Cuando nos ponemos manos a la obra con un proyecto de riego, lo primero que hay que hacer es sentar unas bases sólidas para que los números no nos engañen. De todos los parámetros que existen, la evapotranspiración (ET) es probablemente el más determinante, ya que si nos quedamos cortos, las plantas sufrirán estrés hídrico y la cosecha caerá en picado; pero si nos pasamos, acabaremos tirando el dinero en materiales y agua que no hacían falta.
Para que nos entendamos, la FAO define este fenómeno como la suma de dos procesos que, aunque van de la mano, son distintos: el agua que se escapa directamente desde la superficie del suelo por evaporación y la que liberan las plantas a través de sus hojas mediante la transpiración. Es, básicamente, el camino del agua desde la tierra hacia la atmósfera, un ciclo vital que influye no solo en el campo, sino en la formación de nubes y la temperatura de nuestra zona.
Desglosando el proceso: Evaporación y Transpiración

Si alguna vez has visto el vapor salir de una olla con agua hirviendo, ya sabes qué es la evaporación. El agua pasa de estado líquido a gaseoso cuando recibe energía. En el campo, el calor de la radiación solar sustituye al fuego de la cocina, haciendo que el agua del suelo se disperse por el aire. Este ritmo varía cada día según el clima y el tipo de tierra; por ejemplo, los suelos arenosos retienen menos agua que los arcillosos, facilitando que se evapore más rápido. Además, si ponemos coberturas o paneles solares flotantes en embalses, podemos frenar este proceso y aprovechar la energía solar para otros fines.
Por otro lado, tenemos la transpiración, que es el mecanismo de las plantas para «respirar» y refrigerarse. Las raíces absorben agua y nutrientes que suben hasta las hojas. Allí, mientras la planta hace la fotosíntesis para crecer, libera el exceso de agua a través de unos poros llamados estomas. Es un proceso fascinante porque crea una especie de succión que permite que el agua suba contra la gravedad. Eso sí, si la planta está enferma o no hay humedad suficiente, los estomas se cierran para no morir deshidratadas, frenando así la transpiración.
El Balance Energético y la Meteorología
Desde un punto de vista más técnico, la evapotranspiración es parte del balance energético de la superficie terrestre. La Tierra recibe radiación de onda corta del sol y emite radiación de onda larga. La radiación neta es la energía que queda disponible y que se distribuye en tres flujos: el calor que se hunde en el suelo, el calor sensible (que calienta el aire y crea térmicas) y el calor latente, que es precisamente la evapotranspiración.
Para medir esto, los científicos usan aparatos muy sofisticos como los piranómetros o la técnica de eddy covariance, que mide ráfagas de viento y vapor de agua muchas veces por segundo. También se puede experimentar de forma casera colocando un recipiente de vidrio sobre césped y otro sobre asfalto; en el primero veremos gotas de agua condensadas en las paredes, demostrando que la vegetación «expulsa» mucha más humedad que el suelo desnudo.
Cálculo y Aplicación en la Agricultura de Precisión
Para no ir a ciegas, los agricultores utilizan diferentes tipos de ET. La ET0 o evapotranspiración de referencia es la que tendría un pasto hipotético con agua infinita y depende solo del clima. Para saber cuánto necesita un cultivo real, usamos la fórmula ETc = ET0 x Kc, donde el Kc es el coeficiente del cultivo que cambia según la etapa de crecimiento (si está empezando a brotar o si ya está maduro).
Si las condiciones no son ideales, como cuando hay plagas o salinidad en el suelo, aplicamos un coeficiente de estrés hídrico (Ks) para obtener la evapotranspiración real. Esto es fundamental para evitar el riego excesivo, que no solo gasta agua, sino que puede provocar lixiviación de nutrientes o enfermedades en las raíces.
- Lisímetros: Contenedores que pesan el suelo para saber exactamente cuánta agua se pierde. Son precisos pero caros.
- Atmómetros: Recipientes simples que miden la evaporación directa. Muy útiles para pequeños huertos.
- Teledetección: Uso de satélites (como los de la NASA o Landsat) e índices como el NDVI para medir el «verdor» de la planta y estimar la ET desde el espacio.
- Balance Hídrico: Una estimación basada en la diferencia entre lo que entra (lluvia/riego) y lo que sale.
Cómo programar el riego paso a paso

Para diseñar un plan de riego que sea redondo, primero debemos conocer el agua total disponible (TAW) en el suelo y la fracción que la planta puede extraer sin estresarse, llamada agua fácilmente disponible (RAW). El proceso lógico sería registrar la ET0 diaria, multiplicarla por el Kc del cultivo para obtener la ETc y convertir eso a metros cúbicos por hectárea.
Un ejemplo práctico sería calcular el intervalo de riego dividiendo el RAW entre el requerimiento diario de agua. A esto se le suele sumar un margen del 15-20% para la lixiviación, asegurando que las sales no se acumulen en la zona radicular. De este modo, el agricultor sabe exactamente cada cuántos días abrir el grifo y cuánta cantidad aplicar para mantener la planta en su punto óptimo.
La gestión inteligente del agua hoy en día combina sensores locales que miden la humedad y el clima hiperlocal con modelos matemáticos avanzados. Al entender que la evapotranspiración es la suma de la evaporación del terreno y la transpiración del follaje, influenciada por el viento, la temperatura y la luz solar, es posible transformar una explotación agrícola tradicional en un sistema de agricultura de precisión que sea rentable y sostenible a largo plazo.



