En las últimas semanas han saltado a la actualidad varios espacios de este tipo. Desde un nombramiento internacional en el Real Jardín Botánico del CSIC hasta la recuperación de un jardín arrasado por el fuego, pasando por mercados artesanos, parques acuáticos infantiles o proyectos vecinales impulsados por jubilados. La diversidad de iniciativas demuestra que estos enclaves están muy vivos y conectados con su entorno.
Investigación botánica con acento español
El Real Jardín Botánico del CSIC ha sumado una nueva responsabilidad en el ámbito internacional. El investigador Gonzalo Nieto Feliner ha sido elegido presidente de OPTIMA, la Organización para la Investigación Fitotaxonómica del Área Mediterránea, para los próximos seis años. El nombramiento se produjo durante el XVIII Congreso de esta entidad, celebrado en Nevşehir, en la región turca de Capadocia, y sustituye al profesor italiano Francesco M. Raimondo, de la Universidad de Palermo.
OPTIMA es una asociación internacional que reúne a especialistas dedicados al estudio de la botánica del área mediterránea. Celebra congresos cada tres años y cuenta con comisiones temáticas para impulsar la colaboración científica. Entre los retos del nuevo comité ejecutivo está reforzar la actividad de cerca de una docena de comisiones, aumentar la cooperación entre congresos e incorporar a las nuevas generaciones de investigadores. La organización cumplió medio siglo el año pasado.
Nacido en Madrid en 1958, Nieto Feliner es Profesor de Investigación del CSIC en el Real Jardín Botánico. Doctor en Biología, especialidad de Botánica, por la Universidad Complutense de Madrid, centra sus estudios en comprender la diversidad vegetal actual a partir de procesos evolutivos. Su trayectoria incluye la dirección del Real Jardín Botánico entre 2006 y 2014 y la vicepresidencia de la Asociación Internacional para la Taxonomía Vegetal entre 2017 y 2023.
Además, presidió el comité organizador del XX Congreso Internacional de Botánica, que se celebró en España en 2024 y fue la primera edición de este encuentro en el país. Dentro del Real Jardín Botánico ha participado en iniciativas de divulgación como el Maratón Científico RJB y el Diario del Jardín Botánico. Su llegada a OPTIMA abre una etapa orientada a mantener activa la red científica más allá de las citas trienales.
Mercado artesano en el Jardín Botánico de Córdoba
El Real Jardín Botánico de Córdoba recupera este domingo 4 de octubre el Mercado del Botánico, una propuesta de ocio para las mañanas dominicales. Artesanía hecha a mano, creadores locales y música en directo se dan cita en este espacio tras el parón del verano. El mercado abrirá de 10.00 a 14.00 horas y la entrada será gratuita, con celebración semanal cada domingo a partir de este mes.
Los puestos reunirán a artesanos de la ciudad que mostrarán y venderán piezas únicas elaboradas a mano. Habrá desde complementos y objetos de decoración hasta creaciones textiles y otros productos artesanales. El escenario elegido aporta un atractivo añadido, porque el Real Jardín Botánico se encuentra en la avenida de Linneo y forma parte del IMGEMA, organismo municipal dedicado a la investigación, la conservación de especies y la educación ambiental.
El recinto también desarrolla una programación que va más allá de su vertiente científica, con exposiciones, conciertos, talleres, demostraciones artesanales y otras actividades culturales. La inauguración de la nueva temporada tendrá un componente especial: a partir de las 12.00 horas está prevista la actuación en directo de Irlanda Banda Celta, que acompañará la apertura del mercado.
Barakaldo despide el parque acuático del Jardín Botánico
El Ayuntamiento de Barakaldo cerró el miércoles 30 de septiembre la primera temporada del parque de agua instalado en junio en el Jardín Botánico. Se trata del primer espacio de juegos acuáticos de estas características en el municipio, y su funcionamiento llegó a su fin con el final del verano. Desde el jueves 1 de octubre permanecerá cerrado durante los próximos meses y se procederá al desmontaje de los elementos acuáticos.
También se realizarán labores de mantenimiento y acondicionamiento para preparar la instalación de cara a la próxima temporada. El concejal de Obras para los Barrios y la Ciudad, Jon Andoni Uria, ha señalado que el primer verano de funcionamiento deja un balance muy positivo. Las familias han podido disfrutar de una nueva propuesta de ocio en un entorno como el Jardín Botánico, y se ha comprobado que este tipo de espacios tiene buena acogida entre los niños y niñas.
