad vegetal, el refuerzo del asesoramiento y el impulso a soluciones más sostenibles conforman, en conjunto, una hoja de ruta que busca que el sector agrario valenciano y español pueda seguir siendo viable y competitivo. En un contexto de clima cambiante y exigencias crecientes, el papel estratégico del asesor agronómico se consolida como uno de los pilares para garantizar la salud de los cultivos y la salud de los cultivos y la continuidad de las explotaciones.