
Las higueras están revolucionando el entendimiento sobre cómo algunos árboles pueden mitigar el cambio climático de formas mucho más efectivas de lo que se pensaba. No solo absorben dióxido de carbono (CO2) como parte de la fotosíntesis, sino que ciertas especies han demostrado la sorprendente capacidad de transformar este gas en minerales estables, contribuyendo así a la mejora del suelo y la reducción del CO2 atmosférico.
Este proceso fascinante ha captado la atención de científicos e ingenieros ambientales, ya que podría redefinir las estrategias globales de reforestación y agricultura sostenible. Aquí desgranamos con todo detalle cómo funciona el mecanismo, qué especies son protagonistas y cómo este fenómeno podría aplicarse para regenerar suelos y producir alimentos al mismo tiempo.
¿Cómo convierten las higueras el CO2 en piedra?
El proceso biológico que permite a algunas higueras transformar el CO2 en sustancias sólidas se conoce como vía oxalato-carbonato. Contrario a lo que ocurre en la mayoría de los árboles, que almacenan carbono en forma orgánica dentro de su biomasa, algunas especies de higueras convierten parte de este CO2 en minerales duros, como el carbonato cálcico, que se incrusta en su estructura y en el suelo circundante.
El funcionamiento se puede resumir en tres etapas cruciales:
- Absorción del CO2 a través de la fotosíntesis, fijando el carbono atmosférico en su metabolismo.
- Conversión de parte del carbono absorbido en cristales microscópicos de oxalato de calcio dentro de sus tejidos.
- Transformación de estos cristales en carbonato cálcico por la acción de microorganismos presentes en el suelo, lo que da como resultado mineralización estable y duradera.
El carbonato cálcico obtenido es la misma sustancia que forma la tiza y la piedra caliza, pero en este caso, se produce de forma natural y renovable dentro o alrededor de las propias higueras.
La vía oxalato-carbonato: detalles del proceso bioquímico

La vía oxalato-carbonato es una de las formas más avanzadas de secuestro de carbono inorgánico conocidas en ambientes terrestres. A diferencia de la acumulación de materia vegetal, que puede liberar CO2 al descomponerse, el carbono que queda atrapado como carbonato cálcico permanece en el suelo durante siglos e incluso milenios.
Este proceso se inicia cuando la higuera fija el CO2 y lo utiliza para sintetizar oxalatos. Estos oxalatos se combinan con el calcio del suelo para formar cristales de oxalato de calcio en los tejidos de la corteza y la madera. Posteriormente, bacterias y hongos específicos en el entorno descomponen estos cristales, liberando iones que reaccionan y precipitan como carbonato cálcico. Así, parte de la higuera se convierte, literalmente, en piedra.
El resultado es un almacenamiento de CO2 mucho más permanente y resistente a la degradación ambiental que cualquier otra forma conocida en vegetales convencionales.
Beneficios ecológicos y agrícolas del secuestro inorgánico de carbono
El proceso realizado por las higueras africanas aporta una serie de ventajas ecológicas y agrícolas de gran valor, que se suman a su función clásica como árboles frutales:
- Secuestro de carbono a largo plazo: El CO2 convertido en carbonato cálcico permanece estable durante siglos, contribuyendo significativamente a la reducción de los gases de efecto invernadero.
- Mejora de la fertilidad y salud del suelo: Al elevar el pH del suelo, los carbonatos liberan nutrientes esenciales, haciendo el terreno más fértil y apto para otros cultivos.
- Producción alimentaria sostenible: Las higueras no solo capturan carbono, sino que además producen frutos comestibles, lo que une la función ecológica y económica en un mismo árbol.
Esta doble función sitúa a la higuera como un pilar clave para modelos de agricultura regenerativa y agroforestería sostenible.
La Ficus wakefieldii, la especie más eficiente en transformar CO2

Entre las especies estudiadas, la Ficus wakefieldii ha destacado por su extraordinaria capacidad mineralizadora. Durante investigaciones llevadas a cabo en el condado de Samburu, Kenia, esta higuera fue capaz de almacenar CO2 en cantidades mucho mayores que las otras especies analizadas.
Lo más llamativo es que los depósitos de carbonato cálcico se detectaron tanto en la corteza como en el interior de la madera, lo que revela una absorción y retención más profunda y eficiente. Este depósito de minerales inorgánicos supone un almacenamiento de carbono mucho más resistente y de larga duración.
El hallazgo señala a la sicomoro o higueras similares como candidatas ideales para proyectos de reforestación y restauración de suelos degradados en climas tropicales o áridos.
Aplicaciones: reforestación, agroforestería y mitigación del cambio climático
Integrar árboles como la higuera africana en proyectos de reforestación se perfila como una estrategia revolucionaria para combatir el calentamiento global. Estos árboles pueden convertirse en herramientas vitales en modelos agrícolas y forestales, sobre todo en regiones vulnerables a la desertificación.
Los estudios abren la puerta a utilizar árboles frutales con esta capacidad no solo para captar CO2, sino para regenerar suelos degradados y mantener la productividad agrícola. Esto permitiría introducir variedades comestibles en sistemas agroforestales, sin sacrificar la producción y añadiendo valor ecológico.
Investigación científica en el campo: estudios pioneros y retos actuales

La investigación sobre las higueras mineralizadoras es todavía incipiente y está en pleno desarrollo. Un equipo internacional, formado por expertos de Kenia, EE. UU., Suiza y Austria, ha iniciado proyectos para cuantificar la capacidad total de almacenamiento de CO2, determinar el agua necesaria para su desarrollo y analizar el potencial real de su uso en diferentes sistemas agrícolas.
La mayor parte de los estudios hasta ahora se han centrado en árboles no comestibles, por lo que el descubrimiento de propiedades similares en higueras frutales abre nuevas posibilidades a nivel de agricultura regenerativa y seguridad alimentaria en zonas de riesgo climático.
Posibilidades para el futuro: hacia una agricultura climáticamente inteligente
El potencial de escalar la vía oxalato-carbonato a nivel agrícola y ambiental es enorme. La identificación de más especies con esta capacidad, sobre todo en regiones tropicales y áridas, podría tener consecuencias directas sobre la resiliencia de cultivos y la reducción global de CO2.
Aplicar este conocimiento permitiría:
- Regenerar zonas afectadas por la desertificación, aumentando la fertilidad y retención de nutrientes en el suelo.
- Incorporar árboles frutales a sistemas climáticos, manteniendo la productividad mientras se combate el cambio climático.
- Diversificar la agricultura con especies útiles y ecológicas, adaptadas a las nuevas necesidades ambientales.
