Hay animales que, cuando se encuentran mal, parecen buscar algo más que comida. En la ladera oriental del monte Elgon, un antiguo volcán de más de 4.300 metros situado entre Kenia y Uganda, varios grupos de elefantes consumen vegetales que las comunidades humanas de la zona llevan generaciones usando para curarse. La escena ha dejado de ser solo una anécdota para convertirse en objeto de estudio científico.
Un equipo internacional liderado desde Hamburgo, en Alemania, ha recogido testimonios de expertos locales del pueblo sabaot y los ha cruzado con bases de datos sobre plantas medicinales. El trabajo, publicado en Scientific Reports, no confirma todavía que los paquidermos se automediquen, pero sí ofrece un mapa de candidatos vegetales para investigar. La investigación conecta etnofarmacología, zoofarmacognosia y conservación.
Una investigación apoyada en el conocimiento local
En lugar de seguir a los elefantes salvajes con cámaras desde el primer día, los investigadores se apoyaron en ocho expertos sabaot: dos guías, cuatro guardas comunitarios, un funcionario agrícola jubilado y un exranger del parque. Todos suman más de veinte años de experiencia junto a estos animales, según recoge el estudio. Sus relatos permitieron identificar 39 recursos naturales relacionados con la dieta medicinal de los elefantes.
De esos 39 recursos, el 87% también se emplea con fines curativos entre las comunidades locales. Los autores diferenciaron entre un consumo ocasional y casos en los que un elefante aparentemente enfermo busca una planta concreta, en poca cantidad y de forma poco habitual. Veinticinco recursos fueron señalados explícitamente como medicina para los elefantes, y ocho especies cumplieron los criterios más exigentes.
Entre esas especies aparecen nombres como Aloe arborescens, Bersama abyssinica y Ficus natalensis. Varios informantes describieron a elefantes recorriendo largas distancias hasta un árbol determinado, sin comer por el camino, para consumir después su corteza o sus hojas. Esa conducta dirigida es la que hace sospechar que no se trata de una simple casualidad alimentaria.

Madres que administran plantas a sus crías
Uno de los relatos más llamativos tiene que ver con hembras que procesan material vegetal, lo mezclan con su leche y se lo dan a sus crías. Si se documentara de forma directa, ya no sería solo automedicación: sería alomedicación, es decir, cuidado médico dirigido a otro individuo. Ese comportamiento solo se ha observado con claridad en humanos y grandes simios, por lo que los científicos piden prudencia.
Los investigadores no saben aún si las madres eligen las plantas según síntomas concretos o si simplemente comparten parte de su dieta habitual. Tampoco está confirmado el proceso exacto de preparación ni un beneficio medicinal medible. La duda forma parte del estudio: pasar de la observación repetida a la prueba experimental es el siguiente paso.
De una chimpancé enferma a una línea de investigación
La idea de que los animales puedan medicarse no nació en el monte Elgon. En 1987, el primatólogo Michael Huffman observó en Tanzania a una chimpancé llamada Chausiku masticando una planta que no formaba parte de su dieta habitual. El animal llevaba días aletargado y sin apetito, y un día después de comer aquella planta se recuperó. Más tarde se comprobó que tenía propiedades antiparasitarias.
Desde entonces se ha documentado algún tipo de autocuidado en hormigas, abejorros, mosquitos, chimpancés, orangutanes y, más recientemente, elefantes. En 2020, el etnobotánico Alex Greene publicó un trabajo sobre comunidades Karen del norte de Tailandia que estimaba que alrededor de un 8% del conocimiento etnoveterinario de los mahouts podría proceder de observar la automedicación de los elefantes. Greene no participó en el nuevo estudio, pero valora este primer paso como impresionante.
El reto, coinciden los expertos, es demostrar que la conducta tiene un efecto curativo real. Para lograrlo con chimpancés, Huffman analizó heces durante la temporada de lluvias, cuando aumentan las infecciones intestinales por parásitos. Observó dos estrategias distintas basadas en plantas y comprobó que la carga parasitaria descendía tras el consumo. Con elefantes, ese mismo enfoque exigirá seguimiento individual, filmaciones y análisis de laboratorio.
Cuevas, sales y elefantes mineros
Además de plantas, los elefantes del Elgon han llamado la atención por su afición a entrar en cuevas. La zona es volcánica y fácilmente erosionable, y se ha observado a estos animales, considerados ingenieros de ecosistemas, excavar la piedra con sus colmillos. Algunos grupos recorren grandes distancias para lamer suelos ricos en sodio cuando las fuentes de sal son escasas.
La Fundación Monte Elgon, que participa en el estudio, ha documentado al menos 55 cavernas, algunas con más de 160 metros de profundidad. Los lugareños dicen que las abrieron los propios elefantes; los investigadores no saben dónde acaba lo real y empieza el mito. En las muestras de paredes y suelos aparecieron concentraciones significativas de cuatro minerales, sales como el sodio y metales como el hierro, nutrientes esenciales.
Sin embargo, este comportamiento se interpreta sobre todo como una necesidad de minerales, no como medicina. Esa distinción es importante: ayuda a separar la geofagia, documentada en al menos 300 especies, de un posible uso terapéutico de plantas concretas. Los autores insisten en que la parte medicinal aún debe confirmarse con estudios farmacológicos.
Por qué importa para la medicina humana
Los elefantes africanos están amenazados por la pérdida de hábitat y el conflicto con las personas. Entender que también dependen de determinadas plantas agrava cada episodio de deforestación: no solo desaparece alimento, también una especie de farmacia natural. Los expertos hablan de One Health, una mirada que conecta la salud humana, la animal y la de los ecosistemas.
Según Fabien Schultz, hasta la mitad de los medicamentos modernos derivan de alguna forma de planta o material natural. Dos de cada cinco especies vegetales están amenazadas de extinción, aunque solo se ha investigado una fracción de la diversidad del planeta. El investigador recuerda que la naturaleza contiene soluciones que la química sintética por sí sola no puede reemplazar.
Para el pionero Michael Huffman, cada especie guarda un conocimiento único, probado a lo largo del tiempo, sobre cómo sobrevivir. Preservar esas bibliotecas vivas es también una forma de proteger posibles remedios futuros. El equipo ya ha repartido videocámaras a guardaparques del monte Elgon para documentar alimentación e interacciones entre madres y crías.
Lo que emerge del monte Elgon es una historia de convivencia entre personas, elefantes y vegetación. La ciencia aún no puede afirmar que los paquidermos se curen deliberadamente con plantas, pero sí ha puesto sobre la mesa una lista de especies que merecen estudio y ha mostrado que el conocimiento local puede abrir puertas a la farmacología. La advertencia final es doble: sin hábitat no hay farmacia salvaje, y sin investigación rigurosa, muchas pistas medicinales podrían perderse antes de ser comprendidas.