El eucalipto se ha convertido en una pieza clave en varias de las grandes conversaciones ambientales y económicas de la Península Ibérica: incendios forestales, conservación de suelos y expansión de la industria de la celulosa. Desde Galicia hasta el resto de Europa, la presencia global del eucalipto está en el punto de mira tanto de científicos como de empresas y administraciones.
En paralelo, la demanda global de celulosa procedente de eucalipto gana peso en los mercados internacionales, impulsando inversiones en plantas industriales y productos de alto valor añadido, como la renovación de eucalipto en Extremadura. Mientras el sector productivo busca rentabilidad y nuevas oportunidades, investigadores y técnicos forestales analizan cómo minimizar los impactos sobre el territorio, especialmente tras incendios de alta severidad.
Incendios, suelos y plantaciones de eucalipto en Galicia
En buena parte de Galicia, los suelos de matorral y los bosques de producción con eucalipto y pino son algunos de los más expuestos a grandes incendios, en parte por las características del Eucalyptus globulus. Cuando el fuego entra con mucha fuerza, no solo desaparecen las copas de los árboles: se quema la cubierta de hojarasca y mantillo y se altera la estructura física del terreno, con un impacto directo en su fertilidad.
La comunidad científica que trabaja junto a organismos de la Xunta lleva años advirtiendo de que la “recuperabilidad” de estos suelos depende, sobre todo, de la intensidad del incendio y de la rapidez con la que se actúe después. En montes con eucaliptos, donde suele acumularse una capa abundante de restos finos y hojas, los efectos pueden ser especialmente acusados si no hay una gestión adecuada del combustible.
Un suelo desnudo tras el fuego queda a merced de la lluvia: el impacto directo de las gotas favorece la erosión y la pérdida de nutrientes, en particular el carbono orgánico. Además, los arrastres de sedimentos pueden colmatar cauces y deteriorar ecosistemas acuáticos cercanos, amplificando el daño más allá de la propia zona quemada.
En las últimas campañas de incendios, la mayor parte de la superficie afectada en Galicia se ha concentrado en matorrales como brezales y tojares, tanto en zonas sin arbolado como bajo masas de eucalipto o pino. El factor común suele ser el exceso de biomasa seca acumulada durante años en fincas con escasa o nula gestión.
Los especialistas insisten en que no existe una relación “directa y exclusiva” entre el eucalipto y el origen del fuego, un debate que incluye la moratoria del eucalipto, pero sí subrayan que la carga de combustible en plantaciones poco cuidadas condiciona mucho el comportamiento del incendio. Matas envejecidas, restos sin retirar y ausencia de claras o desbroces acaban formando un continuo inflamable que favorece llamas más intensas y rápidas.
La temperatura crítica del suelo: cuando el calor lo deja “tocado”
Los suelos de los montes gallegos, incluidos aquellos con eucaliptales de producción, son especialmente vulnerables cuando se acumula una capa gruesa de hojarasca y mantillo muy seco. Esta alfombra vegetal actúa como un combustible continuo: si se enciende, la combustión puede ser muy completa y transmitir grandes cantidades de calor hacia las capas superficiales del terreno.
Los investigadores han identificado una serie de umbrales de temperatura a partir de los cuales el suelo empieza a mostrar daños relevantes. Alrededor de los 170 °C se inicia la degradación de la materia orgánica más sensible. Si el fuego alcanza unos 220 °C, se detecta ya una caída clara de nutrientes esenciales para la fertilidad.
Cuando el calentamiento se dispara hasta el entorno de los 460 °C, la materia orgánica prácticamente se consume por completo, dejando un suelo casi estéril, sin estructura estable y muy desprotegido frente a la erosión. Es el escenario en el que las lluvias posteriores pueden arrastrar toneladas de tierra en pocos meses.
Si el fuego sigue aportando calor y las temperaturas cercanas a la superficie del terreno se sitúan entre 460 °C y 700 °C, el daño va más allá de la materia orgánica: se produce una alteración de las arcillas minerales que componen la fracción fina del suelo. Este cambio estructural es mucho más difícil de revertir a corto plazo y puede condicionar la productividad del monte durante años.
En plantaciones de eucalipto mal gestionadas, donde la cantidad de restos y la continuidad del combustible son altas, estas temperaturas críticas pueden alcanzarse con mayor facilidad, sobre todo en pendientes y laderas orientadas al sol. De ahí la insistencia de los técnicos en reducir la biomasa sobrante y mejorar las prácticas selvícolas para evitar que los incendios se vuelvan devastadores.
Galicia prueba soluciones: el éxito del acolchado con paja
Para frenar el deterioro del suelo tras un incendio, se han testado en Galicia diversas técnicas de restauración postfuego en montes con eucaliptos y otras especies. El objetivo es doble: evitar la pérdida masiva de tierra y nutrientes, y acelerar el retorno de la vegetación que protege de nuevo la superficie.
Entre los métodos ensayados destacan tres grandes líneas de trabajo: el mulch o acolchado del suelo con materiales como paja o astillas de madera; la construcción de fajinadas con restos vegetales en las laderas para frenar la escorrentía; y la siembra de mezclas de semillas para recuperar más rápido la cubierta verde.
