Hongos que transforman la basura: la apuesta de Costa Rica que mira a Europa

  • Uso de hongos para convertir residuos orgánicos en alimentos, bioinsumos y biomateriales sostenibles
  • Proyecto de la UNED en Costa Rica como modelo frente a la saturación de vertederos
  • Fermentación en estado sólido con hongos Pleurotus, Trichoderma y Ganoderma como eje tecnológico
  • Potencial de replicar esta biotecnología en Europa para impulsar la economía circular

hongos que transforman residuos

Costa Rica lleva años lidiando con una acumulación creciente de basura que pone contra las cuerdas a sus principales vertederos, pero una línea de investigación universitaria está empezando a cambiar la forma en la que se entiende la gestión de residuos: usar hongos para transformar desechos en recursos.

Esta propuesta biotecnológica, impulsada por la Universidad Estatal a Distancia (UNED), plantea que los restos orgánicos que hoy acaban en rellenos sanitarios pueden convertirse en setas comestibles, bioinsumos agrícolas y materiales biodegradables. Un enfoque que no solo busca aliviar la presión ambiental en Costa Rica, sino que abre la puerta a soluciones similares en otros territorios, como España y el resto de Europa, donde la economía circular ya es una prioridad política y social.

Crisis de residuos en Costa Rica: un laboratorio a cielo abierto

Según datos del Ministerio de Salud costarricense, cada habitante genera más de 400 kilos de residuos al año, lo que se traduce en más de 1,6 millones de toneladas de basura ordinaria anuales. Esta carga se concentra especialmente en el Gran Área Metropolitana, donde los rellenos sanitarios de La Uruca y Aserrí reciben en conjunto unas 2.600 toneladas diarias.

Ambas instalaciones se encuentran muy cerca de su límite de capacidad, hasta el punto de que las autoridades han advertido de un posible colapso de los rellenos en los próximos meses. El cierre o saturación de estos puntos supondría un problema serio de gestión de residuos para todo el país, con riesgos ambientales y sanitarios nada menores.

En este contexto de saturación, el Ministerio de Salud ha llegado a calificar la situación como una auténtica “crisis de residuos”. La combinación de elevado consumo, baja separación en origen y dependencia de los vertederos ha obligado a buscar soluciones alternativas, más allá de ampliar la capacidad de los rellenos sanitarios.

Es precisamente en este escenario donde la UNED ha convertido la crisis en una oportunidad para la innovación: usar la propia basura como materia prima para procesos biotecnológicos que generen productos útiles y con valor de mercado.

hongos y residuos orgánicos

Hongos que convierten desechos en recursos

El corazón de la propuesta de la UNED es un proyecto desarrollado por el Laboratorio de Investigación en Ciencias Experimentales (LICE), centrado en la fermentación en estado sólido. Esta técnica utiliza hongos para descomponer residuos orgánicos y transformarlos en productos de alto valor añadido.

La idea básica es relativamente sencilla: los restos de origen vegetal y otros desechos orgánicos se convierten en “alimento” para hongos específicos. Durante el proceso de fermentación, estos microorganismos degradan la materia y generan nuevas estructuras o compuestos que pueden aprovecharse en alimentación, agricultura o industria.

El proyecto se apoya en tres grandes grupos de hongos: Pleurotus, Trichoderma y Ganoderma. Cada uno cumple una función concreta dentro del sistema, lo que permite obtener tres líneas principales de productos a partir de la misma base de residuos.

Esta estrategia encaja plenamente con los principios de la economía circular: se reduce el volumen de basura que llega a los vertederos, se aprovechan subproductos agrícolas y domésticos infravalorados y se generan nuevas cadenas de valor en sectores como el agroalimentario o el de materiales sostenibles.

Tres líneas de productos: comida, campo y biomateriales

En el ámbito alimentario, los hongos del género Pleurotus se utilizan para producir setas comestibles frescas o procesadas. Estas setas, similares a las populares setas ostra, tienen un alto valor nutricional y un interesante potencial de comercialización e industrialización, tanto en mercados locales como en canales especializados.

En agricultura, el protagonismo recae en los hongos Trichoderma, conocidos por su capacidad para mejorar la salud del suelo y proteger los cultivos frente a determinadas enfermedades. A partir de los residuos fermentados se obtienen bioinsumos que pueden aplicarse como mejoradores del suelo o complementos en sistemas agrícolas más sostenibles.

