La banda marrón que avanza por los pinares gallegos se ha convertido en uno de los principales quebraderos de cabeza para propietarios forestales, técnicos y Administración. Este problema fitosanitario, que afecta sobre todo a las masas de pino radiata, amenaza tanto la salud del monte como la estabilidad de una parte clave de la industria de la madera en Galicia.
Tras varios años de preocupación creciente, la Xunta de Galicia y la Fundación Arume han intensificado la respuesta con una nueva campaña de tratamientos gratuitos en montes privados. El objetivo es atajar la expansión de la enfermedad, reforzar la resistencia de los árboles y evitar que la plaga desvalorice un patrimonio forestal que sostiene miles de empleos en el rural.
Una plaga fúngica que golpea a los pinares de Galicia
La llamada banda marrón en pinares gallegos, junto con la banda roja, es una enfermedad de origen fúngico que deteriora progresivamente las acículas de los pinos hasta comprometer su vitalidad. El pino radiata (o pino insigne) se ha revelado como la especie más vulnerable, lo que ha encendido todas las alarmas en comarcas donde esta conífera es dominante.
Según explican desde el sector, el hongo llegó a Galicia procedente de la zona cantábrica tras la pandemia y, en poco tiempo, se expandió por amplias superficies de las provincias de Lugo y A Coruña. Zonas como O Barbanza, Costa da Morte, el interior de Eume, Curtis o Frades han registrado daños significativos, situando literalmente la plaga a las puertas del área de Santiago.
La evolución de estas enfermedades está muy condicionada por el comportamiento de la climatología. Un verano con lluvias al inicio y temperaturas altas al final puede favorecer de nuevo el desarrollo del hongo, por lo que los técnicos insisten en que no conviene bajar la guardia aunque en algunos montes ya se empiecen a ver signos de recuperación.
Con todo, desde la Fundación Arume reina un cierto optimismo prudente. Sus responsables consideran que la fase más crítica podría haber quedado atrás, siempre que se mantengan las labores de tratamiento, se apliquen buenas prácticas selvícolas y se tomen decisiones estratégicas sobre las especies a implantar en los próximos años.
Arranca una nueva campaña de tratamientos gratuitos
Coincidiendo con la llegada de la primavera, la Consellería do Medio Rural ha puesto en marcha por segundo año consecutivo una campaña de tratamientos contra la banda marrón en pinares gallegos de gestión privada. Esta iniciativa, sin coste para los propietarios, está dirigida de forma prioritaria a las masas de pino radiata más afectadas.
La previsión oficial es actuar en torno a 4.000 hectáreas de pinares privados, una cifra que busca consolidar el esfuerzo realizado el año anterior. La campaña se prolongará desde finales de abril hasta el final del verano o principios de otoño, ajustando el calendario a las condiciones meteorológicas para maximizar la eficacia de los tratamientos.
El programa se basa en dos intervenciones anuales de fertilización foliar, una en primavera y otra en otoño, combinadas con un seguimiento técnico de las masas tratadas. La finalidad es mejorar el estado nutricional de los árboles, reforzar sus defensas naturales frente al hongo y mantener el potencial productivo de los pinares, incluso en las zonas donde la plaga ya ha ocasionado daños visibles.
Estos trabajos se suman a las actuaciones que el propio Medio Rural está realizando en montes de gestión pública afectados por la enfermedad, con la idea de recuperar su viabilidad y productividad y evitar que se conviertan en focos de propagación del patógeno hacia terrenos privados colindantes.
El papel clave de la Fundación Arume y de Seaga
La coordinación técnica de esta campaña recae en la Fundación Arume, entidad que lleva años trabajando en la vigilancia y el asesoramiento frente a amenazas fitosanitarias en las masas de coníferas gallegas. Su experiencia acumulada en diagnósticos, formación y transferencia de conocimiento la ha situado como un actor de referencia en este ámbito.
Dentro del dispositivo actual, Arume se ocupa de identificar las superficies a tratar, mantener el contacto directo con los propietarios y promover fórmulas de gestión conjunta que permitan actuar sobre áreas continuas, aumentando así la eficacia de los tratamientos. Además, ha elaborado un mapa de zonas prioritarias que sirve de guía para planificar las intervenciones.
La ejecución material de los trabajos en el monte corresponde a la empresa pública Seaga, que se encarga de aplicar los productos fitosanitarios y los fertilizantes foliares siguiendo las indicaciones técnicas marcadas por la fundación y por la Consellería do Medio Rural. Esta combinación de dirección técnica especializada y cuadrillas operativas pretende asegurar una respuesta homogénea y coherente en todo el territorio.
La colaboración entre Medio Rural y Arume se interpreta desde el sector como un paso importante hacia una gestión más profesional y coordinada de la sanidad forestal, algo que muchos propietarios venían reclamando ante la complejidad creciente de las plagas y enfermedades que afectan a las coníferas.
Qué tienen que hacer los propietarios para sumarse
Para que la campaña tenga impacto real sobre la banda marrón en pinares gallegos, la implicación de los propietarios forestales es imprescindible. La Fundación Arume ha hecho un llamamiento expreso a todos los titulares de montes afectados para que realicen los trámites necesarios y puedan beneficiarse de los tratamientos gratuitos.
El procedimiento se articula a través de una Declaración Responsable que deben cumplimentar los interesados. El modelo oficial se facilita directamente desde la fundación, bien por correo electrónico o a través del teléfono de contacto habilitado, donde también se resuelven dudas sobre la campaña y sobre los requisitos a cumplir.