Los estudios realizados por equipos liderados por Fernández Filgueira en áreas como los Montes de Pardesoa, en Soutelo de Montes, han permitido comparar de forma rigurosa la eficacia de cada intervención. El seguimiento de las pérdidas de suelo durante el primer año tras el fuego ofrece datos bastante contundentes.
En las parcelas donde no se aplicó ningún tratamiento, las mediciones llegan a registrar pérdidas cercanas a las 35 toneladas de suelo por hectárea en el primer año. Sin embargo, en las superficies donde se distribuyó una capa de paja como acolchado, esa cifra se reduce aproximadamente a 12 toneladas por hectárea, un recorte más que notable en el impacto erosivo.
Por el contrario, las opciones consideradas más complejas y costosas, como las fajinadas con matorral cortado o el mulch con astillas de madera, no lograron diferencias significativas respecto a las zonas sin tratar, al menos en las condiciones estudiadas en Galicia. Esto refuerza la idea de que la intervención rápida con paja es, hoy por hoy, la herramienta más eficaz y asumible para proteger la fertilidad en montes quemados, incluidos los de eucalipto.
El eucalipto en la industria europea de la celulosa
Mientras en el monte se afina la gestión postincendio, en el terreno industrial el eucalipto vive un momento de fuerte protagonismo. Empresas como Ence, con un peso relevante en España y Europa, se preparan para aprovechar la subida del precio internacional de la celulosa y orientar su negocio hacia productos especiales con mayor margen.
Tras un ejercicio en el que el precio medio de la celulosa se situó en torno a 1.086 dólares por tonelada, las operaciones recientes se están cerrando a niveles claramente superiores: los pedidos se formalizan en torno a 1.330 dólares por tonelada y se negocian precios próximos a los 1.380 dólares. Los principales productores mundiales han anunciado ya nuevas subidas que podrían llevar las cotizaciones hasta los 1.430 dólares por tonelada en las próximas semanas.
En este escenario, la estrategia de Ence pasa por impulsar con fuerza las llamadas celulosas especiales, que aportan un margen adicional por encima del producto estándar. Según las previsiones de la compañía, estos tipos de celulosa deberían representar cerca del 40 % de sus ventas en el negocio de Celulosa en 2026 y superar el 62 % a lo largo de 2028.
Uno de los movimientos más destacados es la puesta en marcha de una primera línea de producción de celulosa fluff con una capacidad de 125.000 toneladas anuales. Este material se usa principalmente en productos absorbentes (como higiénicos o sanitarios), un segmento con demanda sostenida a escala global.
Con esta iniciativa, el grupo se posiciona como el único productor en Europa de fluff fabricada a partir de fibra de eucalipto, planteando una alternativa competitiva frente a la fibra larga importada, habitualmente más cara y procedente de otras especies. Para el sector forestal europeo, esto supone una oportunidad de dar valor añadido a las plantaciones de eucalipto orientadas a la industria papelera.
Costes, descarbonización y retos para el sector forestal
El giro hacia productos especiales se acompaña de un plan intenso de reducción de costes en el negocio de celulosa. Ence cerró 2025 con el menor nivel de cash cost desde 2022 y ha puesto en marcha dos iniciativas clave con las que pretende ahorrar unos 30 millones de euros anuales, equivalentes a unos 30 euros por tonelada producida, a partir de 2027.
Por un lado, la compañía impulsa un Plan de Eficiencia y Competitividad específico para su negocio de Celulosa, con el objetivo de recortar unos 22 millones de euros (22 euros por tonelada) mediante ajustes operativos, mejoras de procesos y optimización de recursos.
Por otro, se está desarrollando un plan de reducción de costes y descarbonización centrado en la biofábrica de Navia. Este proyecto prevé sustituir el consumo de fuel por biomasa local pulverizada, lo que permitirá disminuir el uso de combustibles fósiles y, al mismo tiempo, contener el gasto energético en un contexto de precios volátiles.
La compañía estima que este segundo plan, que debería estar operativo a partir del segundo trimestre de 2026, aportará ahorros adicionales de unos ocho millones de euros (equivalentes a ocho euros por tonelada). Combinadas, ambas iniciativas tendrían un impacto notable en la competitividad de la celulosa de eucalipto producida en España.
Detrás de estas estrategias industriales está el reto de mantener la rentabilidad de las plantaciones de eucalipto y del conjunto de la cadena forestal en un momento en que muchas economías regionales ligadas al monte acusan la caída de la demanda interna y el aumento de costes. El comportamiento de los mercados internacionales de celulosa será determinante para el futuro del sector.
El papel del eucalipto en España y Europa se está redefiniendo a gran velocidad: por un lado, la ciencia forestal subraya la importancia de una gestión responsable para reducir el riesgo de incendios y proteger los suelos, utilizando herramientas como el acolchado con paja tras el paso del fuego; por otro, la industria de la celulosa apuesta por la fibra de eucalipto para crear productos de mayor valor añadido en un mercado global al alza. Entre ambos extremos, propietarios, administraciones y empresas se ven obligados a encontrar un equilibrio entre aprovechamiento económico, seguridad frente al fuego y conservación de los ecosistemas donde este árbol, tan presente en el paisaje, seguirá teniendo un peso nada menor.