Algunas especies de higueras están atrayendo la atención mundial tras el reciente descubrimiento de su capacidad para transformar dióxido de carbono atmosférico en una forma mineral duradera, lo que podría tener implicaciones relevantes en la lucha contra el calentamiento global. Un grupo internacional de investigadores ha demostrado que ciertas variedades de estos árboles en Kenia no solo almacenan carbono de forma orgánica, sino que también lo fijan como carbonato de calcio, permaneciendo en el suelo durante largos periodos.
Este fenómeno fue presentado durante la conferencia Goldschmidt, encuentro destacado de la geoquímica europea. A través de un estudio realizado en el condado de Samburu, en el noreste keniano, el equipo se centró en tres tipos distintos de higuera. Los resultados muestran que, junto al clásico proceso de fotosíntesis, estos árboles activan una vía oxalato-carbonato que genera pequeños cristales minerales en su estructura.
El proceso de secuestro de carbono en las higueras

Cuando las higueras absorben CO₂, parte de ese gas se utiliza para producir oxalato de calcio, un compuesto habitual en diversas plantas. Al morir o descomponerse hojas, raíces y ramas, microorganismos especializados transforman dicho oxalato en carbonato de calcio, que se integra tanto en el suelo circundante como en la propia madera del árbol. Esta forma inorgánica de carbono resulta mucho más persistente en el tiempo que la materia orgánica, ya que puede permanecer estable incluso siglos.
Los científicos observaron que, a medida que se genera carbonato de calcio, el suelo se vuelve progresivamente más alcalino. Además, mediante técnicas de imagen avanzadas, constataron que estos minerales pueden encontrarse tanto en la superficie del tronco como en la profundidad de la estructura leñosa. Este hallazgo sugiere que la acción conjunta de la higuera y los hongos o bacterias que la acompañan facilita la retención de carbono a diferentes niveles.
Potencial agrícola, ambiental y nuevas investigaciones
La introducción de higueras con capacidad de fijar carbono en proyectos de agroforestería podría contribuir de forma significativa a estrategias de mitigación climática, según defienden los expertos. Este avance resulta especialmente relevante en regiones tropicales en las que se busca compatibilizar producción de frutos y conservación del medio ambiente.
Gran parte de los estudios previos sobre el almacenamiento mineral de carbono se habían enfocado en árboles no frutales como el Iroko, conocido por acumular gran cantidad de carbonato de calcio en el suelo durante su vida. Sin embargo, el nuevo trabajo confirma que muchas más especies de árboles podrían tener este potencial, abriendo la puerta a la selección cuidadosa de las variedades más adecuadas en función del clima y el aprovechamiento agrícola.
Los investigadores están evaluando cuál podría ser la repercusión a mayor escala de este mecanismo, teniendo en cuenta factores como la necesidad de agua, el rendimiento y los beneficios medioambientales. Además, el uso de equipamiento científico puntero ha permitido localizar con precisión zonas de depósito mineral y microorganismos implicados en el proceso de transformación dentro del árbol y el suelo.
Nuevas oportunidades para la lucha contra el CO₂
La vía oxalato-carbonato en higueras representa una opción innovadora para aumentar la capacidad de los ecosistemas agrícolas y forestales de «atrapar» carbono, contribuyendo a la regulación del clima en el largo plazo. Plantar especies con este tipo de rendimiento dual —alimenticio y ambiental— podría convertirse en una herramienta útil para afrontar el reto de las emisiones globales.
Este descubrimiento refuerza el interés por continuar la investigación en el ámbito de la biogeoquímica vegetal, con la mira puesta tanto en la reforestación como en el desarrollo de sistemas de agricultura sostenible que maximicen la retención de carbono, mejoren los suelos y proporcionen recursos alimenticios a las comunidades rurales.
El desarrollo de nuevos métodos para identificar y potenciar árboles con capacidad de mineralizar el carbono sugiere que, en el futuro, el papel de las higueras y especies afines podría ser mucho más relevante de lo que se pensaba en el equilibrio climático global. La investigación continúa analizando cómo optimizar estos procesos y su integración en el ámbito agrícola y medioambiental.

