El Huerto Inclusivo de la Universidad de Almería se ha consolidado en muy poco tiempo como uno de los proyectos más singulares del campus. Lo que empezó como una idea para unir ciencia, salud mental e inclusión social se ha convertido en un espacio que cada año utilizan más de 150 personas con distintas necesidades de apoyo.
En este huerto, dependiente del Centro de Investigación para el Bienestar y la Inclusión Social (CIBIS), se cultivan hortalizas y, al mismo tiempo, se trabajan habilidades sociales, se refuerza la autonomía personal y se utilizan técnicas terapéuticas innovadoras. No es solo un terreno de cultivo: es un recurso socioeducativo y científico que intenta responder, desde la práctica diaria, a problemas reales de la población más vulnerable.
Un proyecto clave dentro del CIBIS de la Universidad de Almería
El CIBIS de la UAL, con su enfoque transdisciplinar y vocación de investigación aplicada, ha encontrado en el Huerto Inclusivo uno de sus proyectos estrella. El centro no solo genera conocimiento académico, sino que busca que sus líneas de trabajo tengan un impacto directo en la calidad de vida de las personas, algo que este huerto materializa de forma muy visible.
El Huerto Inclusivo CIBIS-UAL surgió como una iniciativa con varias patas: investigación, docencia, intervención social y salud mental. Desde su puesta en marcha, se ha diseñado para ser un recurso estable que dé respuesta a personas con discapacidad, mayores en riesgo de deterioro cognitivo, pacientes con daño cerebral y colectivos que viven situaciones de exclusión social. A todas ellas les ofrece un espacio estructurado donde trabajar aspectos terapéuticos a través del cultivo.
El proyecto fue presentado oficialmente en un acto multitudinario celebrado en el campus de la Universidad de Almería, una cita que sirvió para visualizar la implicación de instituciones, asociaciones y empresas que han ido sumándose. Esa presentación marcó un antes y un después al mostrar que la iniciativa no era algo marginal, sino un compromiso compartido en torno al bienestar y la inclusión.
Además, el huerto se integra en la vida universitaria diaria. Un número creciente de estudiantes de la UAL se ha ofrecido como colaborador, lo que permite que el espacio funcione también como escuela práctica para futuras y futuros profesionales de la psicología, la educación, la salud y las ciencias sociales, entre otras disciplinas, y como huerto escolar para la formación.
Una subvención que impulsa su actividad social y científica
El Huerto Inclusivo ha recibido recientemente un apoyo económico clave de Fundación Caja Rural Granada. La entidad ha concedido una subvención de 15.000 euros, formalizada mediante un convenio firmado por el rector de la Universidad de Almería, José J. Céspedes, y el presidente de la fundación, Antonio León. Este acuerdo refuerza la estabilidad del proyecto y le permite ampliar actividades.
La aportación económica supone un respaldo explícito al carácter social y científico del huerto. Según se ha destacado, la financiación permitirá mantener y diversificar los talleres terapéuticos, comprar materiales agronómicos y adaptar mejor el espacio a las necesidades de quienes participan, especialmente aquellas personas que requieren apoyos específicos por su situación de dependencia o discapacidad.
Fundación Caja Rural Granada ha valorado que el huerto encaja de lleno en sus líneas estratégicas, centradas en proyectos de responsabilidad social con impacto real en el territorio. La iniciativa almeriense une promoción de la salud, intervención con colectivos vulnerables y sensibilización social, tres ejes que la convierten en un ejemplo de cómo la universidad puede colaborar con entidades financieras con vocación social sin perder su independencia académica.
Más allá de la aportación puntual, el convenio abre la puerta a seguir estrechando la colaboración entre la UAL y la fundación en otros ámbitos relacionados con el desarrollo cultural, educativo y comunitario. Esto sitúa al Huerto Inclusivo como un posible modelo replicable en otras universidades o municipios interesados en hibridar agricultura, inclusión y ciencia.
