La adaptación natural de las plantas resistentes a la sequía

Plantas resistentes a la sequía

Hay muchos lugares del mundo secos y calurosos, donde los días de lluvia escasean y pueden pasar meses hasta que caen algunas gotas. La ausencia de precipitaciones provoca un clima seco pero si además viene acompañada de largas jornadas de sol y calor la sequía empeora, lo que afecta a la gran mayoría de las plantas.

La sequía produce la deshidratación de las plantas pues ellas pierden agua al transpirar que no logran recuperar debido a que sus raíces no absorben lo suficiente. La deshidratación puede advertirse a través de las hojas, que se vuelven amarillas hasta marchitarse. Lo mismo ocurre con los brotes y con la planta en general, que luce caída y sin vida. Si la situación se recrudece, la planta muere.

La adaptación de las hojas

Cactus

Ahora bien, hay algunas plantas que han desarrollado diferentes mecanismos para soportar la sequía y así defenderse contra esta situación. Y no hablamos de las plantas suculentas, que tienen el poder de almacenar agua en sus gruesos cuerpos para así tolerar los días sin agua. Hay plantas resistentes a la sequía que han desarrollado otro tipo de mecanismos que las ayudan a sobrevivir hasta que aparecen las lluvias.

Es el caso de la adelfa que, al igual que otras especies, han adaptado sus hojas. Así, hay plantas que han desarrollado unas hojas pequeñas pero gruesas y duras, con estomas especiales que se encuentran en el envés de la hoja y están protegidos del sol. Esta morfología limita la pérdida de agua que se produce por evaporación. Son hojas perennes muy especiales que ayudan a las plantas a sobrevivir. Las plantas con estas hojas adaptadas se llaman plantas esclerófilas, como sucede con el madroño, la encina y otras especies.

En otros casos, lo que apreciamos es otro mecanismo para evitar que la planta transpire por demás y así pierda la menos cantidad de agua posible. Hay plantas xerófilas que presentan hojas de escasa superficie expuesta al sol. En lugar de que las hojas estén extendidas, éstas crecen enrolladas, lineares, estrechas o en forma de aguja para que la evaporación sea mínima. Esto a su vez tiene consecuencias pues debido a que las hojas son más pequeñas el proceso de fotosíntesis es más lento y, por ende, el crecimiento de las plantas también.

Las plantas resistentes a la sequía también pueden presentar hojas pilosas que aseguran una menor evaporación del agua. Cuando están cubiertas por una capa de pelos blancos, éstos reflejan la luz y así disminuye en calor en la superficie de la hoja, lo que lleva a una menor evaporación. A su vez, la superficie pilosa ayuda a captar la humedad del aire. ¿Un ejemplo para descubrir? La salvia.

Un paso más allá es el de los cactus, que logran sobrevivir evitando la presencia de hojas. Estas plantas se han adaptado a las condiciones en las que viven desarrollando espinas en lugar de hojas para así reducir la transpiración y, en consecuencia, la pérdida de agua que siempre ocurre a través de las hojas.

Doble sistema radicular

Cistus salviifolius

Por último, tenemos aquéllas plantas resistentes a la sequía que en lugar de transformar sus hojas han desarrollado un doble sistema de raíces, uno muy profundo, para así extraer agua de las capas más profundas del suelo. Estas plantas primero desarrollan el sistema de raíces más profundo y luego el más superficial, que utiliza el agua de las pocas lluvias que recibe. Una vez conformado su doble sistema radicular, estas plantas comienzan a desarrollar la parte aérea pero el proceso puede demorar años. El Cistus salviifolius, más conocido como Jara, es una planta con estas características.

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Cactus, Plantas

María Alm

Soy Argentina, Licenciada en comunicación social y periodista. Y también curiosa y amante del verde. En lo de mi abuela las plantas crecían... Ver perfil ›

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