La pequeña localidad de La Portellada, en la comarca del Matarraña (Teruel), se transforma cada primavera en un auténtico punto de encuentro para amantes de la horticultura, la jardinería y la buena mesa. La Feria del Huerto y el Jardín de La Portellada se ha consolidado como una cita imprescindible en el calendario rural aragonés, capaz de multiplicar la población del municipio durante todo un fin de semana.
En su undécima edición, la feria ha vuelto a reunir a decenas de expositores y a miles de visitantes en un ambiente muy cercano, donde se mezclan aromas a plantas aromáticas, el colorido de las flores de temporada, los sabores de los productos de kilómetro cero y un programa de actividades que refuerza la identidad agrícola de la zona.
Un mercado al aire libre que llena de vida las calles del pueblo

A lo largo de las calles de La Portellada se distribuyen entre 35 y cerca de 40 puestos, según el año, creando un gran mercadillo al aire libre en el que el visitante puede encontrar prácticamente todo lo necesario para poner en marcha la temporada de huerto o renovar el balcón con nuevas plantas.
En una de las zonas se concentran los stands especializados en plantas, flores y planteros hortícolas: desde aromáticas como albahaca, tomillo o romero hasta plantones de tomate, pimiento u otras hortalizas típicas de la huerta mediterránea. A esto se suman flores de temporada y propuestas para quienes quieren simplemente alegrar sus ventanas o terrazas.
Otra parte de la feria se dedica a los productos agroalimentarios de proximidad, con una amplia representación de la despensa del Matarraña y del entorno. Quesos, embutidos, conservas, frutos frescos, miel, vinos, aceites de oliva virgen extra —incluidos ecológicos— y dulces tradicionales se ofrecen directamente de la mano de productores que trabajan en un radio de unos 70 kilómetros alrededor de la localidad.
La alcaldesa de La Portellada, Gloria Serrat, subraya que esta cita permite dinamizar económicamente y socialmente el municipio, además de dar a conocer el territorio desde la óptica agrícola. El aumento progresivo de expositores en los últimos años y el crecimiento del número de visitantes —en torno a los 2.000 en un pueblo que no alcanza los 250 habitantes— confirman el tirón del evento.
El ambiente arranca desde primera hora, hasta el punto de que, antes de la inauguración oficial, la entrada al municipio ya suele presentar una larga hilera de coches aparcados. Los idiomas también reflejan el carácter abierto de la feria: francés, catalán y castellano se escuchan por igual mientras la gente recorre los puestos y charla con los feriantes.
Productos de kilómetro cero, barbacoas y gastronomía con acento local

Uno de los grandes atractivos de la Feria del Huerto y el Jardín de La Portellada es la apuesta firme por la producción agroalimentaria de kilómetro cero. Carnes, verduras, frutas y elaboraciones artesanas se convierten en protagonistas de una jornada en la que productores y consumidores comparten espacio y conversación.
La carnicería del propio municipio y otros elaboradores de la zona suministran carnes, embutidos y quesos que se pueden degustar allí mismo. La organización habilita un área con barbacoas y mesas donde los asistentes asan los productos comprados en los puestos, creando un comedor improvisado al aire libre que fomenta el encuentro y el intercambio de experiencias.
En el mercado hortofrutícola destaca un gran puesto de fruta y verdura del territorio, con cerezas, melocotones rojos, nísperos, albaricoques, alcachofas o tomates, entre otros. Para vendedores itinerantes como Ángeles Lázaro, esta cita es clave tanto desde el punto de vista comercial como personal, ya que permite reencontrarse con amigos de la zona y mantener vivo un tipo de comercio que, como ella misma señala, a menudo no se valora lo suficiente pese a los costes que conlleva.
La feria también sirve de escaparate a otras gastronomías. Un ejemplo es la oferta de platos y dulces de inspiración marroquí que trae cada año Meryem Latrech desde Valdeltormo, acompañada por su hija. Su puesto incluye pan, pastas, té y la vajilla tradicional, y se ha ganado un lugar fijo entre el público, que suele preguntar con antelación si volverán a participar edición tras edición.
Todo ello se integra en una jornada que pretende ser algo más que un simple mercado: se busca que el espacio de comidas sea un lugar de encuentro donde compartir trucos hortícolas, recetas y conocimientos, convirtiendo las barbacoas y las mesas en un auténtico “foro de sabios” informal, tal y como destacan los organizadores.
Un foro para productores ecológicos y amantes del huerto