Un espacio de horticultura terapéutica abierto a diversos colectivos
El corazón del proyecto es la horticultura terapéutica, una herramienta que se ha demostrado especialmente útil para trabajar la salud mental y el bienestar de personas con necesidades de apoyo. En el Huerto Inclusivo se diseñan actividades específicas en función del perfil de cada grupo, teniendo en cuenta sus capacidades, limitaciones y objetivos personales.
Entre las personas usuarias se encuentran mayores residentes en centros con riesgo de deterioro cognitivo, personas con discapacidad intelectual o física, pacientes con daño cerebral adquirido y personas en riesgo de exclusión social. Todas ellas participan en tareas adaptadas: desde la preparación del terreno y la siembra, hasta el riego, el control de plagas o la recolección, siempre con supervisión profesional.
Estas dinámicas permiten trabajar aspectos tan variados como la motricidad fina, la planificación, la memoria o la toma de decisiones, además de fomentar la socialización. Para muchas personas, acudir al huerto se convierte en una rutina significativa que estructura su semana y les ofrece un entorno diferente al de los recursos asistenciales habituales.
El impacto no se queda solo en quienes reciben la intervención. El voluntariado universitario que colabora en el huerto adquiere una experiencia directa con colectivos vulnerables, lo que contribuye a reducir estigmas y prejuicios. A nivel formativo, el espacio funciona también como un laboratorio donde probar, evaluar y ajustar nuevas metodologías de intervención psicosocial.
Colaboración entre vicerrectorados, asociaciones y empresas
Una de las claves del Huerto Inclusivo es la amplitud de su red de apoyos. En la estructura interna de la universidad, el proyecto se articula principalmente a través del Vicerrectorado de Política Científica, que es donde se integra el CIBIS, pero no trabaja en solitario.
En la gestión y desarrollo de las actividades participan también los vicerrectorados de Sostenibilidad, Salud y Deportes; Igualdad, Inclusión y Compromiso Social; y Transformación Digital e Infraestructuras. Esta colaboración interdepartamental permite que el huerto no sea percibido como un proyecto aislado, sino como parte de la estrategia global de campus saludable, inclusivo y sostenible.
En el plano externo, el proyecto cuenta con la colaboración de asociaciones y entidades especializadas en discapacidad y salud mental, como FAAM, FAISEM, La Clase Chica, la Residencia de Mayores de El Zapillo, el Centro de Día de la Universidad de Almería y la asociación A Toda Vela, entre otras. Estas organizaciones derivan personas, aportan profesionales y ayudan a ajustar las actividades a las necesidades reales de cada colectivo.
También hay empresas implicadas de forma directa. La compañía Jaral SA se encarga de la formación en manejo de cultivos y del suministro de insumos agrícolas, algo que garantiza que las labores de horticultura se desarrollen con criterios técnicos adecuados. De esta manera, se logra que la experiencia del huerto sea, a la vez, terapéutica y agronómicamente solvente.

Ubicación, cultivos y dimensión educativa del huerto
El Huerto Inclusivo de la UAL está situado tras el Edificio de Ciencias de la Salud, en un espacio habilitado con parcelas de cultivo accesibles. Su localización, muy próxima a facultades y servicios universitarios, facilita la participación de estudiantes, personal investigador y profesionales que se desplazan desde centros sociosanitarios.
En el terreno se cultiva una variedad de hortalizas y verduras adaptadas al clima almeriense: acelgas, cebollas, habas, patatas, lechugas y microgreens, entre otras especies. La diversidad de cultivos permite diseñar tareas de distinta complejidad, de modo que cada persona pueda implicarse según su nivel de autonomía y sus capacidades físicas.
El propio ciclo del cultivo, desde la siembra hasta la cosecha, se aprovecha como herramienta pedagógica. Se trabajan contenidos básicos de alimentación saludable, agricultura sostenible y consumo responsable, reforzando la idea de que la agricultura de proximidad puede ser un recurso para mejorar la calidad de vida y la relación con el entorno.
