Floristería Bambú: medio siglo de pasión por las flores en Pontevedra

  • Olga Bugallo acumula casi 50 años de experiencia en el sector floral, con 8 años al frente de Floristería Bambú.
  • El negocio afronta un momento complicado por el aumento de costes y la reducción de márgenes, pero mantiene precios asequibles.
  • La filosofía de la tienda se basa en el trato cercano, la atención personalizada y no cerrar nunca la puerta a ningún cliente.
  • A sus 62 años, Bugallo sigue apostando por su vocación, aunque reconoce la incertidumbre del futuro.

Floristería Bambú en Pontevedra

La historia de Floristería Bambú es, en esencia, la de una vida entregada a las flores. Olga Bugallo comenzó a trabajar en el sector con apenas 15 años y, tras un breve paréntesis regentando una mercería, regresó a su verdadera pasión hace ocho años al abrir este establecimiento en Pontevedra. Hoy, con casi medio siglo de oficio a sus espaldas, sigue al frente del negocio junto a Sandra y Loli, demostrando que la vocación no entiende de edades ni de crisis.

El camino no ha sido fácil. El incremento de los gastos y unos márgenes cada vez más ajustados marcan el día a día de Bambú, pero Bugallo prefiere no subir los precios en exceso para no perder clientela. «Trabajas mucho, pero si quieres mantener un margen como el de antes, los gastos se han duplicado», explica. Aun así, su amor por el oficio la mantiene firme: «Es un mundo que me encanta, si no, no seguiría dedicándome a esto».

Una trayectoria de casi medio siglo

Ramos de flores en Floristería Bambú

Olga Bugallo empezó en el mundo floral a los 15 años y durante 25 estuvo al frente de Floristería Olga, en la rúa Arcebispo Malvar. Tras seis años alejada del sector, regentando una mercería, volvió a las flores de la mano de su cuñado. Hace ocho años abrió Floristería Bambú, un proyecto que le permitió retomar su trayectoria y construir una nueva clientela fiel en una ubicación distinta. «Lo mío es una historia larga», comenta con una sonrisa.

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Desde entonces, el negocio ha ido adaptándose a los cambios del mercado. Las bodas religiosas han disminuido y los presupuestos son más ajustados, pero Bugallo asegura que se sigue vendiendo lo mismo, aunque con márgenes más estrechos. «Si quieres mantener un poco el precio, las cuentas se ponen difíciles», reconoce. Entre los productos estrella destaca el ramo silvestre primaveral, aunque la rosa sigue siendo un clásico, y los ramos funerarios ocupan buena parte del trabajo diario.

El día a día en Floristería Bambú

Interior de la floristería

La rutina de Olga Bugallo no conoce descanso. Los domingos suele trabajar por la mañana y en festivos como San Benito no para. «Me gusta atender a la gente y nadie me obliga, pero es una forma de generar algo más para hacer frente a los pagos», explica. Añora la época en que el negocio daba para ahorrar, pero bromea: «Llevo 15 años en esta ubicación y todavía no sé lo que es ahorrar».

El trato cercano es una de las señas de identidad de Bambú. Bugallo prefiere atender en persona antes que gestionar presupuestos por WhatsApp. «Odio los presupuestos por mensaje; yo quiero ir allí, mirar lo que se puede poner, que me den ideas y exponer las mías», afirma. Esta filosofía se traduce en un compromiso: nunca decir que no a un cliente, incluso si eso implica trabajar a horas poco habituales o en días de descanso. «Captar un cliente cuesta y perderlo lo pierdes en cinco minutos», sentencia.

La filosofía de no decir que no

Detalle de un ramo artesanal

En Floristería Bambú, la máxima es cumplir las expectativas del cliente, sea cual sea el presupuesto. «Procuro cumplir, aunque sea con un ramo y un jarrón para flores de 20 euros», asegura Bugallo. Esta entrega diaria la lleva a estar acompañada por Sandra y Loli, aunque reflexiona que «seguramente ganaría más estando yo sola y cerrando cuando tuviese que entregar un ramo». Sin embargo, prefiere mantener las puertas abiertas para no perder ninguna oportunidad.

De cara al futuro, Olga Bugallo se muestra realista pero optimista. A sus 62 años, reconoce que alguna vez ha pensado en dejarlo todo, pero le cuesta imaginarse lejos de una profesión que disfruta. «Tengo un problema: soy adicta a mi trabajo y me domina. Disfruto una barbaridad haciendo o entregando un ramo», confiesa. «Por los tres años que me quedan, no tiene sentido marchar. No descarto que me dé una venada, pero hay que tirar», concluye entre risas.

Olga Bugallo en su tienda

La historia de Floristería Bambú es la de una mujer que ha dedicado casi medio siglo a las flores, superando baches económicos y personales con la misma pasión del primer día. Su apuesta por el trato cercano, la flexibilidad y el cariño por el oficio le han permitido mantener una clientela fiel en un sector cada vez más exigente. Aunque el futuro es incierto, Bugallo sigue adelante, convencida de que merece la pena luchar por lo que uno ama.

Ramo de flores silvestres


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