Detrás de la feria hay una red de actores locales que impulsan el evento con una clara voluntad de poner en valor la agricultura sostenible y el intercambio de saberes. La organización recae en productores como Víctor Vidal —reconocido por su aceite de oliva virgen extra ecológico—, el Ayuntamiento de La Portellada, la Asociación Cultural Portillo de la Amistad y la asociación de mujeres del municipio.
La feria acoge también actividades técnicas ligadas a la producción ecológica. La Asociación de Productores Ecológicos del Bajo Aragón (Aproeba) aprovecha la cita para celebrar su asamblea y compartir avances sobre técnicas agrícolas respetuosas con el suelo y los recursos naturales.
En una de las ediciones recientes, el asesor agrícola Santiago Lorenzo presentó los resultados de varios ensayos desarrollados en el marco del programa Empreter (Emprender en Teruel), financiado por la Diputación Provincial de Teruel. Estos trabajos se han centrado en mejorar el compostaje de residuos ganaderos y agrícolas, así como en el manejo de cubiertas vegetales.
Los análisis realizados en varias fincas de la zona han permitido concluir, por ejemplo, que es fundamental mantener bien humedecido el estiércol durante el proceso de compostaje para favorecer una buena fermentación y evitar un exceso de salinidad en el producto final. Además, se ha probado la utilidad de la leonardita, aplicada en dosis adecuadas, para mejorar la calidad del compost.
Otro de los ensayos ha buscado revalorizar la lana de oveja en agricultura ecológica, elaborando aminoácidos de uso agrícola y analizando sus propiedades químicas y biológicas. Junto a esto, se han mostrado prácticas de manejo del suelo que se alejan del laboreo tradicional, utilizando aperos específicos, descompactadores y rulos para trabajar las cubiertas vegetales sin degradar la estructura del terreno.
Intercambio de semillas y variedades tradicionales del Matarraña

Un elemento especialmente valorado por los aficionados al huerto es la presencia de la Red de Semillas de Aragón, que instala un expositor en la feria para promover el intercambio de simientes y la conservación de variedades locales. Este espacio permite que agricultores, hortelanos y curiosos se lleven planteros o semillas de especies tradicionales y, a la vez, compartan sus experiencias de cultivo.
Entre las variedades que se han dado a conocer destacan el Fesol de Beceite o el Tomate Serengue de La Portellada, ejemplos de cómo el territorio conserva un patrimonio genético propio adaptado al clima y al suelo de la zona. Este tipo de iniciativas refuerza la diversidad agrícola y ofrece alternativas a quienes buscan algo diferente a las variedades comerciales más extendidas.
Los expositores y visitantes llegan desde un círculo relativamente amplio que incluye municipios como Tortosa, Mora de Ebro, Caspe, Alcorisa o Morella, con La Portellada como punto de encuentro. La fecha, situada en plena primavera y a menudo coincidiendo con puentes festivos como el del 1 de mayo, favorece la afluencia de público y el interés por adquirir plantas justo antes del Día de la Madre.
En el ámbito rural, es habitual que cada casa disponga de un pequeño huerto doméstico, macetas en el balcón o flores en la entrada. Por eso, los organizadores consideran que el calendario elegido encaja perfectamente con las necesidades de los vecinos y de quienes se desplazan desde otras localidades para surtirse de plantones y flores de temporada.
Más allá de la compraventa, se persigue que la feria funcione como espacio de transmisión de conocimientos. Personas mayores, agricultores con experiencia y jóvenes interesados en iniciarse en la horticultura comparten consejos sobre riego, plagas y abonados o rotaciones, aprovechando cualquier rincón del pueblo para conversar.
Actividades culturales, tradición agrícola y participación vecinal
La vertiente lúdica y cultural tiene un peso importante en la Feria del Huerto y el Jardín de La Portellada. A la hora del vermú, por ejemplo, el recinto ferial se anima con una ronda jotera que recorre los puestos. El grupo jotero dedica composiciones personalizadas a los expositores, generando un ambiente festivo que, según la alcaldesa, contribuye a “reanimar el pueblo” y a que la gente se implique comprando y apoyando a los feriantes.
La programación se extiende más allá del día principal de feria. Coincidiendo con el 1 de mayo, se organizan ventas de buñuelos y bebida en el parque infantil, acompañadas de exhibiciones de labores tradicionales del campo. Cada año se pone el foco en una práctica concreta: en una de las últimas ediciones se ha dado especial relevancia al injerto del olivo, sin olvidar demostraciones de picado de maíz para hacer harina y otros oficios antiguos vinculados a la agricultura.
Estas actividades suelen contar con la participación destacada de los jubilados del municipio, que se encargan de las demostraciones y actúan como transmisores de un saber hacer acumulado durante décadas de trabajo en el campo. Su presencia ayuda a mostrar el arraigo agrícola de la zona y a conectar a las nuevas generaciones con la historia local.
Los niños y niñas del pueblo también se involucran de manera activa. Algunos grupos de amigos preparan manualidades —como tatuajes pintados, imanes, flores decorativas o marcapáginas— para venderlas en pequeños puestos, lo que les permite aprender el valor del esfuerzo y la participación comunitaria mientras se sienten parte de la feria.
La cita se enmarca además en un fin de semana festivo más amplio, ya que la localidad celebra la festividad de San Pedro Mártir con misa campestre, encuentro de dulces y reparto de pan bendito. De esta forma, el mercado hortícola y gastronómico se integra en un conjunto de actos que refuerzan la vida social de La Portellada.
La combinación de mercado, gastronomía, demostraciones agrícolas, música tradicional y participación de asociaciones locales hace que la Feria del Huerto y el Jardín se haya convertido en una referencia en el Matarraña y en el entorno del Bajo Aragón para quienes buscan una experiencia cercana a la realidad del campo, más allá de los grandes eventos urbanos. Entre plantas, semillas, productos de kilómetro cero y jotas, el pueblo se convierte durante unos días en un escaparate vivo de cómo la horticultura, la jardinería y la cultura popular pueden ir de la mano para mantener activo el territorio rural.
