El olivo es uno de los cultivos más emblemáticos y valiosos del entorno mediterráneo, apreciado tanto por su fruto —la aceituna— como por el aceite que se extrae de ella. Sin embargo, su rentabilidad y longevidad están constantemente amenazadas por una amplia variedad de enfermedades y plagas. Resulta esencial conocer a fondo estos problemas, sus síntomas, cómo diferenciarlos y los tratamientos más eficaces para asegurar la salud y productividad de los olivares.
Principales plagas y enfermedades que afectan al olivo
Las enfermedades del olivo y su tratamiento es un tema fundamental para mantener la producción y la calidad de la aceituna y el aceite. Existen diferentes agentes causales, desde hongos y bacterias a insectos y condiciones ambientales adversas. A continuación se detalla cada una de las plagas y enfermedades más importantes, sus síntomas, el impacto sobre el olivo y las estrategias más recomendables para su prevención y control.

Abichado del olivo
El abichado del olivo es causado por el insecto Euzophera pingüis, cuya actividad consiste en alimentarse de la corteza y la madera del árbol. Esto debilita poco a poco tanto a los ejemplares jóvenes como a los adultos. Se trata de una plaga significativa, especialmente en nuevas plantaciones, aunque en condiciones normales sus depredadores naturales ayudan a mantener su población bajo control. Los síntomas incluyen galerías en la corteza, debilitamiento progresivo y menor capacidad productiva.
Para el tratamiento, es recomendable vigilar el estado de los troncos, favorecer la labor de los depredadores naturales y, en caso de brote grave, recurrir a insecticidas específicos aprobados para el cultivo del olivo. La poda y eliminación de ramas afectadas también es una medida preventiva relevante.
Acariosis del olivo
La acariosis o erinosis del olivo está provocada por ácaros microscópicos del género Eriophyes. Estos diminutos artrópodos ocasionan deformaciones severas en hojas y frutos, además de la aparición de agallas y telarañas visibles en los brotes jóvenes. La planta afectada muestra un aspecto abollado y clorótico en el follaje, que conduce a su debilitamiento general.
El control se basa en el uso de acaricidas autorizados y en la monitorización del estado fitosanitario de la plantación, especialmente tras inviernos suaves. Es vital evitar el uso excesivo de abonos nitrogenados y fomentar la biodiversidad para favorecer la presencia de enemigos naturales.
Aceituna jabonosa o antracnosis
La aceituna jabonosa o antracnosis está causada por varios hongos del género Colletotrichum. Esta afección es de las más económicas y agronómicamente dañinas, ya que puede llevar a la pérdida de peso, caída prematura de frutos y reducción significativa en la calidad del aceite producido.
Los síntomas incluyen la aparición de aceitunas con aspecto humedecido, jabonoso y manchas pardas-negruzcas, frutos momificados y defoliación. El hongo prospera en ambientes húmedos y temperaturas moderadas, por lo que su incidencia varía según las condiciones climáticas.
El control enfatiza las prácticas de manejo sanitario (eliminación de frutos afectados, aireación mediante podas), la selección de variedades resistentes y el empleo de fungicidas específicos antes y después de lluvias prolongadas.

Algodoncillo del olivo
El llamado algodoncillo (psílido perteneciente a la familia Psyllidae) es una plaga secundaria, pero cuando no se controla puede provocar importantes daños en el desarrollo vegetativo del árbol. Se reconoce fácilmente por la presencia de masas blancas y algodonosas en el envés de las hojas, resultado de las secreciones del insecto.
Se alimenta succionando la savia, lo que provoca debilitamiento, clorosis y retraso en el crecimiento de los brotes. El control biológico suele ser suficiente en la mayoría de los casos, gracias a depredadores como Chrysoperla carnea y Anthocoris nemoralis. Cuando es necesario, se recurre a insecticidas autorizados, priorizando los que preservan la fauna auxiliar.
Asfixia radicular del olivo
La asfixia radicular es una fisiopatía causada por el exceso de agua y el mal drenaje del suelo, condiciones incompatibles con la biología del olivo, que requiere suelos bien aireados para el correcto desarrollo de sus raíces.
Los síntomas incluyen la marchitez de las hojas, caída prematura y pudrición de raíces. Esta afección puede facilitar la entrada de otros patógenos como Phytophthora. Para evitarla, es esencial asegurar drenaje adecuado, evitar riegos excesivos y seleccionar portainjertos adaptados si el suelo es propenso a encharcarse.
Arañuelo del olivo
El arañuelo o piojillo negro (Liothrips oleae) es un pequeño insecto que ocasiona defoliación, deformaciones en frutos y debilitamiento general. Suele atacar más en inviernos suaves y primaveras húmedas. Se distingue por las manchas y deformaciones en brotes jóvenes y cortes de brotes.
El control es principalmente biológico, dada la alta eficacia de sus depredadores naturales. En casos severos, se pueden emplear insecticidas selectivos siguiendo siempre la normativa vigente.
