Los hongos entomopatógenos han revolucionado el manejo de plagas agrícolas y forestales en las últimas décadas. Su capacidad para atacar de forma natural a los insectos que transmiten enfermedades o provocan daños en los cultivos es cada vez más valorada en un contexto donde el impacto ambiental de los productos químicos tradicionales genera preocupación.
A día de hoy, tanto equipos de investigación como empresas especializadas y agricultores están volcándose en el desarrollo de soluciones biológicas en las que estos hongos desempeñan un papel crucial. Gracias a su acción específica contra numerosos insectos vectores y plagas, representan una alternativa sostenible, eficaz y segura frente a los fitosanitarios de síntesis química.
¿Qué son los hongos entomopatógenos y cómo actúan?
Los hongos entomopatógenos son organismos que pueden provocar enfermedades y finalmente causar la muerte en insectos y otros artrópodos. Se conocen actualmente más de 750 especies, agrupadas principalmente en los órdenes Hypocreales (Ascomycota) y Entomophthorales (Zygomycota). Estos hongos presentan dos fases principales en su ciclo vital: una fase parasítica, que abarca desde la infección hasta la muerte del hospedero, y una fase saprofítica, que ocurre después de que el insecto muere y el hongo sobrevive aprovechando la materia orgánica disponible en el entorno.
La infección comienza cuando las esporas del hongo (conidios) se depositan sobre la cutícula del insecto. A diferencia de otros patógenos como bacterias o virus, no es necesario que el insecto ingiera el hongo; la infección se produce directamente a través de la superficie corporal. El proceso implica varias etapas que se desarrollan de la siguiente manera:
- Adhesión: Las esporas se fijan a la cutícula del insecto. Una vez adheridas, germinan y forman una estructura especializada llamada apresorio, que facilita la sujeción y la posterior penetración.
- Germinación y penetración: La espora genera un tubo germinativo que atraviesa la cutícula, gracias a la combinación de presión física y la acción de enzimas como proteasas, lipasas y quitinasas.
- Colonización y producción de toxinas: El hongo invade los tejidos internos del insecto, ramificando sus hifas y produciendo toxinas como la beauvericina y otros compuestos, que debilitan el sistema inmunológico del hospedero y aceleran su muerte.
- Muerte y esporulación: Tras la muerte del insecto, el hongo se multiplica dentro del cadáver, produciendo nuevas esporas que podrán infectar a otros individuos si las condiciones ambientales son favorables.
Este proceso provoca la muerte del insecto bien por el crecimiento físico del micelio dentro de su cuerpo o por la acción tóxica de los metabolitos liberados por el hongo. Esta especificidad y eficacia han convertido a los hongos entomopatógenos en aliados imprescindibles para el control biológico.
Principales especies de hongos entomopatógenos en control de plagas

Dos de los hongos entomopatógenos más estudiados y utilizados en el mundo agrícola son Beauveria bassiana y Metarhizium brunneum (y su variedad anisopliae). Cada uno posee características particulares que los hacen adecuados para combatir diferentes especies de plagas y vectores.
Beauveria bassiana:
Este hongo, de aspecto algodonoso y color blanco o amarillo cremoso, es capaz de infectar más de 200 especies de insectos pertenecientes a distintos órdenes. Se utiliza ampliamente como biopesticida y ha demostrado una gran eficacia en cultivos hortícolas, frutales, ornamentales y en la protección forestal. Su modo de acción se basa en las etapas ya descritas, donde la penetración y colonización interna son facilitadas por la secreción de toxinas como la beauvericina, los beauverólidos y otras sustancias con propiedades insecticidas.
En aplicaciones prácticas, Beauveria bassiana puede ser aplicado mediante pulverizaciones foliares, en trampas con organismos inoculados o incluso mediante riego localizado. La clave de su eficacia radica en que debe entrar en contacto directo con el insecto objetivo; sin este contacto, no se producirá el efecto deseado. Factores como la humedad relativa (idealmente por encima del 90%) y la temperatura entre 23 y 25 °C favorecen la germinación y acción del hongo.