El próximo verano Barakaldo volverá a poner en marcha ese parque, pero no será el único. El Ayuntamiento tiene ya muy avanzada la contratación del parque de agua que se instalará en el nuevo parque de Serralta, que se presentará próximamente. La apuesta municipal por el ocio infantil se amplía así con nuevas infraestructuras pensadas para la temporada estival.
Un jardín botánico creado por jubilados en Molins de Rei
Los efectos del cambio climático han aumentado la concienciación sobre la importancia de mantener la biodiversidad. Con pequeñas obras, como crear un estanque en el jardín de casa, o grandes proyectos, como revitalizar un terreno abandonado y convertirlo en un jardín botánico, cualquier acción puede ayudar a preservar la flora y la fauna locales. Esa idea llevó a Marià Caimo, un jubilado residente en Molins de Rei, a impulsar junto a un grupo de pensionistas un proyecto que llevaba años rondando en su mente.
Tras dedicar su vida a la educación social en un centro ocupacional de Sabadell y solicitar la jubilación anticipada con 63 años, asumiendo los coeficientes reductores de su pensión, Caimo decidió emplear su nueva libertad en revitalizar una parcela de 200 metros cuadrados situada en la masía de Can Vilagut. El terreno presentaba una gran cantidad de maleza y su objetivo era convertirlo en un jardín botánico para preservar la biodiversidad de la zona. El proyecto comenzó en noviembre de 2019, cuando contactó con los propietarios de la masía.
Las tareas de rehabilitación arrancaron en diciembre con la ayuda de dos compañeros. El primer año se dedicaron a limpiar la zona de malas hierbas y a diseñar cómo sería el jardín. Cuando lo tuvieron claro, comenzaron a plantar las primeras especies. Los dos primeros años fueron los más complicados, según explicó Caimo a La Vanguardia, porque tuvieron que realizar las labores más duras para preparar el terreno. Seis años después, el resultado es un jardín donde se pueden observar variedad de plantas, insectos y animales que han encontrado refugio.
Las especies elegidas son autóctonas de los bosques mediterráneos, lo que garantiza su supervivencia y adaptación al terreno. La selección fue fruto de años de interés e investigación por parte de Caimo. No ha sido un trabajo solo suyo: otros diez socios, también jubilados, han participado en la creación de este espacio de preservación de la biodiversidad y concienciación. El jardín ya recibe visitas de centros escolares de la zona.
Además de las labores de jardinería, los pensionistas se han convertido en guías capaces de explicar a los niños las diferentes especies de árboles, plantas, insectos y animales. Caimo ha señalado que lo que procuran es incentivar en los más pequeños el respeto y el conocimiento no solo de las plantas, sino también del entorno y de la importancia de su conservación. Los jardines botánicos son espacios clave para preservar plantas autóctonas y servir de refugio a insectos y animales nativos dentro de entornos urbanos, además de generar paz y tranquilidad a quienes los visitan.
Burgohondo: un jardín marcado por el fuego
El pasado 25 de julio, el incendio de Burgohondo arrasó con el 95% del Jardín Botánico Valle del Tiétar. Axel Mahlau, responsable del recinto, contó a Isabel Gemio la historia de este jardín y cómo las llamas devastaron el lugar. Poco a poco, la zona está rebrotando, lo que deja una puerta abierta a la recuperación de este espacio natural.
La noticia del incendio contrasta con la actividad habitual de otros jardines botánicos, pero subraya la fragilidad de estos enclaves ante fenómenos extremos. Su reconstrucción y conservación dependen tanto de la labor de sus responsables como del apoyo de las administraciones y de la ciudadanía. El caso de Burgohondo recuerda que estos espacios también pueden ser víctimas de desastres medioambientales.
El conjunto de estas historias deja una fotografía muy completa de los jardines botánicos en España. Hay sitio para la investigación internacional, para los mercados artesanos, para el ocio familiar, para los proyectos vecinales de recuperación de la biodiversidad y para la memoria de los espacios dañados por el fuego. Todos ellos comparten una función esencial: acercar la naturaleza a la vida cotidiana y recordar que conservar el patrimonio vegetal es una tarea colectiva.