El huerto funciona también como un recurso docente para el alumnado universitario, que encuentra en él un lugar donde contrastar teoría y práctica. Estudiantes de salud, educación, trabajo social, psicología o ciencias ambientales utilizan el espacio para proyectos de aprendizaje-servicio, prácticas externas y trabajos de investigación, conectando la vida académica con la realidad de los colectivos con los que trabajan.
Terapias ecológicas e innovación tecnológica
Uno de los aspectos que aporta singularidad al Huerto Inclusivo CIBIS-UAL es su apuesta por terapias ecológicas innovadoras. El cultivo no se plantea solo como actividad ocupacional, sino como una herramienta terapéutica basada en la evidencia científica, integrada dentro de planes de intervención más amplios.
El equipo del CIBIS trabaja en el diseño de protocolos que combinan elementos tecnológicos con el trabajo directo sobre la tierra. Esto puede incluir el uso de aplicaciones de registro de actividades, dispositivos de apoyo para personas con dificultades motoras o cognitivas, y herramientas digitales que facilitan la evaluación del progreso en parámetros como la atención, el estado de ánimo o la funcionalidad diaria.
Estas intervenciones tienen especial relevancia en el ámbito de la rehabilitación neuropsicológica. Para pacientes con daño cerebral o deterioro cognitivo leve, las tareas del huerto se estructuran como ejercicios que estimulan memoria, orientación, iniciativa y resolución de problemas, integrando la dimensión física, cognitiva y emocional en un mismo contexto.
Al mismo tiempo, el proyecto desarrolla una línea clara de acción comunitaria centrada en la reducción del estigma hacia personas con necesidades especiales. El hecho de compartir un mismo espacio de trabajo entre personas con y sin discapacidad contribuye a normalizar la diversidad funcional y a cuestionar estereotipos que siguen muy presentes en la sociedad.
Vinculación con el territorio y expansión de actividades
El alcance del Huerto Inclusivo no se limita al recinto universitario. Desde sus inicios se ha apostado por organizar jornadas de convivencia en distintos municipios de la provincia, llevando las dinámicas del proyecto a entornos rurales y fomentando el contacto con otras comunidades.
En este contexto, varios ayuntamientos, como los de Felix, Canjáyar y Padules, han mostrado su disposición a ceder terrenos municipales para que puedan desarrollarse actividades de plantación y talleres de horticultura con enfoque inclusivo. Esta colaboración abre la puerta a que el modelo de la UAL se expanda y se adapte a otras realidades locales.
Estas salidas a municipios tienen un doble efecto. Por un lado, ofrecen a los participantes del huerto universitario la oportunidad de salir de su rutina, conocer nuevos entornos y relacionarse con otras personas. Por otro, permiten que vecinos y vecinas de esos pueblos se acerquen a la realidad de la discapacidad y la salud mental desde una perspectiva positiva, alejándose de visiones meramente asistenciales.
La proyección territorial refuerza, además, la idea de que el Huerto Inclusivo CIBIS-UAL puede actuar como un referente para otros huertos comunitarios interesados en combinar agricultura social, investigación y participación comunitaria, muy en línea con las políticas de inclusión y salud mental promovidas desde distintas instituciones en España y la Unión Europea.
Con el respaldo del CIBIS, el apoyo económico de Fundación Caja Rural Granada y la implicación de vicerrectorados, asociaciones y ayuntamientos, el Huerto Inclusivo de la Universidad de Almería se ha ido transformando en un espacio multidimensional donde se cruzan ciencia, terapia, educación e inclusión. Entre bancales de lechugas, habas y acelgas se teje una red de apoyo que mejora la vida diaria de muchas personas, al tiempo que ofrece a la comunidad universitaria y al territorio un ejemplo práctico de cómo la horticultura puede convertirse en una herramienta social de primer orden.