Metarhizium brunneum:
Anteriormente conocido como Metarhizium anisopliae, este hongo es especialmente efectivo en el control de plagas del suelo y de insectos vectores como Philaenus spumarius, un transmisor clave de la bacteria Xylella fastidiosa que ha causado graves problemas en olivos y otros cultivos mediterráneos. En ensayos, la cepa EAMa 01/58-Su de M. brunneum ha logrado reducir de manera significativa la supervivencia de estos insectos tanto por contacto directo como al alimentarse de plantas previamente tratadas.
La acción de Metarhizium brunneum no se limita solo a insectos; también puede colonizar el entorno radicular de las plantas, ofreciendo beneficios añadidos como mejora del sistema radical, mayor nutrición y resistencia ante condiciones de estrés abiótico. Esto convierte a estos hongos en herramientas valiosas en un manejo integrado sostenible.
Investigación y avances recientes en el uso de hongos entomopatógenos
En los últimos años, se han intensificado los estudios para desarrollar aplicaciones prácticas y efectivas de los hongos entomopatógenos en distintos escenarios agrícolas. Equipos como el de la Universidad de Córdoba (UCO) están centrados en la identificación de cepas autóctonas capaces de combatir insectos vectores de enfermedades tan graves como la Xylella fastidiosa o el HLB (‘greening’ de los cítricos).
Un ejemplo destacado es el uso de M. brunneum para reducir la población del vector Philaenus spumarius en olivos, demostrando en laboratorio una reducción de la supervivencia y alteraciones en la capacidad de transmisión del patógeno. Además, se están preparando ensayos de campo para ampliar la validación de estos resultados en ambientes reales, especialmente en áreas gravemente afectadas como el sur de Italia.
En el ámbito de los cítricos, empresas como Koppert y consorcios internacionales están probando la eficacia de hongos entomopatógenos para controlar plagas como la psila africana (Trioza erytreae), vector del HLB. Este tipo de estrategias es crucial, ya que la enfermedad, de momento, no tiene cura, y el control de los insectos vectores es la mejor defensa para evitar su propagación.
Cómo se aplican los hongos entomopatógenos: métodos y recomendaciones
La eficacia de los hongos entomopatógenos depende en gran medida de cómo y cuándo se aplican. Algunos métodos comunes incluyen:
- Aplicaciones foliares: Consisten en pulverizar formulaciones líquidas o sólidas sobre los cultivos, permitiendo que las esporas contacten con los insectos que se encuentran en hojas y tallos.
- Riego localizado o «drench»: Se utiliza principalmente en plagas del suelo, aplicando el hongo en la zona radicular o alrededor de la planta.
- Trampas o cebos inoculados: Se atrae a los insectos hacia puntos específicos donde el hongo se encuentra en condiciones óptimas para infectarlos.
Para alcanzar los mejores resultados, los hongos deben ser aplicados bajo unas condiciones ambientales adecuadas, manteniendo la humedad alta y temperaturas medias. Además, es importante aplicar el producto en los momentos de mayor presencia del insecto objetivo y asegurarse de que la formulación sea compatible con otros tratamientos biológicos o prácticas agronómicas (por ejemplo, cubiertas vegetales o presencia de insectos auxiliares).
Compatibilidad y sinergias: cubiertas vegetales y fauna auxiliar
Una de las líneas de investigación más innovadoras explora la combinación de hongos entomopatógenos con la implantación de cubiertas vegetales para fomentar una mayor biodiversidad y presencia de enemigos naturales. Los estudios de la Universitat Jaume I y la UCO demuestran que el uso combinado de cubiertas vegetales y hongos como Metarhizium brunneum mejora el control de plagas como la mosca de la fruta, aumentando la eficacia infecciosa del hongo y reduciendo el paso a estados adultos de los insectos dañinos.
Un aspecto esencial es analizar el posible impacto sobre los depredadores beneficiosos. Ensayos de campo han revelado que, aunque puede reducirse la actividad de algunos grupos como los escarabajos, el uso de hongos entomopatógenos no afecta negativamente a otros depredadores clave (tijeretas, arañas) e incluso potencia la actividad de hormigas que también contribuyen al control biológico.