Barrenillo del olivo
El barrenillo (Hylesinus oleiperda) es un xilófago cuya actividad aumenta tras podas y momentos de debilidad del árbol. La hembra deposita huevos bajo la corteza y las larvas excavan galerías, afectando la circulación de savia y debilitando el árbol.
La prevención es la mejor estrategia: realizar podas fuera del periodo de vuelo del insecto, eliminar madera afectada y emplear trampas de monitoreo. Si es necesario, aplicar insecticidas autorizados justo después de la poda y antes de que comience el vuelo primaveral.
Ceramida (gusano blanco) del olivo
La ceramida (Melolontha papposa) daña principalmente las raíces, siendo especialmente peligrosa en olivos jóvenes. Las larvas se alimentan de forma subterránea, lo que puede pasar desapercibido hasta que el árbol presenta síntomas severos como marchitez y pérdida de vigor. El control incluye prácticas culturales como arado superficial y aplicación de insecticidas si la infestación es elevada.
Cochinilla del olivo
La cochinilla (Saissetia oleae) es una plaga de gran impacto que succiona la savia, debilitando al árbol. Sus excreciones de melaza fomentan el desarrollo de hongos como la negrilla, agravando los síntomas. Las cochinillas son difíciles de erradicar por su caparazón protector.
El control incluye el uso de insecticidas blandos como aceites minerales o reguladores de crecimiento, y fomentar la presencia de enemigos naturales. En situaciones graves, se emplean productos más intensos, alternando mecanismos de acción para evitar resistencias.
Escudete del olivo
El escudete (fungosis causada por Sphaeropsis dalmatica o Camasporium dalmaticum) se traduce en manchas necróticas, cráteres en aceitunas y, en casos severos, momificación del fruto. El hongo se dispersa con facilidad mediante insectos, y aunque suele tener una incidencia baja, puede afectar la comercialización de aceitunas de mesa.
El control se realiza con fungicidas específicos y manejo cultural (retirar frutos infectados y podar ramas afectadas).

Glifodes del olivo
El glifodes o polilla del jazmín (Palpita unionalis) es una plaga especialmente dañina en cultivos jóvenes, pues destruye los brotes tiernos y puede retrasar seriamente la formación del árbol. Es más peligrosa en zonas húmedas y frescas.
La prevención consiste en inspecciones visuales, adopción de podas de formación y control biológico. Si la plaga prospera, la aplicación de insecticidas específicos es eficaz, siempre en el momento preciso del ciclo del insecto.
Lepra del olivo
La lepra del olivo se debe a la acción del hongo Phlyctema vagabunda. Produce lesiones en el fruto, defoliación y caída prematura de aceitunas. Es más frecuente en ambientes húmedos y bajas temperaturas. Afecta la rentabilidad al disminuir la calidad y el rendimiento de la aceituna.
El tratamiento aconseja poda sanitaria y fitosanitarios a base de cobre en momentos previos a lluvias o cuando hay síntomas tempranos.
Mosca del olivo
La mosca del olivo (Bactrocera oleae) es considerada la plaga más destructiva. La hembra deposita sus huevos en la pulpa y las larvas consumen el interior del fruto, provocando galerías que favorecen la entrada de hongos. Los daños incluyen caída prematura, frutos no aptos para aceite o mesa y un perjuicio económico notable. Puede haber varias generaciones al año, en función de la temperatura y humedad.
El manejo integra monitoreo con trampas (feromonas, cromotrópicas y quimiotrópicas), tratamientos químicos selectivos, recolección temprana y favorecimiento de variedades resistentes.
Negrilla del olivo
La negrilla es una enfermedad criptogámica causada por hongos del género Capnodium y relacionados, que crecen sobre la melaza excretada por insectos chupadores como cochinillas y pulgones. El síntoma más característico es el recubrimiento negro de hojas y ramas, que dificulta la fotosíntesis y debilita el árbol.
Para su control se recomienda el manejo integrado de plagas que prevenga la aparición de insectos productores de melaza, además de la aplicación de productos cúpricos y retirar material vegetal enfermo.
Otiorrinco del olivo
El otiorrinco es un escarabajo cuya larva se alimenta de raíces, y los adultos, de hojas. Puede limitar gravemente el crecimiento y la producción, en especial en árboles jóvenes y en suelos compactos.
Las medidas de control incluyen mantener el suelo aireado, inspección regular y aplicación de insecticidas en momentos clave del ciclo del insecto.
Prays o polilla del olivo
El prays es una polilla que desarrolla tres generaciones anuales: filófaga (hojas), antófaga (flores) y carpófaga (frutos). Los daños más graves los produce la generación carpófaga, al causar la caída prematura de aceitunas aún verdes.
La estrategia de manejo incluye la vigilancia de las diferentes generaciones y el uso de insecticidas biológicos y trampas, junto a prácticas agrícolas que minimicen la incidencia.
