Seguro que muchos de nosotros tenemos recuerdos agakrisados de la infancia donde las acelgas eran el plato obligado que no queríamos ni mirar.
Sin embargo, una vez que te pones manos a la obra en el huerto y aprendes a cocinarlas de formas creativas, te das cuenta de que son una verdura increíblemente versátil y agradecida que no puede faltar en ninguna dieta equilibrada.
Desde el punto de vista botánico, hablamos de la Beta vulgaris L. var. cicla. L, una planta de la familia de las Quenopodiáceas. Lo más interesante es que es una especie bianual que no produce frutos comestibles ni raíces aprovechables, ya que lo que realmente nos interesa son sus hojas y pecíolos carnosos, cargados de nutrientes esenciales como calcio, hierro y vitaminas A y C.
Claves para una siembra exitosa
Si quieres empezar desde cero, tienes dos caminos. El más sencillo es adquirir plantones ya desarrollados para saltarte el proceso de germinación. No obstante, si prefieres sembrar, puedes hacerlo en almácigos colocando las semillas a voleo y cubriéndolas con apenas dos o tres centímetros de sustrato. Cuando las plántulas alcancen unos 5 cm, es vital realizar un aclareo para dejar un espacio mínimo de 7 cm entre ellas.
En cuanto al lugar, la siembra directa requiere un marco de 50×30 cm. Es fundamental que el terreno sea fresco, profundo y esté bien abonado.
Si optas por cultivar en macetas, tienes dos rutas: usar recipientes pequeños de 3 litros si solo buscas cosechar brotes tiernos para ensaladas, o macetas de 25 litros si quieres que la planta se desarrolle plenamente, aunque en este caso es recomendable empezar con varias y ir dejando espacio hasta quedarse con una sola planta fuerte.
Calendario de cultivo y gestión del calor
Aunque se dice que se pueden cultivar todo el año, la realidad es que las acelgas son amantes de los ambientes frescos. En zonas frías, lo ideal es sembrar entre octubre y marzo, mientras que en zonas templadas hay más flexibilidad.
El gran reto llega con las altas temperaturas, ya que el calor excesivo puede provocar que la planta se espigue, es decir, que florezca prematuramente, perdiendo la calidad de las hojas.
Para combatir este problema en los meses más calurosos, es clave elegir variedades específicas. Por ejemplo, la acelga verde de penca blanca es una opción fantástica porque no espiga con facilidad en verano.
Para mantener la ternura de las hojas cuando aprieta el sol, debemos regar con generosidad (sin llegar a encharcar) y aportar nitrógeno mediante abonos ecológicos como el guano o el humus de lombriz.
Mantenimiento y cuidados esenciales
El suelo ideal debe ser arenoso, con un drenaje eficiente y un pH situado entre 6,5 y 7,5. Si cultivas en macetas, una mezcla de dos terceras partes de fibra de coco y una tercera de humus de lombriz funciona de maravilla.
En suelo directo, no olvides añadir mantillo o materia orgánica para asegurar que la planta tenga alimento suficiente durante su ciclo largo.
El riego debe ser frecuente y constante. Un truco para evitar enfermedades es regar directamente el sustrato, evitando mojar las hojas desde arriba.
Además, es recomendable realizar ligeras escardas para romper la costra del terreno y eliminar las malas hierbas, teniendo muchísimo cuidado de no dañar las raíces, que son bastante sensibles.
Asociaciones y control de plagas
Para optimizar tu huerto, recuerda que la acelga se lleva muy bien con el apio, las coles, la cebolla, el brócoli, las judías y las zanahorias. Por el contrario, debes evitar plantarlas cerca de los tomates, los puerros y los espárragos, ya que estas asociaciones no resultan favorables para el crecimiento saludable de la planta.
- Pulgón: Estos insectos verdes o negros suelen agruparse en el envés de las hojas.
- Mildiu: Un hongo que provoca manchas marrones o un polvo ceniciento; se evita controlando la humedad y evitando el riego foliar.
- Gusanos (Blanco, Gris y de Alambre): Atacan tanto las hojas como las raíces. El tratamiento ecológico más eficaz contra ellos es el bacillus thuringiensis.
Cosecha y aprovechamiento culinario
Normalmente, podrás empezar a recolectar hojas entre los 3 y 4 meses después de la siembra. Lo ideal es cortar las hojas una a una, priorizando siempre las más fuertes y exteriores. Si las quieres como brotes, puedes hacerlo mucho antes; si buscas hojas maduras, espera a que alcancen unos 25 cm de longitud. La época de máxima producción suele situarse entre agosto y octubre.
En la cocina, podemos jugar con las dos partes de la planta. Las pencas blancas son ideales para rebozar, freír o saltear, ya que aguantan más tiempo de cocción.
Por otro lado, la parte verde es perfecta para cremas, lasañas o revueltos. Al ser una planta bianual, si no la arrancas entera, rebrotará la siguiente temporada, aunque las hojas serán más pequeñas y el tronco estará más duro, por lo que es preferible consumirla lo más fresca posible.
Tener un cultivo saludable de acelgas requiere básicamente de un buen manejo del agua, un suelo rico en nutrientes y la elección de la variedad adecuada según la temperatura.
Si controlas el espigamiento en verano y mantienes a raya las plagas con métodos ecológicos, disfrutarás de una fuente constante de vitaminas y minerales en tu mesa durante gran parte del año.