Esta compatibilidad entre distintas técnicas de manejo abre nuevas posibilidades para un control integrado capaz de mantener la presión de plagas bajo mínimos y minimizar el uso de productos químicos.
Ventajas y limitaciones del uso de hongos entomopatógenos frente a otras estrategias
Frente a los insecticidas tradicionales, los hongos entomopatógenos presentan numerosas ventajas:
- Selectividad y especificidad: Suelen atacar solo a determinados grupos de insectos plaga, respetando la fauna auxiliar y otros organismos beneficiosos.
- Inocuidad: No dejan residuos peligrosos ni afectan a la salud humana, de animales domésticos o silvestres.
- Producción y manejo sencillo: Pueden multiplicarse en grandes volúmenes y aplicarse con la maquinaria existente, integrándose fácilmente en las prácticas agrícolas.
- Adaptabilidad: Las cepas autóctonas se pueden seleccionar para cada entorno, aumentando su eficacia y persistencia.
Sin embargo, hay algunos factores que pueden limitar su eficacia:
- Condiciones ambientales: Los hongos requieren humedad elevada y temperaturas suaves para germinar y desarrollarse adecuadamente.
- Contacto directo: Es imprescindible que las esporas lleguen a la superficie corporal del insecto; por tanto, la cobertura y distribución de la aplicación es clave.
- Persistencia: Las condiciones ambientales adversas o la luz solar directa pueden reducir la viabilidad de las esporas en campo, aunque se están mejorando las formulaciones para aumentar su duración.
Casos de éxito y ejemplos de plagas controladas
El potencial de los hongos entomopatógenos se observa en la gran variedad de plagas sobre las que se ha demostrado eficacia, tanto en ensayos científicos como en explotaciones agrícolas a gran escala. Algunos ejemplos destacados incluyen:
- Control de la mosca de la fruta en cítricos: Aplicaciones de Metarhizium brunneum han conseguido tasas de infección superiores al 60% en condiciones de campo combinado con cubiertas vegetales.
- Reducción de poblaciones de Philaenus spumarius y contención de la Xylella fastidiosa en olivos: El uso de cepas seleccionadas ha logrado disminuir la supervivencia de los vectores y reducir el riesgo de propagación de la bacteria.
- Control de plagas habituales en hortícolas y frutales: Gusanos blancos, curculiónidos, polilla del tomate, chanchitos blancos, mosquita blanca, pulgones, cochinillas y trips están en la lista de especies objetivo contra las que estos hongos ya se están empleando con éxito.
En Chile, gracias al trabajo de la Estación Experimental Quilamapu y su colección de más de 800 cepas autóctonas, se han conseguido buenos resultados en el control de plagas agrícolas clave. A nivel europeo, las políticas agrícolas están impulsando la integración de técnicas respetuosas con el medio ambiente –como el uso de estos hongos– en línea con los objetivos del Pacto Verde Europeo y la Política Agraria Común.
Desafíos, líneas de investigación futura y perspectivas
El desarrollo y la aplicación de hongos entomopatógenos como herramienta principal y complementaria en el control biológico siguen avanzando a gran ritmo. Hay proyectos internacionalmente reconocidos, como BeXyl o TropicSafe, que integran investigación, desarrollo de nuevas formulaciones y coordinación internacional para responder a retos como la contención de X. fastidiosa o el HLB en cítricos.
Un aspecto crucial para el éxito futuro está en la selección de cubiertas vegetales adecuadas para no favorecer a los insectos vectores, así como en la valoración del impacto ecológico y económico de las medidas de cuarentena, contención y erradicación. Los investigadores buscan continuamente cepas específicas y adaptadas a cada entorno, además de formas de aplicación que maximicen la eficacia y minimicen los efectos no deseados sobre la biodiversidad local.
La combinación de microorganismos entomopatógenos, cubiertas vegetales y otros métodos biológicos, junto con políticas agrícolas sostenibles y la reducción del uso de fitosanitarios sintéticos, es clave para afrontar los retos del control de plagas en un contexto de cambio climático, exigencias medioambientales y protección de la producción agrícola.

