En el ámbito científico, cada vez son más los proyectos que buscan transformar el saber popular en evidencia verificable. La validación de estas plantas no solo podría ofrecer alternativas a los tratamientos convencionales, sino también impulsar economías rurales sostenibles. Sin embargo, la urgencia por conservarlas se intensifica, ya que muchas especies se encuentran en peligro de extinción en regiones como el sudeste asiático.
Evidencia científica para el conocimiento tradicional
Un ejemplo destacado es el trabajo de la investigadora paraguaya Griselda Asunción Meza Ocampos, quien fue reconocida con el tercer puesto en el área de Ciencias Agrícolas y Veterinarias del Premio Mujeres Paraguayas en la Ciencia 2025. Su investigación se centra en validar científicamente plantas medicinales nativas como alternativa frente a la resistencia parasitaria, un problema creciente en la producción pecuaria. Los nematodos gastrointestinales han desarrollado resistencia a los antiparasitarios comerciales, especialmente en el sector ovino, lo que ha llevado a buscar soluciones sostenibles.
Desde el Centro Multidisciplinario de Investigaciones Tecnológicas (Cemit-UNA) y la Facultad de Ciencias Agrarias (FCA-UNA), la investigadora lidera estudios que integran el conocimiento tradicional con metodologías experimentales. El objetivo es comprender cómo actúan sus compuestos para mejorar la innovación en salud animal y complementar la medicina veterinaria. Este enfoque se alinea con el concepto ‘Una Salud’ (One Health), que vincula la sanidad humana, animal y ambiental.
Plantas medicinales en peligro de extinción
Mientras la ciencia avanza en la validación, la conservación de estas plantas se vuelve crítica. Según la Lista Roja de Vietnam de 2007, varias especies medicinales están clasificadas como vulnerables o en peligro. Por ejemplo, la Coptis chinensis, un helecho con propiedades para la salud ósea y articular, figura como EN (en peligro de extinción). Su hábitat natural, los bosques húmedos donde crece sobre troncos y rocas, se ve afectado por la degradación forestal y la sobreexplotación de sus rizomas. Otras especies como la raíz de Stephania, utilizada para tratar el insomnio, y los berros o menta acuática, que ayudan a la digestión, también están en la lista.
Estas plantas son fundamentales en la medicina tradicional vietnamita, pero su desaparición supone una pérdida irreparable de recursos genéticos y de conocimiento. El doctor Ngo Duc Phuong, director del Instituto de Medicina Tradicional, confirmó la situación, destacando que la degradación del bosque es la principal amenaza. La conservación de recursos genéticos no solo protege la biodiversidad, sino también el potencial farmacológico que estas especies encierran.
Un llamado a la investigación y la conservación
Ambas perspectivas, la de la investigación paraguaya y la de la conservación vietnamita, convergen en un punto común: la necesidad de estudiar y proteger las plantas medicinales. En Paraguay, la investigadora subraya que la evidencia científica puede traducirse en oportunidades de negocio y desarrollo para comunidades rurales mediante el desarrollo de productos de mayor valor agregado. En Vietnam, la pérdida de hábitat impone una carrera contra el tiempo para documentar y salvaguardar estas especies antes de que desaparezcan.
La colaboración entre científicos, comunidades locales y entidades conservacionistas es esencial. La formación de nuevas generaciones de investigadores, como señala Meza, depende de redes sólidas y de un reconocimiento creciente de la capacidad académica en países en desarrollo. A su vez, la divulgación de estos hallazgos, como el I Simposio de Etnomedicina impulsado por ella, ayuda a visibilizar la riqueza del conocimiento tradicional.
En definitiva, el futuro de las plantas medicinales está en la intersección de la ciencia y la conservación. Cada especie que se pierde podría llevarse consigo soluciones a problemas de salud urgentes. La investigación proporciona las herramientas para aprovechar su potencial, pero solo la protección de sus ecosistemas garantizará que las próximas generaciones puedan seguir usándolas. La historia de estas plantas no es solo una cuestión de tradición, sino de supervivencia y de una salud global que depende de la biodiversidad.