En esa solicitud es necesario indicar una serie de datos básicos sobre el monte: información del titular y teléfono de contacto, referencias catastrales de las parcelas a tratar, especie dominante, edad aproximada de la masa y superficie real objeto de tratamiento, especialmente en aquellos casos en los que la parcela no está ocupada íntegramente por pino.
Desde Arume insisten en que no conviene dejar estos trámites para el último momento. La planificación de los trabajos exige organizar las actuaciones por áreas, priorizar las zonas de mayor afección y coordinar los recursos disponibles, de modo que cuanto antes se registre la parcela, más fácil será incluirla en las rutas de tratamiento.
La campaña, subrayan los responsables, no debe entenderse solo como una ayuda puntual para salvar el monte de un propietario concreto, sino como una respuesta colectiva frente a una amenaza común que, si no se controla, puede derivar en una caída general de la calidad de la madera y, en consecuencia, del valor económico de las masas de coníferas.
Resultados iniciales y experiencia en campo
Aunque la banda marrón en pinares gallegos continúa siendo motivo de preocupación, los primeros resultados de las campañas de tratamiento muestran signos alentadores en determinadas plantaciones. Un ejemplo citado por la propia Administración es una masa de unas 30 hectáreas en el municipio coruñés de Vilasantar, donde se actuó el año pasado.
Según la directora xeral de Planificación e Ordenación Forestal, la plantación tratada presenta este año un aspecto mucho más favorable, con árboles recuperados y menor presencia de síntomas visibles de la enfermedad. Este tipo de casos refuerza la idea de que la combinación de tratamientos adecuados, seguimiento técnico y una meteorología razonablemente favorable puede permitir la recuperación de masas dañadas.
En paralelo, las inspecciones realizadas por la Fundación Arume en las principales zonas de pino radiata apuntan a que la afectación esta primavera sería menor que en campañas anteriores, si bien los expertos recuerdan que todavía falta por comprobar el comportamiento del hongo en otoño, momento en el que se suele registrar otro pico de actividad.
Los técnicos insisten en la importancia de integrar los tratamientos químicos y nutricionales con buenas prácticas selvícolas, como clareos bien planificados, manejo adecuado de densidades y selección de árboles más vigorosos, con el fin de mejorar la ventilación de las masas y reducir las condiciones favorables al desarrollo del patógeno.
Impacto económico y social de la banda marrón
Más allá de los daños visibles en el monte, la banda marrón en pinares gallegos tiene un claro componente económico. La cadena monte-industria de la madera supone aproximadamente un 2% del PIB gallego, con alrededor de 25.000 empleos y unos 3.000 millones de euros de facturación anual, según datos manejados por la Fundación Arume.
Dentro de este engranaje, las coníferas representan cerca de tres cuartas partes de la facturación. En el caso del pino, Galicia destaca porque planta, corta y transforma la madera dentro de su propio territorio, generando un valor añadido que difícilmente se consigue con otras especies que se exportan en bruto o se procesan fuera.
En el rural gallego se contabilizan alrededor de 150 aserraderos especializados en coníferas, muchos de ellos asentados en pequeños municipios donde la industria de la madera es una de las principales fuentes de empleo. A esto se suma la industria del tablero, con centros productivos de referencia, y la carpintería industrializada que fabrica mobiliario y estructuras para grandes cadenas a nivel internacional.
Las estimaciones apuntan a que el negocio vinculado a las coníferas supera los 2.000 millones de euros y genera más de 18.000 puestos de trabajo. No todo ese volumen depende exclusivamente del pino radiata, pero sí una parte relevante de la materia prima que alimenta serrerías, fábricas de tablero y empresas de construcción en madera.
En este contexto, la expansión sin control de la banda marrón y la banda roja supondría un riesgo real de devaluación del monte, al afectar a la calidad de la madera, limitar su aprovechamiento para ciertos usos y reducir su precio en el mercado. De ahí que las organizaciones del sector insistan en que la lucha contra estas enfermedades es también una forma de proteger el tejido económico y social del rural.
Mirando al futuro: especies y gestión para convivir con la plaga
Los expertos coinciden en que la respuesta a la banda marrón en pinares gallegos no puede basarse solo en tratamientos de choque. A medio y largo plazo, será necesario replantear parte de la estrategia forestal en las zonas más sensibles, incorporando criterios de resistencia a enfermedades y diversificación de especies.
Entre las alternativas que se barajan destacan el pino pinaster y el pino taeda, especies que, según los técnicos, muestran una mayor resistencia frente a la banda marrón y podrían desempeñar un papel importante en la reforestación de áreas especialmente castigadas, siempre teniendo en cuenta las características de cada estación y el objetivo productivo del monte.
Al mismo tiempo, se insiste en la necesidad de avanzar hacia una gestión forestal más activa, que combine selvicultura preventiva, vigilancia fitosanitaria y una planificación a escala de paisaje. La experiencia con la banda marrón ha demostrado que las plagas y enfermedades no entienden de lindes, por lo que la coordinación entre propietarios colindantes se ha vuelto clave.
En Galicia, la colaboración entre la Xunta, la Fundación Arume y el propio sector forestal pretende consolidar un modelo en el que la información fluya con rapidez, se compartan buenas prácticas y se puedan activar respuestas coordinadas cuando aparezcan nuevos focos de enfermedad, reduciendo el margen de maniobra de los patógenos.
Con la nueva campaña ya en marcha, el reto pasa por lograr la mayor participación posible de los propietarios, mantener la capacidad productiva de los pinares y avanzar, poco a poco, hacia unos montes más preparados para convivir con la banda marrón sin que esta ponga en peligro ni la salud del arbolado ni la estabilidad de la industria que vive de él.