
Los jardines botánicos se han convertido en auténticos pulmones verdes y centros de conocimiento repartidos por toda España, donde se combinan conservación de la biodiversidad, investigación científica y propuestas de ocio tranquilo para todos los públicos. El término «Jardín Botánico» ya no remite solo a colecciones de plantas ordenadas al milímetro, sino también a experiencias sensoriales, rutas interpretativas y actividades que buscan acercar la naturaleza a la ciudadanía.
En los últimos meses, varios de estos espacios han sido noticia por hitos muy distintos pero con un denominador común: la voluntad de seguir creciendo como referentes ambientales y culturales. Desde la apertura total del Jardín Botánico Atlántico de Gijón, pasando por el enfoque vivencial del Jardín Botánico de La Rioja, hasta el estallido de color del Real Jardín Botánico de Madrid con sus tulipanes, la agenda verde se ha llenado de propuestas para todos los gustos.
El Jardín Botánico Atlántico de Gijón se abre por completo al público
Por primera vez desde que abrió sus puertas en 2003, este fin de semana se podrá recorrer la totalidad del Jardín Botánico Atlántico de Gijón. La clave está en la incorporación de las dos hectáreas de la conocida finca de La Isla, que ya se integran plenamente en este equipamiento medioambiental de referencia en Asturias.
La apertura coincide con la celebración del 23 aniversario del museo verde gijonés, un doble motivo que el Ayuntamiento ha querido subrayar con un programa especial de visitas y actividades gratuitas durante los días 25 y 26 de abril. La idea es que cualquier persona, tanto de la ciudad como de fuera, pueda conocer de primera mano los nuevos espacios y redescubrir el conjunto del botánico.
La alcaldesa de Xixón, Carmen Moriyón, destacó en el acto institucional que la compra de La Isla supone un “paso decisivo para consolidarse como un museo verde referencia en Europa”, insistiendo en que esta finca era “la pieza que faltaba” para completar el proyecto con coherencia y ambición. La integración del nuevo terreno permite además articular un recorrido verdaderamente circular por todo el recinto.
El concejal Jesús Martínez Salvador recordó que el Jardín Botánico Atlántico roza ya los 100.000 visitantes anuales y que, si se mantiene el ritmo, este año alcanzará el hito de los dos millones de accesos acumulados desde el 25 de abril de 2003. Según avanzó, La Isla servirá para concentrar servicios que hasta ahora no estaban ubicados donde merecían, mejorando la experiencia de quienes se acercan al equipamiento.
Entre las novedades vinculadas a esta expansión destaca la reubicación de los laboratorios, el banco de germoplasma y el herbario, que pasarán a ocupar espacios mejor integrados en la visita pública, permitiendo que los visitantes conozcan de cerca la faceta investigadora del jardín. También se reservarán dependencias para el tejido asociativo que colabora con el botánico y se recuperará un servicio de hostelería adaptado al entorno.
Para celebrar tanto el aniversario como la apertura completa, se han diseñado tres modalidades de visitas que recorrerán todos los rincones del Jardín Botánico Atlántico, con especial atención a la recién incorporada finca de La Isla. A estas rutas guiadas se suma una completa agenda de actos culturales y de ocio pensada para distintos públicos.
Durante todo el fin de semana, la Quinta de Rionda acogerá un mercado artesano promovido por la Asociación de Mujeres Artesanas D’Aky, donde se podrán encontrar productos elaborados a mano y propuestas locales. Además, la Asociación Párkinson Jovellanos ofrecerá la venta de tulipanes el domingo, una iniciativa solidaria que vincula de nuevo el jardín con las flores y con el tejido social de la ciudad.
El programa incluye también una exposición dedicada a Florencio Valdés y a la familia que ha conservado su legado, charlas divulgativas, actuaciones musicales y espectáculos para público familiar, además de juegos infantiles. La idea es que el botánico se viva estos días como un gran espacio de encuentro, en el que conviven ciencia, cultura y disfrute ciudadano.