Repilo u ojo de gallo
El repilo (Spilocaea oleaginea o Cycloconium oleagineum) es considerada la enfermedad más grave del olivo. Provoca manchas circulares oscuras en las hojas, defoliación intensa y debilitamiento. Su gravedad depende de la humedad, temperatura y susceptibilidad varietal.
El control requiere tratamientos preventivos con cobre antes de las lluvias otoñales, podas para mejorar la aireación y la retirada de hojas caídas contaminadas. La selección varietal es clave; existen variedades muy susceptibles y otras más resistentes.
Tuberculosis del olivo
La tuberculosis está gestionada por la bacteria Pseudomonas savastanoi. Se manifiesta con tumores o verrugas en ramas y tronco, a veces en hojas, tras entrar la bacteria por heridas o podas. Los tumores crecen, se agrietan y pueden afectar gravemente la producción.
La prevención es fundamental: evitar heridas en la poda y desinfectar herramientas. No existe cura, pero la aplicación de productos cúpricos tras la poda y la eliminación de ramas infectadas ayuda a reducir el impacto.
Verticilosis del olivo
La verticilosis está causada por el hongo Verticillium dahliae. Entra por las raíces y bloquea los vasos conductores, resultando en marchitez, decaimiento y muerte parcial o total. Su persistencia en el suelo lo convierte en uno de los patógenos más difíciles de erradicar.
Los tratamientos incluyen la plantación exclusiva de ejemplares sanos y certificados, control estricto de los residuos y rotación con cultivos no hospedadores. El uso de variedades resistentes y la solarización del suelo pueden reducir la incidencia.
Xylella fastidiosa
La Xylella fastidiosa es una bacteria altamente peligrosa para el olivo y otras especies leñosas. Su síntoma principal es el marchitamiento, secado de hojas y ramas y eventual muerte del árbol. Es transmitida por insectos vectores y carece, por ahora, de cura directa.
El control radica en la prevención, incluyendo la vigilancia fitosanitaria, uso de material vegetal libre de la bacteria y eliminación inmediata de ejemplares infectados, además del control de los insectos vectores mediante tratamientos fitosanitarios apropiados.
Cómo detectar enfermedades en el olivo: síntomas y señales
La detección temprana es una de las mejores herramientas para minimizar el impacto de enfermedades y plagas. Es necesario revisar regularmente:
- Hojas: manchas inusuales, cambios de color, presencia de polvillo o masas algodonosas.
- Frutos: deformaciones, manchas, galerías o caída antes de tiempo.
- Ramas y troncos: tumores, agrietamientos, decoloraciones o flujos anómalos de savia.
- Raíces y base del tronco: síntomas de asfixia radicular, podredumbre o presencia de galerías.
Cualquier anomalía en el desarrollo regular del árbol y la aparición de síntomas deben ser comunicados a un técnico agrícola o especialista para identificar el problema y aplicar el tratamiento más adecuado.
Métodos de prevención y control de enfermedades y plagas del olivo
El control y prevención de enfermedades y plagas en el olivo se basa en una estrategia integral:
- Higiene y manejo del olivar: eliminar hojas y frutos caídos, podar adecuadamente, y mantener las herramientas desinfectadas.
- Control del riego: evitar suelos encharcados y riegos excesivos.
- Selección varietal: plantar variedades menos susceptibles a las principales enfermedades del área.
- Tratamientos fitosanitarios responsables: emplear fungicidas, insecticidas y acaricidas siguiendo siempre las recomendaciones técnicas y promoviendo la rotación de productos para evitar resistencias.
- Monitoreo y trampas: uso de trampas de feromonas, cromotrópicas y quimiotrópicas para el monitoreo y control de insectos.
- Fomento de fauna auxiliar: proteger y aumentar la biodiversidad del olivar, fomentando la presencia de depredadores naturales.
- Control biológico: uso de agentes biológicos específicos para combatir plagas.
Avances y recomendaciones actuales para la protección del olivar
La innovación en el manejo fitosanitario del olivo continúa avanzando, con la adopción de programas integrados que combinan:
- Plantones certificados, libres de patógenos, provenientes de viveros especializados.
- Tratamientos biológicos y vegetales, especialmente en suelos con historial de verticilosis o en áreas con alta presión de enfermedades.
- Uso responsable de fitosanitarios, respetando los protocolos de producción integrada y promoviendo siempre el menor impacto ambiental posible.
- Solarización y biofumigación del suelo en plantaciones nuevas o en la reposición de árboles afectados por hongos persistentes.
El éxito y la longevidad de un olivar dependen en buena medida de la capacidad de identificar rápidamente cualquier problema de salud en los árboles, implementar estrategias preventivas efectivas y aplicar los tratamientos adecuados de acuerdo con cada situación. El conocimiento detallado de las enfermedades y plagas más habituales, unido al uso de buenas prácticas agrícolas y la incorporación de los avances más modernos, garantiza no solo la sostenibilidad del olivo, sino también la calidad y el valor del aceite producido.