
Si tienes un jardín o un huerto, seguro que te has planteado cómo evitar que el sol se cargue la tierra en verano o que las heladas pasen factura en invierno.
Aquí es donde entra en juego el acolchado o mulching, una técnica que básicamente consiste en poner una capa de material sobre el sustrato para que actúe como una manta protectora, manteniendo las raíces a salvo y evitando que el agua se evapore volando.
No se trata solo de que el jardín quede bonito, sino de darle un respiro a la tierra. Un suelo desnudo es prácticamente el enemigo número uno del jardinero, ya que queda expuesto a la erosión y a la pérdida de actividad biológica.
Al aplicar diferentes tipos de acolchado, ya sea orgánico o mineral, conseguimos que el riego sea mucho más eficiente y que las plantas aguanten mejor los tirones térmicos de cada estación.
La corteza de pino: estética y humedad
Este es uno de los materiales más populares porque, además de ser muy vistoso, es muy práctico. La corteza de pino ayuda a que el sustrato conserve la humedad durante mucho más tiempo, lo que se traduce en un ahorro económico y un beneficio medioambiental al reducir los riegos. Además, es una barrera natural que dificulta que las malas hierbas se instalen en tu zona de cultivo.
A la hora de comprarla, te encontrarás con dos versiones: la bruta y la cribada. La corteza bruta es la que viene directa de la serrería, ideal para grandes superficies y con un aspecto más rústico.
Por otro lado, la corteza cribada es la que ha sido filtrada para dejar solo las piezas pequeñas, logrando un acabado mucho más homogéneo y delicado, perfecto para plantas pequeñas.
Hay un debate recurrente sobre si este material acidifica la tierra. Aunque algunos usuarios han notado que plantas como el jazmín o la berenjena no prosperan tanto, expertos indican que no hay evidencia clara de que acidifique el suelo de forma drástica ni que robe nutrientes; al contrario, los libera poco a poco.
Eso sí, es fundamental no cubrir el cuello de las plantas leñosas para evitar que la excesiva humedad provoque hongos por falta de aireación.
Entre sus puntos fuertes destaca que es un material muy resistente al pisoteo, por lo que puedes crear senderos sin miedo a destrozar el acolchado. Además, tiene un aroma fresco muy agradable y un color oscuro que hace que el verde de los arbustos resalte muchísimo.
Gravas y áridos: la opción mineral
Cuando hablamos de paisajismo mediterráneo, la grava es la reina absoluta. Se utiliza para integrar el jardín con el entorno rocoso natural y es especialmente útil en zonas de bajo riego. Si eliges colores claros, evitarás que la superficie absorba demasiado calor, reflejando la luz solar en lugar de guardarla.
Existen muchísimas variedades según lo que busques: desde la clásica gravilla de canto rodado o la pizarra plana, hasta opciones más específicas como la gravilla volcánica, la arcilla expandida o el granito.
Lo ideal es usar granulometrías medias o bajas, generalmente entre 3 y 40 mm, aplicándolas en capas de unos 10 a 12 cm.
A diferencia de los materiales orgánicos, la grava es la mejor aliada para aquellas plantas que provienen de suelos pobres y drenantes y que no toleran bien la materia orgánica. Aunque no frenan las malas hierbas al 100%, son extremadamente duraderas.
Un consejo de experto: no pongas malla geotextil debajo, ya que con el tiempo acaba saliendo a la superficie y bloquea los túneles naturales que crea la fauna del suelo.
Otras alternativas de acolchado
Dependiendo de lo que necesites, existen otras opciones muy interesantes. El mantillo de compost es la opción más ecológica y nutritiva, ideal para mejorar la estructura del suelo, aunque es menos estable y hay que renovarlo a menudo.
Para quienes tienen restos de poda, triturar las ramas leñosas crea un mulch rústico muy duradero que permite que las raíces superficiales se desarrollen en un entorno biológicamente activo.
Si tienes un huerto, la paja limpia es la mejor opción. Es barata, fácil de extender con una horca y protege los frutos (como fresas o tomates) para que no toquen la tierra directamente.
También existen las plantas tapizantes, que son básicamente cubresuelos naturales; estas aportan una biodiversidad increíble y cumplen la misma función de proteger la tierra que cualquier material inerte.
Para aquellos que prefieran una barrera más drástica, existen las telas de jardinería que se venden en rollos. Se pueden sujetar con ladrillos o piquetas de tienda de campaña y las plantas se colocan haciendo una incisión en forma de X con un cúter. Es una solución eficaz, aunque menos natural que el mulching orgánico.
Elegir entre la grava, la corteza de pino o el compost depende totalmente del tipo de vegetación que tengas y del clima de tu zona. Mientras que los minerales son imbatibles en el drenaje y la durabilidad en climas secos, la materia orgánica es la clave para mantener la hidratación y alimentar la tierra.
Lo más importante es evitar el suelo desnudo y ajustar el espesor del material según la planta para no ahogar las raíces ni favorecer la aparición de hongos.