Jardín Botánico de La Rioja: ciencia, paisaje y experiencias sensoriales

Más al sur, entre viñedos y campos de cultivo de Azofra y Hormilla, a unos 20 kilómetros de Logroño y muy cerca del Camino de Santiago, el Jardín Botánico de La Rioja se consolida como un espacio singular dentro de la red española y europea de jardines botánicos. No se trata solo de un lugar para identificar especies, sino de un proyecto que invita a caminar descalzo, meditar en praderas o incluso pasar la noche en una cabaña de madera en plena naturaleza.
El origen de este jardín se remonta a 1985, cuando el farmacéutico madrileño Antonio Bartolomé heredó unos antiguos campos de manzanos y decidió transformarlos, junto a familiares y amigos, en un espacio natural dedicado a la divulgación ambiental. Tras una década larga de trabajo intenso, el botánico abrió al público en 2005 y desde entonces no ha dejado de ampliarse gracias al esfuerzo de voluntariado y a la tutela de la Fundación El Botánico.
Hoy, el Jardín Botánico de La Rioja se rige por un lema que resume su filosofía: «Ciencia para vivir. Caminos para sentir». Entre sus objetivos principales están concienciar sobre la protección de la biodiversidad, fomentar el estudio de la flora y fauna autóctonas y legar a las generaciones futuras un espacio botánico cuidado con mimo. Esta visión se percibe desde el primer contacto con el recinto.
La visita arranca en el Centro de Interpretación, donde se presenta la historia del proyecto y se abordan los orígenes de la vida. Este edificio alberga un pequeño auditorio y varias aulas destinadas a exposiciones, talleres y conferencias. En el exterior inmediato, junto a un magnolio y una araucaria, destacan varios estanques con algas, musgos, líquenes y hongos que recrean los primeros pasos de la vida en la Tierra.
En este mismo ámbito se ubican tres elementos especialmente llamativos: un Banco de Semillas que muestra parte de las cientos de semillas que conservan siguiendo protocolos internacionales —y que ya han sido enviadas a más de 120 destinos diferentes—, un Banco de Especias y un pequeño Museo de la Madera, donde se exponen distintos tipos de maderas que el visitante irá encontrando a lo largo del recorrido.
El paseo continúa hacia el exterior atravesando los Jardines Verticales, levantados sobre paredes de hormigón con tierra y cascadas de agua que evocan los legendarios jardines colgantes mesopotámicos. En este entorno destaca un pinsapo de gran porte, considerado uno de los árboles más antiguos del planeta, que preside la transición hacia el gran espacio ajardinado.
El jardín ocupa alrededor de 30.000 metros cuadrados y propone un auténtico viaje de sentidos, donde los colores, los aromas y los sonidos se combinan con el tacto, ya que parte del recorrido puede hacerse descalzo. El visitante puede optar por una visita guiada en grupo o recorrerlo por libre siguiendo la señalización y los carteles informativos, en los que se describen las colecciones de plantas y se incluyen textos que invitan a la reflexión y a recuperar el vínculo con el bosque.
El terreno se estructura en siete grandes zonas: la Rosaleda (con arces y parras), la zona de Los Manzanos (con un laberinto de setos y el Estanque de la Garza), la Rosaleda (y su Avenida de los Cipreses), el área de La Laguna (con islas de gran riqueza biológica), El Mirador y la Plaza de los Budas (espacios pensados para el descanso) y El Olivar, donde se esconde una cabaña de madera de pino finlandés apta para pasar la noche.
A lo largo de estas áreas se han creado más de 30 espacios diferenciados, conservados con un alto nivel de detalle. La lista de especies es amplia: arces plateados, secuoyas, nogales, hayas, robles, pinos, abetos, higueras, madroños, encinas, alcornoques, algarrobos, tejos, acacias y numerosas plantas ornamentales, desde tulipanes y orquídeas hasta gladiolos y bonsáis, sin olvidar las plantas acuáticas y carnívoras.
Entre sus tesoros botánicos destaca una de las colecciones de coníferas más importantes de España, vital para la conservación de un grupo de especies consideradas especialmente amenazadas. El jardín cuenta además con un hotel de insectos y un mariposario, elementos que ayudan a comprender la importancia de la fauna asociada a los ecosistemas vegetales.