La tercera línea se centra en los hongos del género Ganoderma, con los que se elaboran biomateriales destinados a sustituir plásticos de un solo uso. Estos materiales, formados por redes de micelio (la estructura vegetativa del hongo), pueden moldearse para crear piezas rígidas o semirrígidas aptas para embalajes, rellenos y otros productos donde hoy se emplean espumas plásticas o envases convencionales.

De este modo, un mismo flujo de residuos orgánicos puede transformarse en alimentos, insumos para el campo y alternativas biodegradables para la industria. El enfoque es modular y permite adaptar el destino de los productos según las necesidades del territorio o del mercado.

De la rosa de Jamaica al café: qué residuos se aprovechan

Lejos de limitarse a restos domésticos genéricos, el proyecto de la UNED integra una amplia variedad de residuos agroindustriales repartidos por distintas zonas de Costa Rica, lo que convierte al país en un banco de pruebas muy diverso.

Entre los materiales que se utilizan como sustrato para la fermentación en estado sólido figuran la poda de rosa de Jamaica en Bagaces, restos de pipa en Guápiles, subproductos del rambután y la piña, residuos ligados al cultivo de palma africana en la zona sur y la broza de café procedente de los hogares.

A estos se suman los residuos orgánicos domiciliarios recogidos de forma diferenciada, lo que permite que la materia llegue en mejores condiciones al laboratorio. Esta variedad de fuentes obliga a analizar cada lote de residuos antes de iniciar el proceso, ya que no todos los desechos son iguales cada día y es necesario comprobar que los hongos disponen de los nutrientes adecuados.

Este enfoque, basado en la adaptación continua de las formulaciones, resulta especialmente interesante para territorios como España o el resto de Europa, donde la diversidad de cultivos y procesos agroindustriales podría alimentar sistemas similares de producción de hongos y biomateriales.

Alianza con municipios y papel de la universidad

Uno de los elementos clave del proyecto es la colaboración con gobiernos locales. En Costa Rica, la UNED trabaja de forma estrecha con la Municipalidad de Pérez Zeledón, que dispone de un sistema de recolección clasificada de residuos.

Esta coordinación permite que los desechos orgánicos lleguen al laboratorio en condiciones adecuadas para su aprovechamiento, reduciendo la presencia de impropios y facilitando el control del proceso. En la práctica, la basura doméstica clasificada se convierte en materia prima para un laboratorio de biotecnología, con resultados tangibles.

Para la universidad, la iniciativa tiene además un importante componente formativo. El LICE utiliza este proyecto para reforzar las competencias en biotecnología aplicada y sostenibilidad, involucrando a estudiantes en técnicas avanzadas de fermentación, manejo de hongos y desarrollo de biomateriales.

El proyecto consolida así el papel de la UNED como referente en tecnologías verdes, mientras genera conocimiento que puede transferirse a empresas, cooperativas agrícolas y administraciones públicas interesadas en modelos de gestión de residuos más circulares.

Un modelo exportable hacia España y Europa

Aunque la experiencia se está desarrollando en Costa Rica, sus implicaciones trascienden el contexto local. La combinación de crisis de vertederos, abundancia de residuos orgánicos y necesidad de nuevos materiales sostenibles es una realidad compartida por muchos países europeos.

En España, por ejemplo, la normativa comunitaria sobre residuos y economía circular obliga a reducir drásticamente el envío de basura a vertedero y a incrementar el reciclaje y la valorización de la fracción orgánica. Propuestas como la que está probando la UNED en Costa Rica pueden servir como referente para plantear proyectos piloto en regiones agrícolas con abundancia de subproductos, desde los restos de poda hasta los desechos de la industria hortofrutícola.

Asimismo, el desarrollo de biomateriales a partir de hongos encaja con la apuesta europea por los bioplásticos y materiales compostables, especialmente para envases, embalajes y productos de un solo uso que la normativa europea está restringiendo progresivamente.

El caso costarricense muestra que, con una colaboración adecuada entre universidades, administraciones y sector productivo, es posible convertir problemas cotidianos como la basura orgánica en oportunidades económicas y ambientales concretas.

Todo este trabajo en Costa Rica ilustra cómo los hongos pueden convertirse en aliados inesperados frente a la saturación de vertederos y la necesidad de materiales más sostenibles: partiendo de una crisis de residuos, se abre un camino donde la basura deja de ser solo un desecho y pasa a ser la base de nuevos alimentos, soluciones para el campo y biomateriales con potencial para transformar tanto la gestión de residuos en América Latina como en España y el resto de Europa.