Jardines botánicos en España: éxito en València y crisis en Cáceres

  • El Jardí Botànic de València recibe 220.000 visitantes al año y alberga más de 4.500 especies vegetales.
  • La estufa fría de Cáceres permanece cerrada desde febrero de 2024 por deterioro estructural, y colectivos ecologistas reclaman su reapertura.
  • Ambos espacios cumplen una función educativa y de conservación de la biodiversidad, aunque con realidades muy distintas.
  • En Extremadura solo existen cuatro jardines botánicos, lo que subraya la urgencia de recuperar el del Parque del Príncipe.

Vista general de un jardín botánico

Los jardines botánicos son mucho más que simples parques decorativos. En España, estos espacios combinan ciencia, educación y conservación, pero no todos corren la misma suerte. Mientras algunos se consolidan como referentes culturales y turísticos, otros luchan por sobrevivir al abandono institucional. Dos casos recientes ilustran esta dualidad: el Jardí Botànic de la Universitat de València, que bate récords de visitantes, y la estufa fría del Parque del Príncipe de Cáceres, cerrada desde hace más de dos años y pendiente de una rehabilitación que no llega.

Ambos espacios comparten un origen ligado a la divulgación científica y al amor por las plantas, pero sus trayectorias actuales no podrían ser más opuestas. Mientras uno abre sus puertas cada día a cientos de escolares y turistas, el otro permanece sellado, con su colección de especies tropicales en riesgo. La situación refleja los desafíos que enfrentan los jardines botánicos en España, donde el apoyo institucional y la financiación marcan la diferencia entre el éxito y el deterioro.

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El Jardí Botànic de València: un referente en divulgación científica

Con más de 220 años de historia, el Jardí Botànic de València se ha convertido en uno de los espacios culturales más visitados de la ciudad, con 220.000 visitantes al año. Su director, Jaime Güemes, destaca que el recinto es un oasis urbano que aísla del ruido gracias a su histórica tapia de huerto valenciano. En sus 4,5 hectáreas alberga entre 4.500 y 4.600 especies distintas, organizadas en colecciones temáticas que van desde plantas de aprovechamiento agrícola hasta ecosistemas desérticos y acuáticos. El jardín, que nació como huerto medicinal en el siglo XVIII, abrió sus puertas al público en 1960 y hoy recibe grupos escolares de todas las edades. De cara al futuro, la Universitat estudia la posibilidad de crear un segundo jardín botánico en otra ubicación, mientras que el próximo otoño se espera la inauguración del jardín Trinidad Simó, un espacio dedicado a la agricultura urbana y el kilómetro cero.

Invernadero y plantas tropicales

La estufa fría de Cáceres: un patrimonio botánico en riesgo

En el otro extremo, la estufa fría del Parque del Príncipe de Cáceres lleva cerrada desde febrero de 2024 debido al óxido que afecta a su estructura metálica interior. Este invernadero de 500 metros cuadrados albergaba más de 1.000 ejemplares de 300 especies, incluyendo plantas tropicales, subtropicales y desérticas, muchas de ellas en colaboración con el Real Jardín Botánico de Madrid. Colectivos ecologistas como Ecologistas en Acción, Adenex y Cáceres Verde han iniciado una campaña de recogida de firmas en Change.org que ya supera las 200 adhesiones. Denuncian que, pese a que se realizó un estudio patológico valorado en 28.000 euros y existe una partida remanente de casi 300.000 euros, las obras de rehabilitación no han comenzado. El alcalde, Rafael Mateos, asegura que el remanente se ha incorporado al presupuesto de 2026, pero la reapertura se pospone sine die. Actualmente, en toda Extremadura solo existen cuatro jardines botánicos, lo que hace aún más urgente la recuperación de este espacio.

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Colección de plantas en un jardín botánico

Educación y conservación: el denominador común

A pesar de sus diferencias, ambos jardines comparten un objetivo fundamental: la divulgación científica y la educación ambiental. En València, el Botànic ha sustituido la docencia universitaria por una didáctica dirigida a todos los niveles educativos, recibiendo cada día grupos de niños desde los tres años. En Cáceres, la estufa fría era un complemento esencial para las actividades del Parque del Príncipe, con visitas de escuelas taller, colegios y asociaciones. Ambos espacios demuestran que los jardines botánicos no son solo colecciones de plantas, sino aulas vivas que conectan a la ciudadanía con la naturaleza. Además, cumplen un papel clave en la conservación de especies, especialmente aquellas amenazadas por el cambio climático o la pérdida de hábitat. La certificación de la organización BGCI que posee el jardín limeño del Parque de las Leyendas, aunque no europeo, subraya el estándar internacional que estos espacios deben alcanzar.

Detalle de plantas en un jardín botánico

La comparación entre el éxito del Jardí Botànic de València y la crisis de la estufa fría de Cáceres pone de relieve la fragilidad de estos patrimonios verdes. Mientras uno ha sabido adaptarse a los tiempos y abrirse a la ciudadanía, el otro languidece por la falta de inversión y voluntad política. La recuperación de la estufa fría no solo devolvería a Cáceres un espacio único para la ciencia y el ocio, sino que también reforzaría la red de jardines botánicos extremeños, hoy reducida a cuatro ejemplos. La lección es clara: mantener estos espacios requiere compromiso continuo, porque una vez que se cierran, recuperarlos se convierte en una carrera contrarreloj.

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