El visitante que recorre estos senderos rápidamente percibe que el Jardín Botánico de La Rioja no se limita a mostrar plantas bien etiquetadas: su objetivo es que cada persona viva un contacto directo con la naturaleza, ya sea paseando descalza, observando el amanecer desde la cabaña del bosque o participando en paseos nocturnos con linterna, donde el silencio y la oscuridad transforman por completo la percepción del paisaje.
Actividades y talleres en el Jardín Botánico de La Rioja
El papel del Jardín Botánico de La Rioja como espacio de educación ambiental se refuerza con programas específicos impulsados también por el Gobierno de La Rioja dentro de iniciativas como «Pasea La Rioja». En este marco, el botánico acoge un taller de fotografía de flora centrado en técnicas de proximidad, especialmente dirigido a personas interesadas en la naturaleza y en mejorar su mirada sobre el entorno vegetal.
Esta actividad combina una introducción teórica con un paseo práctico por las colecciones vivas, en el que los participantes experimentan con encuadres, luz natural y composición para captar detalles de flores, hojas y texturas. El objetivo no es solo aprender a obtener buenas imágenes, sino también entrenar la observación y fijarse en elementos que suelen pasar desapercibidos en una visita rápida.
El taller se integra en una programación más amplia de «Pasea La Rioja», que busca acercar la población a espacios naturales emblemáticos mediante rutas interpretativas, experiencias sensoriales y propuestas participativas. Bajo esta iniciativa se organizan salidas a la Reserva de la Biosfera de los Valles del Leza, Jubera, Cidacos y Alhama, minirutras interpretativas entre cigüeñas en los Sotos de Alfaro o actividades que combinan paseos con talleres de acuarela en plena naturaleza.
Las personas interesadas en estas actividades pueden consultar fechas y formalizar la inscripción a través de la web habilitada para el programa o por teléfono, hasta completar plazas. Aunque algunas propuestas se desarrollan en otros enclaves de la región, el Jardín Botánico de La Rioja se mantiene como uno de los escenarios principales para vincular naturaleza, divulgación científica y creatividad.
Real Jardín Botánico de Madrid: una primavera marcada por los tulipanes
En el corazón de Madrid, el Real Jardín Botánico (RJB-CSIC) vuelve a convertirse en noticia gracias a la floración masiva de sus tulipanes, un espectáculo muy esperado que transforma cada primavera la Terraza de los Cuadros y el Jardín de Invierno en una explosión de color. El fenómeno, tan vistoso como breve, se prolonga apenas unos 21 días, lo que obliga a planificar la visita para no perdérselo.
Durante este periodo, miles de bulbos plantados meses antes por la Unidad de Jardín y Arbolado asoman a la superficie y reclaman el protagonismo de la temporada. Solo en un fin de semana reciente, más de 3.300 personas accedieron por la Puerta de la Plaza de Murillo para pasear entre macizos de tulipanes dispuestos con criterios paisajísticos muy cuidados.
Aunque el imaginario colectivo asocia el tulipán de forma casi automática con los paisajes de los Países Bajos, su historia arranca en el antiguo Imperio Otomano. En la actual Turquía estas flores se consideraban símbolos de prestigio y se utilizaban para adornar las ricas vestimentas de los sultanes mucho antes de que el primer bulbo llegara a Europa hacia 1559. El Real Jardín Botánico recupera parte de ese aire señorial plantando variedades que recuerdan a un muestrario artístico.
En los parterres se suceden nombres que suenan a colección de alta costura: ‘Barcelona’, ‘Ballerina’, ‘Strong Gold’, ‘National Velvet’ o ‘Royal Virgin’, cada una con su gama de colores, desde los blancos más puros hasta los naranjas y violetas más intensos. El resultado es un mosaico cromático que invita a deambular sin prisas, buscando rincones y ángulos distintos.
En la era de las redes sociales, el tulipán se ha consolidado como la especie más fotogénica del recinto. Es habitual ver a los visitantes provistos de cámaras réflex, tabletas y móviles intentando capturar el instante en que la luz del atardecer atraviesa los pétalos. La entrada general ronda los cuatro euros, un precio que muchos consideran asumible para disfrutar de una experiencia visual que algunos califican de casi hipnótica.
