Se han puesto manos a la obra en el barrio de Las Playas, en Villa María, para llevar a cabo una necesaria transformación verde en las instalaciones de la central de EPEC. Esta iniciativa, respaldada por la administración provincial, ha consistido en una extensa plantación de especies vegetales propias de la zona que busca no solo embellecer el lugar, sino también restaurar el equilibrio natural tras las recientes intervenciones urbanísticas que han modificado el paisaje habitual de este sector.
El origen de este movimiento verde tiene mucho que ver con las obras del nuevo tramo de la circunvalación, un proyecto de infraestructura que obligó en su día a retirar una hilera de eucaliptos para dejar paso al asfalto pavimentado. Como no hay mal que por bien no venga, se ha aprovechado la coyuntura para poner en marcha una reparación ambiental que sustituye los árboles perdidos por una variedad mucho más rica y adaptada al ecosistema local, acompañando ahora el trazado de la autovía con dos nuevas hileras de vegetación.
Diversidad botánica para proteger el entorno
La selección de los ejemplares no se ha dejado al azar, ya que se han introducido un total de 220 plantas, entre las que podemos encontrar desde árboles de gran porte hasta arbustos y enredaderas. En este nuevo pulmón verde conviven ahora ejemplares de algarrobo, caldén y tala, junto a otras especies como el chañar, la tusca o el espinillo negro, que son auténticos supervivientes adaptados perfectamente a las condiciones climáticas de la región cordobesa.
Además de los árboles principales, la intervención ha incluido plantas con nombres tan curiosos como la lagaña de perro, el barba de chivo, el garabato o el palo amarillo. Toda esta amalgama de vegetación contribuye a formar un entramado natural que fortalece la biodiversidad y permite que la conservación de árboles y arbustos recupere un espacio que le pertenece por derecho propio, mejorando sustancialmente la calidad del entorno para todos los vecinos.
- Algarrobos y Caldenes
- Chañares y Talas
- Espinillos negros y Garabatos
- Moradillas y Barba de chivo
Mucho más que una simple barrera visual
Uno de los grandes beneficios de esta actuación es la creación de una pantalla vegetal que servirá para mitigar el ruido constante que proviene de la carretera cercana. No es moco de pavo, ya que estas nuevas hileras de árboles no solo actúan como aislante acústico, sino que también ayudan a suavizar las temperaturas y crear microclimas más frescos para quienes trabajan en la central eléctrica, lo que supone una mejora directa en las condiciones laborales.
Esta acción se enmarca dentro del programa «El Bosque nos da Energía», una colaboración que la empresa eléctrica mantiene con Ceprocor desde hace unos años con la vista puesta en la sostenibilidad. La idea de fondo es bastante clara: reducir la huella de carbono de la actividad industrial y promover prácticas que sean respetuosas con el medio ambiente a largo plazo, demostrando que la producción de energía y la ecología pueden ir de la mano.
Lo cierto es que el plan no termina aquí, ya que se prevé que este tipo de intervenciones de restauración ambiental se repliquen en otros puntos estratégicos de la red eléctrica provincial en los próximos meses. Al final, lo que se busca es que estas infraestructuras dejen de ser simples moles de cemento y cables para convertirse en puntos de apoyo para la fauna local, especialmente para atraer aves beneficiosas que encuentren refugio y alimento entre las nuevas ramas y arbustos plantados.
Al echar un vistazo al conjunto de la obra, queda claro que la integración de la naturaleza en entornos industriales es el camino a seguir para lograr una convivencia equilibrada. Gracias a la plantación de estas especies nativas y la creación de perímetros verdes, se consigue reparar el daño paisajístico y fomentar un entorno saludable, consolidando un compromiso ambiental que promete seguir expandiéndose por todo el territorio para fortalecer los ecosistemas locales y proteger el patrimonio natural de la zona.