El recorrido de los tulipanes se complementa con otras especies que comparten protagonismo en estas fechas, como los nazarenos, los narcisos y los jacintos, que añaden matices azulados y fragancias intensas al conjunto. Todo ello contribuye a crear una sinfonía de color y olor difícil de encontrar en otro lugar de la península en este momento del año.
Más allá del atractivo fotográfico, el Real Jardín Botánico insiste en su papel como institución científica y divulgativa. Dentro del programa «Doce meses, doce historias», el mes de abril se dedica íntegramente al tulipán con visitas guiadas todos los domingos a las 12:00 horas. En ellas se aborda la historia de la llamada «tulipomanía», la morfología de la planta y sus vínculos con otras especies de la familia de las liliáceas, como el ajo o la cebolla.
Para participar en estas visitas especializadas se recomienda realizar inscripción previa a través de la plataforma digital del jardín, ya que las plazas son limitadas y la demanda crece de manera notable durante el pico de floración. El objetivo es ofrecer grupos reducidos en los que se pueda plantear preguntas y profundizar en detalles botánicos que suelen pasar inadvertidos.
Programas educativos: campamentos y verano entre plantas
El vínculo entre jardines botánicos y educación se refuerza también con campamentos y propuestas infantiles que aprovechan estos espacios verdes como aulas abiertas. Uno de los programas destacados se desarrolla en torno al Real Jardín Botánico, con una propuesta dirigida a niñas y niños nacidos entre 2015 y 2020 que combina botánica, antropología, cultura y sostenibilidad.
El campamento propone un viaje imaginario a través de historias clásicas y contemporáneas, utilizando relatos como «Don Quijote de la Mancha» o «La vuelta al mundo en ochenta días» junto a cuentos actuales. A partir de estas narraciones, los más pequeños descubren plantas, paisajes y culturas de diferentes lugares del mundo, siempre desde una perspectiva creativa y participativa.
La programación se estructura en dos bloques temáticos que se alternan por semanas a lo largo de seis semanas: «En un lugar del Botánico…» (del 22 al 26 de junio, del 6 al 10 de julio y del 20 al 24 de julio) y «Cuentos, mitos e historias» (del 29 de junio al 3 de julio, del 13 al 17 de julio y del 27 al 31 de julio). De este modo, los participantes que repitan estancia pueden disfrutar de contenidos diferentes sin caer en la repetición de actividades.
Las jornadas se desarrollan de 9:00 a 14:00 horas, con margen para la recepción desde las 8:00 y recogida hasta las 15:00, facilitando la conciliación familiar. Los niños llevan su propio almuerzo y comida fría, y una vez por semana el programa se traslada al Museo Nacional de Antropología: el miércoles en el caso del grupo de menor edad y el jueves para los mayores, reforzando así el enfoque cultural del proyecto.
En el plano económico, el precio general se sitúa en 120 euros por semana e inscrito, con una tarifa reducida de 100 euros para familias numerosas o monoparentales, personal vinculado al CSIC y museos estatales, así como miembros de asociaciones colaboradoras. Las inscripciones se abren el 27 de abril y se mantienen activas hasta que se cubren las plazas, gestionándose a través de la web del Real Jardín Botánico.
Este tipo de propuestas evidencian que los jardines botánicos han dejado de ser espacios únicamente contemplativos para convertirse en escenarios donde se aprende haciendo. Entre juegos, experimentos y dinámicas sensoriales, los niños toman contacto con las plantas desde una edad temprana y comprenden conceptos ligados a la sostenibilidad, la diversidad cultural y el cuidado del planeta.
El conjunto de iniciativas que están viviendo el Jardín Botánico Atlántico de Gijón, el Jardín Botánico de La Rioja y el Real Jardín Botánico de Madrid muestra cómo estos espacios se están consolidando como centros vivos de ciencia, ocio pausado y participación ciudadana. Entre ampliaciones de superficie, colecciones singulares, espectáculos florales y programas educativos, el mapa de jardines botánicos en España se refuerza como una red diversa y dinámica donde la naturaleza se observa, se estudia y, sobre todo, se vive con calma.
